
Carolina, a quien le gusta que le digan “Ponchis”, asegura que si no hubiera conocido a la organización Mi Valedor probablemente estaría en las calles o privada de la libertad, lo que alguna vez ya experimentó en la prisión de Santa Martha Acatitla.
En cambio, hoy es una de las artistas de la agrupación —que se dedica a apoyar a personas en situación de calle— que forman parte de la exposición “Emergencias. Arte desde los márgenes”, que parte de la idea de cómo formar colectividad desde el arte al abrir un espacio expositivo a personas que generalmente no pueden acceder a ello: en situación de calle, recluidas y liberadas, buscadoras y de la diversidad sexual.
“Nunca imaginé ser parte de una exposición, y estar presentando. Me da nervios pero también me siento emocionada de ver que soy capaz de hacer eso y saber que puedo hacer muchas más cosas… Hay personas que tienen mucho potencial que dar y a veces no tienen los espacios correctos”, dice Ponchis en entrevista con Animal Político luego de inaugurar la exposición.
Su pieza trata de la libertad y la esperanza. Explica que a Mi Valedor la conoció a través de su pareja, que la llevó, y desde entonces no se ha alejado, lo que le ha permitido tomar varios cursos y desarrollar su creatividad.

“Me ha ayudado emocionalmente más que nada, porque mi mente estaba atrapada tanto con cosas del pasado como con cosas que me lastiman aun estando en el presente, y a través de los cursos, las terapias, porque tengo también psicología, los talleres y las pláticas he aprendido a socializar y a platicar más sobre lo que me lastima”, cuenta.
Para Marco Guagnelli, curador de la exposición, que incluye el trabajo de 20 artistas de Mi Valedor, Reintegra, Tecciztli y Manos Amigues, así como Alejandro Sandria y Duek González, la propuesta nace desde la idea de hacer comunidad a partir del arte.
Esto para contraponerse a la superficialidad que muchas veces permea el mundo del arte, y que termina promoviendo a individuos por encima del propio arte, así como espacios expositivos y galerías que hacen ver las piezas y obras como objetos de lujo.
Por ello, la exposición es el resultado de un proceso de seis meses en el que los artistas aprendieron entre ellos, incluso cuáles son sus platillos favoritos, bromeó el curador, pero el trasfondo de las piezas guarda la vida y el sentido de amistad, compañerismo y personas entrañables que terminaron queriéndose. Se trata, para él, de una “punta del iceberg” de un proceso para inspirar resiliencia en tiempos de emergencia.
Además, al final de la exposición se exhiben videos donde los propios artistas responden las preguntas “¿quién soy yo? ¿qué es el arte? y ¿qué valor tiene el arte?”, donde puede conocerse más acerca de sus inspiraciones y contextos.
Motivos sobre la niñez, la libertad, la resiliencia, la reinvención, el dolor, la reparación y las heridas abiertas atraviesan las obras que se exhiben en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM, y que de manera más explícita o más sutil, desvelan todo aquello que rodea a quienes han sido marginados no solo del arte, sino de muchas esferas de los derechos y de la vida. Sus mensajes también son múltiples, personales, locales y globales.

“Dos de los temas de esta exposición fueron la ternura y el cuidado; ahorita estamos viviendo un tiempo muy oscuro en el que el fascismo está de vuelta, está en contra de las personas trans, contra las personas homosexuales, contra los ancianos, contra los niños y contra la gente de la calle, que a nosotros no nos separa casi nada”, explica uno de los artistas de Manos Amigues al presentar su obra.
La ternura y el cuidado, sostiene, es algo que tenemos que defender con uñas, dientes, sangre y lo que cueste, especialmente en estos momentos de emergencia. Mientras voltea a mirar su pieza, explica que ahí quiso recrear el espacio íntimo que uno construye con las personas que quiere. En la pared hay una fotografía de dos cuerpos desnudos sentados y abrazados de frente —uno de ellos el suyo— en un fondo azul con nubes con la leyenda “vulnerabilidad compartida” en la parte inferior. Alrededor, corazones y motivos de color. Para él, eso es lo que adentro permite olvidar el infierno de afuera.
