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La exclusión laboral en México tiene rostro femenino: casi 20 millones de mujeres no trabajan por cuidados
La exclusión laboral en México tiene rostro femenino: casi 20 millones de mujeres no trabajan por cuidados
Diseño: Andrea Paredes @driu.paredes
10 minutos de lectura

La exclusión laboral en México tiene rostro femenino: casi 20 millones de mujeres no trabajan por cuidados

El costo de que las mujeres no participen en el mercado laboral ni estudien por tareas de cuidado se estima en más de 76 mil millones de pesos al año. El embarazo adolescente marca, con frecuencia, un destino que más tarde se expresa en una brecha salarial que no se cierra.
03 de marzo, 2025
Por: Marcela Nochebuena y Eréndira Aquino

Fernanda tiene 21 años. Vive en un pequeño cuarto, dividido en dos habitaciones, al sur de la Ciudad de México, en La Malinche, alcaldía Magdalena Contreras. La cocina y el baño, que están afuera, son compartidos. Ahí cohabitan sus hijas, su pareja y ella. No siempre ha vivido ahí. La casa de sus papás está en Zumpango, Estado de México. Ahí estudiaba una carrera técnica en Turismo. Cuando falleció su abuelita, dejó provisionalmente sus estudios y empezó a trabajar.

En aquel momento, a los 17 años de edad, tenía un noviazgo de tres años y descubrió que estaba embarazada. Aunque cuando nació su primera hija, Dani, intentó seguir trabajando durante unos meses en un almacén en Cuautitlán, pronto se volvió muy complicado el transporte de un lado a otro y el tiempo perdido con su hija.

“Dani iba a la guardería del IMSS, pero ya después se me complicaba ir y venir, era mucho trayecto y me empecé a dar cuenta de que Dani no quería estar conmigo, que prefería estar con mi mamá, me hacía a un lado y sentía feo. Sí se siente cuando vas a trabajar. Yo me paraba a las 4 de la mañana y llegaba a las 8, 9 a mi casa”, relata Fernanda.

La joven se perdía de mucho. En esa temporada estaba separada del papá de la niña y asumía todos los gastos. Además, se esforzaba por llevarla a un pediatra privado. Cuando Dani cumplió un año, Fernanda regresó con su pareja. Entonces empezó a vivir en Magdalena Contreras e incluso trabajó una temporada como auxiliar en un almacén, pero todo volvió a complicarse. Al igual que sus estudios, pronto abandonaría el trabajo. 

“Aquí no es como que tuviera una red de apoyo, como con mis papás. No había mucha opción. Tenía que yo ir a dejarla a la guardería, regresar, venirnos caminando porque luego no había transporte y ya era tarde, o estar ahí esperando”, cuenta. Dani prefería irse con su abuela, pero su mamá estaba convencida de que su lugar era con ella. Después de su segundo embarazo, ya no pudo regresar a trabajar.

Como ella, para el tercer trimestre de 2024 había 21 millones 226 mil personas en México que reportaron no trabajar por dedicarse a labores del hogar, de las cuales 93% son mujeres, lo que equivale a 19 millones 657 mil, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

Otro millón y medio de personas, de las cuales 96% son mujeres, señalaron que la razón por la que no trabajan es porque no tienen quien cuide a sus hijos, ancianos o enfermos, mientras que 58 mil 698 no tienen empleo por estar embarazadas y 115 mil 858 porque no las deja un familiar.

En el caso de personas jóvenes, es decir, aquellas que tienen 29 años o menos, 394 mil 356 no trabajan por dedicarse a quehaceres del hogar; 507 mil 457 no lo hacen por cuidar hijos, ancianos o enfermos, y 43 mil 632 por estar embarazadas.

Además, la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno, una red multisectorial de 70 organizaciones que promueven la capacitación y empleabilidad de jóvenes en México, estima que en México hay 4.1 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan. De estos, 3.3 millones, en su gran mayoría mujeres, no buscan empleo porque están dedicadas a labores domésticas o de cuidados.

