
En estos últimos meses hemos visto cómo se ha modificado muchísimo el panorama de los servicios de streaming: desde los cambios propios de las plataformas (como el compartir contraseñas o aumentos de precios), las cancelaciones masivas de programas (te estamos viendo, HBO Max), la cada vez mayor exclusividad de títulos y el cierre de operaciones de algunas, como Klic, debido “a la intensa competencia” (RIP a mis pelis guardadas).
En conjunto, todos estos acontecimientos dejan un futuro extraño y nos llenan de dudas: ¿cuánto me va a costar la suscripción a mi plataforma favorita en el futuro? ¿Cuántas suscripciones distintas tendré qué pagar? ¿Y si cancelan mi serie favorita? (ahora te estamos viendo a ti, Netflix ¬¬).
Con estas cuestiones y este panorama nos hicimos una pregunta, “¿se nos habrá acabado la Era Dorada del streaming?”, pero esa misma duda nos llevó a otra, un punto de inicio para ver dónde estamos paradas…
Para Arturo Aguilar, consultor y asesor en desarrollo de contenidos y proyectos editoriales, sí existió una era dorada, que fue cuando Netflix llegó al mercado mexicano en el 2011, con la enorme cantidad de contenido y propuestas en los servicios.
“Fue el sueño de quienes crecimos en los 90. De repente, en la comodidad de tu casa con una conexión a internet, si te tomabas el tiempo y la tarea, podías hacer cursos de historia del cine en estas plataformas”, dice en entrevista con Animal MX Arturo, quien también es periodista y especialista en cine, cultura y medios.
Hay quienes, como Narce Ruiz, piensan que todavía no se termina esa “Era Dorada”. Es más, opinan que estamos justo viendo la culminación de su éxito… y de aquí pa’bajo.
Narce Ruiz, quien es doctora en Industrias Culturales y Profesora de Medios Digitales en el Tec de Monterrey, explica que la Era Dorada del streaming la estamos viviendo (sí, en presente) gracias a la enorme cantidad de contenidos que se producen.
“Yo sí creo que estamos viviendo una época dorada maravillosa y que probablemente se va a acabar muy pronto, porque semana a semana se van a sentar las bases de las nuevas reglas del juego”, cuenta.
Tanto ella como Arturo subrayan la enorme cantidad de contenidos que tenemos a nuestra disposición, algo que respaldan los datos.
El informe Oferta y Demanda de OTTs de Contenidos Audiovisuales en México, edición 2021 del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) señala que los servicios de streaming disponibles acumulaban, para octubre de ese año, una oferta total de más de 34 mil películas y poco más de 8 mil series y eventos.
El problema actual no es la cantidad enorme de contenido disponible, sino lo que implica.
Los costos de las plataformas son cada vez más altos para desarrollar dicho contenido y esto no necesariamente trae las ganancias esperadas.
Por ejemplo, a pesar de haber logrado un éxito enorme con series como Squid Game, Stranger Things y Wednesday, entre enero del 2020 y diciembre del 2022, Netflix perdió 13% de cuota del mercado entre las plataformas más populares, según el sitio web Just Watch.
Y para los expertos, también depende de a dónde se va ese contenido y cómo se diluye la oferta a través de un montón de plataformas.
“Cada quien quiere hacer su rebanada de contenidos, quiere sacarle dinero”, explica Narce.
Si pensamos en rebanadas, el mercado del streaming en México está dividido en al menos 89 plataformas diferentes, según contabilizó el IFT hasta octubre del 2021.
Eso sí, son cinco las que se llevan la tajada grande:
Ahí va un dato interesante de cómo los mexicanos consumimos: 59% de personas que tienen contratado un servicio de streaming, cuentan con dos o más suscripciones de manera simultánea, según datos del mismo IFT.
Para Narce Ruiz, es una cuestión de seguir las tendencias y la conversación.
“Todo el mundo está hablando de ese contenido. Eso también hace que todos nos suscribamos porque queremos estar en la conversación, ahora pasa con The Last of Us. Todo el mundo está hablando de The Last of Us y la gente dice: «pues me voy a tener que suscribir»”, justo este contenido, detalla Narce, se convierte en el “caballo de batalla”.
