La construcción de una marina y la desviación del Arroyo Santiago para el proyecto turístico e inmobiliario Costa Palmas, de la empresa Desarrolladora La Ribera, ha modificado la línea de costa y puesto en riesgo el derecho a la pesca de 80 pescadores en la comunidad de La Ribera, Baja California Sur.
En algunos tramos la playa se ha erosionado y en otros ha ganado terreno al mar, un proceso conocido como acreción. Sobre este último caso, el proyecto se ha apropiado de los terrenos que ha dejado el retroceso del mar y ha obtenido la concesión de la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat), que equivale a 20 metros de ancho contiguos al mar.
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Debido al incremento de la playa, la concesión de los pescadores ya no se encuentra en la orilla del mar, sino a unos 200 metros tierra adentro en una superficie que ya no les sirve para varar y desvarar sus embarcaciones.
“En aquel tiempo, el mar bañaba la arena como a 200 metros más hacia arriba. Posteriormente, Costa Palmas ganó terrenos al mar, la playa se retiró y el mar se fue haciendo más para allá”, explicó Mario Leal Armenta, secretario de la Federación de Sociedades Cooperativas del Sur de Los Cabos que agrupa a nueve cooperativas, entre ellas, Cooperativa Leal, de la que es miembro.
De acuerdo con Leal, ninguna de las dos concesiones cumple el objetivo con el que fueron otorgadas, ya que la de Costa Palmas es para conservación, y la de los pescadores es para varar y desvarar embarcaciones, usos que no se les da actualmente.
Por esta razón los pescadores exigen desde hace un año a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) que revoque ambas concesiones y que entregue al Ayuntamiento de Los Cabos un acuerdo de destino provisional para mantener el uso público de la playa.
“Con el acuerdo de destino provisional el municipio sería el encargado de administrar el área y después decidirán si se concesiona a la comunidad, a la federación o a las cooperativas, pero ahorita lo que queremos es que la comunidad de La Ribera no pierda las playas y se mantengan de uso común”, señaló Leal.
Para este reportaje Causa Natura Media contactó a la empresa Desarrolladora La Ribera a través de los canales de comunicación disponibles de Costa Palmas y hasta el momento de la edición no ha habido una respuesta.
Costa Palmas se asentó a partir de 2006 frente a una playa de 3.2 kilómetros en un área de 360 hectáreas de tierra comunal en la desembocadura del Arroyo Santiago, que tiene una forma de abanico de 4.3 kilómetros de ancho. En el sitio se extendía un humedal costero con nueve hectáreas de cuerpos de agua, 5.9 hectáreas de dunas y 1.9 hectáreas de palmar, que fueron removidas o rellenadas para estabilizar el suelo.
El arroyo aportaba sedimento a una extensa playa de 7.8 kilómetros de arena dorada fina. Ahí aproximadamente 100 pescadores, organizados en cuatro cooperativas trabajaban en la amplia playa frente al pueblo y dejaban varadas sus embarcaciones en la concesión DGZF-636/01, que conservan y comparten desde 1994. Se trata de 400 metros de largo y 20 metros de ancho, bajo un título a nombre de la Cooperativa Punta La Ribera.
Antes de Costa Palmas, la playa solía ser la plaza pública de la comunidad, es decir, el espacio de encuentro por excelencia, señaló la tesis de Carmina Valiente, profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California Sur.
Los pescadores eran quienes hacían una ocupación más evidente con las enramadas, estructuras hechas con hoja de palma de dátil, en donde se refugiaban del calor a la orilla del mar y fileteaban el pescado después de las faenas en el mar.
“La playa y las enramadas eran nuestra segunda casa. Nos íbamos a platicar, a tomar un refresco, unas cervezas, a hacer algún pescado, a convivir con nuestros amigos. Ahora no hay nada, en la playa no hay ninguna enramada, tampoco está la palapa grande que había y que de repente desapareció. Poco a poco nos han ido desmantelando”, señaló Leal.
