
El programa Apolo de la NASA fue el encargado de poner al hombre en la Luna y consolidar a los Estados Unidos como los ganadores de la carrera espacial.
Luego de la llegada del Apolo 11 a la Luna, el interés de la gente por el programa espacial comenzó a disminuir, total, era algo que ya se había hecho y algunos ya lo veían como “rutina”.
Tras el Apolo 11 y el 12, el Apolo 13 iba a ser la tercera misión en la que otros dos astronautas de la NASA descenderían a la Luna para continuar con la exploración.
La tripulación estaba conformada por el comandante Jim Lovell, veterano de las misiones Gemini 7, Gemini 8 y Apolo 8; el piloto del módulo de mando, Jack Swigert y Fred Haise, piloto del módulo lunar.

El Apolo 13 despegó desde el Centro Espacial John F. Kennedy, en Cabo Cañaveral, el 11 de abril de 1970 y se esperaba que llegara al cráter Fra Mauro, donde los astronautas recogerían muestras lunares que revelarían información importante sobre la historia temprana de la Luna y la Tierra.
Sin embargo, el 13 de abril (por algo dicen que ese número es de mala suerte), el Apolo 13 sufrió una explosión en un tanque de oxígeno, deshabilitando el suministro normal de agua, luz, electricidad y oxígeno.
Tras la explosión, Lovell se comunicó con el control de la misión para avisarles del accidente, señalando que la nave estaba expulsando oxigeno hacia el espacio exterior.
Rápidamente los planes de alunizar se cancelaron y la misión se convirtió en una carrera por regresar a los astronautas vivos a la Tierra.
Los astronautas colaboraron con ingenieros y otros miembros de la NASA para convertir el módulo lunar en una especie de “bote salvavidas” que los mantuvo con vida mientras completaban el trayecto a la Luna y de regreso.

Sí y no. El Apolo 13 llegó a la Luna, pero los astronautas nunca descendieron.
La razón por la que hicieron esto es simple: no podían darse media vuelta y regresar porque la nave no tenía los recursos necesarios para hacerlo.
Lo que tuvieron que hacer fue aprovechar el tirón gravitacional de la Luna que les dio la energía necesaria para regresar a la Tierra.
Además de la falta de energía y no poder alunizar, el Apolo 13 se enfrentó a otro gran número de problemas que pusieron en riesgo la vida de Lovell, Swigert y Haise.
Luego de la explosión, los astronautas se vieron obligados a apagar prácticamente todo dentro de la nave, lo que ocasionó un ambiente frío y húmedo.
Por otro lado, el módulo lunar estaba diseñado para albergar únicamente a dos personas, pero los tres astronautas se vieron forzados a permanecer dentro de él, ocasionando que los niveles de dióxido de carbono incrementaran a niveles peligrosos que pudieron haber envenenado a los tripulantes.
El problema fue que el módulo de comando tenía una especie de filtro para el dióxido de carbono y el módulo lunar tenía otro, por lo que los astronautas, con ayuda de los ingenieros en la tierra, lograron construir un filtro especial usando únicamente objetos que se encontraban dentro de la nave.

Finalmente, el 17 de abril, los astronautas del Apolo 13 regresaron a salvo a la Tierra.
La transmisión para ver el amerizaje de la cápsula fue vista por más de 40 millones de estadounidenses, convirtiéndose en el segundo evento espacial que más interés generó, después del alunizaje del Apolo 11.
Después de esta misión, ninguno de los tres astronautas regresaría al espacio.

En 1995 se estrenó la película Apolo 13, dirigida por Ron Howard y protagonizada por Tom Hanks, Kevin Bacon y Bill Paxton, quienes interpretan los sucesos que vivieron los astronautas en 1970.
La película ganó los Oscar a Mejor Sonido y Mejor Edición, y recibió otras siete nominaciones, incluida la de Mejor Película, Mejor Actor de Reparto y Mejor Actriz de Reparto.
Antes de que te vayas: De México a Marte: los mexicanos que trabajan para llegar al planeta rojo

