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La pregunta del millón: *¿cómo saber si tuve un orgasmo?*
La pregunta del millón: *¿cómo saber si tuve un orgasmo?*
Ilustración: @RE_Ilustrador y @Driu_Paredes
5 minutos de lectura
La pregunta del millón: *¿cómo saber si tuve un orgasmo?*
28 de mayo, 2021
Por: César Galicia
@cesargalicia_ 

En aquellos tiempos, antes de la gran peste, yo solía dar charlas y talleres presenciales en los que le preguntaba a mi audiencia “¿cómo se siente un orgasmo?”, las respuestas iban de “la mejor experiencia de mi vida” a “me salí de mi cuerpo” a “olas de cosquillas y placer me recorrían de pies a cabeza” a un gutural “UUFFFFBNASFLÑASKNKÑÑ”. 

Descrito así, el orgasmo suena a una experiencia extrahumana: la petite mort —como nos gusta creer que le dicen los franceses—, el acercamiento a la muerte, la experiencia estética, el éxtasis infinito de placer y unión con el cosmos entero.

Y aun así, a pesar de toda su mistificación, a veces solo te vienes y dices “chale, voy a tener que lavar mis sábanas mañana”.

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Lo básico de lo básico: el orgasmo como función fisiológica

En aquellos tiempos, antes de la gran peste, yo solía contarle a mi audiencia que la definición del orgasmo, ya sin descripciones subjetivas y casi poéticas, en realidad es bastante sosa: es un reflejo que usualmente se dispara de forma súbita para liberar tensión sexual acumulada en un proceso de excitación.

Cuando el cuerpo activa ese reflejo, repentinas e intensas contracciones musculares en la zona pélvica provocarán, durante unos pocos segundos, una sensación fuerte de placer sobre esa zona (a veces puede expandirse al resto del cuerpo), finalizando con una relajación corporal intensa (lo que conocemos como la etapa de “resolución” en la respuesta sexual humana) y un breve periodo de dificultad o imposibilidad de excitación (el “periodo refractario”).

Checa:Orgasmo y eyaculación, dos cosas totalmente distintas: ¿por qué?

O sea, es como estornudo.

¿Ubicas cómo de repente sientes cosquillas bajo tu nariz, poco a poco se acumula esa tensión como una bola de nieve que se hace cada vez más y más grande hasta queeee aaah aaaah AAAH-CHUUUU!!!?

Bueno, algo así es el orgasmo, sólo que en vez de cosquilleo debajo de la nariz, es excitación sexual.

Lo que sucede durante la masturbación, el faje, el sexo oral, el coito, o cualquier práctica sexual es que el cuerpo va acumulando esa excitación hasta llegar a un punto en que la libera súbitamente en forma de orgasmo.

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Para la mayoría de las personas, la manera más rápida de llegar a ese punto es a través de la estimulación del clítoris o del pene, aunque algunas personas lo experimentarán con juegos de rol, dinámicas de poder, sueños, estimulación de otras partes del cuerpo, etc.

El punto es la excitación acumulada y existen tantas formas de excitarse como personas en el mundo.

Un orgasmo es un lugar al que se puede llegar por muchos caminos. 

Lee: La guía completa sobre el sexting y el consentimiento

FOMO: Fear of Missing Orgasmito

¿Por qué les aburro con esto y le quito la magia a una de las supuestas mejores experiencias humanas que existen?

Bueno, imagina que nunca has tenido un orgasmo o que no sabes si lo has tenido. Quizás ni siquiera lo tengas que imaginar y esa sea tu experiencia.

Checa: 8 libros sobre sexo para leer… y luego practicar

Y ahora imagina que por todos lados te encuentras con que esa experiencia que nunca has tenido es descrita como LA MEJOR COSA QUE PODRÍA PASARTE. Te da FOMO (Fear Of Missing Orgasmito). Te angustias. Te tensas. Compras juguetes sexuales. Pagas terapia. Vas a talleres. Frotas tu clítoris o tu pene como afilador de fierro viejo o DJ joven.

