“Queremos escuchar avances”. Esta fue la frase más repetida la tarde de ayer miércoles durante la marcha que, como todos los 26 de cada mes, encabezan los padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desde su desaparición hace 10 años.
La marcha en la capital mexicana se celebró en un contexto marcado por la nueva reunión, la segunda, que mantendrán los familiares de los estudiantes con la presidenta Claudia Sheinbaum este viernes 27 de febrero, a las 13 horas, en Palacio Nacional.
Melitón Ortega, integrante del comité de padres y madres de los 43, recalcó en entrevista muy cerca del monumento del Ángel de la Independencia que los familiares llegan al encuentro del viernes con la petición de escuchar “avances” a más de una década del caso.
Por ejemplo, dijo, quieren saber si ya hay avances en cuanto a su exigencia de que el Ejército entregue 800 documentos de inteligencia militar que fueron detectados por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI), y que podrían contener información del caso Ayotzinapa; unos documentos que en el sexenio de López Obrador fueron negados por parte de la milicia, argumentando que entre estos hay información confidencial, o que no es relevante para el caso, o que corresponden a otros casos.
En la primera reunión que tuvieron el 4 pasado de diciembre, los padres y madres refirieron que la presidenta les prometió que enviaría una carta dirigida a la Secretaría de la Defensa para solicitar esa información.
Melitón Ortega también dijo que quieren saber en qué estatus se encuentra la añeja petición de extradición a Israel de Tomás Zerón de Lucio, el exdirector de la Agencia de Investigación Criminal en el sexenio de Peña Nieto, y que está prófugo en ese país luego de ser acusado de torturar a un presunto líder de Guerreros Unidos en la fabricación de la llamada ‘Verdad Histórica’, la cual redujo y limitó la participación del Estado mexicano en la desaparición de los normalistas al ámbito de unos pocos policías municipales corruptos y coludidos con el crimen organizado en Guerrero.
Otro de los planteamientos que le harán a la mandataria, dijo el activista, es saber qué avances hay en cuanto a la petición que le hicieron en diciembre pasado de fortalecer la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia (Covaj), luego de la salida de su titular Alejandro Encinas.
“Hace tiempo que la Covaj dejó a un lado el verdadero objetivo por el que fue creada y se dedicó a otras cosas que no ayudan a que se siga avanzando en el caso. Se le planteó esto a la presidenta, y ella estuvo de acuerdo”, señaló el propio Ortega tras la primera reunión con la mandataria en diciembre pasado.
Por otra parte, durante la marcha de ayer miércoles, Melitón Ortega también refirió que, en esta ocasión, llegan a la reunión en Palacio Nacional “con los ánimos renovados” luego de que los padres y madres rompieran el diálogo y los encuentros periódicos que mantenían con el expresidente López Obrador, a quien acusaron de “traicionarlos” y de ponerse del lado del Ejército para exonerarlo de cualquier posible responsabilidad en el caso Ayotzinapa.
Los padres y madres, cabe recordar, consideran que, a raíz de una investigación que dejó el GIEI antes de su partida del país en julio de 2023, hay indicios suficientes para determinar que, además de policías municipales, también hubo participación del Ejército en la desaparición forzada de los 43 estudiantes. Por lo que exigen que se investigue a fondo el papel del Ejército.
Sin embargo, el expresidente rechazó en numerosas ocasiones esta posibilidad, tanto en sus conferencias mañaneras, en las que acusó a los abogados de los familiares y a los activistas que acompañan el caso de estar manipulando a los padres y madres, como en reuniones privadas, argumentando que “no hay pruebas” de esa posible participación.
Lo anterior detonó que las posturas de ambas partes se enquistaran hasta que el diálogo quedó completamente roto al final del sexenio obradorista. De hecho, los padres ya no asistieron a la última reunión con AMLO en septiembre del año pasado.
