
Pues por fin sucedió. Stranger Things llegó a su fin.
Durante sus diez años de historia, la serie dominó la cultura popular y los rankings de la plataforma. Ambientada en los 80, captura la nostalgia de la época combinándola con elementos de misterio, conspiraciones gubernamentales y una emotiva historia sobre crecer.
Si el final dejó un hueco en tu corazón, no te preocupes y mejor explora estas series como Stranger Things que también te fascinarán con sus personajes y sus elementos de ciencia ficción, misterio y hasta terror.
Podríamos decir que Welcome to Derry es la versión más “cruda y adulta” de Stranger Things, pues comparten un montón de elementos que la hacen una gran opción para maratonear.
Al igual que Mike, Dustin, Lucas y Will investigan la desaparición de su amigo en Hawkins, el grupo protagonista de Derry se une para buscar a Matty Clements, un niño desaparecido al inicio de la serie.
Sin embargo, se hace presente que hay una presencia sobrenatural acechando al pueblo. Por si eso no fuera poco, también hay una subtrama que implica una conspiración gubernamental y militar.
Si le preguntas a un otaku por un anime como Stranger Things muy probablemente te mencione Akira (1988) y sí es muy claro el por qué. Pero si le preguntas a los Hermanos Duffer (creadores de la serie) otra gran respuesta sería Elfen Lied.
Y es que ellos mismos la mencionaron como una gran referencia en una entrevista en el lejano 2016 diciendo que este anime “parecía un E.T. ultraviolento”.
“Había muchas cosas que me gustaron mucho y que se filtraron en la serie, particularmente relacionadas con el personaje de Eleven“, mencionó Matt Duffer.
Elfen Lied sigue a Kota, un chico que se encuentra a una misteriosa joven que no recuerda nada y actúa como una niña pequeña. Pero lo que no sabe es que en realidad ella es una Diclonius, un poderoso ser con poderes telequinéticos que acaba de escapar de un laboratorio.
Entre las series como Stranger Things destaca Dark, pues desde que salió en 2017 empezaron las comparaciones entre ambas producciones ya que comienza con la desaparición de un niño en un pequeño pueblo, pero evoluciona hacia una compleja trama de viajes en el tiempo y secretos generacionales.
La serie explora temas de determinismo, paradojas temporales y la compleja red de secretos que vincula a cuatro familias a través de las décadas.
No podríamos decir que esta serie es completamente como Stranger Things, porque en realidad va más hacia el thriller psicológico que a la aventura sobrenatural.
Sin embargo, comparten elementos de nostalgia, el horror como metáfora de la adolescencia, un grupo de adolescentes enfrentando lo desconocido, así como un toque de misterio sobrenatural.
Tras un accidente aéreo en 1996, las integrantes de un equipo de fútbol femenino quedan atrapadas en el bosque canadiense durante 19 meses, donde deben recurrir a métodos salvajes y rituales oscuros para sobrevivir. 25 años después, las supervivientes intentan llevar vidas normales, pero se ven acosadas por un pasado sangriento que prometieron mantener en secreto y que ahora amenaza con salir a la luz.
¿Extraños sucesos en un pueblo pequeño? Pues en las series como Stranger Things también deberías darte esta creación de David Lynch.
El impactante asesinato de una reina estudiantil despoja a la comunidad rural de Twin Peaks de su fachada amable y devela sus tumultuosos secretos. El agente del FBI Dale Cooper y el sheriff Harry S. Truman unen fuerzas para investigar el caso… y descubren un pueblo lleno de misterios.
Aunque The OA es más un drama metafísico adulto, es una de las series como Stranger Things porque comparten elementos como protagonistas con poderes y un pasado traumático, un grupo de marginados, dimensiones paralelas, entre otras cosas.
Siete años después de desaparecer siendo ciega, Prairie Johnson regresa a su hogar con la vista recuperada y extrañas cicatrices en la espalda.
