
Sí, lo admito, soy millenial y soy culpable de odiar hablar por teléfono. No hay nada más incómodo para mí que escuchar el sonido de una llamada.
¿quién será?, ¿por qué me habla? Seguro es una emergencia. Todo es una posibilidad. Y sinceramente prefiero no contestar. ¿Por qué no mejor me echas un WhatsApp o algo así?
Y es que aunque vivamos pegados al teléfono, irónicamente, los millenials (y los centennials) no queremos usar el aparato para lo que originalmente fue inventado: hacer llamadas.
Y claro, no hablo solo por mí, una encuesta que realizó el sitio de venta de dispositivos BankMyCell, realizada en 2018, donde entrevistaron a más de mil 200 millenials sobre las llamadas telefónicas encontró esto:
¿Te identificas?
Pero, además, tengo otros datos. Le preguntamos a algunas personas millenials por qué odian hablar por teléfono y esto fue lo que nos contestaron:
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Ni siquiera tengo claro por qué pero me choca. Una de las cosas que he pensado es q tienes tus tiempos y puedes llevar la conversación de una mejor manera y a tu ritmo. A veces también siento que te quita más tiempo (¿?) jajaja. Solo me gusta hablar con mis papás o Manu y amigas
— Dona Rodríguez ✨ (@donutsrod) September 23, 2020
No me gusta. Considero que la mensajería, incluso los audios, son más efectivos: se quedan guardados, por si hay que volver a ellos. Es como una pequeña prórroga para atenderlos más tarde. Al hablar por teléfono, me pierdo, me distraigo y no puedo seguir como se debe al otre.
— Án Díaz (@AnDiazMx_) September 23, 2020
https://twitter.com/OyeTrick/status/1308834273848369152?s=20
A mi no me gusta porque las siento muy invasivas, y mas cuando no contestas porque estás ocupad@ y empiezan a marcar sin parar. Tampoco me gustan los mensajes de voz porque no puedo reproducirlos en el Apple Watch 🙃 y a veces duran tanto que parecen llamadas.
— Alita The Boneless (@alitaboneless) September 23, 2020
Lo odio desde siempre. Incluso para pedir una pizza. Me siento como invadida 😂 🤷🏻♀️ Y casi a la par odio los audios de whatsapp aunque siempre las preferiré antes que las llamadas
— midori kawakami (@midok) September 23, 2020
No me gusta hablar por teléfono pro que trabaje en call centers mucho tiempo.
— Maky Pollorena (@Its_Maky_Bitch) September 23, 2020
No mucho, porque trabajé en un call Center y aprendí como a manejar mis ideas y a entender por medio de la voz el estado de ánimo de la otra persona. La voz dice mucho.
— Tortuga 🐢💜💚 (@rango_elpug) September 24, 2020
Era odioso, hasta que en un trabajo era mi día a día, escuchaba el teléfono y era como no por favor pero después de ahí le perdí el miedo y el odio, ahora prefiero hablar porque para mi es importante escuchar el tono de voz de las personas siento que así estoy más cerca de ellos
— Pau Salazar (@PauliSB14) September 24, 2020
Ash. Pero te entiendo, lo odio. Luego si es tu pareja dices "wey ¿para qué me habla?" siento que la otra persona quiere controlar de alguna forma lo que estás haciendo.
Aunque todo el día estoy al teléfono por mi trabajo 🙁— Damesio John (@MaLCLonado) September 23, 2020
Ansiedad. Un mensaje te permite contestar a tu tiempo, pensar en la respuesta, una llamada exige toda tu atención el tiempo que dure.
— D (@Dianuts) September 23, 2020
igual, me da ansiedad y me pongo nerviosa al no saber qué responder.. por ejemplo, si voy a pedir algo de comer ANTES ya debo saber qué pediré, sino no puedo. También odio que me escuchen hablar y que me hagan gestos, como dando indicaciones o que pase un msj.
— Whatsername🪐 (@danups_) September 24, 2020
A mí me da ansiedad social cuando tengo que hacer yo la llamada con alguien que no conozco. En otros contextos, lo disfruto mucho.
— Andrea Deydén 💚 (@a_deyden) September 23, 2020
Es horrible. Te interrumpe la vida real y tienes que ponerle atención en ese momento a la llamada (a diferencia de un mensaje). Además es como hablar sola y hay muchísima etiqueta social involucrada.
— Paulina Sánchez (@Art3misa) September 23, 2020
– Hola. ¿Cómo estás?
– Muy bien, ¿y tú?
– Ay yo también, gracias.
– Qué bueno, ¿cómo está la familia?Y luego la despedida muy delimitada e igual llena de rituales.
En mensaje solo puedes poner: oye, necesito tal. *se lo da*. Fin.