“Series como Malcolm el de en Medio, La Niñera, Modern Family, The Big Bang Theory y The Office, son el tipo de contenidos que la gente ve una y otra vez y por el que está dispuesta a irse a donde esté”, agrega Narce.
Arturo coincide: es una cuestión de presión social.
“Hay una enorme presión social, el famoso FOMO de hoy en día, son las series en las que si vas a una oficina o te juntas con tus amigos, eventualmente acabas platicando de cuales estás viendo o cuáles ya viste”, señala el experto.
Según datos de Just Watch, Netflix, Prime Video, Disney Plus, HBO Max y Paramount Plus son las cinco plataformas que hasta el último trimestre del 2022 tenían el interés de la audiencia mexicana.
Supongamos que pagas los dos primeros, los más populares, el costo podría ir en promedio desde los 175 pesos por mes, con anuncios y pagando anualmente, hasta los 399 pesos, con plan premium y pagos mensuales.
Ahora, supongamos que no necesariamente te satisface la oferta de contenidos de estos dos servicios, porque como dice Narce, “queremos estar en la conversación” y ni modo de no tener Disney Plus para las series de Marvel y Star Wars, ni HBO y perderte de The Last of Us.
Entonces, ¿cuánto terminamos pagando por los cuatro principales servicios de streaming en México? Un promedio de 412 pesos al mes, con anuncios y pagos anuales; o hasta 739 pesos al mes, si no quieres anuncios, quieres conectar varios dispositivos y en pagos mensuales. Estos precios incluyen el aumento previsto de HBO Max para finales de marzo 2023.
N’mbre, pues ahora sí que ya no pago por ver.
Sí, resulta que muchos de los servicios de streaming no han tenido el crecimiento esperado.
Algunos incluso han perdido usuarios —coff, coff, Netflix—, lo que ha generado que muchas de las plataformas busquen alternativas para mantener sus ingresos.
“Bajar la suscripción y poner anuncios, ¡es que volvemos a la televisión! O sea, la televisión tradicional”, dice Narce.
“Lo curioso, irónico, sarcástico de la evolución y de la gran defensa que hizo por años Netflix de nunca poner publicidad, es que una vez que integres publicidad, lo que hiciste fue convertir la televisión tradicional que conocíamos en (televisión por) internet”, Arturo Aguilar.
Estos nuevos modelos de negocio, o mejor dicho, estas adaptaciones de modelos de negocio en loa que se muestra publicidad, impactan todo lo que conocemos de las plataformas de streaming.
Es como si nos despidiéramos del Netflix and chill porque ¡ahí viene un comercial!
“Si a quien quieres atender es a la publicidad y eso es lo que motiva tus ingresos vas a priorizar la atención, no vas a priorizar el contenido y sí sería un paso en retroceso”, dice el experto.
Pero… ¿y los anuncios por qué o qué? Según Narce, aunque es una medida cuestionable, corresponde a tiempos desesperados (para las empresas, no para las usuarias).
“Tengo mucha curiosidad de qué sigue, si llegará a funcionar o no el que paguemos por ver tele privada con comerciales, me parece un poco absurdo, pero entiendo que estamos en tiempos desesperados”, menciona.
Pero esta no es la única medida que los servicios han tomado para mantener sus ingresos, también hemos entrado en la era de (…música dramática…) ¡las horribles cancelaciones!
Distintos medios especializados como Rotten Tomatoes, IGN, TV Insider y Game Spot colocan el número de cancelaciones del 2022 entre 110 y 120 shows que pasarán a los libros de historia (o al olvido colectivo).
Entre los títulos hay algunas series que pasaron sin pena ni gloria y otras grandes producciones que nos dejaron con un agujero en el corazón (D.E.P. Westworld).
Tan solo el último año, HBO Max canceló un total de 26 producciones (películas y series) que recibieron el machetazo luego de la primera o de varias temporadas y dentro de este número algunas fueron retiradas de la plataforma.
Además, no hay noticias de si series que fueron exitosas como Westworld, Close Enough o Raised by Wolves estarán disponibles nuevamente en esta u otra plataforma.
“Son series super caras que obviamente lo que quieren es tener esa conversación en redes y atraer suscriptores y si no lo logran obviamente se van a cancelar”, dice Narce.