Autodenominada como “The OA” (Original Anhelante), la joven recluta a cinco desconocidos para revelarles la increíble verdad sobre su cautiverio en un laboratorio secreto, sus experiencias cercanas a la muerte y su misión para rescatar a otros desaparecidos a través de dimensiones paralelas.
Así como Hawkins esconde un secreto Oscuro, la Isla de Hitogashima también se llena de misterio cuando el protagonista escucha rumores sobre la “Enfermedad de las Sombras“, una leyenda local sobre seres que copian la apariencia de las personas antes de asesinarlas para reemplazarlas.
Para resolver el misterio, Shinpei también depende de un grupo de amigos y aliados para resolver lo que está pasando.
Un grupo de jóvenes en sus bicicletas, nostalgia ochentera, amenaza de organizaciones secretas y el paso a la madurez. Todo eso comparten ambas series.
Es el día después de Halloween en 1988 cuando cuatro jóvenes amigas accidentalmente se encuentran en una intensa guerra del tiempo y ellas inexplicablemente son transportadas al 2019. Cuando se ven cara a cara con sus versiones adultas, cada chica descubre sus propias fortalezas y juntas intentarán encontrar el camino de vuelta al pasado, mientras salvan al mundo en el futuro.

La antigua civilización maya usó su gran conocimiento matemático y astronómico para contar el tiempo con una precisión más exacta que otras civilizaciones de su tiempo.
La medición del tiempo que tenían los antiguos mayas era asombrosa.
A sus conocimientos matemáticos, incluido la concepción del número cero, se sumó su gran dominio de la astronomía, una combinación de saberes que les ayudó a tener un registro cronológico más preciso que el de otras culturas europeas y orientales de su tiempo.
Mira: Cómo las ciudades mayas han resistido el paso del tiempo por más de mil años en medio de la selva
El catedrático Miguel León Portilla (1926-2019), uno de los académicos más citados sobre historia antigua de México, explicaba que los mayas tenían una gran preocupación por “conocer los misterios del universo, precisando el significado y la medida de sus ciclos”.
“Ninguna otra cultura de la antigüedad llegó a formular, como ellos, tal número de módulos y categorías calendáricas ni tantas relaciones matemáticas para enmarcar, con infatigable anhelo de exactitud, la realidad cíclica del tiempo desde los más variados puntos de vista”, escribió Portilla, quien fue investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Los afanes cronológicos de los mayas.
El calendario les permitía registrar hechos importantes en su historia, como el nacimiento o muerte de un gobernante, o alguna batalla o capitulación de una ciudad; pero también les servía para determinar los ciclos agrícolas, las fases lunares, e incluso influía en sus creencias, como la energía de un día o una persona, según su cosmovisión del mundo.
La civilización maya surgió antes del 2000 a.C. en lo que hoy es el sureste de México, Guatemala, Belice y el oeste de Honduras y El Salvador. Si bien el antiguo imperio se derrumbó, hasta la actualidad sigue habiendo comunidades mayas en dichos países.
“Mis antepasados, mis abuelos, se pasaron cientos de años estudiando el tiempo, porque necesitaban saber con precisión, con exactitud, cuándo era qué. Yo le digo a mis alumnos que el calendario maya fue tan exacto incluso hasta en segundos”, explica el profesor Julio David Menchú, un docente y experto en el calendario maya en Guatemala.
En muchas comunidades mayas, principalmente de Guatemala y el sureste de México, el calendario sigue vivo hasta la actualidad, pues es parte de su cultura cotidiana y espiritualidad.
Los antiguos mayas, cuya cultura se extendió en varios periodos entre el 2000 a.C. y hasta el siglo XVII, usaron varios sistemas para llevar el conteo de los días, meses y años, pero tres eran los principales y que se siguen conociendo hasta la actualidad.
El calendario Tzolk’in o “calendario ritual” cuenta 260 días solares. Cada fecha está compuesta por dos elementos: un número del día (1-13) y un nombre del día representado por un glifo (1-20). Por ejemplo, el 12 de diciembre de 2025 fue 11 Kawak (número + glifo).