Hace 10 años Leal tenía su propia enramada en la playa pero cuando se cayó e intentó levantarla, la dirección de Zofemat de Los Cabos le negó esta posibilidad. Así, una a una, las enramadas fueron desapareciendo.
Todavía hay pescadores más jóvenes como Roberto Minjares, miembro de la cooperativa Pescadores del Cortés, que vieron la playa libre, se podía varar y desvarar sin ningún problema. Sin embargo, eso cambió.
“El año 2006 marca un antes y un después en la historia de la gran transformación que tenemos hoy”, señaló Reina Macklis, residente de la comunidad. Entre 2006 y 2008, la empresa Desarrolladora La Ribera recibió las autorizaciones ambientales de Semarnat para construir el megaproyecto náutico y residencial conocido hoy como Costa Palmas, que incluía un club de playa, una zona comercial, un campo de golf de 57 hectáreas, 300 cuartos de hotel, 800 unidades de condominios y 945 lotes residenciales.
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Lo primero que hicieron fue cercar el terreno de 360 hectáreas y solo dejaron un acceso en medio de los 3.2 kilómetros de frente de playa.
En 2008 recibieron las autorizaciones para la construcción de un fraccionamiento náutico residencial, canales de navegación, zona de comercio, lotes al canal, área de servicio, lotes aledaños a la marina, club de playa, lotes frente al mar y dos escolleras (norte y sur) de 200 metros para el canal de acceso, que modificaron con una ampliación de 157 metros a la escollera norte en 2018.
“Desde el principio (la marina) no estuvo bien diseñada y no fue evaluada de manera correcta. El sedimento empezó a entrar en los canales de navegación, se azolvaba, tenían que estar dragando de manera continua y era insostenible a largo plazo”, señaló Sarahí Gómez, coordinadora de investigación en el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda).
La erosión y acreción son procesos naturales de la costa, pero estos se pueden exacerbar por actividades humanas. De acuerdo con Enrique Nava, profesor investigador del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional, las infraestructuras que generan más impacto en este sentido son los espigones y escolleras.
Las escolleras son estructuras de piedra en el mar colocadas de forma vertical u horizontal para desviar el impacto del oleaje y proteger los puertos. Sin embargo, el gran problema de estas estructuras es que de un lado retienen sedimento y del otro lado favorecen la erosión.
Otro factor que aceleró la acreción y erosión de playas fue la obra de encauzamiento del Arroyo Santiago, que reclamaba su cauce y provocaba estragos en zonas colindantes de Costa Palmas, inundando los campos de golf, por ejemplo.
En 2018 la empresa recibió la autorización de la Semarnat para la construcción de dos muros y confinar el cauce del arroyo de ambos lados. El lado izquierdo está próximo a construirse, mientras que el lado derecho tiene una longitud de 7.7 kilómetros con alturas desde 2.77 hasta cinco metros y fue inaugurado en septiembre de 2023. A partir de entonces el arroyo está confinado y corre en un canal más angosto que su cauce natural.
El confinamiento tiene como consecuencia que la arena que transportaba y que antes se distribuía en toda la desembocadura del arroyo, ahora solo sale por una sección estrecha de la playa, lo que forma un montículo que para el oleaje es más difícil de mover y distribuir entre todas las playas, explicó Armando Trasviña Castro, investigador titular del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Unidad La Paz.
“La obra de encauzamiento crea una alteración de la dinámica del transporte de arena en el litoral de la costa y además la escollera va a retener el sedimento que debería abastecer las playas al sur. Es como darse un tiro en el pie porque esa arena es la que crea nuestras playas, y las playas crean la duna y la duna crea la protección de la línea de costa. Es justamente lo que no debe de hacerse en el resto del estado”, señaló Trasviña.