Para Arturo, aunque es comprensible el panorama de las cancelaciones, abre el tema a la respuesta que tendremos como usuarias de estos servicios.
“Vamos a responder como consumidores y clientes. Todos lo leemos, el desgaste de: «ah, ya me la cancelaste, ya me había gustado y me lo avisas de la noche a la mañana», porque simplemente un día viste que tus números no dieron y te vale si gustaba o había sido reconocida”, explica el periodista.
Porque sí, tanto Narce como Arturo auguran que las cancelaciones continuarán con más fuerza durante los siguientes años, especialmente en todas las series que se crearon y buscaron ir en sentidos diferentes a lo que tradicionalmente veíamos en la televisión y cine.
Por ejemplo, el aumento de contenido y la producción masiva abrió la puerta a muchísimas cosas interesantes como la representación de minorías en series y películas.
Según el estudio de Nielsen Being seen on screen (Ser visto en la pantalla), publicado en diciembre del 2021, de mil 500 programas analizados, 78% tenían diversidad racial, étnica y diversidad de género o sexual.
Y las señales de que esto también acabará ahí están: Reed Hastings, cofundador y director de Netflix, apareció en noviembre del 2022 en el evento Dealbook Summit del New York Times y habló del estado general del streaming y de cómo en este momento el servicio a su cargo busca generar mayores ganancias aunque esto tenga un costo cultural.
Después de esto señaló que pediría “una y otra vez” los especiales de comedia de Dave Chappelle (mismos que los trabajadores de la plataforma acusaron de transfóbicos) en función de convertirse “en la compañía más emocionante de entretenimiento”.
Si a esto le sumamos que, como reporta Variety, en junio de este 2023 serán renegociados los contratos de regalías para las personas que hacen posibles los shows —como showrunners, guionistas, músicos, actores, etc—, muchas plataformas decidirán reducir la cantidad de contenidos que ofertan, apostar a la creación de menos producciones, o de plano, como en el caso de HBO Max, ponerlo en el estante para que nadie nunca lo pueda encontrar.
Arturo y Narce coinciden en que también veremos una era de cancelaciones de estos servicios de streaming.
Es decir, las usuarias decidiremos que no vale la pena pagar por varios servicios simultáneos o incluso un solo servicio permanente, lo que nos llevará a ir a donde el contenido que queremos ver esté.
“Con Netflix se les fueron no sé cuántos millones de suscriptores, pues claro que es un escándalo y claro que es un golpe duro para tus redes, para tus empleados, para todo lo que representa tu empresa y lo que quieres es que se queden, pero ¿cómo se quedan? Si ya no tienes el contenido, o sea, claro que la gente se va a ir”, dice Narce.
Por ejemplo: podrías cancelar un tiempo el servicio. Después, si hay alguna producción que te guste, lo vuelves a contratar y así sucesivamente. “Respecto a derechos digitales y de consumidores, estamos en una etapa de aprendizaje”, dice Arturo.
Arturo llama a esta cancelación y suscripción temporal a servicios churning. O sea, sólo pagas por un mes, o un par de meses la plataforma que en ese momento te interesa.
Aunque esta práctica podría ser un motivador importante para las empresas de streaming, que basan sus modelos de negocio en que las personas permanezcan suscritas a su plataforma de manera fija.
“Van a estar respondiendo a las necesidades de negocio, a las presiones de ser empresas súper grandes que tienen que crear ganancias, … como consumidores que nos acostumbremos a cambios constantes, como volantazos desafortunados”, puntualiza Arturo.
Y para Narce Ruiz, es muy similar la respuesta.
“Todas estas restricciones que hoy están buscando de que «no compartamos la contraseña, no uses las plataformas fuera de tu casa, etcétera», se van a lograr. Lo van a lograr y lo que tenemos hoy, no va a estar”.
Esta frase, acuñada por Arturo, genera un poco de sorpresa, aunque ciertamente tiene todo el sentido del mundo. Para comprenderla, es importante observar de dónde venimos y analizar hacía dónde vamos.
Como lo mencionamos al inicio, tuvimos una época donde la “guerra” entre plataformas les llevó a la creación de muchísimos y muy variados contenidos con diversidad y altísimos valores de producción, así como propuestas que no necesariamente hubieran visto la luz en la era de la televisión tradicional.