Según la correlación GMT de Joseph Goodman, Juan Martínez y Erik Thompson, los más importantes estudiosos de la cronología maya, el siguiente reinicio —o lo que podría interpretarse como cambio de año— será el 25 de agosto de 2026.
Estas combinaciones podrían asemejarse a la manera en que llamamos los días de la semana (lunes, martes, miércoles…), pero tiene un sentido más amplio en la cultura maya, pues está ligado a su espiritualidad.
En la cosmovisión maya, cada día está asociado a cierta “energía” o “nahual”, lo cual representa una guía para las comunidades mayas para su vida cotidiana, como saber qué se puede hacer o qué no se puede hacer en tal día o conocer el carácter de un niño nacido en un día determinado.
También está relacionado con la actividad agrícola, una de las bases económicas vitales de los antiguos mayas. El conteo de 260 días de hecho era usado por otras culturas de Mesoamérica, incluidos los olmecas, toltecas, teotihuacanos y mexicas, entre otros.
Pero para determinar esa energía a lo largo de un año solar, había que crear una combinación con un segundo sistema.
Ese segundo sistema es el Haab’ o “calendario solar”, el cual está compuesto por 365 días divididos en 20 meses de 18 días cada uno, más un periodo especial de 5 días. Similar al Tzolk’in, una fecha se lee con el número del día más el nombre del mes.
A diferencia del calendario gregoriano, los mayas concebían el fin de un ciclo como el inicio del otro, por lo que en el calendario Haab’ los meses iniciaban en el último día del mes anterior.
El Tzolk’in se podía combinaba con el Haab’ a través de un método denominado “rueda calendárica”, que integra el número del día y el glifo del primero, más el número del día más el nombre del mes del segundo.
En la cultura maya era importante esta lectura combinada del calendario sagrado (Tzolk’in) con el solar o civil (Haab’) para determinar el momento indicado de hacer rituales espirituales, de las actividades agrícolas o las ceremonias civiles y políticas.
Un ciclo completo sumaba 18.980 días, que son 52 años. Para los mayas —y otras culturas de Mesoamérica— este ciclo marca el inicio y el fin de una era o tiempo. Es algo similar a un cambio de siglo. Y una persona al cumplir 52 años era considerada una persona con sabiduría, pero también implicaba un renacimiento.
La combinación calendárica también daba pie al tercer sistema.
El tercer calendario es el de la “cuenta larga”, que como su nombre indica, permitía a los mayas determinar una fecha a lo largo de siglos e incluso milenios.
En este la unidad mínima es el kin o un día; un uinal es un mes, compuesto por 20 kines; un tun es un año de 18 uinales; un katún son 20 tunes; un baktún son 20 katunes…
El 1 de enero de 2000, por ejemplo, en la cuenta larga de los mayas fue 12 baktún, 19 katún, 6 tun, 15 uinal, 2 kin. Es usual que las fechas se abrevien (12.19.6.15.2) en los conteos modernos, pero los mayas expresaban estas fechas con glifos que perpetuaron en piedra.
En la vida cotidiana, la cuenta larga no se usaba para contar los días, pero les permitía registrar acontecimientos importantes, como la muerte de gobernantes, el nacimiento de sus herederos, la capitulación de una ciudad o las victorias en el campo de batalla.
Pero también les permitía predecir cuándo se darían los cambios de ciclos importantes para su cultura. De ahí surgió el famoso día del “13 baktún”, el 21 de diciembre de 2012.
Poco antes de esa fecha hubo una expectativa mundial por su llegada debido a la idea errónea de que los mayas habían predicho el fin de la humanidad, cuando en realidad solo habían marcado el fin de un ciclo y el inicio de uno nuevo.
Y así como el calendario juliano y luego el gregoriano iniciaron con el nacimiento de Jesucristo, para los antiguos mayas el inicio de los tiempos estaba marcado por una fecha que equivale al 11 de agosto de 3114 a.C.
Los investigadores dicen que es un misterio por qué se marca esa fecha en las inscripciones, más cuando los mayas no existían como civilización entonces.