Intentas “venirte” de mil formas y todo lo que haces es espantarte el orgasmo como decir “salud” antes de tiempo espanta al estornudo; intentas “llegar” a un lugar interno del que te dieron una dirección incorrecta y ahora te encuentras sin mapa, ni referencias, ni brújula.

Das incómodas explicaciones a tus parejas sobre por qué el hecho de que no te vengas no significa que no la/lo/le deseas y, aunque intentas convencerte de que todo está bien, no puedes evitar escuchar una voz dentro de ti que te reclama: “¿Por qué no puedes tener eso que todo el mundo dice tener? ¿No te das cuenta que te van a abandonar por esto? ¿Acaso no lo estás intentando lo suficiente? ¿Por. Qué. No. Eres. Normal?”

Checa: 10 dudas sobre sexualidad de las que nadie se anima a hablar

La presión por tener un orgasmo

Y luego está la pregunta: “¿Cómo saber si ya tuve un orgasmo?”, en la que la mayoría de las respuestas son: “Lo vas a saber, es como si preguntaras ‘¿cómo saber si ya estornudé?’”

Y esto podría ser atinado si no fuera porque nadie dice ACABO DE TENER EL MEJOR ESTORNUDO DE MI VIDA después de que un poco de pimienta le entró por la nariz.

Checa: ¿Qué le pasa a tu cuerpo durante la caricia? Respondemos a esta duda

¿Cómo no vamos a sentir muchísima presión por un evento fisiológico sin importancia ni significado inherente cuando lo describimos en semejantes términos? ¿Cómo no vamos a creer que su presencia o ausencia es señal de amor o fracaso? ¿Cómo no vamos a condenar a muchísimas víctimas de abuso sexual a años de culpa y vergüenza por creer que el hecho de haber tenido un orgasmo es significado de que deseaban su abuso, —una idiotez equivalente a si les dijéramos que estornudar significa que secretamente deseaban tener alergias—? ¿Cómo no vamos a tener disfunción eréctil, eyaculación precoz o retrógrada, preorgasmia, anorgasmia o, simplemente, experiencias sexuales incómodas y desagradables por la presión de tener una experiencia fisiológica que ha sido agrandada al punto de lo absurdo?

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Y ahora sí: ¿cómo saber si tuve un orgasmo?

¿Quieres saber si has tenido un orgasmo o no? Pregúntate: “¿He sentido en mi cuerpo acumulación de tensión sexual al punto en que se liberó de forma relativamente súbita en donde sentí placer y contracciones musculares seguidas de relajación?”

Si tu respuesta es “sí”, entonces, ¡felicidades!, has tenido un orgasmo.

Y si llegaste al Nirvana y le hiciste cosquillas a los dedos de Dios, o simplemente te viniste rápido unos minutos antes de esa junta incómoda de Zoom, bueno, eso ya será otra cosa, pero sigue siendo un orgasmo.

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Y si tu respuesta es “no”, entonces, no te preocupes, tu cuerpo tiene capacidad de sentirlo y es posible aprender a hacerlo en tus propios términos y en tus propias condiciones. Se trata de disfrutar el proceso, no sólo del orgasmo, sino de todo el placer de la interacción sexual. 

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Los campos de “ciberesclavos” a los que obligan con violencia a realizar estafas por internet
9 minutos de lectura
Los campos de “ciberesclavos” a los que obligan con violencia a realizar estafas por internet

Myanmar se ha convertido en el epicentro del negocio de engañar a hombres occidentales por internet, para el que utilizan trabajo esclavo.

12 de abril, 2024
Por: BBC News Mundo
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Advertencia: Esta historia contiene detalles de violencia, incluida violencia sexual, que algunos lectores pueden encontrar perturbadores. El nombre de uno de los participantes – Ravi – ha sido alterado para proteger su identidad.

“Me quitaron la ropa, me hicieron sentarme en una silla y me dieron descargas eléctricas en la pierna. Pensé que era el fin de mi vida”.