La desviación del arroyo ha exacerbado los impactos de las escolleras en las playas del sur. Del lado donde está la playa El Surgidero o playa central, hubo erosión de la playa al grado de que puso en riesgo la marina y las residencias del proyecto.
El turismo de “sol y playa”, atractivo de Costa Palmas, se empezó a quedar sin lo segundo, por lo que en 2020 la Desarrolladora La Ribera ingresó ante la Semarnat un proyecto para rehabilitación y estabilización en la zona de playa frente a Costa Palmas, y así reducir los sitios erosionados, según señalaba la Manifestación de Impacto Ambiental.
Este proyecto fue autorizado en el 2021 y consistía en la instalación de siete islotes de arena y tres rompeolas, tres diques de protección, y relleno de playa para cubrir los diques y recuperar el ancho de playa que existía anteriormente.
“La afectación (por la erosión) era demasiada y obviamente los intereses del proyecto ya estaban en juego porque estaban perdiendo completamente la playa. Esto habla de cómo el mal diseño del proyecto empezó a tener consecuencias y lo llevaron a emprender acciones de rehabilitación, y que también no hubo una evaluación correcta respecto a los impactos y no se establecieron medidas de mitigación adecuadas”, señaló Gómez.
Añadió que Desarrolladora La Ribera fue denunciada ante la Profepa por iniciar con las obras de rehabilitación antes de contar con la autorización de Semarnat. Sin embargo, las denuncias no prosperaron.
Para Valiente, Costa Palmas es una inversión de alto riesgo, que fue planeada en papel, pero que ha tenido dificultades para su realización, lo cual ha elevado los costos de construcción y con ello la urgencia de continuar con la obra a toda costa.
Los pescadores vieron como el área frente a su concesión crecía lentamente y los alejaba de la costa. Con el dragado de la marina, sus playas pasaron de ser de arena limpia a llenarse de rocas.
A inicios de 2024, los pescadores solicitaron una dársena para las cooperativas y los permisionarios, que consistía en un espejo de agua con espigones y muelles para varar y desvarar embarcaciones. Durante este proceso se enteraron de que los terrenos ganados al mar al frente de su concesión y una nueva concesión al pie de la playa eran de Desarrolladora La Ribera.
En 2017 la Dirección General de Zofemat y Ambientes Costeros de la Semarnat renovó la concesión a la Cooperativa Pesquera Punta La Ribera con una vigencia de 15 años que abarca una superficie de 7 mil 986 metros cuadrados con 400 metros de largo. El uso que ampara el título es exclusivo para uso pesquero, es decir, para varar y desvarar embarcaciones.
Sin embargo, desde el 2005 la misma institución le entregó a Desarrolladora La Ribera una concesión de 142 mil metros cuadrados para la construcción y operación de la marina, un rompeolas y un muelle, y otra concesión por 68 mil 319 metros cuadrados que se traslapa con la concesión de los pescadores.
El uso otorgado para la concesión de la empresa que se traslapa con la de los pescadores es para uso exclusivo de protección, por lo que solo se permiten actos para mantener la superficie concesionada en estado natural.
“No autorizándole la instalación de elemento alguno, la realización de construcción alguna, la realización de actividad alguna ni la prestación de servicio de ningún tipo”, señalaba el título de concesión.
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Los pescadores denunciaron que Costa Palmas no ha respetado el uso de la concesión, ya que ha rellenado el área para evitar erosión y ha colocado infraestructura turística, avaladas por las autorizaciones de Semarnat para la rehabilitación y estabilización de la playa.
Además, señalaron que no puede haber dos concesiones de Zofemat en una misma zona, una frente a otra.
“Se tienen que analizar las condiciones en las que se le otorgó una concesión a Costa Palmas que está por encima de los derechos de los propietarios legítimos de la concesión (en referencia a los pescadores) y de usuarios de un sector que ha hecho un uso histórico de la zona. Además, Costa Palmas al ser el titular de esa porción de la Zofemat también ha condicionado el acceso a la zona y no debería de ser así”, señaló Gómez.