León Portilla escribió que no era que esa fecha fuera un límite. De hecho, los mayas podían contar más atrás infinitamente. En su opinión, esa fecha marcaba “un evento especialmente significativo” o “la última creación del mundo”.
Para el catedrático de la UNAM era impresionante cómo los mayas tenían un estudio del paso del tiempo sumamente preciso gracias a sus grandes conocimientos matemáticos y astronómicos.
Comprendieron que tener un calendario de 365 días como el Haab’ se desajustaba cada cierto tiempo, así que crearon un sistema de sustracción de días en el periodo de 52 años equivalente a los días bisiestos que se implementaron en el calendario gregoriano recién en el siglo XVI.
Los antiguos mayas calcularon que un año trópico tenía una duración de 365,2420 días, mientras que el calendario gregoriano lo precisó en 365,2425 días, y la ciencia actual dice que son 365,2422.
El maya, entonces, fue más preciso que el gregoriano.
“Dueños de estos hallazgos, los mayas llegarían a desarrollar en toda su compleja precisión sus varios cómputos del tiempo. Entre éstos ocupan lugar especial los referentes al año solar, a la duración de lo que ahora llamamos revolución sinódica de Venus y a los periodos de lunación, juntamente con la elaboración de tablas que permitían predecir los eclipses”, apuntó León Portilla.
“Su saber matemático hizo también posible el registro de cualquier fecha en su llamada ‘cuenta larga’ o sistema de la ‘serie inicial’, y lo que es más importante, las correspondientes fórmulas de corrección para ajustar y correlacionar con distintos ciclos astronómicos las fechas expresadas en función de su calendario”.
El ciclo de Venus, que les servía de base para marcar puntos de reinicio de ciclos y a las predicciones astronómicas, fue calculado en 584 días por los mayas, con un error de 0,08 días cada 481 años. También podían predecir 69 eclipses en periodos de 33 años.
Como explica el profesor Julio David Menchú, el uso del calendario maya Tzolkin (Cholq’ij, en el maya quiché), sigue presente en la vida de muchas comunidades mayas hasta la actualidad, siglos y siglos después de su origen.
Su uso es más extendido en Guatemala, el país donde se ha preservado más su cultura, y representa una guía espiritual para actividades de todo tipo.
“En el día a día, para nosotros el calendario maya es como una brújula, una forma de decirnos qué hacer. Hoy [21 de noviembre de 2025] es 2 k’in, voy a encender dos candelas para pedir luz, sabiduría, inteligencia”, señala.
“Uno va esperando ciertos días para que la energía o fuerza, el nahual, del día nos ayude a resolver, a mejorar”.
Aunque durante mucho tiempo la cultura maya fue reprimida por los gobiernos de Guatemala, desde los acuerdos de paz de la década de 1990 que reconocieron a los pueblos originarios del país, el calendario volvió a tomar importancia para las comunidades indígenas.
“Recuerdo que esa noche del 20 al 21 de diciembre de 2012 hicimos tres ceremonias y muchos lloramos frente al fuego. Decíamos que los abuelos habían sufrido estos 400 años de ese ciclo (12 baktún, que abarca la llegada de Cristobal Colón a América), y el 13 baktún nos trae una esperanza, un despertar de los pueblos”, cuenta Menchú.
Como lo hicieron cientos de años antes los antiguos mayas, el cambio de ciclo fue celebrado con una estela en la que se esculpió con glifos la historia del pueblo kaqchikel en la zona arqueológica de Iximché, cerca de Ciudad de Guatemala.
Para Menchú, el calendario maya es una sabiduría heredada de los antiguos mayas que buscaban determinar la trascendencia de su existencia.
“Es la concepción filosófica de ubicarse en el tiempo y el espacio, de dónde está el planeta con relación al Sol, a las estrellas, a las Pléyades, a Venus, que me sirve para entender dos cosas: que no estamos solos en el universo, que la Tierra es un espacio entre todo el universo; y dos, que nací en un punto en el que la Tierra estaba en ese espacio, en ese momento, y que ese día era propicio para sembrar plantas, para hacer cosas”.
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