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Iniciativas solares y comunitarias, el reto de generar energía limpia en México
Iniciativas solares y comunitarias, el reto de generar energía limpia en México
Instalación solar acompañada por Onergia en la sierra norte de Puebla con el volcán Popocatépetl de fondo. Foto: Cooperativa Onergia
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Iniciativas solares y comunitarias, el reto de generar energía limpia en México

Mientras México ha apostado por seguir abrazando a los combustibles fósiles, iniciativas locales y comunitarias intentan poner el ejemplo para construir modelos de transición energética en medio de la crisis climática. Sin embargo, enfrentan un proceso complejo, lleno de barreras políticas, económicas y culturales para ser vistas, escuchadas y respaldadas.
10 de julio, 2024
Por: Gonzalo Ortuño
@periodistagonzo 

Prender el foco no es tan fácil ni accesible en las comunidades de México, donde las iniciativas comunitarias para generar y distribuir energía renovable enfrentan falta de recursos, incentivos y oportunidades para una transición energética justa en sus localidades.

En un país donde 37% de los hogares están en pobreza energética –cuando no hay acceso a energía de calidad para cubrir servicios básicos, como el uso de una estufa, protegerse de climas extremos o electricidad para estudiar o comunicarse– existen esfuerzos comunitarios y de la sociedad civil que buscan cambiar la participación de las personas en los proyectos de transición energética, es decir, dejar el petróleo, el gas y el carbón para priorizar energías limpias y renovables.

Uno de ellos es la iniciativa de los ejidos solares, –el ejido en México es un forma de tenencia comunal de la tierra, las cuales han sido otorgadas por el Estado a poblaciones campesinas tras la Revolución de 1910– la cual busca que distintos proyectos de energía solar sean propiedad de comunidades y sean sus habitantes quienes reciban los beneficios de un proyecto energético.

Se trata de un modelo de propiedad comunitaria que busca cambiar la lógica de los megaproyectos en energías renovables, impulsados por grandes empresas que –muchas veces– no consultan ni contemplan a las comunidades en donde se instalan, a uno donde los habitantes de una comunidad sean los protagonistas.

La iniciativa de ejidos solares –que originalmente se pensó a gran escala en México– se planteó en comunidades de los municipios de Chimaltitán, Jalisco; San Luis de la Paz, Guanajuato; y en Hermosillo, Sonora.

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Sistema fotovoltaico instalado por la Cooperativa Onergia en Puebla. Foto: Cooperativa Onergia

 

Sin embargo, este proyecto no ha podido aplicarse del todo, ante las barreras económicas y políticas que reflejan la complejidad que enfrentan los proyectos energéticos locales, los que apuestan por soltar los combustibles fósiles para incorporar a las energías limpias.

En el caso de los denominados ejidos solares, la iniciativa surge buscando cambiar la participación social de las comunidades en los proyectos de energía en México. Este proyecto, impulsado por la organización Iniciativa Climática de México (ICM) reconoce que hay una oposición social a los megaproyectos –incluidos aquellos de energías renovables–  pues históricamente han utilizado a las comunidades para establecer sus proyectos (pensados para las ciudades) e impactando el medio ambiente y el entorno de las localidades.

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Con este nuevo intento, de la mano de sociedad civil y autoridades locales, se busca cambiar esos modelos, para que los habitantes de las comunidades promuevan el uso de energías renovables, además de recibir sus beneficios.

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Megaproyectos en energías renovables también demandan grandes cantidades de tierra y recursos, lo cual ha provocado históricamente conflictos y afectaciones con comunidades donde deciden asentarse. Planta solar de la empresa italiana Enel en Coahuila, al norte de México. Foto: Secretaría de Energía

 

Luisa Sierra Brozon, directora de Energía de ICM, explica que este nuevo modelo propone que la comunidad aporte la tierra, mientras que los gobiernos locales (así como la iniciativa privada, de ser necesario) apoyen con la inversión de capital semilla mediante una sociedad.

“Una vez que se recupera la inversión, se salen de ese vehículo de propósito específico y los beneficios se quedan en la comunidad”, explica Sierra en entrevista.

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Reglas dispares para las comunidades

Sierra Brozon, también especialista en energía y cambio climático, señala que para adaptar  el modelo de los ejidos solares a las realidades de las comunidades, concretamente en el caso del ejido de Molino de Camou, al noreste de Hermosillo, la iniciativa se ha apoyado en la generación distribuida.

