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¿De qué mueren los mexicanos, a qué edad, en dónde y por qué los sábados?
¿De qué mueren los mexicanos, a qué edad, en dónde y por qué los sábados?
Cuartoscuro
4 minutos de lectura
¿De qué mueren los mexicanos, a qué edad, en dónde y por qué los sábados?
El 44.6% de las muertes registradas tuvieron lugar en el hogar, el 18.8% en el IMSS y el 13.8% en la Secretaría de Salud, de acuerdo con el Inegi.
31 de octubre, 2019
Por: Contenido Animal Político
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¿De qué mueren los mexicanos? Las cinco principales causas tanto en hombres como en mujeres son las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus, los tumores malignos, los padecimientos del hígado y los homicidios.

Enero y diciembre son los meses en los que más defunciones ocurren, mientras que en junio y septiembre se registran menos muertes.

En 2018 murieron 722 mil 611 mexicanos, según los registros generados a partir de los certificados de defunción del Registro Civil, los Servicios Médicos Forenses y de los cuadernos estadísticos suministrados por las Agencias del Ministerio Público.

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El 56.4% fueron hombres, el 43.5% mujeres y en 376 casos el sexo no fue especificado, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi).

La mayoría de las defunciones se concentra en las personas de 65 años y más (404 mil 398, equivalentes al 56%).

¿En dónde muere la gente? El 44.6% (322 mil 490) de las muertes registradas tuvieron lugar en el hogar, el 18.8% (135 mil 810) en el IMSS y el 13.8% (99 mil 767) en la Secretaría de Salud.

El sábado es el día en qué más defunciones se registran, esto ocasionado por accidentes de transporte.  Marzo y diciembre son los meses en los que ocurrieron más muertes.

La hora del deceso por accidentes de transporte que presenta son las 00 horas con el 6.8% (mil 086 casos), seguidas de las que ocurrieron a las 20 horas con 5.4% (859 casos). La estadística presenta 7.6% de horas no especificadas.

Del total de muertes por accidente de transporte (16 mil 035), 80.4%,  12 mil 889 casos correspondieron a hombres y 19.6% (3 mil 139 casos) a mujeres. Los grupos de edad de hombres en los que se concentra el mayor número de accidentes de tránsito son el de entre 15 a 24 años con 2  mil 863 casos, el de 25 a 44 años con 2 mil 729 casos y el de 35 a 44 años con 2 mil 179 casos. Para las mujeres, estos se ubican principalmente en el grupo de los 15 a 24 años de edad, con 509 casos

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Respecto a las muertes ocasionadas por enfermedades del corazón, que asciende a 149 mil 368 casos, las isquémicas (reducción del flujo sanguíneo al corazón por bloqueo parcial o total de las arterias) representaron el 72.7% con 108 mil 616 casos. Seguidas por las hipertensivas con 15.9% (23 mil 715 casos) y las relacionadas con la circulación pulmonar y otras enfermedades del corazón con 10.9% (16 mil 278 casos).

A la fiebre reumática aguda y enfermedades cardiacas reumáticas crónicas les correspondió en conjunto, el 0.5% (759 casos).

Las defunciones que ocurren a causa de la diabetes mellitus han escalado posiciones entre las principales causas de muerte: en 2018 se presentaron 101 mil 257 casos total.

Las defunciones causadas por tumores malignos también han ido en aumento, si bien a un menor ritmo que las que ocuparon las primeras dos posiciones, su tendencia va en aumento. Esta causa se encuentra entre los primeros cinco lugares en prácticamente todos los grupos de edad.

Entre las defunciones provocadas por tumores malignos, las cuales totalizaron 85 mil 754 casos, sobresalen los de órganos digestivos con 27 mil 455 casos (32%), seguidos de los de los órganos genitourinarios con 19 mil 798 casos (23.1%) y los de los huesos, de los cartílagos articulares, del tejido conjuntivo, de la piel y de la mama con 11 mil 647 casos (13.6%).

De acuerdo con las cifras de Inegi, los decesos por enfermedades del hígado se observan con mayor frecuencia a partir de los 25 años, particularmente por origen alcohólico.