Ahora, en el segundo encuentro con la nueva presidenta, Mario César González, padre del normalista desaparecido César Manuel González, adelantó que van a pedir a Sheinbaum que “se profundice” en esta línea de investigación que dejaron los expertos del GIEI antes de su partida.
“Queremos que se profundice en esa línea que incluye a las fuerzas armadas. Necesitamos que la presidenta fije una postura, porque queremos saber qué va a pasar. Es decir, queremos saber si la va a querer continuar o no”, apuntó don Mario, que recalcó la exigencia de que “se retome todo lo que ya dejó listo el GIEI”.
“No queremos que nos salgan con otra línea de investigación y que nos tengan dando vueltas nada más. Lo que pedimos que se retome lo que ya está solido en la investigación”, agregó González, que adelantó que va a exigir la vuelta de los expertos del GIEI a México, luego de que estos salieran del país denunciando que hubo una obstaculización por parte del Ejército a sus labores de investigación del caso.
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“Es importantísimo que regresen los expertos del GIEI porque tenemos confianza en ellos y en el trabajo que hicieron”, subrayó.
Asimismo, don Mario puntualizó que la nueva presidenta “ha tenido una mejor disposición” que la del expresidente López Obrador para ahondar en las investigaciones del caso. De hecho, desde el pasado 29 de julio de 2024, en un primer encuentro con los padres y madres, aún como presidenta virtual que no estaba en funciones, Sheinbaum recalcó que “el caso Ayotzinapa no va a caer en el olvido”, a pesar de que ya se cumplió la década de la desaparición de los estudiantes.
Sin embargo, el señor Mario también advirtió que nada de lo anterior es suficiente.
“Eso no nos alcanza para saber la verdad. Queremos avances, resultados. Porque la disposición la puede tener, pero lo que debe tener también es la voluntad política para romper ese cerco con el Ejército y con todas las autoridades que participaron, porque si no lo rompemos, nunca vamos a avanzar”, puntualizó.
La advertencia del señor Mario está en concordancia con la que ya hicieron los padres y madres el pasado 26 de septiembre de 2024, justo el día en que se cumplieron los 10 años del caso. En esa marcha por la capital, que estuvo cargada de un fuerte componente emocional por lo simbólico de la fecha, los familiares dijeron arriba de un templete frente a Palacio Nacional que su paciencia estaba al límite ante la falta de avances sobre el paradero de los jóvenes.
“A Sheinbaum le decimos que no le vamos a dar tanto tiempo como le dimos a este personaje que nos traicionó”, dijo en aquel entonces don Mario, en alusión al expresidente López Obrador.
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Meses después, el 4 de diciembre, tuvo lugar la primera reunión, ahora sí como presidenta en funciones, entre Sheinbaum y los familiares de los 43. Ambas partes definieron la reunión como “un buen inicio para reconstruir el diálogo y establecer una relación con menos tensiones”.
Vidulfo Rosales, abogado de los familiares de los 43, resumió el encuentro de la siguiente forma: “Habrá una revisión de los expedientes y de los elementos importantes que hay en los mismos, y se utilizará la tecnología con la idea de que lo más importante es encontrar la verdad”.
El caricaturista viajó por el mundo en búsqueda de hechos extraños y maravillosos, y creó un imperio compartiéndolos por todos los medios.
¿Cuál fue la carta más corta jamás enviada?
La misiva de un solo carácter que le mandó el escritor francés Victor Hugo a sus editores, preguntando por su manuscrito de Los miserables.
Solamente tenía el carácter: “?“… aunque, para ser precisos, la respuesta fue igual de breve: “!“.
Esta es una de la avalancha de pequeñas historias curiosas que el caricaturista, empresario y antropólogo aficionado estadounidense Robert Ripley recopiló e ilustró para el deleite de su público.
Y ese público era multitudinario.
Sus caricaturas aparecieron en más de 300 periódicos de todo el mundo, en docenas de idiomas, y fueron leídas por muchos millones de personas.
