
El atardecer en la playa es el punto de encuentro para la gente de San Pancho, Nayarit. Durante esos minutos, cuando el Sol es un disco redondo sobre el horizonte, hay un silencio peculiar. Al ocultarse, dejando tras de sí un cielo anaranjado, rosáceo y púrpura, las personas del pueblo aplauden la despedida.
San Pancho es, por sí mismo, un lugar singular: ese silencio durante el atardecer es un acuerdo colectivo entre la gente del pueblo. Los aplausos al ocultarse el Sol son una costumbre arraigada y el ocaso en la playa es, desde hace años, el lugar a donde se busca a quien no se ha podido hallar a lo largo del día.
El rito vespertino tiene un aire conspirador: congregar a la gente día tras día ha sido clave para compartir ideas y transformarlas en proyectos culturales comunitarios que, hoy mismo, son fundamentales para la vida del pueblo y su futuro.
Lo más destacable de esas propuestas -ahora realidades- es que sus ejes medulares son el desarrollo de las infancias, compartir el arte y la conciencia ambiental, todo desde una perspectiva colectiva: del pueblo para el pueblo.
Podríamos decir que San Pancho fue el proyecto personal de Luis Echeverría.
Durante su presidencia, entre 1970 y 1976, decidió que esa comunidad de pescadores y campesinos sería el lugar para vacacionar con su familia. Todavía hoy, sus descendientes tienen propiedades y negocios en el pueblo.
A lo largo de su periodo en el poder, Echeverría dedicó tiempo y recursos para convertir a San Pancho en un pueblo modelo: desde el trazado de las calles y distribución de viviendas, hasta la instalación de un hospital, una universidad de agricultura, escuelas de educación básica y un centro de procesamiento de frutas y otro para procesar pescado.
Pero, como tantos proyectos presidenciales, al terminar su mandato también se terminaron los recursos para San Pancho.
La universidad cerró y las grandes bodegas de frutas y pescado fueron abandonadas y el pueblo aprendió a tener su propia dinámica, sin la bonanza prometida por el expresidente.
Pero hay que decirlo: San Pancho tiene un encanto particular, es como un gancho invisible que atrapa a quien lo visita. Tal vez por eso, desde los 90, cuando el turismo internacional comenzó a llegar (y a quedarse) el pueblo se transformó en un espacio multicultural. Tan es así, que hoy es una de sus características principales.

Desde los 80 hasta principios de los 2000, las bodegas que servían para procesar fruta y pescado, permanecieron abandonadas, aunque esporádicamente se utilizaban para algún evento local.
Pero el pueblo reclamó lo suyo y lo hizo para bien: hoy son lugares de encuentro de arte, educación, deporte, de intercambio y enseñanza.
En las bodegas existen distintos proyectos:
Cada uno funciona bajo el mismo principio: trabajo comunitario.

Hace 15 años, a la sombra de un árbol de mango, Nicole Swedlow instaló una mesa amplia para enseñar artes plásticas a los niños y niñas del pueblo. Se armó de sillas viejas, algunos huacales, papel, colores y cualquier material que sirviera para que las alumnas hicieran manualidades para llevar a casa.
La pequeña escuela de manualidades iniciada en 2006 se convirtió en el proyecto Entre Amigos, al que al año siguiente se unieron Indira Santos y Plantate Baronio. Esta asociación, iniciada por Nicole hace 15 años, es una de las primeras organizaciones formales entre habitantes de San Pancho para hacer trabajo colectivo.
Las tres mujeres juntas crearon una pequeña librería para infancias e impulsaron, junto con más personas del pueblo, un proyecto de reciclaje.
Para 2008, Nicole, Indira y Plantate también echaron a andar un programa para becar a jóvenes locales que quisieran estudiar alguna licenciatura.
Con tantos proyectos entre manos, necesitaban un espacio más grande.