En 2018 se registraron 83 mil 749 defunciones por causas externas, las ocasionadas por un presunto accidente representaron el 41.3% (34 mil 589), las causadas por un presunto homicidio con el 43.81% (36 mil 685), mientras que el 8.13% (6 mil 808), tuvieron como causa un presunto suicidio.

En ese año se registraron 36 mil 685 homicidios en México (quinta causa de muerte) de los cuales 3 mil 752 (10.2%) fueron de mujeres y 32 mil 765 (89.3%) de hombres. En 168 casos no se especificó el sexo de la persona fallecida.

La mayoría de esas lesiones se generó por: arma de fuego en 25 mil 699 casos (70.1%), seguida de las lesiones con objeto cortante con 4 mil 130 casos (11.3%) y los ahorcamientos, estrangulamiento y sofocación con 2 mil 412 casos (6.6%).

De acuerdo con la estadística de defunciones registradas, en 2018, la mayor frecuencia de los homicidios se presentó en los meses de julio con 8.9% (3 280 casos) y mayo con 8.6% (3 163 casos).

La tasa de homicidios a nivel nacional es de 29.3 homicidios por cada 100 mil habitantes, superior a la registrada en 2017, que fue de 25.9 homicidios por cada 100 mil habitantes.

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Las desventajas de que nuestros ancestros perdieran la cola
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Las desventajas de que nuestros ancestros perdieran la cola
El 44.6% de las muertes registradas tuvieron lugar en el hogar, el 18.8% en el IMSS y el 13.8% en la Secretaría de Salud, de acuerdo con el Inegi.
01 de marzo, 2024
Por: BBC News Mundo
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Si uno busca con la palabra “evolución” en Google en imágenes lo que vamos a ver es una gran variedad de la famosa ilustración de Ralph Zallinger: la marcha del progreso.

De izquierda a derecha, vemos a un chimpancé que camina con los nudillos ir evolucionando gradualmente hasta hacerlo de forma erguida como un ser humano.

En estas imágenes -y en el título de la foto- están implícitos los prejuicios de la visión común de la evolución: que somos una especie en el punto máximo de la cadena evolutiva, el producto perfeccionado del proceso.

Imaginamos que somos los supervivientes más aptos, lo mejor de lo que podemos ser. Pero visto así, hay una paradoja. Si somos tan asombrosos, ¿cómo es posible que tantos de nosotros padezcamos enfermedades genéticas o de desarrollo?

Un nuevo estudio, publicado en la revista Nature, ofrece una explicación de nuestro desarrollo temprano, propenso a errores, al analizar los cambios genéticos que permitieron a nuestros antepasados perder la cola.

Adaptación de la ilustracióno La marcha del progreso de Rudolph Zallinger.
Getty Images
La ilustración de Rudolph Zallinger, La marcha del progreso, ha dado lugar a un millón de imitaciones.

Las estimaciones actuales sugieren que alrededor de la mitad de los óvulos fecundados nunca llegan a ser embarazos reconocidos y que por cada niño nacido unos dos nunca llegan a término.

En peces y anfibios, una muerte tan temprana es inaudita. De los que tenemos la suerte de nacer, algo menos del 10% padecerá una de los muchos miles de enfermedades genéticas “raras”, como la hemofilia. Las enfermedades no tan raras, como la anemia falciforme y la fibrosis quística, afectan a un número aún mayor de nosotros.

¿Ocurriría esto en una especie cin tanto éxito evolutivo? ¿Dónde está el progreso?

Existen múltiples soluciones posibles a este problema. Una es que, en comparación con otras especies, tenemos una tasa de mutación inusualmente alta, por lo que existe una probabilidad relativamente alta de que en tu ADN haya un cambio que no haya sido heredado ni por tu madre ni por tu padre.

Probablemente naciste con entre diez y cien cambios nuevos en tu ADN. En la mayoría de las demás especies, ese número es inferior a uno, y a menudo muy inferior.

La genética de las colas

Una de las diferencias más evidentes entre nosotros y muchos parientes primates es que no tenemos cola.

La pérdida de la cola se produjo hace unos 25 millones de años (a modo de comparación, nuestro antepasado común con los chimpancés fue hace unos 6 millones de años). Aún conservamos el coxis como resabio evolutivo de este ancestro portador de cola.