Además, buscaban convencer a las personas a través de prácticas como meses de prueba gratuitos, agregar beneficios (como los envíos gratuitos en Amazon al estar suscrito a Prime Video, que todavía está vigente) o al incentivar prácticas en sus usuarias que no necesariamente eran buenas para el negocio, como Netflix, que antes de su discurso “anti compartir contraseñas”, durante un tiempo incentivaba en sus redes sociales que le pasaras tu cuenta con alguien más.
En los últimos meses, hemos visto a un montón de competidores alzar la mano por su respectiva rebanada de pastel, lo que ha causado que los contenidos estén cada vez más dispersos entre varios servicios.
Al mismo tiempo, muchas de estas empresas han buscado monetizar (más) el uso de sus plataformas: pagar por ver en la resolución más alta, por la cantidad de dispositivos que puedes usar al mismo tiempo, por un mejor sonido, por compartir tu contraseña, etc.
A esto le podemos agregar las cancelaciones de un montón de programas en el último año y el retiro de algunas series completamente de los servicios. ¡Ah! Y no olvidemos los planes de publicidad.
“Lo que viene no lo veo tan maravilloso y lleno de contenidos tan espectaculares como ahorita, o sea, yo creo que esa época dorada la estamos viviendo hoy y se nos va a acabar en el corto plazo”, dice Narce.
Como explicaron las expertas, estamos entrando en una nueva etapa y con la era que dejamos atrás (dorada o no) se desvanecen un montón de beneficios que las usuarias tuvimos durante años.
Aunque podremos responder con nuestro consumo, las plataformas de streaming seguirán en la batalla por generar ingresos y, al pensar en esta guerra que sostendrán, no podemos quitarnos de la cabeza la frase promocional de la peli de Alien vs Depredador: “Gane quien gane… nosotras perdemos”.

Los documentos del caso muestran que Maxwell alimentó la conexión entre el expresidente y Epstein, a principios de los años 2000. Clinton alega que en ese momento no conocía los delitos del financiero.
Hay una foto que muestra a Bill Clinton en un baño nocturno junto a Ghislaine Maxwell, la celebridad británica ahora condenada por tráfico sexual.
Otra lo captura sonriendo detrás del escenario en un concierto de los Rolling Stones en Hong Kong con Jeffrey Epstein, el difunto financiero y ahora mundialmente notorio delincuente sexual.
Una tercera instantánea sin fecha muestra al expresidente estadounidense reclinado en un jacuzzi junto a alguien cuyo rostro aparece tapado para proteger su identidad.
Los vínculos de Clinton con Epstein son bien conocidos desde hace años, y el expresidente declaró que fue su trabajo benéfico después de dejar la Casa Blanca lo que los unió.
Ahora, imágenes y correos electrónicos que publicó el Departamento de Justicia proporcionan pistas sobre el alcance de su relación, y revelan la labor de Maxwell detrás de escena para cultivar la conexión entre los dos hombres.
El material recién publicado cobró protagonismo en el largo y duro interrogatorio que el expresidente demócrata enfrentó este viernes por parte de un comité del Congreso liderado por republicanos.
El expresidente insistió en que no conocía los delitos de Epstein y dijo que, de haberlo sabido, “lo habría denunciado”.
Clinton es la última figura poderosa en responder por su asociación con el difunto y desacreditado financiero.
Los archivos no implican a Clinton en ninguna irregularidad; ninguna de las víctimas de Epstein que se han presentado hasta ahora lo ha acusado de mala conducta, y no hay prueba de que supiera de los crímenes del financiero.
El portavoz de Clinton ha dicho que las fotos son de hace décadas y que Clinton dejó de relacionarse con Epstein antes de que sus crímenes salieran a la luz.
Pero el nuevo material parece indicar cómo las esferas de Epstein y Clinton se relacionaron a principios de la década de 2000, cuando Clinton se redefinía como expresidente en una misión filantrópica.
Buscaba donantes adinerados para la Fundación Clinton y más tarde para la Iniciativa Global Clinton, una reunión de líderes dedicada a abordar problemas mundiales.