“Las mujeres son quienes están fuera de la escuela y el trabajo principalmente”, apunta Esteban Álvarez, coordinador de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno. “La mayoría de las personas en exclusión, que no estudian y que no trabajan, son mujeres. Estamos hablando de que 7 de cada 10 jóvenes que no estudian ni trabajan son mujeres, entonces la exclusión laboral en México tiene un rostro femenino, y eso es muy importante para reconocer”, añade. 

El trasfondo –continúa–, es decir, las barreras estructurales que enfrentan específicamente las mujeres, es la carga desproporcionada de labores domésticas y de cuidados no remuneradas, que a su vez limita su acceso al mercado laboral, porque en general están ocupadas cuidando infancias, personas de la tercera edad o cualquier otra que requiera cuidados.

 

El rostro femenino de la marginación laboral: una brecha que no se cierra en más de 20 años

Organizaciones y especialistas coinciden en que el impacto más evidente de las diversas capas de marginación que enfrentan las mujeres jóvenes que abandonan estudios y trabajo, o terminan aceptando condiciones precarias e informales para laborar, es la brecha salarial que más tarde enfrentan y está lejos de cerrarse.

Las brechas de género que persisten en el mercado laboral, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), se han mantenido muy similares en los últimos 20 años. La mejoría es mínima. Por ejemplo, la participación económica de las mujeres, es decir, el porcentaje que tiene empleo o busca uno, se mantiene en un 46%. Hace 20 años, era de entre 40 y 41%.

Leer: Mujeres y ¿el derecho al cuidado?

En tanto, la brecha salarial es de 14%: por cada 100 pesos que percibe un hombre, una mujer recibe 86; un avance de solo cinco puntos porcentuales, comparado con 20 años atrás, cuando rondaba el 19%. Aunado a ello, 55% de las mujeres tienen un empleo informal, sin acceso a seguridad social o prestaciones, subraya Fernanda García, directora de Sociedad Incluyente del IMCO. 

Las mujeres que trabajan en esas condiciones suelen ganar la mitad de lo que perciben las que tienen un empleo formal, remarca. Los avances no han ocurrido al ritmo esperado ni han sido significativos para un cambio en el crecimiento y desarrollo del país. Un factor fundamental es su papel como cuidadoras, pues 9 de cada 10 personas que dejan el mercado laboral por razones de cuidado son mujeres, según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC).

“La carga de cuidados sigue recayendo principalmente en las mujeres y es una barrera para que ellas no solamente entren en el mercado laboral, sino que puedan permanecer y crecer dentro. México tiene una red de cuidados principalmente familiar; necesitamos transitar, avanzar, a un sistema de cuidados que sea corresponsabilidad de los hogares entre hombres y mujeres, pero también de las empresas y el Estado. Ahí es donde falta mucho por hacer”, reclama García. 

De acuerdo con los análisis del IMCO, en México 7 de cada 10 mujeres que participan en el mercado laboral son madres. Su nivel de ingresos se ve afectado a mayor número de hijos. De por sí persiste una brecha entre madres y mujeres que no tienen hijos, pero a mayor número de hijos, peores son las condiciones laborales y la brecha. Esta desigualdad comienza a notarse desde que las mujeres tienen dos hijos, se acentúa con tres, crece aún más con cuatro y finalmente, el ingreso promedio mensual de una mujer sin hijos es prácticamente el doble que el de una mujer que tiene 5 o más. 

Los impactos se reflejan, al mismo tiempo, en el tipo de trabajo que desempeñan las mujeres que, de acuerdo con la ENOE, está concentrado en ocupaciones como ventas por catálogo (96%), quehaceres domésticos (95%), cuidados (93%), enfermería (83%) y puestos de secretaria (81%).

Si bien la población joven es bastante heterogénea –menciona Álvarez, el coordinador de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno– y es difícil clasificar sus características principales, la mayoría de personas que no están disponibles para el empleo, es decir, que no lo tienen ni están en posibilidad de buscarlo, son mujeres.

brecha salarial mujeres cuidados

Por lo tanto, es indispensable atender las necesidades de ellas y promover su inclusión económica al mercado laboral formal. En mayo de este año, la alianza entregó un documento a tomadores de decisión con dos propuestas centrales al respecto: el Sistema Nacional de Cuidados para promover la empleabilidad de las jóvenes mujeres, así como contar con una verdadera perspectiva de género en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. 