En 2016, representantes de Costa Palmas hicieron un convenio con los pescadores de la Cooperativa Punta La Ribera para el uso gratuito de la rampa en la marina, pero los pescadores, a expensas del convenio, temen que las condiciones cambien en cualquier momento.
Además el convenio no toma en cuenta a los pescadores de las otras cooperativas y a pescadores libres, por lo que pescadores como Minjares salen a pescar desde el único acceso que queda a la playa principal o pagan para hacer uso de la marina. Mientras que otros, al no tener un área definida, han dejado su vida en el mar para incorporarse a trabajar, incluso en Costa Palmas.
“Si seguimos así va a llegar el momento en que la práctica de la pesca va a quedar en el olvido. Somos pocos los que habemos. El tema de las concesiones y los terrenos ganados al mar por otras empresas nos ha llevado a la quiebra como pescadores”, señaló Minjares.
Los habitantes de La Ribera han sido desprovistos de lugares que histórica y culturalmente habían utilizado y los pescadores han sido desplazados de su espacio de trabajo.
La pérdida de estos ambientes implica también la violación al derecho a un medio ambiente sano, de acuerdo con Gómez.
Los pescadores de la comunidad viajaron a la Ciudad de México para exponer su caso ante las oficinas centrales de la Semarnat el 16 de enero pero no han tenido respuesta. En tanto, Leal señaló que el gobernador de Baja California Sur, Víctor Castro, no ha atendido las solicitudes de reunión de los pescadores desde abril de 2024.
“Somos un pueblo hecho de pescadores olvidados por los gobiernos que siempre apoyan más a las empresas del desarrollo que a nosotros”, señaló Minjares.
Resolver la situación de las concesiones y terrenos ganados al mar debe ser la prioridad para los gobiernos locales y federales, de acuerdo con los pescadores de La Ribera, para garantizar el futuro de este espacio público.
Los pescadores, como Leal, tienen esperanza de que el tema de las concesiones se resuelva a su favor ya que ven con optimismo el actuar de la nueva titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, quien ha revocado recientemente autorizaciones ambientales a proyectos cercanos a La Ribera, como Baja Bay y La Abundancia en Cabo Pulmo.
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Los investigadores consultados para este reportaje desconocen cuál será el desenlace de los impactos de la marina, las obras de estabilización y la desviación del arroyo, debido a que son procesos que suceden de manera casi imperceptible en el tiempo. Sin embargo, tienen certeza de que la forma más efectiva de proteger La Ribera y Baja California Sur es evitando que esto vuelva a pasar.
“Costa Palmas es un ejemplo de todo lo que no se debe hacer en un proyecto turístico costero. Era un proyecto que no era viable para la zona en la manera en la que estaba planteado, por lo que ha generado un cúmulo de afectaciones ambientales, económicas y sociales. Lo que le toca a la autoridad es (…) hacer una evaluación efectiva sobre la viabilidad ambiental de los proyectos y establecer las mejores medidas de mitigación porque es imposible resarcir por completo el daño cuando ya está hecho”, señaló Gómez.
*Este artículo se publicó originalmente en Causa Natura Media.
Los dos estadounidenses, quienes permanecieron casi nueve meses en la Estación Espacial Internacional, serán sometidos a una serie de exámenes que permitirán ampliar el conocimiento sobre los efectos para hombre de permanecer largas estancias fuera del planeta.
Los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore nunca se imaginaron que permanecerían nueve meses en órbita.
Su viaje a la Estación Espacial Internacional (EEI) a bordo de la nave espacial Boeing Starliner estaba programado para durar solo ocho días en junio de 2024. Pero por problemas técnicos, los cuales a obligaron a la nave a regresar a la Tierra sin ellos, su estancia en el espacio se prolongó.