Así que, tras varias negociaciones con el gobierno nayarita, en 2009 se hicieron de una de las bodegas abandonadas y, con recursos donados por la fundación estadounidense Three Swallows, renovaron el espacio y lo adaptaron para sus necesidades.
“Ya se habían utilizado antes (las bodegas), aunque no de forma permanente, y a Nicole y un grupo de padres se les ocurrió transformarlas. Padres, amigos y niños que participaban en los talleres transformaron el espacio”, explica Abraham Vivas, director de programas ambientales de Entre Amigos, mientras muestra el enorme espacio lleno de niñas y niños corriendo, jugando o leyendo.
Desde hace 12 años, el edificio ha crecido siempre pensando en seguir un modelo de mantenimiento sustentable.
La biblioteca para infancias, que comenzó con un pequeño número de libros, tiene ya un acervo de 9 mil ejemplares en español e inglés y continúa alimentándose de donaciones.
Las niñas y adolescentes que van al centro, también pueden utilizar las computadoras y el internet gratuito y asistir a los talleres o tutorías o, las mamás, pueden dejar a sus bebés en la ludoteca.
“Tenemos espacio de biblioteca y espacios de tutorías que la gente del staff imparte a niños que necesitan ayuda con sus tareas”, dice Abraham, quien explica que el lugar recibe más de 50 niñas a diario, tanto pequeños que viven en el pueblo como turistas.

El trabajo de educación ambiental y reciclaje en San Pancho, que también se realiza en Entre Amigos, ha sido una labor titánica, dice Abraham.
En un inicio, los habitantes del pueblo no entendían la importancia de separar la basura. Hoy, el centro de acopio es tan reconocido que llegan personas de otros pueblos y municipios a entregar residuos limpios para reciclar o reutilizar.
Después de más de 10 años de trabajo, hay 140 contenedores distribuidos por todo San Pancho que reciben plástico, cartón, vidrio y metal o aluminio.
Mira: Descender al inframundo maya para limpiarlo: los buzos que buscan sanear los cenotes de Yucatán
Voluntarios recogen los contenedores y los llevan al centro de acopio, ubicado en la parte trasera de la bodega del centro de enseñanza de Entre Amigos, donde los separan.
“Fue complicado, pero poco a poco la gente ha ido abonando y cada vez lo ven de una manera más propia, lo ven como parte de ellos y saben que es importante hacerlo. Poco a poco la gente ha ido cambiando su forma de pensar en cuanto a los residuos”, dice Abraham, quien explica que, en lo que va del año, una empresa de Guadalajara se ha llevado 40 toneladas de vidrio para reciclarlo.

Con donaciones: tanto económicas, como de tiempo y energía.
Algunas de las voluntarias de Entre Amigos son jóvenes que fueron becadas hace años por el programa de la asociación y que, como una forma de agradecimiento y compromiso, vuelven al lugar y donan su tiempo y esfuerzo para hacer que siga funcionando.
Por la parte económica, cada año Entre Amigos realiza una recaudación de fondos y tiene abiertos sus canales de donación todos los días, ya sea cubriendo necesidades específicas del centro o becando a algún alumno.
En una de las bodegas del fondo, con una fachada adornada con grandes letras de colores, se anuncia a sí mismo El Circo de los Niños. Y es eso… una escuela de artes circenses para niños y niñas de todas las edades.
Al entrar al lugar, por un lado hay niñas entrenando acrobacias de piso, practicando su flexibilidad y en posiciones imposibles para un mortal. Al fondo, hay un par de adolescentes colgados de telas larguísimas, haciendo danza aérea; mientras que por otro lado, tres niños hacen malabares con las manos… montados en zancos.
Definitivamente, este circo no es un circo cualquiera. El iniciador del proyecto es Gilles Ste-Croix, cofundador y guía creativo del Cirque Du Soleil.
En 2011, Gilles, junto a Monique Voyer, su esposa, planearon un espectáculo que involucrara a los niños que asistían al centro educativo Entre Amigos para recaudar fondos para el mismo.