Los ataques de Irán a los Estados árabes del Golfo sugieren que la República Islámica no sólo tiene como objetivo al ejército estadounidense sino también la infraestructura civil.
En el cielo azul y despejado de Abu Dhabi, en Emiratos Árabes Unidos (EAU), se ven estelas blancas sobre las villas color arena y los jardines bien regados.
No se trata de Dreamliners ni Airbus transportando el siguiente contingente de turistas y trabajadores temporales. Son misiles balísticos lanzados por el gigante vecino de los Emiratos al otro lado del Golfo: Irán.
El domingo por la tarde, el Ministerio de Defensa de EAU afirmó que hasta ese momento había “lidiado” con 165 misiles balísticos, dos misiles de crucero y 541 drones iraníes.
En Baréin, un amigo me alertó el domingo por la mañana de que el aeropuerto estaba siendo atacado.
“Me despertaron fuertes explosiones y sirenas”, escribió. “Creo que unas 20 explosiones. Al menos dos impactos”.
Estas escenas no son habituales en esta región, pero desde que comenzó el conflicto el sábado por la mañana, Irán parece haber ampliado sus objetivos, pasando de solo objetivos militares, como el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada estadounidense en Baréin, a aeropuertos y otras instalaciones civiles.
Ahora, hoteles de lujo, centros comerciales, rascacielos y terminales de salidas en aeropuertos de última generación son objeto de ataques esporádicos mientras aparecen brechas en las defensas aéreas de los Estados árabes en el Golfo.
Estos lugares nunca se construyeron con la perspectiva de que algún día fueran atacados por drones y misiles balísticos.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, negó haber atacado a los vecinos de su país. “No estamos atacando a nuestros vecinos en los países del Golfo Pérsico, sino a la presencia de Estados Unidos en estos países. Los vecinos deberían dirigir sus quejas a quienes toman las decisiones en esta guerra”, le dijo a la cadena Al Jazeera.
Parte de los daños a la infraestructura civil en los países del Golfo es accidental, resultado de la caída de escombros de misiles interceptados.
Pero no todos.
El número de ataques a aeropuertos en Baréin y Emiratos Árabes Unidos apunta a algo más que una coincidencia.
Irán siempre dejó en claro de antemano que, si era atacado, tomaría represalias contra cualquier país que considerara cómplice del ataque.
Los países del Golfo se esforzaron para demostrar a Irán que, a su juicio, no eran parte de este ataque estadounidense-israelí.
Sin embargo, en esencia, están siendo castigados por ser socios militares de Washington desde hace mucho tiempo.
Antes de la Revolución Islámica, en la época del sha, Irán era conocido como “el policía del Golfo”.
Desde la revolución, siempre intentó convencer a sus vecinos que debería retomar ese papel, “haciéndose cargo de la seguridad” de lo que llama Khaleej-e-Fars, el Golfo Pérsico (los árabes lo llaman Golfo Arábigo).
Los líderes iraníes han intentado, sin éxito, persuadir a los Estados árabes del Golfo para que expulsen a la Armada estadounidense y los acepten como sus guardianes.
Pero para los gobernantes de los Estados del Golfo —monarquías conservadoras y dinásticas para quienes el fervor revolucionario de la República Islámica es un anatema— aquí se ha cruzado una línea.
Es difícil imaginar cómo podrán volver a tener relaciones que se acerquen a la normalidad con el actual liderazgo iraní, es decir, si este sobrevive a esta guerra.
Arabia Saudita y Omán, dos países que desde hace tiempo han acogido a fuerzas militares estadounidenses y occidentales, salieron mucho más airosos que los otros cuatro Estados del Golfo Pérsico.
Omán, que mantiene buenas relaciones con la República Islámica y mediaba en las conversaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán, sufrió un ataque con drones en su puerto comercial de Duqm, en la costa del mar Arábigo.
La capital saudita, Riad, parece haber sido atacada el sábado, lo que provocó un enérgico comunicado de su gobierno.
“El Reino de Arabia Saudita expresa su rechazo y condena en los términos más enérgicos a los flagrantes y cobardes ataques iraníes contra la región de Riad y la Provincia Oriental, que fueron interceptados con éxito. Estos ataques no pueden justificarse bajo ningún pretexto”, afirma el comunicado.