En ese momento, Epstein era un financiero cosmopolita que, con su novia Maxwell, se codeaba con los más ricos del mundo. desde el Palacio de Buckingham hasta Palm Beach, y sumaba amigos poderosos por el camino.
No hay mensajes directos entre Clinton y Epstein en los correos electrónicos que revisó la BBC, pero los dos hombres son el asunto que trata mucha correspondencia entre Maxwell y el principal asistente de Clinton, Doug Band.
Los correos electrónicos de Maxwell con Band entre 2002 y 2004 revelan una relación cercana, repleta de halagos e insinuaciones sexuales. Él la llamó su “casamentera social” y “amante”; ella elogiaba su destreza social y física.
Sus extensas comunicaciones ayudan a explicar la proximidad del expresidente a Epstein y cuán interesadas estaban las personas que trabajaban en nombre de ambos hombres en mantener esa conexión.
No hay ningún indicio de irregularidad alguna por parte de Band.
Maxwell y Band planearon reuniones para la Iniciativa Global Clinton y participaron en organizar los vuelos de Clinton en el jet privado de Epstein, indican los documentos. El expresidente voló en el avión al menos 24 veces, muestran los registros de vuelo.
El portavoz de Clinton dijo que el expresidente realizó viajes en el avión que incluían “paradas en conexión con el trabajo de la Fundación Clinton”.
Aquí (y a lo largo del texto) ofrecemos la traducción al español de algunos de los correos:
Los registros de vuelo, documentos y correspondencia corroboran las afirmaciones del expresidente de que cortó el contacto con Epstein mucho antes de que acusaran al desacreditado financiero en 2006, y antes de que se declarara culpable en 2008 de solicitar prostitución a una menor.
Hillary Clinton, entonces senadora por Nueva York, no acompañó a su marido en los viajes con Epstein y, en su declaración ante el comité del Congreso el jueves, reiteró que no recuerda haberlo conocido.
El subjefe de gabinete de Bill Clinton, Angel Ureña, le dijo a la BBC en un comunicado que “el presidente Clinton no sabía nada sobre los crímenes de Epstein y no tiene nada que ocultar”.
Ureña indicó que Clinton no envió ninguno de los correos electrónicos en los archivos de Epstein.
“Hemos dicho a los medios todo lo que sabemos sobre los viajes del presidente Clinton con Jeffrey Epstein”, señaló.
“Los hechos son los hechos y la verdad es la verdad, y ambos están de nuestro lado”.
El 21 de septiembre de 2002, Clinton abordó el jet privado de Epstein y emprendió un tour relámpago por países africanos con varias celebridades, según quedó patente en los registros de vuelo.
El viaje recibió cobertura de prensa de alto perfil, al igual que la conexión Clinton-Epstein.
Clinton le dijo a The New York Magazine a través de un portavoz en ese momento que Epstein era “tanto un financiero altamente exitoso como un filántropo comprometido” y que “especialmente apreciaba sus perspectivas y generosidad durante el reciente viaje a África para trabajar en la democratización, empoderamiento de los pobres, servicio ciudadano y combate del VIH/sida”.
La revista describió un vínculo transaccional: “Lo que atrajo a Clinton hacia Epstein fue bastante simple: Tenía un avión”.
“El Sr. Epstein ofreció un avión que era lo suficientemente grande para acomodarme a mí, mi personal y mi destacamento del Servicio Secreto de EE.UU., como apoyo para visitar el trabajo filantrópico de la fundación”, dijo el expresidente en una declaración jurada que presentó al Congreso el mes pasado y que obtuvo la BBC.
Dijo que él y su personal tomaron vuelos “para visitar proyectos de la fundación y asistir a conferencias y reuniones”, y dijo que nunca visitó la isla de Epstein.
Durante casi dos años, desde febrero de 2002 hasta noviembre de 2003, Clinton voló en el avión de Epstein a Europa, África, Asia, Rusia y, más cerca de casa, a Miami y Nueva York, según los registros de vuelo.
En ese momento, el equipo de Clinton intentaba recaudar dinero para su fundación, hasta US$100 millones, según un memorando que publicó WikiLeaks.
Imágenes publicadas recientemente, pero tomadas durante los viajes de aquellos años, incluyen fotos de Clinton sonriendo mientras camina con el personal y estrecha manos con funcionarios locales.