Ahora que finalmente regresaron, la pareja tendrá que aclimatarse a la fuerza de la gravedad de nuestro planeta tras tanto tiempo lejos de casa.
Para ninguno de los dos los rigores de los viajes espaciales es algo nuevo. Ambos son astronautas experimentados.
Pero es probable que cualquier tiempo prolongado en el extraño entorno haya afectado sus cuerpos. Para comprender cómo, debemos observar a quienes han permanecido aún más tiempo en el espacio.
El vuelo espacial más largo realizado por un estadounidense hasta la fecha fue el del astronauta de la NASA Frank Rubio, quien pasó 371 días viviendo a bordo del conjunto de módulos y paneles solares del tamaño de un campo de fútbol americano que componen la EEI.
Su tiempo en órbita, que superó el récord anterior de 355 días consecutivos, se prolongó en marzo de 2023 después de que la nave espacial en la que él y sus compañeros debían regresar a casa sufriera una fuga de refrigerante.
Finalmente volvió en octubre de 2023. Los meses adicionales en el espacio le permitieron a Rubio completar un total de 5.963 órbitas alrededor de la Tierra, recorriendo 253,3 millones de kilómetros.
Aun así, le faltaron unos dos meses para alcanzar el récord del vuelo espacial más largo jamás realizado por un ser humano que ostenta el cosmonauta ruso, Valeri Polyakov, quien pasó 437 días a bordo de la Estación Espacial Mir a mediados de la década de 1990.
Y en septiembre de 2024, dos cosmonautas rusos, Oleg Kononenko y Nikolai Chub, batieron el récord de la estancia más larga en la EEI tras pasar 374 días en órbita. La pareja partió de la estación en la nave espacial Soyuz MS-25 junto con el astronauta estadounidense Tracy Dyson, quien pasó seis meses a bordo.
Con una gran sonrisa, Kononenko hizo un gesto de aprobación con los pulgares al recibir ayuda para salir de la cápsula de reentrada, tras impactar contra la Tierra en medio de una nube de polvo cerca de la remota ciudad de Jezkazgan, en la estepa kazaja.
Ahora también ostenta el récord de mayor tiempo acumulado en el espacio: un total de 1.111 días en órbita.
Kononenko y Chub recorrieron más de 254 millones de kilómetros durante sus 5.984 vueltas a la Tierra en su última misión en la EEI. Sin embargo, pasar tanto tiempo en el entorno de baja gravedad de la estación espacial les afectó gravemente, por lo que los equipos de rescate tuvieron que sacarlos de la cápsula.
El prolongado viaje de Rubio al espacio proporcionó valiosas perspectivas sobre cómo los humanos pueden afrontar los vuelos espaciales de larga duración y cómo contrarrestar mejor los problemas que pueden presentar.
Rubio es el primer astronauta en participar en un estudio que examina cómo el ejercicio con equipo de gimnasio limitado puede afectar al cuerpo humano.
Si bien los resultados aún no se han publicado, esta información será vital a medida que la humanidad se propone enviar misiones para explorar las profundidades del Sistema Solar. Por ejemplo, se espera que un viaje de regreso de Marte dure alrededor de 1.100 días (poco más de tres años) según los planes actuales.
La nave espacial en la que viajarán será mucho más pequeña que la EEI, lo que significa que se necesitarán dispositivos de ejercicio más pequeños y ligeros.
Pero dejando de lado los problemas para mantenerse en forma, ¿qué efectos tiene el vuelo espacial en el cuerpo humano?
Sin la constante presión de la gravedad sobre nuestras extremidades, la masa muscular y ósea comienza a disminuir rápidamente en el espacio.
Los más afectados son los músculos que ayudan a mantener la postura en la espalda, el cuello, las pantorrillas y los cuádriceps, pues en microgravedad, ya no tienen que esforzarse tanto y comienzan a atrofiarse.