Este es un concepto utilizado para definir al modo de generar energía eléctrica en pequeña escala, instalada cerca del lugar de consumo y producida en instalaciones mucho más pequeñas que las centrales convencionales.

En México se trata también de la modalidad más conveniente para los proyectos comunitarios de energía renovable.

Además, a diferencia de otro tipo de proyectos, no requiere de un permiso por parte de la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

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Sin embargo, este modelo también incluye barreras, pues limita que la capacidad de la central generadora sea menor a 500 kilowatts (kW), debe estar conectado a las redes de distribución de la energía y no puede participar directamente en el mercado eléctrico mayorista.

Ricardo Cruz, gerente del Programa de Energía de ICM,  advierte que el precio de la energía por generación distribuida es bajo, lo que pone en desventaja a los proyectos comunitarios frente al mercado, además de tener un tope de kW que no permite que los proyectos comunitarios puedan abastecer del servicio a comunidades.

“Un proyecto de 500 kW, que es lo más grande que te permite la generación distribuida, no es mucho, ya hablando de estas escalas. Para una casa o un comercio puede ser mucho, pero ya para una comunidad, depende del tamaño, los habitantes y el acceso a la energía puede ser poco”, señala.

El costo por construir, operar y mantener un proyecto como el de ejidos solares en un terreno de aproximadamente 0.6 hectáreas es de 13 millones de pesos (poco más de 717 mil dólares), un financiamiento difícil de conseguir para comunidades aisladas.

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Los especialistas también sostienen que dentro de la generación distribuida hay tres modalidades, y la que da mayores beneficios a las comunidades, sostienen, es el esquema de venta total, sin que las localidades puedan utilizar la energía que producen y vendiéndola a un precio bajo.

“La comunidad vende su electricidad a la red, a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y en ese sentido, por cómo está regulado nuestro país y diseñadas las disposiciones administrativas, los proyectos de esta naturaleza obedecen al mercado. Entonces va a depender de dónde quieras poner el proyecto, y qué tan rentable es o no un proyecto comunitario en nuestro país”, expone Sierra.

Esto, advierte, es un gran obstáculo para detonar proyectos comunitarios en México, pues los Precios Marginales Locales (PML) son demasiado bajos para competir con proyectos de gran escala.

Actualmente, ICM trabaja en la propuesta de un cambio regulatorio que permita a los proyectos de generación distribuida aumentar su capacidad de 500 kW a 1 MW, así como recibir contraprestaciones.

“Lo que nosotros creemos necesario es tener un esquema de contraprestación que específicamente vea a las comunidades. Esa es una de las principales barreras, pero también oportunidades de avanzar para que puedan desarrollarse proyectos comunitarios de manera mucho más sencilla y que también traen beneficios a la red. Cuando tú acercas un punto de generación a un punto de consumo tienes menos pérdidas en la red”, sostiene Sierra.

Pese a estos obstáculos, en 2023 la generación distribuida alcanzó los 3,364 MW en capacidad instalada (más del 99% de ella en energía solar), un incremento de 28.7%, respecto a 2022, de acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Cooperativas energéticas, una luz para las comunidades

Un ejemplo de la imposición de megaproyectos a comunidades ocurrió en 2016 en Cuetzalan, Puebla, al centro de México, donde la CFE intentó construir una subestación eléctrica, para suministrar energía a proyectos de minería, fracking e hidroeléctricas.

La oposición y resistencia del Comité de Ordenamiento Territorial Integral de Cuetzalan (COTIC) y el acompañamiento de la cooperativa Tosepan Titataniske dieron origen a Onergia, una cooperativa energética fundada por jóvenes en esta zona serrana con el objetivo de ayudar a proyectos locales a instalar sistemas fotovoltaicos, los cuales permiten transformar la energía solar en electricidad.

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El gobierno que está por concluir priorizó el uso de fuentes de energía fósil con el argumento de garantizar la “soberanía energética” a nivel nacional. Foto: Gobierno de México

Juliana Gómez, socia trabajadora de Onergia, cuenta que a partir del cooperativismo, la localidad se empezó a cuestionar cómo producir la energía y para qué.

Explica que Onergia buscó diferenciarse de las empresas de energías renovables que no comparten un proyecto “ecopolítico” de respeto a las comunidades y a la relación que existe con sus territorios.

