
Un perrito callejero acalorado camina bajo el sol veraniego de Ciudad Juárez, va con la lengua de fuera y le es imposible sacarse el suéter que alguien, meses atrás, le regaló en invierno para protegerlo de ese frío seco que cala hasta los huesos.
Esa visión demuestra dos cosas: una, que algún amable extraño ayudó a ese perrito sin casa, y otra, que pasaron meses para que alguien más lo viera y le ayudara de nuevo. Meses en los que tal vez ha sido apedreado, ha hurgado entre la basura para alimentarse y se ha resguardado del calor bajo un árbol.
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Con esa imagen en mente, Jaime Fernández inició Perros con suéter, un proyecto en que mezcla la pintura e ilustración con su sueño infantil de ayudar a perritos callejeros llevándoles comida en un foodtruck a escala.
“Me da alegría ver a los perros, me da gusto, como si viera un amanecer o que nieva, por eso aunque haga frío o mucho calor o simplemente si tengo un mal día, me reconforta verlos. En ellos descanso los ojos”, dice Jaime.

Desde niño, Jaime pinta personas, momentos cotidianos y, por supuesto, perros. Después de encontrarse con ese peludo con suéter durante el verano del desierto chihuahuense comenzó a pintar al óleo a perritos en distintas situaciones.
Sus cuadros captaron la atención y comenzó a recibir solicitudes para pintar a perritos de otras ciudades. “Había personas que me escribían toda una carta diciéndome la razón por la que querían en sus casas un retrato de un perrito fallecido, perdido o a su perrito que tenían en ese momento en sus rodillas y todo eso también me enternecía”.
Así fue como, además de pintar a los perritos que conocía en la calle, también comenzó a retratar a animalitos desconocidos de otras ciudades, tanto de México como de otros países. “A mí me mantiene feliz inmerso en qué debo hacer con lo que las personas me cuentan, cómo hacerlo algo bello o simpático y cómo homenajear esas relaciones tan fuertes de cariño entre perritos y humanos”.
Sus obras han ido a Japón, Dinamarca, Portugal, España, Estados Unidos, Canadá, Uruguay e Italia.

Jaime y su novia Marisol alimentaban a peludos sin hogar en las calles y poco a poco formaron la idea de construir un foodtruck canino para llevar comida a los perros que rondan colonias de difícil acceso en Ciudad Juárez.
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Fernández explica que en esta ciudad fronteriza puedes encontrar comida callejera en casi cualquier esquina y, al ser un sitio de encuentro de migrantes, en esos locales o puestos también se hallan historias impactantes.
Con esa misma lógica construyeron un pequeño camión de madera, mandaron ponerle ruedas y ahora recorren la ciudad buscando lugares con perritos en situación de calle (a veces también gatos).

El camioncito se abre de los lados y adentro está lleno de croquetas y agua. Jaime y Marisol ponen el foodtruck a la mitad de una calle, abren las puertas y dejan que los animalitos se acerquen y se alimenten hasta saciarse.
“Salimos en el camión y conocemos perros, y aunque la mayoría son callejeros, en mi ciudad no son tan invisibles: alguien los apedrea, alguien más los ignora, otro les da sobras de comida y hay quienes también les dan cariño y cuidados veterinarios de vez en cuando”, dice Jaime y explica que sabe de personas que hasta les dan un nombre a los perritos y se entera de sus historias mientras espera que los animales terminen la comida del foodtruck. “Mientras los perritos comen los dibujo o imagino lo que dibujaré”.
Con lo que gana vendiendo los óleos financia el funcionamiento del camioncito y continúa con su labor en Ciudad Juárez.
Pero al final, reflexiona, su proyecto no se trata sólo de alimentar animales sin hogar, sino que el proyecto le ayuda a “investigar a la ciudad a través de la empatía, la indiferencia y la crueldad con las que trata a sus perros”.