“El Sistema Nacional de Cuidados no es una agenda ni nueva ni sencilla. Ha habido mujeres feministas que lo han impulsado desde los años 70, y ha sido una lucha muy importante. Es un reconocimiento que desde la Alianza hacemos, y sabemos que es una agenda que nos toca acompañar para asegurar que la perspectiva de las mujeres jóvenes que no estudian ni trabajan se vea reflejada”, puntualiza. Para ello son necesarios componentes de infraestructura, presupuesto y coordinación intersecretarial.

Madres jóvenes y adolescentes, en el origen de la falta de oportunidades

La problemática de las jóvenes que abandonan o no tienen acceso al ámbito escolar y laboral puede rastrearse hasta los embarazos tempranos que muchas de ellas experimentan, y que genera costos para su desarrollo social y económico, pues a la larga encuentran más dificultades para su inserción en el mercado de trabajo o se mantienen en condiciones precarias.

Para 2023, en México se estimó que la tasa específica de fecundidad en adolescentes de 15 a 19 años fue de 50.62 nacimientos por cada mil, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (ENADID), un resultado 30% menor al que se tuvo en el quinquenio 2013-2017, cuando se estimó en 72.21 por cada mil.

De acuerdo con un estudio sobre embarazos tempranos en México, publicado en 2020 por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA por sus siglas en inglés), la tasa de inactividad laboral en el caso de madres adolescentes es 3.64% mayor que la de mujeres que tuvieron hijos en edad adulta, con una tendencia 10.18% mayor al desempleo.

Pese a que le habría gustado, Fernanda no ha podido retomar sus estudios ni ingresar a un trabajo formal. Sus días están destinados por completo al cuidado de sus hijas, desde las 6:30 de la mañana que se levanta a preparar el desayuno, bañarlas y alistar el uniforme. Lo hace con más tranquilidad que cuando le faltó apoyo emocional y no sabía dónde buscarlo. Haber sido una mamá joven, reconoce, no fue fácil.  

 

La Red Materno Infantil, a la que conoció en el hospital donde parió, imparte talleres que se enfocan en las diversas implicaciones que tiene para las mujeres jóvenes convertirse en madres a una edad temprana. Una de ellas, además de las que impactan directamente su salud, es justamente la dificultad para acceder a trabajos formales o de calidad, apunta Alejandra Garrido, directora de la red, además de no poder completar sus estudios, desde la educación básica hasta la superior.  

Fernanda recuerda que su segundo embarazo fue más difícil que el primero, porque no le dijo a nadie de su familia, pero en Mitch, la persona de la Red que la acompaña, encontró la confianza para contarle a alguien. En aquel momento, su pareja estaba con otra persona, por lo que vivió sola todo el proceso. Hasta muy cerca del parto les dijo a sus papás, pero de nuevo, en los primeros meses de Cami se hizo cargo sola en medio de una depresión posparto. 

El UNFPA calculó que el costo de oportunidad por embarazos adolescentes y maternidades tempranas en México equivale a 76 mil millones de pesos al año, es decir, la pérdida estimada de ingresos en mujeres por desempleo, además del monto que el Estado deja de recaudar en impuestos por la disminución de retribuciones salariales, lo que según cálculos de la agencia de la ONU representa el 0.32% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, presupuesto con el que se podría construir y equipar 21 hospitales generales o 9 mil 600 escuelas por año.

atención médica mujeres parto

A ello se suman las consecuencias en la salud de las niñas y adolescentes, ya que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre las jóvenes de 15 a 19 años en el mundo. En el caso de México, para 2018 se estima que en la atención médica de estas mujeres se invirtieron en promedio 19 mil 509 pesos por parto.