Sus libros, programas de radio y televisión, charlas y museos eran igual de populares.
La receta de su éxito era, aunque laboriosa, sencilla: compartir hechos extraños de todo el mundo.
Pero, ¿cómo llegó Ripley, quien no terminó la escuela secundaria y aprendió a dibujar por sí mismo, a ser globalmente famoso y multimillonario?
Todo comenzó con un problema un día de diciembre de 1918.
Trabajaba como periodista deportivo en el diario New York Globe y no sabía con qué llenar el espacio que tenía asignado.
“La temporada de béisbol había terminado, no había noticias de fútbol americano, o de hockey ni de básquetbol”, le contó a BBC Witness History John Corcoran, director de exhibiciones de Ripley Entertainment.
Para salir de apuros, recurrió a un concepto con el que había experimentado en el invierno de 1916.
Improvisó una caricatura con nueve pequeños bocetos de hombres realizando hazañas deportivas únicas, como la de un hombre que había permanecido bajo el agua durante 6,5 minutos y otro que había cruzado norteamérica caminado hacia atrás.
Tituló la caricatura Champs and Chumps (Campeones y tontos), y la publicaron.
“Fue bien recibida, el editor recibió muy buenos comentarios y le dijeron: ‘Oye, ¿por qué no sigues haciendo formatos así?'”.
Lo hizo. Siguió recopilando curiosidades y un año después creó una caricatura similar, pero esta vez con otro título: Believe It or Not (Créalo o no, literalmente; titulado en español: ¡Aunque usted no lo crea!). Una tercera caricatura le siguió en 1920.
Al tiempo, fue desarrollando una gran pasión por los viajes que, tras el primero que hizo alrededor del mundo, quedó plasmada en una serie de ensayos y dibujos.
Año tras año, su creación siguió entreteniendo, aunque también provocando, a sus cada vez más seguidores.
En 1926, cuando sus caricaturas iban a empezar a publicarse en el Evening Post, Robert Ripley le escribió a sus nuevos lectores, prometiendo que sus Believe It or Not eran “todos ciertos”.
“La verdad, ya saben, es realmente más extraña que la ficción”, afirmó.
“He viajado por todo el mundo buscando cosas extrañas e increíbles. He visto hombres negros blancos, hombres blancos purpúreos, y conozco a un hombre que fue ahorcado pero aún vive.
“Créanme cuando les hablo del hombre que murió de viejo antes de cumplir seis años; del río en África que fluye al revés; de las ostras que crecen en los árboles; de las flores que comen ratones; de los peces que caminan y de las serpientes que vuelan”.
En general, le creían. Solo que a veces…
En 1927, Charles Lindbergh emprendió su peligroso viaje en solitario a través del Atlántico, volando sin escalas en su avión monomotor Spirit of St. Louis desde Nueva York hasta París, como recuerda Neal Thompson en su libro Un Curioso Hombre: La Vida Extraña y Brillante de Robert ‘Aunque Usted No lo Crea’ Ripley.
Se convirtió en un héroe instantáneo por lograr una hazaña que se creía imposible: cruzar un océano en un día y medio, viajando a 60 millas por hora durante más de 3.000 millas, volando solo durante la noche, en medio de tormentas, sin dormir.
Meses después, Robert Ripley lo representó en su popular caricatura pero, en lugar de colmar de elogios al aviador, declaró que Lindbergh no era el primero, sino el 67.º hombre en realizar un vuelo sin escalas a través del Atlántico.
Cuenta Thompson que miles de lectores furiosos enviaron cartas y telegramas incrédulos, reprendiendo a Ripley por insultar a un icono estadounidense, llamándolo mentiroso (y otras cosas).
La verdad era que…
Efectivamente, 66 personas habían cruzado el Atlántico sin escalas antes de Lindbergh, lo que no le restaba mérito al héroe, pero sí precisaba, instruía y entretenía.
