
En el mundo del espectáculo las cosas se viraliza en segundos, y se alimentan de titulares y comentarios en redes sociales; y muchas de esas veces ocurre de manera más inmediata cuando se trata de temas personales de los artistas o figuras reconocidas.
Y aunque todos hemos caído en querer saber más del chismecito de las estrellas, más allá del morbo, estos casos suelen dejar al descubierto algo profundo: las reglas no escritas de quién “merece” el castigo social… y quién no.
Pero ahí no termina, detrás de esto, claro que se deja entrever una profunda desigualdad que nos recuerda que los estándares de género y el patriarcado se hacen presentes en todos los escenarios. Te contamos más.
La relación y los hechos ocurridos entre Christian Nodal, Cazzu y Ángela Aguilar ha sido un claro ejemplo de cómo el juicio público no se reparte por igual.
Mientras Nodal anunció su nueva relación con Aguilar poco después de terminar con Cazzu —madre de su hija—, el peso de la condena cayó de forma desproporcionada sobre Ángela.
Cientos de publicaciones la llamaron “quita maridos”, “traicionera”, “rompe hogares” y claro, también llegó la cancelación en redes, abucheos en shows y más.
Y aunque si, en redes también hemos visto comentarios acerca de Nodal, su carrera no se ha visto afectada, para el si se ha separado la vida laboral de la personal, y si lo comparamos, incluso se ha llevado una menor parte de la “funa” que Ángela.
Este no es un caso aislado, sino una especie de radiografía de un tema muy presente en la sociedad.
Lo que pasa con la menor de la dinastía Aguilar lo hemos visto reflejado también en otros escenarios, por ejemplo Clara Chía, Florinda Meza, en escenarios internacionales con Amber Heard o incluso en la realeza con Camila Parker.
Todas tienen algo en común: un conflicto romántico que acaba por hacerse mediático y un juicio inmediato que afecta su vida en esferas más allá de la personal, por ejemplo lo laboral.
No es casualidad que mientras que Johnny Deep siguió siendo buscado y con una reputación actoral intacta, Amber quedó reducida al conflicto entre ambos.
Aunque en ningún caso se trata de justificar acciones carentes de empatía o sororidad por parte de algunas mujeres, estas situaciones sí invitan a reflexionar sobre cómo, una y otra vez, las mujeres quedan marcadas por haber estado con “el hombre equivocado”, mientras que ellos suelen seguir con sus vidas sin enfrentar consecuencias proporcionales ni cargar con el mismo peso social o mediático.
No hace falta irnos a el mundo del espectáculo, lo vemos en nuestro día a día: cuando la infidelidad o ruptura ocurre las acusaciones caen con mayor fuerza hacía las mujeres: “la que se metió”, “la que se lo quitó”… el hombre rara vez aparece como traidor o responsable de abrir esa puerta, aún cuando sí lo es.
Aquí entra el sistema patriarcal en el que vivimos, ese mismo que históricamente ha controlado el comportamiento, cuerpo y libertad de las mujeres.
En este esquema, se espera que las mujeres se ajusten a ideales de pureza, sumisión y sacrificio, mientras que a los hombres se les permite transgredir sin perder valor social.
Por todo esto no sorprende que nombres como Américo Garza, Luis Miguel, José José o Vicente Fernández hayan tenido vidas personales llenas de escándalos amorosos, hijos no reconocidos, infidelidades o maltratos, y aun así permanezcan intocables en el imaginario popular.
¿A cuántos hombres se les recuerda por el daño que hicieron a sus parejas? ¿Y a cuántas mujeres se les reduce a ese único momento polémico en sus vidas?
Los estándares de género que operan en el espectáculo son solo un reflejo de los que actúan en la vida diaria.
No tenemos que ir muy lejos, crecimos con la idea de que si una mujer vive su libertad sexual y amorosa es mal vista, mientras que si es un hombre el que lo hace, incluso suele ser aplaudido y admirado.
La idea de que una mujer “debe cuidarse más”, o que su deseo amoroso es “peligroso” o “destructivo”, es parte de un sistema que sigue castigando más la libertad femenina que el abandono masculino.
Este texto no pretende justificar las decisiones de quienes estuvieron involucrados en este caso, no se trata de limpiar la imagen de nadie ni de restar importancia a la falta de empatía o sororidad que puede haber en ciertos actos.
Lo que buscamos es abrir una reflexión más profunda: ¿por qué el juicio social recae con tanta dureza sobre las mujeres, mientras que los hombres continúan sus carreras casi intactas?
¿Tu que opinas de todo esto?

No hay “un sucesor claro e indiscutible” de Nemesio Oseguera, explica un exjefe de la agencia antidrogas DEA. Pero varios nombres figuran en las listas de prófugos principales de Washington.
Algo seguro sobre la muerte de “El Mencho” es que, sin su figura en el mundo del narco, las drogas ilícitas aún pasarán entre los países en cantidades industriales.
Hasta su violenta caída el domingo en un operativo militar para capturarlo, Nemesio Oseguera era desde hacía años el hombre más buscado de México, como antes lo fueron Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada y otros jefes narcos.
Ninguna de esas súbitas variaciones nominales alteró de modo fundamental el flujo global de narcóticos, y los expertos descartan que algo diferente ocurra ahora.
Bajo el liderazgo de “El Mencho”, el Cartel Jalisco Nueva Generación expandió sus tentáculos por México, decenas de países de la región y alrededor del planeta hasta Australia, según las autoridades.
Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta US$15 millones por información que permitiera arrestar a Oseguera. Su agencia antidrogas DEA incluyó a este narco en su lista de fugitivos más buscados en 2016: salió de ella siete años más tarde de forma temporal y la encabezaba cuando fue abatido.
Pese a que procuraba mantener un perfil bajo, “El Mencho” era considerado uno de los últimos grandes capos capaces de controlar todo el negocio a gran escala, desde la producción hasta el tráfico y la distribución de estupefacientes.
“El panorama se aleja de la era del líder único y todopoderoso hacia estructuras de liderazgo más resilientes e interconectadas”, le dice a BBC News Mundo Ray Donovan, un exjefe de operaciones de la DEA que supervisó los esfuerzos que llevaron a la captura de “El Chapo” a inicios de 2016 en México.
Pero, ¿quiénes son en este contexto los narcos más perseguidos por Washington tras el fin de Oseguera?
A la cabeza la lista de fugitivos más buscados de la DEA, actualizada tras la muerte de Oseguera, figura ahora Yulian Archaga, un hondureño acusado de dirigir las operaciones de la pandilla MS-13 en su país y de traficar grandes cantidades de cocaína a EE.UU. La agencia ofrece hasta US$5 millones por ayudar a capturarlo.
Apodado “El Porky”, Archaga permanece prófugo desde 2020, cuando varios hombres armados mataron a policías y militares para que escapara de un juzgado hondureño donde respondía por el homicidio de dos fiscales.
Siguen en la nómina de la DEA dos hijos de “El Chapo”: Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, con una recompensa de hasta US$10 millones ofrecida por Washington a cambio de información para arrestar a cada uno.
Ambos “Chapitos” son considerados líderes del cartel de Sinaloa y responsables de la producción y tráfico de fentanilo tras la cadena perpetua que cumple su padre en EE.UU. y la caída de sus hermanastros Joaquín y Ovidio Guzmán López, quienes el año pasado aceptaron los cargos de narcotráfico en su contra en ese país.
“La muerte de Nemesio Oseguera”, señala Donovan, “no dejó un sucesor claro e indiscutible, pero Iván Archivaldo Guzmán Salazar destaca como una de las figuras más peligrosas que hoy están prófugas”.
“Aunque no ejerce el mismo control centralizado que ‘El Mencho’, su dominio de las cadenas de suministro clave, su acceso a precursores químicos y su disposición a enfrentarse al Estado (…) lo sitúan entre los traficantes más importantes que operan hoy”, agrega.
El exjefe de la DEA explica que las designaciones de los narcos más buscados por la agencia “deben entenderse como una herramienta estratégica”, en lugar de una simple advertencia pública o ranking, su objetivo es presionar a las organizaciones criminales y sincronizar los esfuerzos en su contra.
En la lista también figura el uruguayo Sebastián Marset, a quien una investigación en Paraguay y otros países vinculó con el envío de toneladas de cocaína a Europa.
EE.UU. acusa a Marset de lavado de activos del narcotráfico y ofrece pagar hasta US$2 millones por colaboración para detenerlo.
Otro de los más buscados por la DEA es el mexicano Alfonso Limón-Sánchez, también conocido como “El Poncho Limón”, considerado una figura clave en la estructura del cartel de Sinaloa que lideraba “El Mayo” Zambada.
Esa facción del grupo está en una guerra interna con “Los Chapitos” desde que Joaquín Guzmán López secuestró a Zambada y lo trasladó en avión a EE.UU. en 2024 para entregarse con él a la justicia, según admitió el propio hijo de “El Chapo” en un tribunal federal.
Se estima que el bando de “El Mayo” dentro del cartel lo encabeza su hijo Ismael Zambada Sicairos, alias “El Mayito Flaco”, quien también enfrenta cargos en EE.UU. pero hasta ahora está ausente de la lista de los más buscados de la DEA.
La lista de 10 fugitivos más buscados del Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI por sus siglas en inglés) menciona a algunos narcos como Archaga entre distintos tipos de criminales, pero tiene diferencias con la nómina de la DEA.
El FBI incluye a Fausto Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, presunto líder de una organización denominada con sus apellidos acusada de enviar metanfetamina, cocaína, heroína y otras drogas a EE.UU., y ofrece hasta US$5 millones por información para arrestarlo.
El Buró también señala entre sus más buscados al venezolano Giovanni Vicente Mosquera como líder del grupo Tren de Aragua, bajo cargos de distribución internacional de cocaína e intento de apoyar a una organización terrorista extranjera.
La retribución prometida por ayudar a capturar a Mosquera también llega hasta US$5 millones.
EE.UU. ha ofrecido recompensas mayores por altos miembros del gobierno de Venezuela, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello (US$25 millones) y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino (US$15 millones), acusados de traficar cocaína, aunque ninguno figura hasta ahora en las listas de más buscados de la DEA o el FBI.
Entre la decena de prófugos de la nómina del Buró sí aparece el colombiano Wilver Villegas-Palomino, alias “El Puerco”, bajo cargos en EE.UU. de narcoterrorismo y distribución internacional de cocaína como miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de su país.
El precio por su captura llega hasta US$5 millones.
Claro que estas nóminas están sujetas a revisiones.
Por ejemplo, entre los diez más buscados del FBI aún figura el exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, acusado de liderar una organización de narcotráfico. Pero tras su arresto y extradición a EE.UU. el mes pasado, ahora sobre su foto se lee “Capturado”.
Y así como “El Mencho” salió de los más buscados de la DEA esta semana tras su muerte, una pregunta siempre abierta es quién será la próxima alta o baja en esas listas negras.
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