Pero también están las imágenes que ya han despertado la curiosidad y preguntas de los legisladores: Clinton nadando con Ghislaine Maxwell en una foto sin fecha; reclinado en el jacuzzi junto a la persona cuyo rostro se ha tapado. Y la imagen previamente publicada con una joven sentada junto a él en un reposabrazos.
Maxwell fue el vínculo clave entre Epstein y Clinton, según le dijo ella al Departamento de Justicia en una declaración de 2025.
Epstein había asistido a varios eventos en la Casa Blanca a principios de la década de 1990, junto con cientos de otros invitados, y aparecía fotografiado con Clinton, entonces presidente.
“Epstein había ido a la Casa Blanca, pero no se habían conocido”, le dijo Maxwell, que cumple condena por tráfico sexual, al fiscal general adjunto, Todd Blanche. “Se conocieron gracias a mí”.
Un abogado de Maxwell no respondió a los mensajes de la BBC en busca de comentarios.
Cuando la citaron para testificar ante el comité de la Cámara este mes, se negó a responder preguntas, acogiéndose a su derecho constitucional contra la autoincriminación.
La condenaron en 2021 por reclutar y traficar a cuatro adolescentes para ser sometidas a abuso sexual por parte de Epstein cuando él era su novio.
Epstein se suicidó en prisión en 2019 mientras esperaba el juicio por cargos de tráfico sexual.
Previamente había sido condenado por solicitar prostitución a una menor en 2008, y pasó un año en la cárcel como parte de un acuerdo de culpabilidad ampliamente visto como indulgente después de que lo acusaran de traficar a docenas de mujeres y niñas.
Maxwell le dijo a Blanche el año pasado que Clinton no habría estado en el jet de Epstein si no fuera por ella.
“Yo fui quien le pidió a Epstein que proporcionara el avión”, declaró.
“Pensé que era un honor y un privilegio ser parte de algo tan increíble y tener la oportunidad de pasar tiempo con un hombre que encontré verdaderamente extraordinario. Y por favor, no lo digo de ninguna otra manera, más que como un fantástico expresidente”.
No había ningún miembro del personal más cercano al expresidente que Band.
El nombre de Band aparece a menudo junto al de Clinton en los registros de vuelo de los principales viajes internacionales que el expresidente realizó con Epstein y Maxwell.
Band se describe a sí mismo como el “arquitecto clave” del papel pospresidencial de Clinton, habiendo sido “clave en la creación y crecimiento” de su emblemática conferencia de la Iniciativa Global Clinton.
Más tarde cofundó una firma de consultoría valorada el año pasado en US$2.300 millones.
Había entrado al mundo de Clinton como pasante de la Casa Blanca durante el primer mandato de Clinton en 1995.
Ascendió en la Oficina del Asesor Legal de la Casa Blanca y luego en el Despacho Oval, donde se convirtió en asistente adjunto del presidente.
Se mantuvo como asesor principal de Clinton después de que este dejara la presidencia en 2000 y lo ayudó a completar la transición de expresidente a estadista entre la élite.
Los viajes de Band con Clinton y Maxwell en 2002 y 2003 incluyeron paradas en Londres, Marruecos, Hong Kong, Japón, Brunéi, Noruega, Siberia y China.
Maxwell y Band desarrollaron una relación de flirteo, según muestran los correos electrónicos publicados recientemente.
En sus correos él le dedicaba apelativos cariñosos.
Ella le dijo que era “un súper semental”, que él la atraía y que “estaba bien dotado”.
Band llamó a Maxwell su “casamentera social” y “proxeneta”, según los correos electrónicos publicados recientemente.
“Pero al mismo tiempo, eres mi amante”, escribió.
La BBC hizo múltiples intentos de contactar a Band en números y direcciones de correo electrónico que aparecen de él en registros públicos, pero no recibió respuesta.
No lo han acusado de ningún crimen o irregularidad asociada con Epstein.
En una declaración a The New York Times a principios de este mes, Band dijo que sus comunicaciones con Maxwell ocurrieron cuando no estaba casado y tenía veintitantos años. La llamó un “monstruo” y negó tener una relación física con ella.