Practicaron por varias semanas y, a través del programa Circo del Mundo, del Cirque du Soleil, consiguieron el equipo requerido; mientras que amigos de Canadá y voluntarios de San Pancho, aportaron todo lo necesario para montar el primer show llamado Cuando aún no existían los sueños.
El espectáculo fue un éxito y a los pequeños les encantó lo aprendido, así que el proyecto se transformó poco a poco en un centro de aprendizaje de artes circenses independiente de Entre Amigos. Ahora es una escuela formal, con su propia organización, actividades y recaudación de fondos.
Todas esas destrezas que vemos de los artistas del Circo del Sol, las niñas y niños de San Pancho las aprenden: trampolín, equilibrio, monociclo, cable tenso, danza aérea, acrobacias, malabares, zancos.
“Nuestra misión no es solamente el performance sino que, a través de las artes circenses, podemos tener un espacio donde el trabajo físico también transforma la parte personal y social de los niños”, explica Glades Perreras, coordinadora del Circo de los Niños y quien se ha involucrado con el proyecto desde el primer show, cuando se unió como voluntaria y fue la stage manager.

El programa actual es de nueve meses de lunes a viernes y peques de 5 años hasta adolescentes de 17 pueden tomar clases con los cinco maestros que imparten los cursos.
“A través de clases técnicas también manejan temas de autoestima, confianza en sí mismos y las relaciones positivas con adultos”, dice Glades y añade que una de las partes más importantes del programa es “fomentar la comunicación entre niños y jóvenes, pero también con adultos”.
También a través de donaciones. Gilles y Monique siguen siendo los principales benefactores, pero la asociación civil realiza una noche de recaudación anual para subsistir.
Además, tienen el Fondo Atrapasueños, en el que las personas interesadas en colaborar donan 2 mil 500 pesos cada año (es como becar a una niña o niño pues el costo por estudiante alcanza poco más de 2 mil pesos en cada curso), y reciben donaciones cualquier día del año.

¿Qué es de un centro cultural sin las artes escénicas? Si algo faltaba a la vida cultural del pueblo era, precisamente, el teatro, el cine y clases de especialidades deportivas.
Así que La Bodega Teatro, el proyecto más joven del recinto cultural, se formó como una apuesta a la diversificación de actividades en el pueblo.
Desde un inicio lo han tenido claro: se trata de promover las labores comunitarias, colaborativas y participativas, a través de las artes escénicas, residencias artísticas, talleres intensivos.
“En los espacios autogestivos uno es todólogo y mis compañeres también”, dice Federico Illanes –Chupete, como lo conocen en San Pancho-, quien le entra a la administración general, a la producción de teatro y al mantenimiento del espacio. “Somos cinco personas las que tomamos decisiones”.

Con 160 m2, la bodega que ocupa Fábrica de Artes San Pancho, la asociación civil de la que forma parte Chupete Illanes, es la más grande de todo el complejo y hay espacio suficiente para una caja negra, donde se realizan funciones de teatro y ciclos de cine; clases de karate, capoeira, belly dance, yoga, pilates, trapecio, danza, flamenco, parada de manos, canto, entre otras.
Las personas que imparten alguno de los talleres o clases, pueden hacer uso del espacio siempre y cuando realicen alguna tarea de limpieza de la bodega o, en caso de no poder hacerlo, se les cobran 150 pesos como una especie de “renta/préstamo del lugar”.
Mientras que para quienes toman las clases no hay una tarifa fija, pues es cooperación voluntaria. En promedio, por cada taller, hay unas 20 personas.
Federico no recibe ningún salario por su trabajo en la La Bodega Teatro, pero tiene un proyecto personal que puede llevar al lugar y cobrar.
“Este proyecto me ha hecho creer en lo colectivo. Creía que entre más gente hubiese tenía más competencia y hoy sé que no, es todo lo contrario. Tengo una lucha interna entre lo que viví de la sociedad, el capitalismo y lo que hoy vivo, es una dualidad fuertísima. Sé que la unión genera lo mejor, es mucho más fuerte”, concluye Chupete.

Cuando entras a El Gallo, la energía se siente ligera y movida: es un lugar abierto, con mucha luz y siempre fresco al amparo de un árbol de parota enorme y benévolo.
Por las mañanas es un desayunador atendido por la señora Maricela. Sus platillos cambian con la temporada y los ingredientes son, en su mayoría, de la región.
Hacia la tarde y ya bien entrada la noche, el espacio se transforma.