“No queremos seguir siendo parte de esto (megaproyectos en energías renovables) aunque están en el rubro de energías alternativas tienen un objetivo meramente capital…el tema es cómo se produce y cómo se consume esa energía. Tenemos una postura muy clara de decir: ‘no entramos a ningún megaproyecto’. Nunca vamos a hacer la instalación de un parque solar porque no se trata de llenar el mundo de parques solares. Si vamos a tener parques solares para seguir teniendo un gasto energético como lo tiene la gente en Estados Unidos, pues no hay mundo que nos alcance”, sostiene.

Gómez detalla que desde la cooperativa, Onergia no sólo busca dar un servicio en la instalación de sistemas fotovoltaicos a pequeños clientes y comunidades, sino también desarrollar procesos de formación e investigación con más iniciativas.

“Intentamos hacer redes con otras cooperativas o con organizaciones y generar proyectos que nos permitan una relación más íntima y profunda con la energía. No solo es este sentido de la electricidad, sino de la señora va todos los días a sacar la leña, que haya estufas ahorradoras, ecotecnias acordes al territorio. Poder ir generando una relación más amigable con el medio ambiente”, expone.

La integrante de Onergia también menciona los obstáculos y retos que implica acompañar la transición energética en localidades con la figura de cooperativa.

No tenemos formas de financiamiento y no podemos financiar compra de equipos. Ser cooperativa hace todo más difícil para nosotros porque este tipo de convenios están establecidos para hacerlos con empresas y otro tipo de figuras jurídicas”, explica.

También menciona la dificultad de sostener a una cooperativa de servicios.

“Nosotros no producimos los paneles solares, los instalamos y los impuestos son muy altos. A nosotros nos cobran impuestos del 35%, entonces para una cooperativa que no es productiva es muy costoso”, reconoce Gómez.

Crisis de confianza con las comunidades, una deuda histórica para impulsar la transición energética justa

Para Karla Cedano, académica responsable del Laboratorio de Innovación y Futuros del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, existe una crisis de confianza entre las comunidades rurales hacia los proyectos de energías renovables, tras años de abusos y desigualdades.

La especialista sostiene que para reconstruir una relación entre autoridades, especialistas y comunidades en la transición energética se requiere entender su contexto histórico y social, antes de proponer soluciones a crisis energética y climática.

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“No le dedicamos el tiempo para construir esa confianza, entonces usamos términos como ‘negociar’, como ‘convencer’ y son dinámicas verticales, esa no es la lógica. Sigue habiendo una imposición y cuando hacemos eso entonces viene el obstáculo de la desconfianza”, explica Cedano, quien ha aplicado también perspectiva de género a investigaciones sobre energía e innovación.

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Talleres de educación energética impartidos por la cooperativa Onergia para mejorar la relación de comunidades con el medio ambiente. Foto: Cooperativa Onergia

 

Apostar por soluciones en lo local

Cedano también considera que hay áreas de oportunidad para que los proyectos comunitarios puedan crecer a nivel local, pese a no contar con mejores regulaciones.

“Si es una agencia de energía que realmente se le esté apostando en serio, que tenga recursos y que tenga, además, capacidad de integrar especialistas que entiendan o que quieran entender esta interdisciplina, tampoco requiere incentivos tan grandes para que las transiciones energéticas locales funcionen”, sostiene.

La especialista pone el ejemplo del uso de leña como fuente de energía en ciertos contextos, como una opción de uso de biocombustibles que pueden representar soluciones a nivel local.

“Es más un cambio cultural y una aceptación de que, por ejemplo, la biomasa que está tan satanizada, no es satanizable, la biomasa bien manejada, como la maneja el espacio rural no tiene ningún problema, ¿cuál es el lío? Talamontes, mafias, pero para la gestión energética, las comunidades manejan muy bien la biomasa”, expone.

Otro ejemplo de posible solución que menciona Cedano es la coordinación de los estados del país con la CFE, donde según los contextos de cada región, se puede invertir en distribución para conectar a más comunidades aisladas.

“Si fortalecemos la inversión en sistemas de distribución, donde podamos ver que si incentivas las inversiones energéticas a que promuevan o que fortalezcan la distribución y aprovechemos recurso local, nos sale mucho más barato beneficiar energéticamente a la localidad y entonces vas cerrando brechas y eso va generar dinámicas positivas en la pérdida de confianza de las comunidades”, sostiene.

La especialista insiste en que hay elementos en contextos locales que son replicables y otros que no lo son, lo que debe quedar claro al momento de escalar las buenas prácticas comunitarias sobre transición energética.