Ravi había viajado a Tailandia para aceptar un trabajo en informática, pero en lugar de un edificio de oficinas de gran altura en Bangkok, este joven de 24 años de Sri Lanka se encontró atrapado en un sombrío recinto en Myanmar.

Había sido secuestrado y vendido al otro lado del río cerca de la ciudad fronteriza tailandesa de Mae Sot. Era otra víctima de la trata de personas.

Según cuenta, allí fue vendido a uno de los muchos campos dirigidos por bandas criminales de habla china que se dedican a las estafas en línea. Obligan a personas sometidas a la trata de personas como Ravi a trabajar largas horas en estas estafas, usando identidades falsas en línea para hacerse pasar por mujeres y engañar a hombres solitarios en Estados Unidos y Europa.

Si encuentran un objetivo vulnerable, tratan de persuadirlo para que invierta grandes sumas de dinero en plataformas comerciales falsas que prometen una rápida rentabilidad.

Son campos de esclavos cibernéticos. El de Ravi era un refugio en la jungla en Myawaddy, una región de Myanmar fuera del control de la junta militar que gobierna ese país.

Según Interpol, miles de hombres y mujeres jóvenes de Asia, África Oriental, América del Sur y Europa Occidental son atraídos para trabajar en estos campamentos de ciberdelincuentes mediante promesas falsas de empleos relacionados con la informática.

Las personas que se niegan a seguir las órdenes son golpeadas, torturadas o violadas.

“Pasé 16 días en una celda por no obedecerles. Solo me dieron agua mezclada con colillas de cigarrillos y ceniza para beber”, dijo Ravi a la BBC.

“Mientras estaba en la celda, en el quinto o sexto día, trajeron a dos chicas a una celda cercana. 17 hombres las violaron frente a mis ojos”, agregó.

“Una de las chicas era de nacionalidad filipina. No estoy seguro de la de la otra víctima”.

Gráfico que muestra los principales centros de estafas, rutas y países de origen de las víctimas
BBC

Quiénes son las víctimas de la trata

La ONU estima que solo en 2023 más de 120.000 personas en Myanmar y otras 100.000 en Camboya habían sido obligadas a trabajar en estos y otros fraudes en línea que van desde las apuestas ilegales hasta estafas con criptomonedas.

Un informe de Interpol encontró el año pasado más centros para estafas en línea en Laos, Filipinas, Malasia, Tailandia y, en menor medida, Vietnam.

Un portavoz de Interpol le dijo a la BBC que esta tendencia ha evolucionado de un problema regional a una amenaza global para la seguridad. Cada vez más países se convierten centros de estafas, rutas de tránsito o puntos de partida de las víctimas.

A principios de este mes, el gobierno indio anunció que hasta ahora había rescatado a 250 de sus ciudadanos que habían sido vendidos en Camboya, mientras que en marzo, China repatrió a cientos de sus ciudadanos de centros de estafas en Myanmar.

Pekín ha venido aumentando la presión para cerrar estos centros tanto sobre el gobierno militar de Myanmar como sobre los grupos armados.

Y las autoridades de Sri Lanka saben tienen noticia de al menos 56 de sus nacionales cautivos en cuatro lugares diferentes en Myanmar. El embajador de Sri Lanka en Myanmar, Janaka Bandara, le dijo a la BBC que ocho de ellos habían sido rescatados recientemente con la ayuda de las autoridades locales.

Los migrantes en busca de un empleo proveen una fuente constante de mano de obra para quienes dirigen estos campos de esclavitud moderna.

Cada año, cientos de miles de ingenieros, médicos, enfermeras y expertos en informática del sur de Asia emigran en busca de trabajo en el extranjero.

Ravi, especialista en informática, buscaba desesperadamente como salir de Sri Lanka y de la crisis económica que sufre cuando se enteró de que alguien ofrecía trabajos ingresando información en sistemas de bases de datos en Bangkok.

