
Ahora mismo, Brian Eno muestra su última exhibición en el Festival “El Aleph” de la UNAM, el cual se enfoca en los desafíos de la inteligencia artificial. Su exhibición, llamada “Face to Face”, se encuentra en el Museo San Ildefonso del 8 al 26 de mayo de 2024.
Este señor es un montón de cosas. Si alguien pone su nombre en su buscador de confianza, podrá encontrar que es productor, compositor, escritor, músico, cantante, activista, entre otras cosas.
En cualquier caso se le reconoce porque ayudó a definir y reinventar el sonido de algunas de las bandas más populares de las décadas de 1980 y 1990, como Talking Heads, Devo, U2, James, David Bowie y más. Además, le dio el nombre al género musical que hoy conocemos como “Ambient” –que de cierta manera, ha sido una forma de inventarlo–.
También ha incursionado en el ámbito de las exhibiciones artísticas a lo largo de su carrera, donde ha fusionado su conocimiento musical y visual, utilizando instalaciones multimedia para crear experiencias inmersivas que combinan sonido, luz y visuales.
Para desarrollar su trabajo hace uso de métodos no convencionales que desafían las ideas de composición y estructura, como la implementación de operaciones al azar y sistemas generativos. En sus exhibiciones, busca proporcionar una experiencia multisensorial que cuestiona la forma habitual de atención del espectador.
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Para su más reciente trabajo, “Face to Face”, Eno explica que se inspiró en películas y juguetes que representan transformaciones, y quería explorar la idea de transformar lentamente un rostro humano en otro.
“Realmente me gustaba ver esos videos de Michael Jackson donde de repente se convertía en algo más, pero la transición ocurría en tres o cuatro o cinco segundos. Y pensé, ¿qué pasaría si simplemente tomaras una foto de una persona y otra de una persona diferente, y luego cambian lentamente de una a la otra, de forma imperceptible?”, cuenta Eno.
La exhibición en México consta de fotografías de rostros reales de únicamente mujeres para transformarse lentamente de uno a otro durante aproximadamente cinco minutos
“Así que si estás pensando que estamos trabajando con 30 cuadros por segundo, supongo, y cada cuadro es en realidad una persona ligeramente diferente, si lo calculas, eso es mucha gente”, explica Eno.
Las transiciones entre los rostros son imperceptibles, ya que van cambiando pixel a pixel, creando así caras de personas que nunca han existido, pero que parecen tan reales como las reales. Como espectadores nunca sabremos cuales son las verdaderas y cuales las alteradas, al menos que Eno nos cuente el chismecito.

Al hacer más lento el proceso de transformación, “Face to Face” reta a los espectadores a desacelerar su ritmo para notar los cambios. A mi parecer, aquí es donde ocurre lo más interesante: según la neurociencia, la percepción del tiempo es una construcción del cerebro que es manipulable externamente y puede ser alterada en determinadas circunstancias.
Esta exploración suele estar presente a lo largo y ancho de su trabajo y esta exhibición no es la excepción. Para él “[Face to Face] tiene un tipo de efecto psicológico en ti como espectador, te ralentizas también, la cosa se está moviendo muy lentamente y comienzas a relajarte a esa velocidad, creo que tiene un efecto psicológico, cambia la velocidad […]”.
Así, al estar en un entorno donde no hay otros estímulos visuales más que los rostros transformándose pixel a pixel, tenemos dos opciones: poner atención a esa cosa que cambia casi de forma imperceptible o dormir.
Es decir, mientras que las propuestas que generan sobre estímulos están a la orden del día en nuestro entorno, esta exhibición nos propone experimentar algo diferente: el sub-estímulo. Y siento que Eno complementa esta idea cuando dice que “Lo que hace que una obra de arte sea ‘buena’ para ti no es algo que ya está ‘dentro’ de ella, sino algo que sucede dentro de ti“, que en este caso, ese algo que puede suceder pasa por focalizar la atención al ritmo que propone la exhibición.
El trabajo de Brian Eno es algo que puede resultar tanto interesante como fácil de ignorar. Sin embargo, en un contexto donde la competencia por nuestra atención mueve industrias masivas y hasta intereses geopolíticos, acá nos ofrecen una experiencia inusual: algo así como explorar la autonomía de nuestra atención.