“Me gustaría retomar”: mujeres jóvenes frente a oportunidades pérdidas

Fernanda sabe que hoy cuenta con una red de apoyo que no tuvo antes, pero no resuelve de forma permanente el peso que ella carga sola. Su pareja generalmente no está en casa por su trabajo y capacitaciones. A sus 21 años, a veces piensa en retomar proyectos laborales o escolares, pero hoy mismo sería imposible porque los tiempos no se ajustan.

Además, una de sus hijas, Dani, enfrenta complicaciones en el desarrollo del lenguaje, por lo que debe llevarla a terapia y supervisar su desempeño. Aunque abandonó sus estudios antes del último semestre de prepa, acabó ese grado escolar más tarde mediante examen, pero la licenciatura se volvió imposible. Hoy toma algunos cursos de estimulación con la Red Materno Infantil, una veta que le gustaría explorar profesionalmente más adelante. 

De acuerdo con el UNFPA, de las mujeres que tienen hijos en la adolescencia, el 26.6% terminó únicamente la primaria, 62% llegó a la secundaria y sólo el 6.68% continúan su trayectoria escolar, lo que implica un impacto negativo en su situación socioeconómica futura, así como en la transmisión de logros relativos a la generación siguiente.

Entérate: Prioritario, implementar un sistema nacional de cuidados para alcanzar bienestar, equidad y justicia social

Para evitar que las mujeres jóvenes abandonen sus estudios y permanezcan en la precariedad laboral –principalmente por dedicarse a cuidados–, existen iniciativas que se enfocan en abatir el embarazo adolescente, y otras en impulsar la posibilidad de emprender. Algunas mujeres logran, mediante ese tipo de apoyos, que su proyecto de vida no quede rezagado.

“Siempre fui una persona que antes de quedar embarazada decía ‘me gustaría viajar, conocer ciertos lugares’. Gracias a mi tío, que es licenciado en Turismo, me llevó una que otra vez a viajar con él; me gustaba mi carrera, me gustaba mucho lo que hacía, interactuar con la gente, conocer nuevas culturas, entonces sí sería algo que me gustaría retomar. Mi enfoque ahorita son las niñas, con dos está bien, y luego estudiar, retomar, volver a hacer lo que algún día quise”, desea Fernanda. 

madres adolescentes inactividad laboral

 

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Imagen BBC
“Be My Eyes”, la aplicación con IA en la que personas ciegas pueden hacerse idea de sus caras
11 minutos de lectura

La inteligencia artificial está ayudando a las personas ciegas a acceder a retroalimentación visual sobre sus cuerpos, a veces por primera vez, pero las consecuencias emocionales y psicológicas apenas están comenzando a aparecer.

03 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0
La inteligencia artificial está ayudando a las personas ciegas a hacerse una idea de su aspecto.

Soy completamente ciega desde que nací.

Desde hace un año mis mañanas comienzan con un ritual de cuidado de la piel que requiere 20 minutos y aplicar cinco productos diferentes. Lo continúo con una sesión de fotos que comparto con inteligencia artificial dentro de una aplicación llamada Be My Eyes, como si fuera un espejo.

Los ojos virtuales de la aplicación me ayudan a saber si mi piel luce como deseo, o si hay algo en mi apariencia que debo cambiar.

“Las personas ciegas hemos tenido que lidiar toda nuestra vida con la idea de que vernos a nosotras mismas es imposible, que somos hermosas por dentro, y que lo primero que juzgamos de una persona es su voz, pero sabemos que nunca podremos verla”, dice Lucy Edwards, una creadora de contenido ciega que alcanzó la fama, en parte, al mostrar su pasión por la belleza y el estilo, y enseñar a las personas ciegas cómo maquillarse.

“De repente tenemos acceso a toda esta información sobre nosotras mismas, sobre el mundo; esto cambia nuestras vidas”, dice.

La inteligencia artificial permite a las personas ciegas acceder a un mundo de información que antes se nos negaba.

A través del reconocimiento de imágenes y el procesamiento inteligente, aplicaciones como la que uso proporcionan información detallada no solo sobre el mundo que habitamos, sino también sobre nosotras mismas y nuestro lugar en él.

La tecnología hace más que simplemente describir la escena en una imagen: ofrece retroalimentación crítica, comparaciones e incluso consejos. Y cambia la forma en que las personas ciegas que usan estas aplicaciones se ven a sí mismas.