— Paulina Sánchez (@Art3misa) September 23, 2020
Me molesta tener que enfocar toda mi atención en una sola cosa, sin tener tiempo para pensar lo que quiero expresar. Además, cuando escribo mis emociones quedan al margen, cosa que no pasa por teléfono.
— Paola Gómez (@Nandehui89) September 24, 2020
Lo detesto, siento que no puedo hacer nada porque vengo hablando por teléfono. Me estresa jajajaja
— Andrea Sierra (@ikbenandrea) September 23, 2020
Me desespera y no pongo atención si me llega esa llamada en medio del trabajo u otra actividad. 😒
— 💚🦋°˖✧~Fer~✧˖°🦋💚 (@K4tFer) September 23, 2020
Ajá!
No me gusta que me interrumpan 😛 a favor de los audios y así…
Para cosas de emergencia o que necesitan interacción rápida y algo compleja, me es chida la llamada :B
— Berenice Zambrano 🍉 (@darkolina) September 23, 2020
A mí sí me gustan las llamadas 🙁
Obviamente cuando se trata de desconocidos dices "qué pedo", pero para un chisme largo y tendido nada como una llamada con su respectiva interacción inmediata.— Uriel Barco (@UrielBarco) September 24, 2020
Lo amo. No entiendo por qué lo odian. Y lo prefiero a los mensajes de voz.
— Versalita (@versalisima) September 23, 2020
A mí me gusta mucho cuando es una llamada personal. Para trabajo prefiero otros medios, pero tengo amigos y familia que viven lejos y disfruto hablar por teléfono con ellos.
— Marcela Vargas (@Marce_Vargas88) September 23, 2020
Yo prefiero llamar. Siento que es más claro todo. Con los mensajes siempre tengo que andar imaginando la intención y tono en el que van. La voz es mucho más expresiva.
— Beatriz L. (@blferime) September 23, 2020
Esto es una GRAN brecha generacional. A mi si me gusta, es una comunicación más efectiva, recibes la respuesta inmediata de tu interlocutor.
— Rbk (@chairohater) September 23, 2020
https://twitter.com/LCarloSolis/status/1309079815018999808?s=20
A mi sí me gusta 🥺 pic.twitter.com/T0J1ue27mS
— Brianda Urquiza (@BriandaUrquiza) September 23, 2020
La encuesta que hizo BankMyCell también arrojó en sus resultados miedo a no articular bien una respuesta.
“‘¿Me voy a encontrar mal o diré algo mal?’ Cuando alguien habla por teléfono, puede sentirse vulnerable, ya que tiene menos tiempo para transmitir su opinión de manera profesional o articular su respuesta”, dice.
Las conclusiones de la encuesta también señalan que antes de odiar a un millenial por su resistencia al teléfono respires y consideres esto:
“Al examinar los resultados, parece que en lugar de etiquetar a los millennials como groseros por ignorar las llamadas, deberíamos adaptarnos a la forma en que la comunicación rápida y basada en resultados de hoy ha reformado la forma en que las personas se comunican”.
Así que si eres de esas personas que ama, necesita o considera que las llamadas telefónicas son el mejor medio para comunicarse con millenials o centennials, quizá la mejor idea es que envíes un DM, una whats o un correo si no quieres que te apliquen un Fosfo fosfo.

No hay “un sucesor claro e indiscutible” de Nemesio Oseguera, explica un exjefe de la agencia antidrogas DEA. Pero varios nombres figuran en las listas de prófugos principales de Washington.
Algo seguro sobre la muerte de “El Mencho” es que, sin su figura en el mundo del narco, las drogas ilícitas aún pasarán entre los países en cantidades industriales.
Hasta su violenta caída el domingo en un operativo militar para capturarlo, Nemesio Oseguera era desde hacía años el hombre más buscado de México, como antes lo fueron Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada y otros jefes narcos.
Ninguna de esas súbitas variaciones nominales alteró de modo fundamental el flujo global de narcóticos, y los expertos descartan que algo diferente ocurra ahora.
Bajo el liderazgo de “El Mencho”, el Cartel Jalisco Nueva Generación expandió sus tentáculos por México, decenas de países de la región y alrededor del planeta hasta Australia, según las autoridades.
Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta US$15 millones por información que permitiera arrestar a Oseguera. Su agencia antidrogas DEA incluyó a este narco en su lista de fugitivos más buscados en 2016: salió de ella siete años más tarde de forma temporal y la encabezaba cuando fue abatido.
Pese a que procuraba mantener un perfil bajo, “El Mencho” era considerado uno de los últimos grandes capos capaces de controlar todo el negocio a gran escala, desde la producción hasta el tráfico y la distribución de estupefacientes.
“El panorama se aleja de la era del líder único y todopoderoso hacia estructuras de liderazgo más resilientes e interconectadas”, le dice a BBC News Mundo Ray Donovan, un exjefe de operaciones de la DEA que supervisó los esfuerzos que llevaron a la captura de “El Chapo” a inicios de 2016 en México.