“Por lo que a mí respecta, hay en realidad suficiente drama en el mundo y no quiero agregarle más. Estoy mucho más feliz de encontrar el drama tranquilo del cambio lento, y eso es lo que me gustaría presentar a la gente.” – Brian Eno.
*Berenice Zambrano (@darkolina) es diseñadora multidisciplinar, activista y fan de Brian Eno.

Además de la semana laboral, la aprobación de la ley en México también trajo consigo la apertura del diálogo sobre otros temas vinculados a los derechos laborales, como las vacaciones, las horas extras, la informalidad del empleo y la brecha de género en el mercado.
El Congreso mexicano aprobó este martes una histórica ley de enmienda constitucional para reducir, de forma gradual, la semana laboral de 48 horas a 40, que comenzará a implementarse el próximo año.
La ley, que fue impulsada principalmente por la presidenta Claudia Sheinbaum y el oficialismo, indica que la semana laboral será de 40 horas para el año 2030, un cambio sustancial para miles de trabajadores en el país y que se alinea con las tendencias globales de reducción de los horarios de trabajo.
En América Latina, otros países como Ecuador ya implementaron la semana laboral de 40 horas.
Sin embargo, distintos analistas y principalmente parlamentarios de la oposición señalaron que la misma ley aumenta las horas extras semanales y, sobre todo, mantiene solo un día de descanso por cada seis trabajados.
De acuerdo a los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la segunda economía de América Latina -detrás de Brasil- presenta uno de los peores equilibrios entre vida personal y laboral, además de bajos índices de productividad laboral y los salarios más bajos entre los 38 estados miembro del grupo, que incluye a Colombia, Chile y Costa Rica.
Por ello, el oficialismo celebró la decisión tomada casi de forma unánime por el Congreso mexicano. “La semana laboral de 48 horas ha estado en la legislación mexicana por 106 años. Ya era tiempo de que eso cambiara”, dijo el coordinador sindical y diputado oficialista Pedro Haces, que hizo parte de la propuesta.
“La productividad no se mide por el agotamiento. Se construye con dignidad”, añadió.
Sin embargo, distintos diputados y representantes de los trabajadores criticaron la ley por no incluir los dos días de descanso por cada cinco trabajados, tal como se había previsto en un borrador inicial.
“Es una reforma regresiva en muchos sentidos. En inicio, no se están cumpliendo los dos días de descanso, que es el espíritu original de la propuesta que presentamos como parte del frente”, dijo al diario El País Ángel Castellanos, vocero del Frente Nacional por las 40 horas.
Pero, ¿qué otros países de América Latina tienen 40 horas en su semana laboral y cuáles incluso la han aumentado a 60?
Aunque la semana laboral de 40 horas, que se divide por lo general en cinco días de ocho horas de trabajo, se ha establecido en gran parte de los países del hemisferio occidental, lo cierto es que ha tardado en volverse norma en América Latina.
En países de Europa incluso se están adelantado iniciativas para reducir la semana laboral a cuatro días, con tres de descanso. Sin embargo, en la región latinoamericana gran cantidad de países continúan con jornadas laborales entre 44 y 46 horas semanales, que incluyen los días sábados.
Esto, a pesar de las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que busca entablar un diálogo en los países de la región que permita tener horarios laborales que tiendan a un mejor equilibrio entre vida personal y trabajo.
“El tiempo es un recurso finito e irrecuperable. La forma en que se distribuye entre trabajo, vida personal y descanso impacta profundamente en la salud, la productividad y la cohesión social”, señala la organización en un informe de 2025 dedicado a América Latina.
Hasta el momento, el único país de América Latina que actualmente tiene una semana laboral de ocho horas en cinco días a la semana es Ecuador. Y está en vigor desde hace 46 años.
En agosto de 1980, se convirtió en el primer país de la región en habilitar esta semana laboral limitada.
Los otros países que están en proceso de llegar a las 40 horas semanales son Chile y, desde este martes, México.