Generar energía limpia en medio de combustibles fósiles

Los apagones ocurridos en mayo pasado le recordaron a México la crisis energética que se avecina si no se buscan vías para una transición energética limpia en el país.

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Aunque las autoridades han señalado que “no hay riesgos en el sistema eléctrico mexicano por falta de generación eléctrica”, el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional 2024-2038 indica que la capacidad de generación instalada en el sistema creció apenas 0.6% comparado con el cierre de 2022, mientras que la demanda se incrementó 3.5% en el mismo periodo, de acuerdo con el IMCO.

Hasta marzo de 2023, México producía el 76.1% de su electricidad con combustibles fósiles, de acuerdo con el observatorio El Sextante, de la organización México Evalúa.

Un análisis hecho por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) coincide en que ese año, únicamente 24.3% de la generación eléctrica (incluyendo generación distribuida) fue limpia.

Esto, pese a que el compromiso de México firmado en el Acuerdo de París era generar 35% de su electricidad a partir de fuentes limpias para 2024.

Ante este escenario, Claudia Sheinbaum Pardo, virtual presidenta electa de México, ha prometido impulsar la transición energética. Sin embargo, Sheinbaum –quien también es científica experta en ingeniería energética– apunta a mantener parte de la política que ha defendido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y que ha priorizado las fuentes fósiles bajo el argumento de garantizar una “soberanía energética” a nivel nacional.

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La próxima presidenta de México promete al mismo tiempo subsidios a la energía fósil, así como alternativas y soluciones basadas en energía limpia.

Mientras tanto, organizaciones, cooperativas y comunidades señalan que para fomentar los proyectos comunitarios de transición energética, los cambios en leyes y política energética deberán priorizar las soluciones locales y descentralizadas.

Sheinbaum AMLO energías
Andrés Manuel López Obrador, actual presidente de México y Claudia Sheinbaum pardo, virtual presidenta electa, quien ha defendido la política energética de la actual administración. Foto: Gobierno de México

En palabras de Gómez, de la cooperativa Onergia, los cambios que se hagan tienen que darse con las organizaciones y comunidades históricamente afectadas que les permitan generar su propia autonomía. “Frente a lo privado, lo público… pero frente a lo público, lo comunitario. Lo que habría que hacer es bajar esto de políticas nacionales, que no pueden ser las mismas para todos los estados, y poder volver a lo local y ver cómo se produce para esa localidad en ese lugar y no cómo se roba la energía de un lugar para llevarla a otro”.

Este artículo fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina

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Imagen BBC
Julio Hernández, el científico mexicano premiado por National Geographic por su labor con los albatros
14 minutos de lectura

La idea de transportar huevos y polluelos de un extremo a otro del Pacífico para hallarles un nuevo hogar “parecía una locura”, relata Julio Hernández Montoya. El proyecto es hoy “una luz de esperanza” para el futuro de una especie en peligro.

08 de julio, 2024
Por: BBC News Mundo
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Julio Hernández Montoya abordó aquel vuelo crucial de Hawaian Airlines con “los sentimientos a flor de piel”, según relata a BBC Mundo.

“Sentía que transportaba algo muy preciado, sentía una satisfacción enorme y una gran responsabilidad por la importancia de lo que llevaba en esa caja”.

El científico mexicano y sus colegas entraron al avión antes que otros pasajeros y acomodaron sus cargas. Junto a cada investigador iba una incubadora con huevos de un ave en peligro de extinción. Y dentro de los huevos latían embriones.

El vuelo era apenas una escala en una travesía de más de 6 mil km de un extremo a otro del Pacífico.

La misión era nada menos que rescatar de aguas estadounidenses embriones de una especie de albatros, el albatros patas negras, y hallarles un nuevo hogar en una isla de México. Allí, en la isla Guadalupe, unos 255 km frente a la costa de Baja California, serían criados por padres adoptivos de otra especie cercana, el albatros de Laysan.

El proyecto dirigido por Julio Hernández Montoya fue reconocido por National Geographic, que otorgó este mes al científico el premio Buffet por liderazgo en conservación.

Aunque él aclara que es sólo un “vocero”. “Junto a mí hay cientos de personas, desde quienes reparan vehículos y mantienen funcionales nuestras estaciones de campo hasta biólogos y personal administrativo, que trabajan día a día para que esto sea real”.