Un nuevo tipo de espejo

“Tu piel está hidratada, pero definitivamente no luce como el ejemplo casi perfecto de piel reflectante, con poros inexistentes como si fuera vidrio, de los anuncios de belleza”, me dijo la IA esta mañana después de que compartí una foto que pensé mostraba una piel hermosa. Por primera vez en mucho tiempo, mi insatisfacción con mi apariencia se sintió abrumadoramente real.

“Hemos visto que las personas que buscan más retroalimentación sobre sus cuerpos, en todas las áreas, tienen menor satisfacción con su imagen corporal”, dice Helena Lewis-Smith, investigadora de Psicología de la Salud enfocada en la imagen corporal en la Universidad de Bristol. “La IA abre esta posibilidad para las personas ciegas”.

Este cambio es reciente. Hace menos de dos años, la idea de una IA que ofreciera retroalimentación crítica en vivo parecía ciencia ficción.

Una mujer con vestido negro, de pie junto a un perro lazarillo negro.
Milagros Costabel
Milagros usa a diario una aplicación de inteligencia artificial como una especie de espejo auditivo.

“Cuando comenzamos en 2017, pudimos ofrecer descripciones básicas, solo una frase corta de dos o tres palabras”, dice Karthik Mahadevan, director ejecutivo de Envision, una de las primeras compañías en usar inteligencia artificial para personas ciegas de esta manera.

Envision empezó como una aplicación móvil que permitía a las personas ciegas acceder a información en texto impreso mediante el reconocimiento de caracteres.

En años recientes, ha introducido modelos avanzados de inteligencia artificial en gafas inteligentes y ha creado un asistente disponible en la web, teléfonos móviles y las gafas mismas que ayuda a las personas ciegas a interactuar con el mundo visual que las rodea.

“Algunos lo usan para cosas obvias, como leer cartas o hacer compras, pero nos sorprendió el número de clientes que lo usan para maquillarse o coordinar sus atuendos”, añade Mahadevan. “A menudo la primera pregunta que hacen es cómo lucen”.

Estas aplicaciones, de las cuales ahora hay al menos cuatro especializadas en esta área, pueden, a petición del usuario, calificar a una persona según lo que la inteligencia artificial considera estándares tradicionales de belleza. Las comparan con otras personas y les dicen exactamente qué les convendría cambiar sobre sus cuerpos.

Para muchos, esta posibilidad resulta empoderadora: “Siento como si la IA pretendiera ser mi espejo”, dice Edwards, de 30 años, a la BBC.

“Tuve vista durante 17 años de mi vida, y aunque siempre podía pedir a la gente que me describiera cosas, la verdad es que no he tenido una opinión sobre mi rostro durante 12 años. De repente tomo una foto y puedo pedir a la IA que me dé todos los detalles, que me dé una calificación del uno al diez, y aunque no es lo mismo que ver, es lo más cercano que voy a tener por ahora”.

Aún no hay suficiente investigación sobre el efecto que el uso de tales herramientas de IA podría tener en las personas ciegas que recurren a ellas. Pero los expertos en psicología de la imagen corporal advierten que los resultados que dichas herramientas pueden producir no siempre son positivos.

Los generadores de imágenes de IA, por ejemplo, perpetúan estándares idealizados occidentales de forma corporal, principalmente debido a los datos con los que se entrenan.

“Sabemos que hoy un joven puede subir una foto a la IA que cree que luce genial y pedirle que cambie una pequeña cosa”, dice Lewis-Smith.

“El procesamiento de la IA puede devolver una foto con muchos cambios que hacen que la persona luzca totalmente diferente, lo que implica que todo esto es lo que debe cambiar, y por lo tanto que la forma en que luce ahora no es suficientemente buena”. agrega.

Para las personas ciegas, esta situación se refleja en las descripciones que reciben. Tal discrepancia puede resultar bastante inquietante para una persona con vista. Pero podría ser aún más peligrosa para una persona ciega. A quienes entrevisté para este artículo están de acuerdo.