La música en vivo resuena por todo el lugar (y varias calles a la redonda) al menos cinco días a la semana. ¿Lo sorprendente? Nunca es la misma banda la que toca.
El Gallo está a unos pasos del complejo cultural de San Pancho, caminando sobre la avenida principal. Del lugar ves entrar y salir a Israel Landa, el iniciador del merequetengue.
Con el paso de los años, y las ideas transformadoras de Israel, el lugar se ha convertido en un espacio de cultura y arte en el que convergen todos: los turistas recién llegados, las artistas que quieren pasar un rato tranquilo, los albañiles de otros lugares que chambean temporalmente en el pueblo.
“Lo que quisimos desde un inicio es hacer de este lugar un espacio donde todos puedan compartir”, explica Israel, quien se encarga de la parte operativa de El Gallo.
Desde hace unos cinco años comenzaron a organizar festivales de arte y apoyar eventos culturales (muchas veces donan la comida en los shows organizados por Entre Amigos o El Circo de los Niños), pero la idea ha ido evolucionando.
Hoy, además de invitar a bandas de todos los tamaños y de todo el país a tocar, también abren residencias artísticas y piden a los y las músicas que compartan sus conocimientos con las niñas y niños de San Pancho.
Comenzaron invitando a artistas locales, que al ser San Pancho un pueblo cosmopolita los hay de todo el mundo; después Israel se puso a buscar a bandas de la región -Vallarta, Tepic y Guadalajara-; y en su escenario ya han estado artistas y grupos más conocidos en el país, como la rapera zapoteca Mare Advertencia Lirika, Nortec Collective, Ampersan o Los Cojolites.

A todos se les ha pedido que permanezcan al menos una semana en el pueblo para entender sus dinámicas, que realicen talleres con los niños de Entre Amigos y, la conclusión de esa estancia sea su presentación en El Gallo que, con muy pocas excepciones, es gratuita.
“Intentamos que los conciertos sean gratis porque queremos que el espectáculo sea para todos, el arte y cultura deben ser para todos”, destaca Israel quien, con eventos gratuitos y precios para mexicanos en el menú, trabaja para que El Gallo, uniendo fuerza con los proyectos culturales de San Pancho, sea “un punto de resistencia donde queremos seguir haciendo comunidad”.