El primer traslado de embriones ocurrió en 2021. Pero solo fue posible tras el esfuerzo de más de dos décadas para restaurar la isla Guadalupe y proteger a las aves marinas que allí anidan, incluyendo el albatros de Laysan.

Dedicar su vida a los albatros no estaba en la mente de Hernández Montoya cuando llegó por primera vez a la isla. No sospechaba que su existencia tomaría un rumbo muy diferente.

Albatros de Laysan empollando un huevo
En la Isla Guadalupe los huevos que llegan desde Hawái son “adoptados” por padres de otra especie. Foto: © GECI / J.A. Soriano

Cabras, ratones y gatos

Julio Hernández Montoya es oceanólogo. Nació en un estado sin costas, Guanajuato, pero su pasión por la vida marina lo llevó a hacer su licenciatura y maestría en Baja California. A la isla Guadalupe llegó en 2006 para estudiar un lobo marino endémico de la isla, el lobo fino de Guadalupe.

“Cuando llegué ya había un grupo de la sociedad civil, el Grupo de Ecología y Conservación de Islas, GECI, del que ahora soy parte, trabajando por la restauración de la isla”.

El científico acabó uniéndose a lo que resultó ser un desafío monumental.

“Hacía más de 200 años los seres humanos habían introducido cabras. Hay registros de más de cincuenta mil cabras en la isla y hay viejos marineros que mencionan que veían manadas y no veían donde terminaban”.

Las cabras devoraron los arbolitos pequeños y devastaron los bosques. “Es como tener una ciudad sin bebés por doscientos años. Todo el bosque empezó a colapsar”.

A las cabras se sumaron ratones introducidos en forma accidental por la colonización humana.

“Como no tenían depredadores las poblaciones de ratones se fueron para el cielo, y para controlar al ratón metieron al gato”.

Si las cabras fueron nefastas para la vegetación, los gatos fueron mortíferos para las aves marinas, muchas de las cuales anidan en el suelo.

En una noche un solo gato podía depredar veinte aves adultas”.

Seis especies de aves endémicas de la isla se extinguieron, como el caracara de Guadalupe, el chivirín cola oscura y el carpintero de Guadalupe.

El científico compara los esfuerzos por restaurar la isla con un partido de fútbol.

Durante años se jugó “a la defensiva” creando cercos para proteger a la vegetación y a las aves. Pero erradicar por completo a las especies invasoras requirió “pasar a la ofensiva”, con trampas y hasta cacería por helicóptero en acantilados en el caso de las cabras.

El resultado no se hizo esperar.

“Parecía una locura”

“Al eliminar las cabras, la isla comenzó a brotar nuevamente con bosques. Toda la comunidad vegetal comenzó a recuperarse”, señala Julio Hernández.

Y con la ausencia de gatos, las aves marinas pudieron anidar nuevamente.

“En 2003 había poco más de cincuenta parejas de albatros de Laysan en isla Guadalupe. Ahorita en 2024 tenemos entre la isla e islotes mil setecientas setenta parejas.”

Hernández Montoya junto a colegas de GECI en la Isla Guadalupe
“Junto a mí hay cientos de personas…que trabajan día a día para que esto sea real”. Foto: © GECI / J.A. Soriano.

Hernández Montoya y sus colegas de GECI comenzaron a presentar su trabajo en congresos internacionales.

Mientras las colonias de albatros en todo el mundo iban en declive, isla Guadalupe “estaba cada vez más consolidándose como la colonia reproductiva más importante del Pacífico Este”.

Los resultados alentadores de México contrastaban con la desoladora experiencia de otras colonias de albatros. Intercambiando experiencias y capacidades surgió una alianza sin precedentes entre GECI y científicos de la ONG estadounidense Pacific Rim Conservation, que trabaja con aves marinas, incluyendo albatros, en islas hawaianas.

Algunas de esas islas, como la isla Midway, un importante centro poblacional de albatros, son atolones. “Son islas muy bajas y el aumento del nivel del mar por el cambio climático está generando pérdida de hábitat”.

El calentamiento global está alterando además la temperatura del océano y la atmósfera, aumentando tanto la frecuencia e intensidad de tormentas y huracanes como la distribución de presas de las que se alimentan las aves.

Y otro gran problema para los albatros en Midway es la basura plástica. “Los padres confunden el plástico con calamar, sardina o anchoveta y los polluelos mueren por obstrucción gástrica”.

En los continuos diálogos entre científicos mexicanos y estadounidenses comenzó a gestarse una idea que en ese entonces “parecía una locura”, recuerda Julio Hernández.