Esta no es la primera vez que Irán ataca a sus vecinos árabes del Golfo, ya sea directa o indirectamente, pero nunca a esta escala.
En 2019, una milicia iraquí respaldada por Irán lanzó una lluvia de drones contra las instalaciones petroquímicas de Saudi Aramco en Abqaiq y Khurais, bloqueando temporalmente la mitad de su capacidad de exportación diaria.
En junio pasado, Irán disparó misiles balísticos contra la base aérea de al-Udaid en Qatar, pero esto se interpretó como una respuesta performativa al ataque aéreo estadounidense “Operación Martillo de Medianoche”, que destruyó las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán, Natanz y Fordo, y Teherán avisó discretamente con antelación.
Baréin, que tiene una numerosa y a veces inquieta población chiita, lleva tiempo acusando a Irán de financiar, entrenar y armar a insurgentes en su país.
Sin embargo, todo esto palidece en comparación con la situación que viven actualmente los países árabes del Golfo.
Para el presidente Trump, para Israel, para muchos gobiernos de Medio Oriente y, por supuesto, para muchos iraníes, el mejor resultado ahora sería un rápido fin del régimen de la República Islámica, seguido de una transición fluida hacia la democracia y un mundo donde Irán pueda disfrutar de relaciones normales con el resto del mundo.
Sin embargo, no es nada seguro que esto ocurra.
Estados Unidos e Israel están librando una carrera para tratar de destruir la capacidad de Irán de seguir lanzando estos misiles y drones antes de que pueda dispararlos.
Para los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), el dilema es si intensificar un ataque contra un objetivo importante, como un buque de guerra estadounidense, con la esperanza de superar sus defensas, o retener gran parte de su arsenal oculto con la esperanza de superar la paciencia del presidente Trump.
Irán también sabe que, si bien cuenta con un número finito de misiles y drones, sus adversarios también están limitados por el número de defensas aéreas que les quedan.
Si estos se agotan antes de que Irán se quede sin misiles, drones o lanzadores, la vida para quienes están en el terreno en el Golfo podría volverse aún más alarmante.
El equilibrio de poder favorece claramente a Estados Unidos e Israel.
Se trata de dos de los ejércitos más poderosos y tecnológicamente avanzados del mundo.
Hay dos grupos de ataque de portaaviones estadounidenses en la región con más de 200 aviones de combate, mientras que Irán, sometido a amplias sanciones durante años, carece de fuerza aérea.
Tanto Israel como Estados Unidos gozan de una superioridad aérea absoluta.
Pero Teherán aún tiene algunas ventajas.
El régimen, aunque debilitado e impopular entre gran parte de su población, solo tiene que sobrevivir para proclamarse vencedor a largo plazo de este conflicto.
La República Islámica, con su culto al martirio, puede soportar mucho más sufrimiento que Estados Unidos, y cuanto más se prolongue este conflicto, más ansioso estará el presidente Trump por encontrar una salida.
¿Volverán Estados Unidos e Irán a las conversaciones?
Si el régimen iraní colapsa, no será necesario.
Pero si el régimen sobrevive, y eso bien podría suceder, las tres exigencias de Washington a Teherán volverán a cobrar protagonismo: la limitación del sospechoso programa nuclear iraní, incluyendo la reanudación de las inspecciones; el fin del programa de misiles balísticos iraní; y el fin del apoyo iraní a las milicias subsidiarias en la región, como Hezbolá, Hamás y los hutíes.
Omán afirma que se lograron avances reales en las conversaciones celebradas en Ginebra el mes pasado sobre el expediente nuclear.
Sin embargo, Irán descartó discutir los otros dos temas, lo que llevó a Donald Trump a declarar su “descontento con el desarrollo de las conversaciones”.
Es posible que los contactos extraoficiales conduzcan a un alto el fuego, seguido de la reanudación de las conversaciones.
Pero si las posiciones negociadoras de ambas partes no cambian, es probable que se reanuden las acciones militares.
Por lo tanto, este conflicto aún no ha llegado a su fin.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp, donde encontrarás noticias de última hora y nuestro mejor contenido.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.