Pero, ¿quiénes son en este contexto los narcos más perseguidos por Washington tras el fin de Oseguera?
A la cabeza la lista de fugitivos más buscados de la DEA, actualizada tras la muerte de Oseguera, figura ahora Yulian Archaga, un hondureño acusado de dirigir las operaciones de la pandilla MS-13 en su país y de traficar grandes cantidades de cocaína a EE.UU. La agencia ofrece hasta US$5 millones por ayudar a capturarlo.
Apodado “El Porky”, Archaga permanece prófugo desde 2020, cuando varios hombres armados mataron a policías y militares para que escapara de un juzgado hondureño donde respondía por el homicidio de dos fiscales.
Siguen en la nómina de la DEA dos hijos de “El Chapo”: Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, con una recompensa de hasta US$10 millones ofrecida por Washington a cambio de información para arrestar a cada uno.
Ambos “Chapitos” son considerados líderes del cartel de Sinaloa y responsables de la producción y tráfico de fentanilo tras la cadena perpetua que cumple su padre en EE.UU. y la caída de sus hermanastros Joaquín y Ovidio Guzmán López, quienes el año pasado aceptaron los cargos de narcotráfico en su contra en ese país.
“La muerte de Nemesio Oseguera”, señala Donovan, “no dejó un sucesor claro e indiscutible, pero Iván Archivaldo Guzmán Salazar destaca como una de las figuras más peligrosas que hoy están prófugas”.
“Aunque no ejerce el mismo control centralizado que ‘El Mencho’, su dominio de las cadenas de suministro clave, su acceso a precursores químicos y su disposición a enfrentarse al Estado (…) lo sitúan entre los traficantes más importantes que operan hoy”, agrega.
El exjefe de la DEA explica que las designaciones de los narcos más buscados por la agencia “deben entenderse como una herramienta estratégica”, en lugar de una simple advertencia pública o ranking, su objetivo es presionar a las organizaciones criminales y sincronizar los esfuerzos en su contra.
En la lista también figura el uruguayo Sebastián Marset, a quien una investigación en Paraguay y otros países vinculó con el envío de toneladas de cocaína a Europa.
EE.UU. acusa a Marset de lavado de activos del narcotráfico y ofrece pagar hasta US$2 millones por colaboración para detenerlo.
Otro de los más buscados por la DEA es el mexicano Alfonso Limón-Sánchez, también conocido como “El Poncho Limón”, considerado una figura clave en la estructura del cartel de Sinaloa que lideraba “El Mayo” Zambada.
Esa facción del grupo está en una guerra interna con “Los Chapitos” desde que Joaquín Guzmán López secuestró a Zambada y lo trasladó en avión a EE.UU. en 2024 para entregarse con él a la justicia, según admitió el propio hijo de “El Chapo” en un tribunal federal.
Se estima que el bando de “El Mayo” dentro del cartel lo encabeza su hijo Ismael Zambada Sicairos, alias “El Mayito Flaco”, quien también enfrenta cargos en EE.UU. pero hasta ahora está ausente de la lista de los más buscados de la DEA.
La lista de 10 fugitivos más buscados del Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI por sus siglas en inglés) menciona a algunos narcos como Archaga entre distintos tipos de criminales, pero tiene diferencias con la nómina de la DEA.
El FBI incluye a Fausto Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, presunto líder de una organización denominada con sus apellidos acusada de enviar metanfetamina, cocaína, heroína y otras drogas a EE.UU., y ofrece hasta US$5 millones por información para arrestarlo.
El Buró también señala entre sus más buscados al venezolano Giovanni Vicente Mosquera como líder del grupo Tren de Aragua, bajo cargos de distribución internacional de cocaína e intento de apoyar a una organización terrorista extranjera.
La retribución prometida por ayudar a capturar a Mosquera también llega hasta US$5 millones.
EE.UU. ha ofrecido recompensas mayores por altos miembros del gobierno de Venezuela, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello (US$25 millones) y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino (US$15 millones), acusados de traficar cocaína, aunque ninguno figura hasta ahora en las listas de más buscados de la DEA o el FBI.
Entre la decena de prófugos de la nómina del Buró sí aparece el colombiano Wilver Villegas-Palomino, alias “El Puerco”, bajo cargos en EE.UU. de narcoterrorismo y distribución internacional de cocaína como miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de su país.
El precio por su captura llega hasta US$5 millones.
Claro que estas nóminas están sujetas a revisiones.
Por ejemplo, entre los diez más buscados del FBI aún figura el exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, acusado de liderar una organización de narcotráfico. Pero tras su arresto y extradición a EE.UU. el mes pasado, ahora sobre su foto se lee “Capturado”.
Y así como “El Mencho” salió de los más buscados de la DEA esta semana tras su muerte, una pregunta siempre abierta es quién será la próxima alta o baja en esas listas negras.
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