Tras solo dos semanas, la masa muscular puede disminuir hasta un 20% y, en misiones más largas, de tres a seis meses, un 30%.
De igual manera, dado que los astronautas no someten sus esqueletos a tanta tensión mecánica como cuando están sujetos a la gravedad terrestre, sus huesos también comienzan a desmineralizarse y a perder fuerza.
Los astronautas pueden perder entre un 1% y un 2% de su masa ósea cada mes que pasan en el espacio y hasta un 10% en un período de seis meses (en la Tierra, los hombres y mujeres mayores pierden masa ósea a un ritmo del 0,5% al 1% anual).
Esto puede aumentar el riesgo de sufrir fracturas y alarga el tiempo de recuperación, pues la masa ósea puede tardar hasta cuatro años en recuperarse tras regresar a la Tierra.
Para combatir esto, los astronautas realizan 2,5 horas diarias de ejercicio y entrenamiento intenso mientras están en órbita. Esto incluye una serie de sentadillas, peso muerto y remos con un dispositivo de resistencia instalado en el gimnasio de la EEI, además de sesiones regulares de trote y de bicicleta estática.
También toman suplementos dietéticos para mantener sus huesos lo más sanos posible.
Sin embargo, un estudio reciente destacó que incluso este régimen de ejercicios no fue suficiente para prevenir la pérdida muscular. Y, por ello, se recomendó evaluar si cargas más altas de ejercicios de resistencia y un entrenamiento de alta intensidad a intervalos podrían ayudar a contrarrestar esto.
La falta de gravedad ejerce presión sobre el cuerpo humano, lo que significa que los astronautas experimentan un ligero crecimiento durante su estancia en la EEI, pues su columna vertebral se alarga.
Esto puede provocar problemas como dolor de espalda y hernias discales al regresar a la Tierra.
Durante una sesión informativa a bordo de la EEI antes de su regreso a la Tierra, Rubio comentó que su columna vertebral estaba creciendo y que esto podría ayudarle a evitar una lesión de cuello común que los astronautas pueden sufrir cuando su nave espacial impacta contra el suelo.
“Creo que mi columna se ha extendido lo suficiente como para que esté encajado en mi asiento, así que no debería moverme mucho”, dijo.
Aunque el peso significa muy poco en órbita (el entorno de microgravedad permite que cualquier cosa que no esté atada pueda flotar libremente en la EEI, incluidos los cuerpos humanos), mantener un peso saludable es un desafío en órbita.
Si bien la NASA intenta garantizar que sus astronautas consuman una variedad de alimentos nutritivos, incluyendo algunas hojas de ensalada cultivadas a bordo de la estación, esto puede afectar el cuerpo de un astronauta.
Scott Kelly, astronauta de la NASA que participó en el estudio más extenso sobre los efectos de los vuelos espaciales de larga duración tras permanecer 340 días a bordo de la EEI mientras su hermano gemelo permanecía en la Tierra, perdió 7% de su masa corporal durante su estancia en órbita.
En la Tierra, la gravedad ayuda a impulsar la sangre hacia abajo mientras el corazón la bombea de nuevo hacia arriba. Sin embargo, en el espacio, este proceso se altera (aunque el cuerpo se adapta en cierta medida) y la sangre puede acumularse en la cabeza más de lo normal.
Es posible que parte del líquido se acumule en la parte posterior del ojo y alrededor del nervio óptico, lo que puede provocar un edema. Esto puede provocar cambios en la visión, como disminución de la agudeza visual y cambios estructurales en el propio ojo.
Los cambios pueden comenzar a ocurrir tan solo a dos semanas de estar en el espacio, pero a medida que transcurre ese tiempo, el riesgo aumenta. Algunos cambios en la visión se revierten aproximadamente al año del regreso a la Tierra, pero otros pueden ser permanentes.