En Chile, con la aprobación de la ley 21.561 en abril de 2024, avanza un proceso de reducción de horas laborales. Primero se pasó de 48 a 44 horas; el próximo abril la semana trabajable se reducirá a 42 y se espera que para abril de 2028 finalmente se llegue a una jornada de 40 horas totales por semana.
Con la ley aprobada este martes, México también iniciará un proceso gradual de reducción del horario de trabajo, que espera se termine de implementar en 2030.
Tanto en Ecuador como en Chile se introduce la flexibilidad para aplicar estas determinaciones, donde los trabajadores pueden negociar la mejor forma de trabajar. Sin embargo, en Chile el límite de horas laborables es de 10 al día.
Colombia es el país de la región que, detrás de Chile, Ecuador y México, más se acerca a reducir sus horarios laborales a las 40 horas.
Actualmente está por concretar la implementación de la ley 2.101 de 2021, que estableció la reducción de la semana laboral en un país donde durante décadas fue de 48 horas.
En julio de este año se pasará a 42 horas semanales, que podrán ser distribuidas en cinco o seis días, con una extensión máxima de nueve horas por día.
Otros países como Guatemala, El Salvador y Brasil tienen una semana laboral de 44 horas.
Sin embargo, en Brasil, la principal economía de la región, el presidente, Lula da Silva, adelantó esta semana que está buscando poner fin a la semana laboral con solo un día de descanso (conocida como 6 x 1).
Lo llamativo es que Lula no invocó contextos técnicos para justificar su iniciativa, sino que citó a un filósofo surcoreano y su teoría sobre la “sociedad del cansancio”, que habla de la falta de equilibrio entre la vida personal y las horas dedicadas al trabajo.
“El mundo laboral se está transformando. El filósofo coreano Byung-Chul Han afirma que vivimos en una ‘sociedad de la fatiga’, donde la presión por el rendimiento afecta el equilibrio entre la vida personal y profesional”, escribió esta semana en su cuenta de X (ex Twitter).
“En Brasil, se debate la eliminación del llamado horario de trabajo 6 x 1 para garantizar que los trabajadores tengan dos días de descanso a la semana”, añadió.
Además de esto, también existe un debate en el país para incluso reducir la semana laboral a 36 horas. De hecho ya se han hecho algunos pilotos con empresas en distintas partes de Brasil.
En términos generales, lo más establecido en América Latina es una semana laboral de 48 horas máximo. Hasta hace apenas cinco años, pocos países tenían una carga de trabajo menor a ocho horas al día por seis días a la semana.
Actualmente ese modelo lo mantienen países como Argentina, Perú, Bolivia, Uruguay, Costa Rica y Paraguay.
Pero lo cierto es que, de acuerdo con la OIT, en muchos de estos países el promedio de horas trabajadas a la semana se acerca más a las 44.
Por eso en varios de estos países se están adelantando debates políticos para establecer leyes que reduzcan formalmente los horarios laborales, por lo que la decisión tomada por México tiene una fuerte influencia.
Cabe aclarar que en Argentina se está dando un agitado debate sobre las horas laborables, en el que se señala que se pasaría de ocho a 12 horas diarias. Sin embargo, la propuesta es clara en que no se debe superar el número de 48 horas totales por semana.
Sin embargo, especialistas explican que esta propuesta -que se convertiría en ley este viernes- va en contravía de las tendencias que se están viendo alrededor del mundo, que intentan reducir el tiempo dedicado al trabajo.
“Este tipo de medidas se va a convertir en un freno para la innovación empresarial y del desarrollo tecnológico”, le dijo al diario Público el economista argentino Jorge Torres.
“Quieren hacer competitivas las empresas a base de explotar a los trabajadores y no de apostar por la innovación”, añadió.
Además de la semana laboral, la aprobación de la ley en México también trajo consigo la apertura del diálogo sobre otros temas vinculados a los derechos laborales, como las vacaciones, las horas extras, la informalidad del empleo y la brecha de género en el mercado.
Por ejemplo, el promedio de días de vacaciones en América Latina es de 15 días -a diferencia de Europa, donde es 25- y la informalidad alcanza niveles importantes dentro de la actividad económica.
En México, la informalidad llega a un 55%, mientras que en otras economías importantes como Brasil y Argentina se sitúa en torno al 40%.
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