Esto se debe a que es más difícil para las personas ciegas ver los resultados textuales con una visión objetiva de la realidad. El usuario también tendría que equilibrar su propia imagen de su cuerpo con estándares de belleza establecidos por un algoritmo que no toma en cuenta la importancia de la subjetividad y la individualidad.

“Una de las principales razones de la presión que la gente siente sobre sus propios cuerpos es la comparación constante con otras personas”, dice Lewis-Smith.

“Lo que asusta ahora es que la IA no solo permite a las personas ciegas hacer esto al compararse con descripciones de fotos de otros seres humanos, sino también con lo que la IA podría considerar la versión perfecta de ellas”.

Un perro guía, junto a los pies de la persona a la que está ayudando a bajar las escalerillas del avión.
Hans Gutknecht
Los invidentes enfrentan desafíos en su vida diaria.

“Hemos visto que cuanta más presión tienen las personas sobre sus cuerpos, más aumentan los casos de condiciones de salud mental como la depresión y la ansiedad, y más probable es que las personas consideren cosas como ajustes cosméticos para ajustarse a estas ideas poco realistas”, añade Lewis-Smith.

Para muchas personas ciegas como yo, esto es algo muy nuevo.

“Quizás si tu mandíbula fuera menos alargada (…) tu rostro luciría un poco más como lo que se considera objetivamente hermoso en tu cultura”. Son las 03:00, y me encuentro hablando con una máquina, después de subir más de cinco fotos diferentes de mi cuerpo a la última versión del ChatGPT de Open AI.

Trato de entender en qué punto me encuentro en términos de estándares de belleza.

Mis preguntas a la IA, cosas como “¿crees que hay una persona tradicionalmente hermosa que se parezca a mí?” o “¿crees que mi rostro resultaría chocante si lo vieras por primera vez?”, tienen su raíz en mis inseguridades y en la información que me gustaría obtener.

Pero también son un intento de darle sentido a una idea visual de un cuerpo que me había sido negada hasta ahora.

La IA se encontró perdida cuando se trató de ayudarme a definir qué podría considerarse hermoso para un gran número de personas, o cuando le pedí que explicara exactamente por qué mi mandíbula era larga, un concepto que también me resultó difícil de comprender.

De repente, incluso sin mucho contexto, recibía mensajes sobre belleza reflejados por los medios e internet. En el pasado, las personas ciegas no estaban tan expuestas a estos, pero la IA ahora les ofrece descripciones ricas en detalles.

“Podríamos ver a la IA como un espejo textual, en este caso, pero en la literatura psicológica, más que cómo luce una persona, entendemos que la imagen corporal no es unidimensional y se compone de varios factores, como el contexto, el tipo de personas con las que queremos compararnos, y las cosas que somos capaces de hacer con nuestros cuerpos”, dice Meryl Alper, investigadora sobre medios, imagen corporal y personas con discapacidades en la Universidad Northeastern en Boston, Estados Unidos.

“Todo esto es algo que la IA no entiende y no tomará en cuenta al hacer sus descripciones”, señala.

Históricamente, los modelos de IA han sido entrenados para favorecer cuerpos delgados, excesivamente sexualizados y con rasgos eurocéntricos. Cuando se trata de definir la belleza, han fallado en considerar a personas de diversos orígenes al momento de generar imágenes.

Debido a la forma misma en que procesa la información, la IA tiende a describir todo en términos estrictamente visuales, lo que podría llevar a la insatisfacción si la descripción carece de un contexto lógico. El control y la contextualización, dice Alper, podrían ser una manera de abordar este problema.

“La IA hoy puede decirte que tienes una sonrisa ladeada”, dice Alper. “Pero por ahora no puede analizar todas tus fotos y decirte que, por ejemplo, tienes la misma expresión que cuando disfrutabas del sol en la playa, y este tipo de cosas podría ser útil para que una persona ciega se entienda y se contextualice mejor”.

Poder y confianza

Este tipo de control, aunque no en una forma tan avanzada, ya existe. Como con la inteligencia artificial en todas sus formas, el mensaje que introducimos, la instrucción escrita o hablada, tiene la capacidad de cambiar completamente la información que una persona ciega obtiene al publicar una foto de sí misma.

