
Decenas de trabajadores de plataformas digitales se manifestaron en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) para exigir a las autoridades que se les brinden derechos laborales, como seguridad social y pagos dignos, bajo la modalidad de trabajadores independientes.
Con el grito “¡Que salga Marath!”, los repartidores exigieron al titular de la secretaría, Marath Baruch Bolaños, que las autoridades involucradas escuchen sus demandas y necesidades para la reforma en cuestión.
Tras varios minutos de protesta, Fernando Serrano, quien se identificó como parte de la oficina del secretario del Trabajo, salió de las instalaciones para platicar con los representantes de los manifestantes y se acordó que un pequeño grupo entraría para presentar sus demandas.
Los repartidores entregaron un documento en el que manifiestan su “preocupación con la situación de incertidumbre actual que rodea la reforma de aplicaciones digitales”, y en el que piden crear protocolos para atender casos de discriminación y malos tratos por parte de restaurantes, y ser tomados en cuenta en los cambios en las tarifas y bonos de las aplicaciones.
🔴#Ahora | Decenas de repartidores de plataformas digitales llegan a la @STPS_mx para protestar y exigir a las autoridades que se les brinden derechos laborales como seguridad social y pagos dignos, bajo la modalidad de trabajadores independientes.
📹@tmaresriv pic.twitter.com/9rId5jy9Ay
— Animal Político (@Pajaropolitico) October 14, 2024
También exigen que se consideren “zonas rojas” debido al tema de violencia e inseguridad y soporte especializado en el momento de entrega en estas áreas, así como mejoras en el soporte de las propias plataformas para un mejor desempeño de su trabajo.
La protesta ocurrió en el marco de la iniciativa de reforma laboral para dichos trabajadores que la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que presentará este mes.
“Vamos a presentar una iniciativa de ley para apoyar a las y los trabajadores de aplicaciones telefónicas (…) El objetivo es que tengan seguridad social y que se regule esta forma de contratación”, mencionó la mandataria durante su conferencia matutina de este lunes.
La mandataria recordó que las aplicaciones en su mayoría son extranjeras y para no contratar formalmente a los repartidores los vuelven “socios de la empresa”, lo cual en realidad no son ya que “tampoco hay reparto de utilidades”.

Además mencionó que estos trabajadores tienen “muchos problemas de accidentes”, de los cuales las empresas no se hacen responsables, al momento de realizar las entregas que se hacen en auto, moto, bicicleta e, incluso, caminando.
En 2021, plataformas digitales de transporte y entrega de comida firmaron con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) un esquema de prueba piloto para asegurar a conductores y repartidores independientes. Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil rechazaron el convenio por considerar que no reconoce la responsabilidad de las plataformas y deja que las personas trabajadoras asuman la totalidad del costo de su seguridad social.
Con información de Tamara Mares.

El pastor Sergio Amezcua asegura que su iglesia distribuye comida a unas 100 mil personas en Minesota, en su mayoría migrantes que se niegan a abandonar sus casas para evitar ser detenidos en las redadas de las autoridades migratorias de EU
El pastor Sergio Amezcua recibió una llamada de emergencia. Un muchacho se lanzó desde un tercer piso cuando descubrió que agentes uniformados recorrían el edificio donde vivía para detener a migrantes indocumentados.
Amezcua, de 46 años, recuerda que pidió detalles: dónde estaba el muchacho, cómo se encontraba, qué se podía hacer para ayudarlo. Su interlocutor respondió que el joven había resultado herido en la caída.
“El muchacho estaba lavando su ropa en el cuarto de lavandería y cuando escuchó el ruido en el pasillo, rompió la ventana y se tiró para escapar”, explica en una llamada telefónica desde Mineápolis, donde lidera la iglesia evangélica Dios Habla Hoy.
El migrante caminó alrededor de un kilómetro hasta que unos vecinos le dieron refugio, cuenta el pastor. “Cuando se le ayudó, estaba sin zapatos ni camisa, andaba en shorts en temperaturas bajo cero, tocando puertas y llorando”.
Amezcua asegura que recibe llamadas sobre casos diferentes todos los días desde la primera semana de diciembre del año pasado, cuando el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) inició las redadas en Minesota.
Una mujer de su congregación se arrodilló con su bebé en brazos ante uniformados de ICE para pedir que no se llevaran a su esposo, un gesto que quedó grabado en un video que se volvió viral en las redes sociales.
En otro caso, un hombre permaneció escondido en una construcción durante cuatro horas, en temperaturas bajo cero, para escapar de una redada de ICE.
“Me llaman para pedir que ayudemos a localizar a familiares que fueron detenidos, para ver si les podemos conseguir un abogado o para pedir comida, leche y pañales”, detalla Amezcua. “Muchas veces nos piden asistencia para pagar la renta”.
“Los agentes están cazando a la gente común y corriente cuando sale de los apartamentos a tirar la basura. Es muy feo lo que se está viviendo en Minesota”.
En diciembre, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunció que más de 2,5 millones de migrantes irregulares abandonaron Estados Unidos en 2025.
Más de 605.000 fueron deportados, en medio de una ofensiva nacional que lanzó el gobierno del presidente Donald Trump contra los migrantes indocumentados.
Amezcua nació en México. Llegó a Minesota hace 24 años y obtuvo la ciudadanía estadounidense. Hace más de una década, fundó una iglesia evangélica que oficia servicios en inglés y en español para una feligresía mayoritariamente latina.