Los investigadores en Hawái ya estaban trasladando aves de islas bajas a islas más altas. ¿Sería posible aunar el esfuerzo de dos países para llevar albatros de un extremo a otro del Pacífico?

¿Y salvarlos con la ayuda de padres adoptivos?

Incubadora con huevos
Los huevos son transportados en incubadoras cuya temperatura debe ser monitoreada en forma continua. Foto: © GECI / J.A. Soriano

Crianza cruzada

El proyecto, que lideran Hernández Montoya en México y Eric VanderWerf en EE.UU., es un ejemplo de lo que se conoce como “translocación cruzada”.

“Translocar es mover una especie de un lugar a otro dentro de su mismo rango de distribución”, explica el científico mexicano.

La translocación en este caso es “cruzada” porque para salvar a una especie, el albatros patas negras (Phoebastria nigripes), se involucra a otra diferente, el albatros de Laysan (P. immutabilis).

El punto de partida es la isla Midway. “Allí marcamos los nidos de albatros patas negras más vulnerables a ser erosionados por el alto oleaje. A veces vamos al día siguiente y el mar ya se los llevó y hay que escoger otros. Esto muestra la velocidad a la que hay que tomar decisiones”.

Los huevos son rescatados en enero, por lo menos veinte días antes de que el polluelo eclosione o rompa el cascarón en febrero.

“Si los trasladáramos más cerca de la eclosión serían muy frágiles y vulnerables al transporte, y además no queremos que los pollitos nazcan en media travesía”.

Para conocer el estado del embrión los científicos se cubren con una capucha negra.

“Como está oscuro, con una lámpara vemos a través del cascarón. Podemos ver así el tamaño y salud del embrión”.

Pero escoger los huevos es apenas el comienzo. Lo que sigue es un reto de logística titánico y a contrarreloj.

Huevos con su cinturón de seguridad

“Midway está como su nombre lo dice a la mitad del Pacífico. Cuando rescatamos los huevos los ponemos en pequeñas incubadoras en donde podemos acomodar máximo nueve huevos”.

“El mismo día que colectamos los huevos volamos tres horas en un jet de Midway a Honolulú”.

Debido a la gran cantidad de albatros el vuelo debe despegar de noche, cuando las aves están en su nido y el cielo está libre.

Una vez en Honolulú se certifican permisos de exportación y protocolos de sanidad, y el viaje sigue en un vuelo comercial de cinco horas hacia San Diego, California.

“Hawaian Airlines nos apoyó generosamente y regaló los asientos para las incubadoras, que van sentadas con nosotros los pasajeros y con su propio cinturón de seguridad”.

Tras pasar la noche en un hotel, estabilizando la temperatura de los huevos, la travesía continúa desde San Diego a Tijuana.

“Volamos en un aerotaxi, una avioneta en que va el piloto y dos personas con las incubadoras. Los demás vamos por tierra, cruzamos la frontera y cachamos la avioneta”.

Científicos con incubadoras en el vuelo de Tijuana a la Isla Guadalupe
Vuelo desde Tijuana a la Isla Guadalupe. “Te sientes muy conmovido porque sabes que llevas ahí una luz de esperanza para una especie”. Foto: © GECI / J.A. Soriano.

Ya en territorio mexicano se verifican permisos de importación “y del aeropuerto de Tijuana volamos a la Isla Guadalupe en una avioneta para seis pasajeros. Vamos el personal de GECI al cual pertenezco, el personal de Pacific Rim y las incubadoras”.

La pista aérea de Guadalupe está en la mitad de la isla y aún hay que llegar a la colonia de anidación en el extremo sur.

“Es un camino de terracería y tenemos que ir muy despacio, a vuelta de rueda, tratando que el vehículo no se mueva mucho para no lastimar los huevos”.

El viaje completo desde Midway a Guadalupe lleva al menos 48 horas y genera un vendaval de emociones, relata Hernández Montoya.

“Lo sentimos incluso como un honor. La ilusión para los biólogos del equipo es en algún momento del viaje llevar la incubadora con tanta responsabilidad como si estuviéramos pasándonos el pebetero olímpico”.

Te sientes muy conmovido porque sabes que llevas ahí una luz de esperanza para una especie, embriones que están latiendo y que se rescataron de un lugar donde seguramente iban a morir en unos días”.