Su correspondencia publicada recientemente a menudo mezclaba logística con insinuaciones. Se mantenían al tanto de sus movimientos y de cuándo estarían en Nueva York con Epstein o Clinton.
Londres era una parada recurrente, incluso como parte del viaje a África en septiembre de 2002, según muestran los registros de vuelo.
Un álbum sin fecha publicado recientemente y etiquetado “Clinton Londres/África” presenta una foto del expresidente visitando las Salas de Guerra de Churchill.
Unas semanas después del viaje con Epstein, Band le pidió a Maxwell “la dirección de Andrés para enviar un agradecimiento por la cena para Clinton”.
Su respuesta: “Palacio de Buckingham SW1 Londres SAR Príncipe Andrés”.
Los correos electrónicos del archivo de Epstein sugieren que Band buscó la ayuda de Maxwell para gestionar conexiones ventajosas para la Iniciativa Global Clinton.
Band recurrió a ella para ayudar a organizar reuniones, incluida una con Richard Attias.
El magnate de eventos marroquí desempeñó un papel crucial conectando a las élites globales en Davos, un papel que más tarde ayudaría a cumplir para la conferencia de la Iniciativa Global Clinton.
Maxwell le dijo a Band que hablaría “con Attias el lunes y lo organizaría para ti”.
“Ha estado metido en Davos durante muchos años, así que probablemente es una, si no la única, persona con quien debes hablar”, escribió Maxwell en febrero de 2004.
“Creo que hay mucho dinero que ganar de una posible asociación con él. Tengo ideas de las que quiero hablarte, pero solo después de haberlo visto”.
Attias confirmó a la BBC que posteriormente se reunió con Band. Dijo que inicialmente había hablado con Clinton en Davos, donde propuso una oportunidad de usar el estrellato político del expresidente para efectuar cambios a escala global.
Dijo que trabajó con Band para hacer realidad esa visión en la conferencia global de Clinton.
Maxwell le dijo al Departamento de Justicia el año pasado que fue “muy central” en el esfuerzo como convocadora: “ayudó a traer personal clave” al proyecto. Attias la llamó un “catalizador”.
“Ghislaine fue un punto de contacto, y definitivamente, me puso en contacto con Doug Band, quien era el brazo derecho del presidente Clinton”, le dijo a la BBC.
El 16 de septiembre de 2005, Bill Clinton subió al escenario en la reunión inaugural de la Iniciativa Global Clinton en Nueva York.
El evento, presentado como una respuesta estadounidense a Davos y una oportunidad para resolver “los desafíos más apremiantes del mundo”, fue una oportunidad para que Clinton solidificara su papel como fuerza global después de dejar la Casa Blanca.
Actuó como moderador de un panel de actores poderosos: el exprimer ministro británico Tony Blair, el rey Abdullah II de Jordania, y la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice.
En sus memorias de 2024, Clinton escribió que “siempre había pensado que Epstein era extraño, pero no tenía ni idea de los crímenes que estaba cometiendo”.
“Le hizo daño a muchas personas, pero yo no sabía nada al respecto y para cuando lo arrestaron por primera vez en 2005, había detenido el contacto con él”.
Ureña, el subjefe de gabinete de Clinton, se negó a comentar a la BBC sobre el enredo de Band con Maxwell y Epstein y qué papel pudo haber desempeñado en la emblemática Iniciativa Global del expresidente.
“Dejaremos que otros describan sus propias relaciones”, dijo.
Ureña tampoco respondió preguntas sobre las fotos en los archivos de Epstein de Clinton en el jacuzzi, nadando con Maxwell, y con la mujer en su reposabrazos.
Band, hoy alejado de Clinton, con el que rompió alrededor de 2015, le dijo a Vanity Fair en 2020 que había intentado alejar al expresidente de Epstein después del viaje a África en 2002.
La revista reportó que Band dijo que no sabía sobre los crímenes de Epstein, pero tuvo una mala sensación y por eso aconsejó a su jefe cortar lazos.
En sus memorias, Citizen: My Life After the White House, Clinton expresó profundo arrepentimiento.
“La conclusión es que, aunque me permitió visitar el trabajo de mi fundación, viajar en el avión de Epstein no valió los años de cuestionamientos posteriores”, escribió. “Desearía no haberlo conocido nunca”.
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