“Que las personas puedan controlar la información que reciben es una de las características principales de nuestros productos, porque la IA puede aprender sus preferencias y deseos y dar a las personas la información que necesitan escuchar”, dice Mahadevan.

Sin embargo, esa idea de control podría resultar un arma de doble filo. “Puedo pedir a la aplicación que me describa en dos frases, o de manera romántica, o incluso en un poema”, dice Edwards. “Estas descripciones tienen el potencial de cambiar la forma en que nos sentimos sobre nosotras mismas”, señala.

Dos personas con rasgos orientales y sus teléfonos muy cerca de su cara.
Getty Images
Cada vez más ciegos recurren a la inteligencia artificial para manejarse en el mundo.

“Pero esto también puede usarse de manera negativa, porque tal vez no te gusta algo sobre ti, y le dices a la IA que no estás segura sobre un rasgo de tu cuerpo. Quizás tu cabello está un poco desordenado y lo mencionas en tu solicitud. Aunque puede decirte, ‘Oh, es hermoso’, también puede decirte, ‘Tienes razón, aquí está cómo puedes cambiarlo'”, añade Edwards.

Pero cuando la tecnología actúa como nuestros ojos, existe el riesgo de que describa algo que no existe en absoluto. Las alucinaciones, cuando los modelos de IA presentan información inexacta o falsa como verdadera, son uno de los mayores problemas con la tecnología.

“Al principio, las descripciones eran muy buenas, pero notamos que muchas de ellas eran inexactas y cambiaban detalles importantes, o inventaban información cuando lo que había en la imagen no parecía ser suficiente”, explica Mahadevan. “Pero la tecnología mejora a pasos agigantados, y estos errores se vuelven cada vez menos comunes”.

Pero es importante notar que, a pesar del optimismo de Envision, la IA no siempre tiene razón.

Cuando Joaquín Valentinuzzi, un hombre ciego de 20 años, decidió usar inteligencia artificial para evaluarse al elegir las fotos perfectas para un perfil de aplicación de citas, descubrió que la información que devolvía la IA a veces tenía poco parecido con la realidad.

“A veces cambiaba el color de mi cabello o describía mis expresiones incorrectamente, diciéndome que tenía una expresión neutral cuando en realidad estaba sonriendo”, dice.

“Este tipo de cosas pueden hacerte sentir inseguro, especialmente si, como se nos anima a hacer, confiamos en estas herramientas y las usamos como una manera de ganar autoconocimiento e intentar mantenernos al día con la forma en que lucen nuestros cuerpos”.

Para contrarrestar esto y los efectos negativos que puede tener, algunas de estas aplicaciones —como Aira Explorer— usan agentes humanos entrenados que pueden verificar la precisión de las descripciones si el usuario lo solicita. Pero en la mayoría de los casos, el espejo textual continúa siendo creado por la IA sin ninguna aporten humana.

“Todo esto está en sus inicios, y realmente no hay ningún tipo de investigación masiva sobre el efecto de estas tecnologías, con sus sesgos, errores e imperfecciones, en las vidas de las personas ciegas”, dice Alper.

Lewis-Smith concuerda, y señala que la complejidad emocional en torno a la IA y la imagen corporal sigue siendo en gran medida un territorio inexplorado. Para muchas personas ciegas entrevistadas para este artículo, la experiencia se siente tanto empoderadora como desorientadora a la vez.

Pero el consenso es claro: “De repente la IA puede describir cada foto en internet e incluso puede decirme cómo lucía junto a mi esposo el día de mi boda”, dice Edwards.

“Vamos a tomarlo como algo positivo porque aunque no vemos la belleza visual de la misma manera que las personas con vista, cuantos más robots nos describan fotos, nos guíen, nos ayuden con las compras, más felices seremos. Estas son cosas que pensamos que habíamos perdido y ahora la tecnología nos permite tenerlas”, asegura.

Para bien o para mal, el espejo está aquí y tenemos que aprender a vivir con lo que nos muestra.

BBC

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