Esta persona y un socio de Dubái le aseguraron que la empresa le pagaría un sueldo base de 370,000 rupias (US$1.200).

Como recién casados, Ravi y su esposa soñaban que este nuevo trabajo les permitiría construir una casa, así que se lanzaron a pedir varios préstamos para pagar al agente local.

Mapa que muestra los principales centros de estafas digitales en el sudeste asiático.
BBC

De Tailandia a Myanmar

A principios de 2023, Ravi fue enviado junto a un grupo de ceilandeses a Bangkok y de allí a Mae Sot, una ciudad en el oeste de Tailandia.

“Nos llevaron a un hotel, pero pronto nos entregaron a dos hombres armados. Nos llevaron a Myanmar cruzando un río”, contó Ravi.

Luego fueron trasladados al campamento dirigido por capataces de habla china, y se les dio órdenes de no tomar fotografías.

“Estábamos aterrados. Alrededor de cuarenta hombres y mujeres jóvenes, incluidos ceilandeses, personas de Pakistán, India, Bangladesh y países africanos, fueron detenidos a la fuerza en el campamento”, dijo.

Varias personas en una escena cotidiana en uina calle de Myianmar
AFP
Los migrantes que llegan se han convertido en la fuente de mano de obra de las mafias.

Según recuerda Ravi, altos muros y alambre de púas impedían escapar de estos recintos, cuyas entradas estaban custodiadas por hombres armados las 24 horas del día.

Él y los demás eran obligados a trabajar hasta 22 horas al día y solo les daban un día libre al mes. Se esperaba de ellos que embaucaran al menos a tres hombres al mes.

Quienes desobedecían sufrían golpizas y torturas, a menos que pudieran pagar para salir.

Eso fue lo que hizo Neel Vijay, un joven de 21 años de Maharashtra, una región en el oeste de India, que fue vendido en Myanmar junto con otros cinco hombres indios y dos mujeres filipinas en agosto de 2022.

Le contó a la BBC que un amigo de la infancia de su madre le había prometido un trabajo como teleoperador en Bangkok y le había cobrado una comisión de 150.000 rupias indias (US$1.800) por conseguirle el empleo.

“Había varias empresas dirigidas por personas de habla china. Todos eran estafadores. Nos vendieron a esas empresas”, dijo Neel.

“Cuando llegamos a ese lugar, perdí la esperanza. Si mi madre no les hubiera dado el rescate, me habrían torturado como a los demás”.

La familia de Neel pagó a la banda 600.000 rupias indias, unos US$7.190, por su libertad después de que él se negara a participar en la estafa, pero no antes de que hubiera sido testigo del castigo brutal impuesto a las personas que no cumplían con los objetivos o no podían pagar el rescate.

Tras su liberación, las autoridades tailandesas lo ayudaron a regresar a la India, donde su familia ha emprendido acciones legales contra los agentes locales que lo reclutaron.

Neel, en primer plano, muestra su pasaporte.
Nopporn Wichachat
Neel logró regresar a la India con la ayuda de las autoridades tailandesas.

Los funcionarios tailandeses trabajan con otros países para ayudar a repatriar a las víctimas. Sin embargo, un alto funcionario del Ministerio de Justicia de Tailandia dijo a la BBC que el número de rescatados es mínimo.

“Necesitamos hacer más en la comunicación con el mundo y educar a las personas sobre estas bandas criminales para que no se conviertan en sus víctimas “, dijo el Subdirector General del Departamento de Investigación Especial (DSI) en Tailandia, Piya Raksakul.

Los traficantes de personas utilizan a menudo Bangkok como un centro regional porque personas de muchos países, incluidos India y Sri Lanka, pueden ingresar a Tailandia obteniendo una visa al llegar al país.

Cómo funcionan las estafas

Ravi reveló que se le indicó que se dirigiera a hombres adinerados, especialmente en países occidentales, e intentara forjar con ellos relaciones románticas utilizando números de teléfono robados, redes sociales y plataformas de mensajería.