“Nuestra apuesta es incomodar al canon del arte a partir de una serie de preguntas clave: ¿quiénes pueden aspirar a ser artistas? Si alguien afirmó que un mingitorio invertido puede ser arte, ¿por qué no habría de serlo la expresión de las personas excluidas, de las víctimas o incluso de los victimarios? ¿Cuánto cuesta el arte de unxs y de otrxs? ¿Quién impone ese precio? ¿Es justo?”, se lee en el texto introductorio de la exposición.
Fanni Martínez Zúñiga desapareció el 22 de abril de 2025 en la alcaldía Milpa Alta de la Ciudad de México. Su hermano y su papá la buscan incansablemente, y amplían su exigencia a través de sus piezas de arte.
La obra “Emergencia ante la ausencia” del hermano de Fanni, Duek González, habla de las desapariciones en México, especialmente la de su hermana. La quiso hacer, dice en entrevista, para que la gente tenga un poco de interacción e interés hacia las personas desaparecidas, “porque muchas veces el problema no lo tenemos tan cerca y no es de tan gran interés, pero justamente cuando nos pasa se hace grave”.
“Por eso hice esta interacción con realidad virtual, donde los personajes que ustedes ven no tienen rostro, pero yo con la realidad virtual puedo hacer que los rostros y las fichas de búsqueda aparezcan y es un juego con la tecnología”, comenta.

Su pieza es la de mayor dimensión y por sus colores, colocada en el fondo se hace notoria apenas se llega a la exposición. Como Duek se lo propuso, impacta el contraste de las figuras semiabstractas y oscuras, que solo se distinguen por su forma, estructura ósea y el rojo de su corazón, con las que aparecen al usar los lentes de realidad virtual: rostros claros y datos detallados que describen los rasgos y el contexto donde por última vez fueron vistas personas cuyo paradero aún se desconoce.
“Es un problema que se nos presentó bastante fuerte; antes de que pasara la pérdida de mi hermana, junto con ella ya hacíamos otras luchas, luchas femeninas, luchas de protesta, de problemas sociales que estaban pasando, pero justamente se nos presentó a nosotros con el tema de su desaparición y justo por eso quisimos hacer esta creación de llevar una línea más social que hable sobre los problemas que están pasando”, agrega.
Fue ante su desaparición, dice Duek, que hizo su primer mural para que la fiscalía volteara a verlos. Lo hizo durante algún tiempo, pero la atención se termina —reclama— si la noticia deja de ser viral. “Mi intención de seguir pintando, seguir haciendo ruido con el tema de mi hermana, es para que puedan poner atención sobre su carpeta”, apunta.
Alberto González, inmerso en el mundo de la lucha libre y padre de la joven, también presenta una pieza, centrada en una máscara de las que se usan para esa actividad: “Representa mucho a la lucha que tenemos constante de todos los días buscar a nuestras personas que están desaparecidas; bien lo dijo mi hijo hace un rato, son 11 meses de buscar a nuestra hija y no la encontramos”.
Para Mi Valedor —lo expresan en su ficha de presentación en la exhibición—, habitar la esperanza implica haber compartido espacio con el miedo a la soledad, a la muerte y al vacío. En el camino del desaliento se vislumbra, a veces tímidamente, una posibilidad de que las cosas puedan ser diferentes.
“El arte que se hace desde las márgenes es una manifestación concreta de la esperanza. Se vuelve una herramienta para alzar la voz, un medio para narrarse y una posibilidad de ser escuchado; crea nuevas formas de belleza a partir del caos, y por ello nos confronta, ¿qué es el arte y quién tiene derecho a él?”, provoca la propuesta que estará hasta el 5 de julio en el recinto de la UNAM.


Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Estefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo Malo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes en español.
“¿Te imaginas un conejo malo? No. Por más malo que sea, lo vas a querer abrazar, yo me considero así”.