La pérdida de esta extremidad se produjo en nuestros antepasados simios al mismo tiempo que la evolución de una espalda más erguida y, a su vez, una tendencia a utilizar sólo dos de las otras cuatro extremidades para sostener el cuerpo.

Peces en el agua.
Getty Images
En los peces y anfibios el índice de mortalidad durante la fecundación es muy inferior al de los seres humanos.

Aunque podemos especular sobre por qué estos cambios evolutivos pueden ir unidos, eso no aborda el problema de cómo (y no por qué) evolucionó la pérdida de la cola: ¿cuáles fueron los cambios genéticos subyacentes?

El estudio llevado a cabo recientemente aborda precisamente esta cuestión y ha identificado un intrigante mecanismo genético: el hecho que muchos genes se combinan para permitir el desarrollo de la cola en los mamíferos.

El equipo descubrió que los primates sin cola tenían un “gen saltarín” adicional -secuencias de ADN que pueden transferirse a nuevas zonas de un genoma- en uno de esos genes determinantes de la cola, el TBXT.

Una gran parte de nuestro ADN son restos de esos genes saltarines que las proteínas que especifian su frecuencia (la función clásica de los genes), por lo que la ganancia de un gen saltarín no tiene nada de especial.

Costo de la evolución

Lo que fue inusual fue el efecto que tuvo esta nueva adición. El equipo también identificó que los mismos primates también tenían un gen saltarín más antiguo pero similar a muy poca distancias en el ADN, incrustado dentro del gen TBXT.

La proximidad de estos dos genes alteraba el procesamiento del ARN mensajero resultante del TBXT (moléculas creadas a partir del ADN que contienen instrucciones para fabricar proteínas).

Los dos genes saltarines pueden pegarse entre sí en el ARN, haciendo que el bloque de ARN entre ellos quede excluido del ARN que se codifica en proteína, lo que da lugar a una proteína más corta.

Para ver el efecto de esta exclusión inusual, el equipo imitó genéticamente esta situación en ratones creando una versión del gen TBXT de ratón a la que también le faltaba la sección excluida. Y, efectivamente, cuanto mayor era la forma del ARN con la sección del gen excluida, más probable era que el ratón naciera sin cola.

Eso ofrece una firme teoría sobre un cambio mutacional que sustenta la evolución de no tener cola.

Pero el equipo observó otra cosa extraña. Si se crea un ratón con sólo la forma del gen TBXT con la sección excluida, pueden desarrollar una afección muy parecida a la espina bífida humana (cuando la columna vertebral y la médula espinal no se desarrollan correctamente en el útero, causando un hueco en la columna vertebral).

Radiografía de la pelvis y la columna lumbosacra con espina bífida.
Getty Images
Radiografía de la pelvis y la columna lumbosacra con espina bífida.

Anteriormente se habían relacionado con esta enfermedad mutaciones en el TBXT humano. Y hay que observar que otros ratones también presentaban diferentes defectos en la columna vertebral y la médula espinal.

El equipo sugiere que, al igual que el coxis es una secuela evolutiva de la falta de cola que todos tenemos, la espina bífida puede ser una secuela rara de la alteración del gen que sustenta nuestra falta de cola.

No tener cola, sugieren, era una gran ventaja, por lo que un aumento de la incidencia de la espina bífida seguía mereciendo la pena. Este puede ser el caso de muchas enfermedades genéticas y del desarrollo: son un subproducto ocasional de alguna mutación que, en conjunto, nos ayudó.

Trabajos recientes, por ejemplo, descubren que las variantes genéticas que nos ayudan a combatir la neumonía también nos predisponen a la enfermedad de Crohn .

Esto demuestra lo engañosa que puede ser la marcha del progreso y que la evolución sólo puede tratar la variación presente en cada momento.

Así como lo muestra este último estudio, muchos cambios también conllevan costos, algo que se podría entender no tanto como una marcha sino más bien como un tambaleo ebrio.

* Laurence D. Hurst es catedrático de Genética Evolutiva en el Centro Milner de Evolución de la Universidad de Bath, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original y ver los vínculos a los estudios citados.

Línea BBC
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