“Escogemos a los mejores padres”

Tras arribar a la isla, los huevos “duermen esa misma noche con sus padres adoptivos”.

Y eso es posible porque antes de la llegada de los huevos, biólogos en la Isla Guadalupe han inspeccionado durante más de dos meses todos y cada uno de los nidos de albatros de Laysan.

“Si algún huevo se rompió por cuestiones naturales, no fue fecundado o el embrión estaba muerto, nuestro equipo lo sustituye por un huevo señuelo, un huevo falso hecho de una mezcla de cemento y yeso. ¿Para qué? Para mantener a los padres incubando porque son propectos de padres adoptivos”.

“Además, la ventaja de llevar monitoreando la colonia más de 20 años es que conocemos el historial reproductivo. Escogemos a los mejores padres, a los que han criado mejor a sus hijos en el pasado”.

Una científica de GECI sustituye un huevo señuelo en un nido por un huevo de albatros patas negras
Los huevos señuelo son sustituidos por los huevos de albatros patas negras translocados desde Midway. Foto: © GECI / J.A. Soriano.

Los padres adoptivos no rechazan a sus nuevos hijos. La diferencia entre pollitos de albatros patas negras y de Laysan es casi imperceptible al principio.

En mayo, cuando ya se ven diferentes, los padres llevan unos cuatro meses criándolos.

Ya tienen una relación con su pollito y les importa poco si su hijo les salió negro en lugar de blanco”.

Pollito de cuatro meses con sus padres adoptivos
Con 4 meses el pollito de albatros patas negras es distinto al de un pollito de albatros de Laysan. Pero los padres adoptivos “ya tienen una relación con su pollito y les importa poco si su hijo les salió negro en lugar de blanco”. Foto: © GECI / J.A. Soriano

¿Huevos o pollitos?

El primer año del proyecto (2021) los científicos trasladaron tanto huevos como polluelos para evaluar la mejor estrategia de translocación.

Si se trasladan pollitos ya nacidos, la ventana para hacerlo es de solo una semana.

“Tenemos que rescatarlos por lo menos quince días después de que hayan roto su huevo, porque antes de eso no generan su propia temperatura y tiene que estar el padre encima para calentarlos”.

Pero el pollito no puede ser lo suficientemente grande como para “improntarse” en Hawái.

“Impronta es cuando el pollito reconoce dónde nació y no queremos que lo haga porque no queremos que cuando sea adulto regrese a Hawái”.

Muchos seres vivos, explica Julio Hernández Montoya, usan una estrategia llamada “filopatria”: regresan a reproducirse al lugar donde nacieron. “La usan las ballenas, las tortugas, tiburones, el albatros de Laysan y muchas aves”.

Los pollitos de albatros “se ubican con las estrellas. Entonces tenemos que quitarlos de su nido antes de que ellos ubiquen el cielo y hagan sus mapas estelares”.

Científicos con cajas que contienen pollitos
Los pollitos nacidos en Hawái deben ser trasladados antes de que reconozcan donde nacieron. Foto: © GECI / J.A. Soriano
Científicos con cajas que contienen pollitos
Los pollitos ya nacidos en Hawái son transportados en cajas. El estrés del viaje puede ser fatal. Foto: © GECI / J.A. Soriano

El viaje de los pollitos desde Midway a Guadalupe es similar al de los huevos.

La gran diferencia es que en el caso de pollitos ya nacidos no es posible usar padres adoptivos.

“No podemos quitar un huevo del nido y darles a los padres un pollo de tres semanas porque no lo van a reconocer”.

Los pollitos deben ser criados en una colonia artificial por los propios científicos, que los alimentan con licuados de calamar, pescado, vitaminas y suero, ajustados día a día según el tamaño del pollito y el clima.

“Cuando hace más calor les damos más suero para hidratarlos, cuando hace más frío les damos más lípidos, más grasas”.

Científica de GECI usando una sonda para alimentar un pollito
Los pollitos translocados luego de nacer en Hawái no pueden ser criados por padres adoptivos y son alimentados por los científicos. Foto: © GECI / J.A. Soriano

Cada opción, translocar huevos o pollitos, tiene sus ventajas y desventajas.

Los huevos son muy frágiles y pueden dañarse en la translocación y la incubación.

Por otra parte, el estrés de un viaje de tantas horas puede ser fatal para los pollitos. Y la crianza y alimentación con licuados es un trabajo intenso y delicado.