La exposición a los rayos cósmicos y a las partículas solares también puede provocar otros problemas oculares. La atmósfera terrestre nos protege de estos problemas, pero en la órbita, esta protección desaparece.
Si bien las naves espaciales pueden llevar blindaje para evitar el exceso de radiación, los astronautas a bordo de la EEI han reportado haber visto destellos de luz en sus ojos cuando los rayos cósmicos y las partículas solares impactan en su retina y nervios ópticos.
Tras su larga estancia en la EEI, se descubrió que el rendimiento cognitivo de Kelly cambió poco y se mantuvo relativamente igual al de su hermano en la Tierra.
Sin embargo, los investigadores observaron que la velocidad y la precisión del rendimiento cognitivo de Kelly disminuyeron durante unos seis meses después de su aterrizaje, posiblemente a medida que su cerebro se reajustaba a la gravedad terrestre.
Un estudio sobre un cosmonauta ruso que pasó 169 días en la EEI en 2014 también reveló que algunos cambios en el cerebro parecen ocurrir durante la órbita.
Se encontraron cambios en los niveles de conectividad neuronal en partes del cerebro relacionadas con la función motora (es decir, el movimiento) y también en la corteza vestibular, que desempeña un papel importante en la orientación, el equilibrio y la percepción del propio movimiento.
Lo anterior no debería sorprender dada la peculiar naturaleza de la ingravidez en el espacio; los astronautas a menudo tienen que aprender a moverse eficientemente sin gravedad para anclarse a nada y adaptarse a un mundo donde no hay arriba ni abajo.
Un estudio más reciente ha suscitado preocupación. Las cavidades cerebrales conocidas como ventrículo lateral derecho y tercer ventrículo (responsables de almacenar líquido cefalorraquídeo que proporciona nutrientes al cerebro y elimina desechos) pueden hincharse y tardar hasta tres años en recuperar su tamaño normal.
Las investigaciones recientes demuestran que una clave importante para la buena salud reside en la composición y diversidad de los microorganismos que habitan en nuestro cuerpo. Esta microbiota puede influir en la digestión, afectar los niveles de inflamación e incluso alterar el funcionamiento del cerebro.
Los científicos que examinaron a Kelly tras su viaje a la EEI descubrieron que las bacterias y hongos que habitaban en su intestino se habían alterado profundamente.
Esto quizás no sea del todo sorprendente, dada la gran diferencia en su alimentación y el cambio en las personas con las que compartía sus días (obtenemos una cantidad alarmante de microorganismos intestinales y orales de las personas con las que convivimos).
Sin embargo, la exposición a la radiación y el uso de agua reciclada, junto con los cambios en su actividad física, también podrían haber influido.
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Aunque ya son cinco los astronautas de la NASA que han pasado más de 300 días en órbita, debemos agradecer a Kelly por la información sobre el estado de su piel tras su estancia. Se detectó una mayor sensibilidad en su piel y una erupción cutánea durante unos seis días tras su regreso.
Los investigadores especularon que la falta de estimulación cutánea durante la misión podría haber contribuido a su problema.
Uno de los hallazgos más significativos del prolongado viaje espacial de Kelly fueron los efectos a su ADN.
Al final de cada cadena de ADN están estructuras conocidas como telómeros, que se cree ayudan a proteger a nuestros genes. A medida que envejecemos, estos se acortan, pero las investigaciones sobre Kelly y otros astronautas han revelado que los viajes espaciales parecen alterar la longitud de los telómeros.
“Lo más sorprendente fue el hallazgo de telómeros significativamente más largos durante el vuelo espacial”, afirma Susan Bailey, profesora de Salud Ambiental y Radiológica en la Universidad Estatal de Colorado, quien formó parte del equipo que estudió a Kelly y a su hermano.
Bailey ha realizado estudios separados con otros 10 astronautas no emparentados que participaron en misiones más cortas.