Contactaban a las víctimas directamente, haciéndoles creer típicamente que el primer mensaje, a menudo solo un simple “hola”, era enviado por error.

Algunas personas ignoraron los mensajes, dice Ravi, pero las personas solitarias o las que buscaban sexo a menudo picaban el anzuelo.

Cuando lo hacían, un grupo de mujeres jóvenes en el campamento eran obligadas a tomar fotos explícitas para atraer aún más al objetivo.

Un grupo de personas a bordo de una barca para salir de Myanmar.
Nopporn Wichachat
Neel salió de Myanmar cruzando un río.

Después de intercambiar cientos de mensajes en tan solo unos días, los estafadores lograban ganarse la confianza de estos hombres y persuadirlos para que colocaran grandes sumas de dinero en plataformas falsas de inversión en línea.

Estas aplicaciones fraudulentas mostraban después información falsa sobre las ganancias de esas supuestas inversiones.

Si una persona transfiere $100.000, le devolvemos $50.000, diciendo que es su beneficio. Esto da la impresión de que ahora tienen $150.000, pero en realidad, solo recuperan la mitad de su cantidad inicial de $100.000, dejando la otra mitad para nosotros”, explicó Ravi.

Cuando los estafadores han tomado todo lo que pueden de las víctimas, las cuentas de mensajería y los perfiles de redes sociales desaparecen.

Es difícil estimar la escala de esta actividad, pero el Informe de Crímenes en Internet de 2023 del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos encontró que había más de 17.000 denuncias de estafas de este tipo en su país y las cantidades estafadas ascendían a US$652 millones.

Daños físicos y psicológicos

Según su relato, Ravi dice que fue vendido después de un mes a otra banda porque “la empresa” para la que inicialmente trabajaba quebró. No sería la última vez. En los seis meses que pasó en Myanmar trabajó forzado para tres bandas diferentes.

Cuando cayó en poder de sus nuevos capos, les dijo que no quería seguir engañando a la gente y suplicó que le permitieran regresar a Sri Lanka.

No le dejaron y un día un enfrentamiento con el líder de su equipo desencadenó una pelea por la que fue castigado. Lo llevaron a una celda donde lo torturaron durante 16 días.

Finalmente, el “jefe chino” de la banda fue a verlo y le ofreció “una última oportunidad” para volver a trabajar debido a su experiencia en software.

“No tuve elección; para entonces, la mitad de mi cuerpo estaba paralizada”, recuerda.

Vista desde un auto de uno de los caminos por los que se puede salir de Myanmar.
Nopporn Wichachat
Una víctima que escapó de un campo de ciberesclavos tomó esta foto mientras se dirigía a la frontera para salir de Myanmar.

Durante otros cuatro meses, Ravi gestionó cuentas de Facebook configuradas utilizando una VPN, aplicaciones de inteligencia artificial y cámaras de video 3D utilizadas para el negocio de las estafas.

Sus súplicas de que le permitieran regresar a Sri Lanka para visitar a su madre enferma eran ignoradas.

Finalmente, el líder de la banda accedió a dejarlo ir si Ravi, pero solo si pagaba un rescate de 600.000 rupias, unos US$2.000 y 200.000 rupias adicionales, unos US$650 por cruzar el río y entrar en Tailandia.

Sus padres pidieron prestado el dinero, para lo que pusieron su casa como garantía, y se lo transfirieron. Por fin, Ravi logró que lo llevaran de vuelta a Mae Sot.

Cuando en el aeropuerto le multaron con 20.000 baht tailandeses, unos US$550, por no tener visa, sus padres tuvieron que pedir otro préstamo.

“Para cuando llegué a Sri Lanka, tenía una deuda de 1.850.000 rupias, unos US$6.100”, dijo.

Aunque ahora está de vuelta en casa, Ravi apenas ve a su nueva esposa.

“Trabajo día y noche en un taller para pagar esta deuda. Hemos empeñado ambos nuestros anillos de boda para pagar los intereses”.

Línea
BBC

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