Actualmente solo se trasladan huevos. Sin embargo, si las condiciones oceánicas no son favorables y los padres adoptivos no encuentran suficiente alimento, los científicos complementan la nutrición del pollito.

Al final nuestra metodología terminó siendo un híbrido. Criamos a los pollitos entre los padres adoptivos y los humanos”.

Pollito junto a una ave falsa
Los pollitos nacidos en Hawái son criados en una colonia artificial con señuelos y reproductores de sonidos de albatros. Foto: © GECI / J.A. Soriano.

La inesperada llegada de Bruno

Ya han “egresado” de la colonia de Guadalupe más de 90 aves trasladadas desde Midway como huevos o pollitos. “Si todo sale bien vamos a llegar este año a 127 albatros patas negras translocados, criados y que abandonaron el nido para continuar su ciclo de vida en el mar”.

Los albatros adultos abandonan la isla Guadalupe en julio hacia zonas del Pacífico norte ricas en nutrientes como la costa de Alaska y regresan en noviembre para iniciar el cortejo y reproducirse.

Los juveniles también se van en julio, pero suelen volver a la isla recién cuando están en edad de reproducirse, unos cuatro años después.

Los científicos esperaban con anhelo que los primeros huevos o pollitos translocados regresaran a la isla Guadalupe en 2025.

La vida, sin embargo, les regaló una enorme sorpresa.

“El 9 de febrero de 2024 iba yo llegando a la colonia y volteo y veo en medio de un cúmulo de nidos un albatros negro. Con mis binoculares vi que traía un anillo anaranjado de los que nosotros les poníamos para identificarlos. Supe que era un macho, que se llamaba Bruno, y que lo habíamos transportado de la isla Midway como pollito”, recuerda Hernández Montoya.

“Corrí al auto y llamé por radio a mis compañeros. Fue toda una fiesta, lloramos, nos abrazamos, esperábamos ese momento pero no en 2024”.

Días después llegó Hope, una hembra de albatros patas negras que había sido trasladada como huevo. Y en lo que va del año han aparecido en total ocho aves del proyecto, prueba de que los albatros translocados, sea como huevos o como pollitos, reconocen como su “patria” a la isla Guadalupe.

Bruno
Bruno, el primer albatros patas negras translocado que regresó a Juliola Isla Guadalupe. Foto: © GECI / J.A. Soriano.

“Sí se puede”

Julio Hernández Montoya y sus compañeros planean continuar con la translocación e iniciar un nuevo proyecto para proteger a los albatros más allá de la etapa de reproducción.

Con marcadores GPS en las aves esperan evaluar el número de albatros que mueren atrapados en redes de pesca, una de sus principales amenazas, y proponer estrategias para reducirlo.

Al concederle el premio, National Geographic describió a Hernández Montoya como un defensor de la conservación con la capacidad de inspirar.

Julio Hernández Montoya en la Isla Guadalupe
Julio Hernández Montoya en la Isla Guadalupe. El científico recibió el premio Buffet de National Geographic por liderazgo en conservación. Foto: © GECI / J.A. Soriano.

Para el científico, el proyecto ofrece importantes aprendizajes.

“Es la consecuencia de mucho trabajo previo para restaurar un área. A nosotros como mexicanos nos da mucho orgullo el poder decir que tenemos veinticinco años trabajando para restaurar una isla mexicana, y ese trabajo con tesón y visión a largo plazo nos permite hoy ofrecerla al mundo para rescatar otra especie”.

Otra lección es la importancia de colaborar en varios niveles: entre la sociedad civil y el gobierno, y entre “vecinos con tanto en común, México y Estados Unidos, con un fin tan noble como el bienestar de una especie”.

“Y ni se diga el poder compartir un objetivo de crianza entre el humano y el albatros de Laysan para salvar al albatros patas negras”.

“El mundo necesita nuestra ayuda”, reflexiona Hernández Montoya.

“El proyecto muestra que sí se puede, que estamos a tiempo de salvar un ecosistema. ¿Cuál es la clave? La cooperación, el estrechar lazos, la empatía y el trabajo dedicado y consciente”.

“Si se pudo hacer en una majestuosa isla remota en medio del Pacífico se puede hacer en todo el planeta”.

Un pollito de albatros patas negras rompiendo el cascarón en el nido que resguarda un albatros de Laysan
“El proyecto muestra que sí se puede, que estamos a tiempo de salvar un ecosistema”. Foto: © GECI / J.A. Soriano
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Etiquetas:
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