En mayo del año pasado, la mayor comunidad de migrantes de Minesota provenía de México, con 59.137 habitantes, seguida por ciudadanos somalíes (42.503) e indios (30.632), de acuerdo con cifras de la legislatura estatal.
Aunque Minesota alberga menos del 1% de los cerca de 14 millones de migrantes indocumentados que viven en Estados Unidos, según estimaciones del Migration Policy Institute, el gobierno de Trump ordenó el mayor despliegue de ICE precisamente en este estado fronterizo con Canadá.
La Operación Metro Surge supuso la movilización de más de 2.000 agentes federales en Mineápolis desde diciembre del año pasado, con el objetivo de capturar y deportar a migrantes indocumentados.
Esta decisión fue anunciada después de que estallaran varios escándalos de presuntos fraudes de fondos públicos que involucraban a miembros de la comunidad somalí de Minesota.
En uno de estos casos, un YouTuber partidario de Trump mostró en un video supuestas guarderías administradas por somalíes que no estaban operativas, a pesar de que recibían dinero público.
En respuesta a la polémica, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, dijo que ICE haría una investigación “puerta a puerta” en medio del “fraude” de las guarderías en Minesota.
Sin embargo, los habitantes de Mineápolis salieron a protestar contra la presencia de ICE, especialmente después de que agentes federales dispararan y mataran a Renee Good, el 7 de enero, y Alex Pretti, el 24 de enero, dos ciudadanos estadounidenses que se resistieron a la detención de los migrantes.
La indignación provocada por estos casos se agravó luego de que un transeúnte fotografiara a un funcionario de ICE cuando sujetaba por la mochila a Liam Conejo Ramos, un niño de 5 años que fue arrestado junto con su padre el 20 de enero a las puertas de su casa, también en Mineápolis.
“¿Por qué detienen a un niño de 5 años? No me digan que este niño va a ser clasificado como un criminal violento”, cuestionó en su momento Zena Stenvik, superintendente de las Escuelas Públicas de Columbia Heights.
“ICE NO tenía como objetivo a un niño”, replicó DHS en un comunicado difundido en X.
Días después, Liam y su padre fueron liberados del centro de detención de Texas al que fueron transferidos y regresaron a Mineápolis.
Más allá del debate público, Amezcua advierte que los migrantes han optado por replegarse en sus casas y limitar sus movimientos para evitar toparse con patrullas de ICE, una decisión que repercute incluso en la vida espiritual de los habitantes de Mineápolis.
“El 80% de los feligreses no se están congregando por temor a ICE. Estoy hablando de gente ciudadana, legal, de todo tipo, porque han arrestado ciudadanos y la gente no quiere que sus hijos pasen el trauma de esa experiencia”.
El pastor percibe el temor incluso dentro de su casa, a través de sus hijas adolescentes. “Cuando llega un paquete de Amazon a mi casa, muchas veces los repartidores van con las caras cubiertas por el frío y mis hijas se asustan porque piensan que es ICE”.
“El trauma es colectivo y atraviesa a todas las personas, no solamente a los migrantes sino también a la gente nacida acá”.
Amezcua se enfrentó al reto de coordinar ayuda humanitaria para los miembros de la iglesia por primera vez durante la pandemia, cuando las familias se vieron obligadas a permanecer en casa debido al confinamiento.
Pero desde que ICE recorre las calles de Mineápolis, el pastor lidera una operación masiva para llevar comida a los migrantes que temen correr el riesgo de ser capturados en las calles y luego ser deportados a sus países de origen.
La ayuda se anuncia a través de las cuentas de la iglesia en redes sociales. Y desde su chat personal, el pastor responde con un mensaje que invita a inscribirse en una lista para recibir una despensa de comida en los próximos siete días.
“Estamos apoyando a más de 100.000 personas en nuestra comunidad, repartiendo entre 175 a 200 toneladas de comida a la semana”, explica. Los alimentos son costeados por miembros de la iglesia, bancos de comida y fundaciones que los apoyan.
Amezcua asegura que la iglesia entrena a los voluntarios que se ofrecen a repartir la comida. En este momento, 4.000 personas colaboran con esta tarea.
“No puedo dar detalles pero si ellos ven que ICE los está siguiendo, se regresan y no entregan la comida”.
La ayuda para una familia contiene vegetales, frutas, pastas, salsas, proteína, leche y queso.
“Varía un poco todos los días, pero incluye: tortillas, harina, masa, aceite, azúcar, sal, jabón, pañales, fórmula y papel de rollo”.
El reto que busca superar la mañana que conversamos es conseguir un camión propio o rentado y una bodega para almacenar los productos.
“Hay mucha ayuda y no tenemos dónde poner toda esa materia prima”.
Los feligreses no sólo evitan ir al supermercado. Muchos también dejaron de enviar a sus hijos a las escuelas y no acuden al hospital cuando caen enfermos.
“Es un esfuerzo colectivo”, dice el pastor. “Estamos aquí para ayudar, no para hacerle frente a ningún gobierno. No preguntamos quién tiene documentos. Al que pide ayuda, se le ayuda”.
Aunque prefiere no dar mayores detalles sobre el migrante que se lanzó del tercer piso, el pastor asegura que sobrevivió y se está recuperando.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.