En 2016, Bad Bunny contaba en un podcast el origen de su nombre artístico: una foto de su niñez, en la que, vestido de conejo, miraba hacia la cámara con una sonrisa traviesa.
Para entonces era apenas conocido.
Diez años después, con “Debí Tirar Más Fotos”, su más reciente producción, hizo historia al ser el primer artista en ganar el Grammy a Mejor Álbum con un disco completamente en español.
Y a sus 31 años, este domingo cantará en el show de medio tiempo del Super Bowl, el evento deportivo más importante de EE.UU., con más de 120 millones de espectadores.
Siendo un adolescente desde su habitación en Vega Baja, un humilde pueblo costero del norte de Puerto Rico, Benito Antonio Martínez Ocasio subía canciones de trap a la plataforma SoundCloud y el mundo del estrellato le parecía lejano.
Trabajaba como empacador en un supermercado y no tenía conexiones en la industria. Su padre era conductor de camiones y su madre maestra de escuela.
“Yo no conozco a nadie en el mundo de la música”, decía. “No hay posibilidad de que vaya a comprar un pincho (una comida callejera) y me encuentre con Daddy Yankee”.
Sin embargo, no necesitó de ese encuentro fortuito con el rey del reguetón.
El pasado año, The New Yorker lo catalogó como “la mayor estrella del pop” y The New York Times aseguró que “ha reinventado el panorama de la música en español”.
Fue el artista más escuchado del mundo en Spotify en 2020, 2021, 2022 y 2025, por encima de figuras como Taylor Swift o Drake.
En 2024, su disco “Un verano sin ti” fue reconocido como el álbum más reproducido en la historia de dicha plataforma, cuando logró más de 15.000 millones de reproducciones, según Guinness Records.
Para Leila Cobo, codirectora de contenido de la revista musical Billboard, Benito redefinió la relación de los artistas latinos con la industria global e impregnó el género urbano con un nuevo sonido, gracias a sus inesperadas mezclas de ritmos urbanos y géneros autóctonos de América Latina.
En el proceso, se convirtió en una figura política que desafía la hipermasculinidad de la industria musical latina y aboga por la independencia de su isla, un territorio estadounidense sin poderes soberanos.
Es enero de 2025 y Bad Bunny se sienta en el set de Popcast, el programa de The New York Times, para conversar sobre “DtMF”, disco que recién estrenaba.
Intenta hablar en inglés, pero termina usando spanglish.
En Puerto Rico, pese a que su población tiene ciudadanía estadounidense, solo un 22% considera que habla inglés “muy bien”, según el Censo de EE.UU.
“Siempre supe que podía ser grande siendo puertorriqueño, con mi música, mi slang y mi cultura”, dice.
Con cada canción, “dibuja un mapa de Puerto Rico y el Caribe”, explica a BBC Mundo Albert Laguna, profesor que imparte un curso de Bad Bunny en la Universidad de Yale.
Los versos saltan del sexo explícito (“Safaera”) a lo romántico (“Baile inolvidable”), pero también denuncian los cortes eléctricos constantes de una isla con un sistema energético obsoleto (“El apagón”) o la gentrificación (“Lo que le pasó a Hawái”).
“Sus álbumes se sienten frescos, vibrantes e inclusivos; y cantar en español le da una autenticidad que perdería si persiguiera éxitos pop en otro idioma”, dice a BBC Mundo Mark Savage, corresponsal de música de la BBC.
“Su rico tono barítono transmite desprecio, desamor, ira o éxtasis con una claridad tan vívida que no te queda ninguna duda sobre su intención”, continúa.
Para los puertorriqueños, preservar el español es históricamente un símbolo de resistencia frente al desplazamiento de su cultura por la estadounidense.
En octubre, cuando anunció que cantaría en el Super Bowl, le avisó a quienes no hablan español que tenían “cuatros meses para aprender” el idioma.
Aquel joven que en sus primeras canciones se preocupaba más por las mujeres o el dinero, con los años tuvo un despertar político. Esto no solo se refleja en su música, llena de símbolos nacionales puertorriqueños, sino también en sus acciones.