Las críticas de estos dos tradicionales aliados de Teherán a los ataques de EU e Israel no han pasado de la condena verbal.
Rusia y China tienen fuertes lazos diplomáticos, comerciales y militares con Irán, pero tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la nación islámica, la pregunta que atrae la atención del mundo es qué tanto están dispuestos a respaldarla.
La reacción de Moscú a los ataques fue vociferante pero limitada, indicando su indignación y solidaridad con Teherán, mientras cuidadosamente evitaba tomar pasos que pudieran llevar a Rusia a un enfrentamiento directo, comenta Sergei Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.
El portavoz del Kremlin Dmitry Peskov habló de una “profunda decepción” de que, a pesar de las conversaciones entre Washington y Teherán, la situación se deteriorara hasta tomar la forma de “una abierta agresión”.
Peskov afirmó que Moscú estaba en contacto permanente con el liderazgo de Irán y con los estados del Golfo afectados por la escalada de hostilidades.
El domingo, el presidente Vladimir Putin envió sus condolencias al presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, por la muerte del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, llamándola una “violación cínica de la moralidad humana y el derecho internacional”.
El Ministerio de Exteriores de Rusia, por su parte, denunció lo que interpreta como asesinatos políticos y la “cacería” de líderes de estados soberanos.
China también condenó enérgicamente la muerte del ayatolá.
Además, Pekín históricamente se ha opuesto a las estrategias de EE.UU. de cambio de régimen a través del mundo.
En el centro de la relación China-Irán está una asociación económica de beneficio mutuo, señala Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.
China es el mayor socio comercial de Irán y su más importante comprador de petróleo.
Cuando se le preguntó este lunes al vocero del Kremlin si Moscú podría seguir confiando en Washington, Peskov respondió que Rusia “primero que todo sólo confía en sí misma” y defiende sus propios intereses.
Esos intereses ayudan a explicar por qué el apoyo de Rusia a Irán continúa siendo principalmente retórico aunque Teherán se ha convertido en unos de los aliados más cercanos de Moscú desde su invasión a gran escala de Ucrania, aportando drones y ayudando a desarrollar maneras de evadir las sanciones de Occidente, explica Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.
Irán también encaja en la visión del Kremlin de un orden multipolar en el que los derechos del estado son más importantes que los derechos humanos, y los gobiernos ejercen un amplio control interno.
La caída de uno de esos regímenes propinaría un golpe a ese modelo.
Al mismo tiempo, el Kremlin ha demostrado antes que no arriesgará mucho por sus socios, ya sea en Venezuela, en Siria o durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en el verano de 2025.
Rusia está intensamente involucrada en Ucrania y parece reacia -y quizás incapaz- de ofrecer nada más que apoyo diplomático y cooperación técnica militar a sus aliados.
El tratado de asociación estratégica entre Rusia e Irán firmado el 17 de enero 2025 no llega a ser un pacto de defensa mutua.
Moscú y Teherán acordaron compartir información, realizar ejercicios conjuntos y “garantizar la seguridad regional”, pero no se comprometieron a defender el uno al otro en caso de ser atacados.
Los lazos económicos entre los dos países también son modestos, y el comercio se mantiene en el rango de US$4.000 millones a US$5.000 millones.
Sin embargo, los vínculos militares e industriales estaban creciendo. En febrero, el diario The Financial Times informó de un importante acuerdo bajo el cual Rusia proveería a Irán de los sistemas de defensa aérea portátiles Verba valorados en US$580 millones.
El uso de drones Shahed de fabricación iraní cambió significativamente las tácticas de las fuerzas rusas en el frente ucraniano. Pero el año pasado, Moscú rápidamente expandió su propia producción de drones, reduciendo su dependencia de las armas iraníes.
Para Moscú, Irán es demasiado importante para permitir su caída, pero no lo suficientemente importante para combatir para evitarla. Ese cálculo podría cambiar, pero, por ahora, lo más probable es que la intervención de Rusia esté mayormente limitada a las palabras.
A pesar de años de severas sanciones de EE.UU. contra Irán, Pekín sigue siendo el salvavidas económico de Teherán, comprando grandes cantidades de petróleo a descuento a través de una red de las llamadas “flotas fantasmas”, buques con registros falsos para evadir las sanciones contra el transporte de crudo.
En 2025, por ejemplo, China compró más de 80% del petróleo transportado por cargueros, y los ingresos de esas compras chinas han ayudado a Irán a estabilizar su economía y financiar el gasto de Defensa aun cuando los mercados de Occidente estuvieran vetados.
Un acuerdo estratégico de 25 años firmado en 2021 consolidó la relación, con promesas de cientos miles de millones de inversiones chinas en la infraestructura y telecomunicaciones iraníes.
Históricamente, la estrategia de China de frente a las tensiones Irán-Israel e Irán-EE.UU. ha sido convertirse en un escudo diplomático para Teherán, haciendo uso de su derecho al veto -o amenaza de implementarlo- para diluir las resoluciones de la ONU.
Durante anteriores hostilidades, incluyendo la guerra de 12 días en el verano de 2025, China consistentemente instó a la “moderación” mientras denunciaba la “interferencia externa”, una referencia no muy velada a la política de EE.UU., comenta Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.
La estrategia de Pekín siempre ha sido mantener a EE.UU. empantanado en Medio Oriente, indica nuestro corresponsal, sin promover un colapso regional total que pudiera disparar los precios mundiales del petróleo.
Un régimen pro-Occidente en Teherán sería una derrota geopolítica catastrófica para China, ya que Teherán no sólo provee energía pero también representa políticamente un contrapeso considerable a la influencia de EE.UU. en la región.
Irán es miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái, y sirve como un nexo geográfico clave conectando a Asia Central, el Cáucaso y Medio Oriente.
La caída de la República Islámica debilitaría la credibilidad de los mecanismos multilaterales que Moscú y Pekín han intentado fortalecer.
Sin una invasión en el terreno de EE.UU. e Israel, las estructuras política y militar iraníes podrían permanecer.
Pekín practicará su tradicional “juego a largo plazo”, con la intención de cumplir con quien sea que vaya a sustituir a Jamenei como líder de Irán, mientras que Rusia buscará oportunidades por su cuenta.
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