BBC Mundo conversó con dos latinoamericanos que viven en Medio Oriente. Tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre del sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
Una ruidosa alarma en su teléfono celular sobresaltó a la periodista venezolana Ibis León Malave en la tarde del sábado, mientras estaba descansando en su casa en una zona residencial en el centro de Qatar.
“De inmediato es angustiante porque suena como un alarma de incendios”, le contó Ibis a BBC Mundo. “Llega a todos los celulares con indicaciones e información oficial de las autoridades”.
La alarma se lanzó en repuesta al operativo militar conjunto que Estados Unidos e Israel lanzaron este fin de semana contra Irán, en el que murió el líder supremo del país, Alí Jamenei.
Los países del Golfo Pérsico activan sus alarmas para prevenir muertes civiles en sus territorios, ya que su cercanía diplomática con EE.UU. los ha convertido en objetivos de los ataques del ejército de Irán.
Ese mismo sistema se activó también el sábado, a casi 600 km de distancia, en Emiratos Árabes Unidos. Pero cuando el guatemalteco José Basilea la recibió, ya sabía lo que estaba pasando.
“Me di cuenta cuando los misiles entran al cielo emiratí y el ejército lo intercepta”, le dijo a BBC Mundo desde Abu Dhabi, donde vive hace poco más de 5 años. “Ese golpe, ese sonido es lo que se escucha como una explosión”.
“Entonces el sábado, eso es lo que se empezó a escuchar (…) y a través de videos me di cuenta de que, en efecto, hubo una explosión y que sí que hubo unos escombros que sí cayeron cerca de donde yo vivo, en la isla de Yaz”.
Ibis y José le contaron a BBC Mundo sus experiencias viviendo un momento histórico, en países que están en alerta por los ataques de Irán.
A pesar de la distancia que los separa, tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre tuvo lugar el sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
“Después de recibir la alerta, como a los cinco minutos, empezamos a escuchar explosiones y sentimos la onda expansiva en la estructura del edificio”, le dijo Ibis a BBC Mundo.
“Muy leve porque, aunque la percepción y la sensación es que está cerca, no está ocurriendo tan cerca, pero todo sí tiembla: las puertas, las ventanas, sientes como la estructura del edificio se resiente un poco con estas explosiones”.
“De día solo se ve como una nube en el cielo, en el lugar donde interceptaron el misil”.
Ibis llegó con su esposo a Qatar buscando una nueva vida, lejos de la crisis política y económica de su país.
“Las personas me han parecido amables”, dijo, “y apenas llegué pude también contactar con una comunidad de hispanohablantes, lo que te permite no sentirte solo o tener la posibilidad de hablar también en tu idioma”
“Pero, por supuesto, con todo este conflicto, pues ahora nos queda simplemente esperar. Hay demasiada incertidumbre. Miedo también, por supuesto.”
José, por su parte, ha hecho una carrera en los países del Golfo, trabajando con el servicio diplomático de Guatemala, tanto en Dubái como en Abu Dhabi, gracias a lo cual, ya lleva 5 años viviendo en la región.
José recuerda que el sábado, las autoridades empezaron a usar los mensajes de emergencia para pedirle a la gente que se escondiera en los sótanos de los edificios.
Este tipo de experiencias son excepcionales en un país que está enfocado en convertirse en un hub internacional para el turismo y los negocios.
“Específicamente Abu Dhabi es una ciudad exageradamente tranquila, donde no pasa mucho,” explica José.
Eso es algo que hace mucho más alarmante los sonidos que atravesaron los cielos el sábado: “Son sonidos como hipersónicos o algo por el estilo donde se escucha un primer bombazo, pasa un tiempo y luego se escucha como como la ola”.
José recuerda que Emiratos Árabes Unidos no cuenta con un sistema de defensa antiaérea como el famoso Domo de Hierro de Israel -aunque las bases estadounidenses en los territorios del Golfo sí cuentan con sistemas similares-, algo que aumenta el riesgo.
Pero siente que la gente igual confía en las capacidades de las fuerzas armadas del país para defenderlos.
“Miedo, personalmente, yo no lo tengo”, cuenta José. “Sí hay preocupación, pero tanto Dubái como Abu Dhabi, como Emiratos Árabes Unidos en general, está teniendo una vida muy normal dentro de lo que cabe con la situación en la que estamos”.
Ibis ve lo mismo en los cataríes: “La sensación en general es que la gente tiene buen ánimo, confía en el sistema de defensa de Qatar y cree que va a ser algo temporal. Tienen la esperanza de que es algo que se puede resolver a corto plazo. Tratan de mantener la calma”.
Ambos concuerdan en que el sistema de alertas tempranas de ambos gobiernos ha funcionado de manera eficiente, y que los servicios, por lo menos en las zonas donde ellos están, se han mantenido activos.
“Por una parte, con las alarmas, hay como una sensación de alivio porque las autoridades están allí indicándote qué hacer,” explica Ibis. “Pero, por otro lado, es ver cómo me protejo realmente, porque estar dentro de mi casa es la única garantía de seguridad”.
Algo le queda claro a José, luego de contar su experiencia del sábado a BBC Mundo: “Si tú me preguntas dónde está mi casa, para mí es Emiratos Árabes Unidos”.
“Entonces, uno no tiene que estar con un país que le ha dado tanto solo en las buenas y en los momentos de alegrías y de fiestas y de comidas y demás, sino en los momentos donde el país necesita que exista esa estabilidad”.
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