Fue una de las caras visibles en las históricas protestas de 2019 en Puerto Rico y ha usado sus redes sociales para apoyar a políticos independentistas para gobernar la isla.
También ha criticado las redadas migratorias del gobierno de Donald Trump.
En la pasada ceremonia de los Grammy lanzó el mensaje “Fuera ICE” en referencia al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EE.UU.
Antes, en 2025, se había negado a incluir a EE.UU. en su gira por miedo a que ICE la usara para detener a migrantes.
Ese activismo también le ha valido críticas, sobre todo de sectores de la derecha norteamericana.
Al conocerse la noticia del Super Bowl, el propio Trump, que afirmó no saber quién es Bad Bunny, dijo que le parecía “absolutamente ridículo” que se le hubiera elegido para el show.
Es difícil medir si los esfuerzos de Bad Bunny tienen un impacto real en la política de EE.UU. con relación a Puerto Rico, comenta a BBC Mundo el sociólogo puertorriqueño Luis J. Cintrón, experto en medios y cultura latinoamericana.
Lo que sí está claro, argumenta, es la visibilidad que este artista le ha dado a la isla, típicamente fuera de la agenda mediática nacional, y que, sin soberanía ni relaciones bilaterales con otros países, depende de su cultura para llegar al mundo.
“Sin dejar de ser capitalista, se ha convertido en un símbolo de resistencia”, además de “un embajador de la cultura y la identidad puertorriqueña”, dice Cintrón.
Desde el inicio de su carrera, Bad Bunny sorprendía con el uso de colores vibrantes, estampados arriesgados y esmalte de uñas. Era una estética que contrastaba con lo que el género urbano dictaba.
Esa política del cuerpo se trasladó pronto a su música.
En temas como “Yo perreo sola” reivindicó el derecho de la mujer a disfrutar de su cuerpo sin compañía, mientras que en “Andrea” puso voz a las violencias que las mujeres enfrentan en su cotidianidad.
Alimentó esta fama con acciones como besarse con un hombre durante una presentación o denunciando en televisión nacional el asesinato de una mujer trans.
Sin embargo, hay expertos que dicen que se contradice constantemente.
Silvia Díaz Fernández, socióloga experta en medios por la Coventry University, advierte que los mensajes feministas de algunas canciones chocan con otras donde persisten ideas misóginas y la hipersexualización.
La académica sostiene en The Conversation que el artista “coquetea” con estéticas andróginas mientras en el fondo mantiene un sexismo.
Aun así, Bad Bunny se transformó en un icono de la moda capaz de dominar las pasarelas de la Met Gala de Nueva York y vestir de diseñadores exclusivos.
En sus apariciones más recientes, ha integrado símbolos del nacionalismo puertorriqueño como la pava, un sombrero típico de los campesinos de la isla durante la colonización española.
Según Leila Cobo, codirectora de Billboard, el gran impacto de Bad Bunny tiene que ver con haber convertido lo local y regional en un fenómeno de interés global.
El puertorriqueño se ha alejado de los ritmos usualmente sintéticos del reguetón para incorporar instrumentos reales y acústicos, así como guiños y homenajes a la cultura caribeña y de Puerto Rico.
En sus producciones mezcla el reguetón y el trap con ritmos como salsa, merengue, mambo, bossa nova o plena.
Sus letras, además, están llenas de referencias a los artistas que admira, desde el reguetón de Daddy Yankee hasta el orgullo afrocaribeño del sonero Ismael Rivera.
Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Estefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes solo en español.
Su show llega en un momento de grandes tensiones por el tema migratorio en EE.UU. y ante un público que no necesariamente entenderá sus canciones.
No lo ha necesitado para hacer giras mundiales con récords de ventas, lograr decenas de premios, hitos que nadie más ha logrado y conquistar a un público masivo, lo que le hace tener ya un lugar en la historia de la industria musical.
*Gráficos por Caroline Souza y reportería adicional de Lais Alegretti, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo. Edición: Daniel García-Marco, Ana Pais y Carlos Serrano.
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