“También fue inesperado que la longitud de los telómeros se acortó rápidamente al regresar a la Tierra para todos los miembros de la tripulación. De particular relevancia para la salud a largo plazo y el envejecimiento, los astronautas en general tenían muchos más telómeros cortos después del vuelo espacial que antes”, indicó.
Aún se está descifrando la razón exacta por la que esto sucede, afirmó. “Tenemos algunas pistas, pero la presencia de tripulantes adicionales de larga duración, como Rubio, quien pasó un año en el espacio, será fundamental para caracterizar y comprender esta respuesta y sus posibles consecuencias para la salud”.
Una posible causa podría ser la exposición a la compleja mezcla de radiación durante el espacio. Los astronautas que experimentan exposición prolongada en órbita muestran signos de daño en el ADN, añadió.
También se observaron en Kelly algunos cambios en la expresión génica (el mecanismo que interpreta el ADN para producir proteínas en las células) que podrían estar relacionados con su viaje espacial.
Algunos de estos cambios se relacionaban con la respuesta del cuerpo al daño en el ADN, la formación ósea y la respuesta del sistema inmunitario al estrés. Sin embargo, la mayoría de estos cambios se normalizaron a los seis meses de su regreso a la Tierra.
En junio de 2024, un nuevo estudio destacó algunas posibles diferencias entre la forma en que el sistema inmunitario de los astronautas masculinos y femeninos responde a los vuelos espaciales.
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Utilizando datos de muestras obtenidas de la tripulación de la misión SpaceX Inspiration 4, que pasó poco menos de tres días en órbita en el otoño de 2021, se identificaron cambios en 18 proteínas relacionadas con el sistema inmunitario, el envejecimiento y el crecimiento muscular.
Al comparar su actividad genética con la de otros 64 astronautas en misiones anteriores, el estudio detectó la expresión de tres proteínas que influyen en la inflamación, en comparación con la de antes del vuelo. Los hombres tendieron a ser más sensibles al vuelo espacial, con mayor alteración de su actividad genética y tardaron más en recuperar su estado normal tras regresar a la Tierra.
En particular, los investigadores descubrieron que la actividad genética de dos proteínas conocidas como interleucina-6, que ayuda a controlar los niveles de inflamación en el cuerpo, e interleucina-8, que se produce para guiar a las células inmunitarias a los focos de infección, se vio más afectada en los hombres que en las mujeres.
Otra proteína, el firbrinógeno, que participa en la coagulación sanguínea, también se vio más afectada en los astronautas masculinos.
Sin embargo, los investigadores afirmaron que aún necesitan descubrir por qué las mujeres parecen ser menos sensibles a estos efectos particulares de los vuelos espaciales, aunque esto podría estar relacionado con su respuesta al estrés.
Kelly recibió una serie de vacunas antes, durante y después de su viaje espacial, y se observó que su sistema inmunitario reaccionaba con normalidad.
Sin embargo, la investigación descubrió que los astronautas sufren ciertas disminuciones en el recuento de glóbulos blancos que se corresponden con las dosis de radiación que reciben en órbita.
Aún quedan muchas preguntas por responder sobre el impacto que los viajes espaciales pueden tener en una especie bípeda de cerebro grande que evolucionó para vivir en la Tierra.
A medida que los investigadores analizan las pruebas médicas, las muestras de sangre y las exploraciones de Rubio tras sus 371 días en el espacio, sin duda esperan obtener más información.
* Este artículo fue publicado originalmente en BBC Future, cuya versión en inglés puede leer aquí.
* Este artículo se publicó originalmente el 27 de septiembre de 2023. Se actualizó el 12 de junio de 2024 para incluir detalles del estudio de la misión SpaceX Inspiration 4 y el 25 de septiembre de 2024 para incluir detalles del vuelo espacial de Oleg Kononenko y Nikolai Chub en la EEI. Se actualizó el 13 de marzo de 2025 para incluir detalles sobre Suni Williams y Butch Wilmore.
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