No fue la única vez que, a pesar de la garantía de certeza ofrecida por Ripley, muchos se negaban a creerle, y se lo hacían saber escribiéndole cartas, a veces miles cada día.
Eso le daba la oportunidad de hacer algo que le encantaba: demostrar la veracidad de afirmaciones impactantes.
Para hacerlo, Robert Ripley dependía en gran medida de un socio silencioso, Norbert Pearlroth, un exbanquero y consumado lingüista con una memoria casi fotográfica, al que había contratado en 1923.
Para 1929, Ripley ya era una celebridad, pero su popularidad estaba a punto de estallar.
Cuando el magnate de la prensa y los medios estadounidenses William Randolph Hearst leyó su recién publicado libro Believe It or Not, le envió un telegrama a uno de sus editores en Nueva York.
Contenía dos palabras: “Hire Ripley” (“Contrata a Ripley”)
De la noche a la mañana apareció en cientos y cientos de periódicos, y entró en las grandes ligas.
“Fue interesante porque ciertamente era una persona muy tímida”, comentó Corcoran.
“No era especialmente guapo, tenía los dientes salidos y era regordete. Pero realmente se sumergió en la vida social: le encantaba pasar el rato con las celebridades y organizar fiestas”.
En el apogeo de su popularidad en la década de 1930, su columna sindicada le reportaba U$7.000 a la semana y era leída por más de 60 millones de personas al día.
Su salario anual rivalizaba con el de las estrellas de Hollywood James Cagney y Gary Cooper.
Es más: los ingresos por su columna, sus libros y sus conferencias alcanzaron el medio millón de dólares, todo esto en medio de la Gran Depresión.
Además de un apartamento lujoso con vistas al Central Park de Manhattan y una hacienda en Florida, compró una pequeña isla que llamó BIOM, que es un acrónimo de Believe It or Not.
Ahí tenía una mansión repleta de curiosidades coleccionadas de todo el mundo, con un ejército de sirvientes y un puñado de novias que lo adoraban.
Además era un trotamundos
A pesar de que le tenía miedo a volar, fue una de las personas que más viajó en su época, visitando 201 de los 235 países reconocidos en su momento.
Por ello, por su afición por recolectar historias de maravillas (y por idea de los publicistas de Hearst), se le comparaba con el explorador del siglo XIII Marco Polo.
Y expandió su imperio a la radio con programas en varios formatos en NBC, CBS y MBS.
“A Ripley se le ocurrían estas ideas locas, como transmitir debajo del agua o desde un paracaídas. Pero contaba con un productor de radio llamado Doug Storer, que era un verdadero emprendedor”, señaló Corcoran.
Una de las hazañas fue transmitir en 1934 un programa de radio en vivo para “todo el mundo”.
Para lograrlo, reunió a 10 traductores en los estudios WINS de Nueva York para traducir su programa a varios idiomas. Las diferentes traducciones se conectaron simultáneamente a redes y transmisores de todo el mundo.
Su popularidad se vio reflejada en unas encuestas realizadas en EE.UU. en 1936 en la que le preguntaron a los niños quiénes querían ser cuando grandes.
Ripley obtuvo la mayoría de votos, superando al presidente Franklin Roosevelt, al boxeador Jack Dempsey y al magnate del automóvil Henry Ford.
En 1949, incursionó en el único medio de comunicación que aún no había conquistado: la televisión.
El programa, basado en su caricatura, fue un éxito inmediato.
Pero solo logró hacer 12 episodios.
El 24 de mayo, Robert Ripley estaba en el estudio para grabar el decimotercero y, en medio del programa, se desplomó sobre su escritorio, inconsciente.
Murió a los pocos días.
Su legado sigue vivo hoy en día en forma de museos en varios lugares del mundo y un libro con historias e imágenes inusuales publicado anualmente.
“Creo que a todos nos gusta saber lo que es posible o lo que es imposible. Algunas cosas parecen tan inverosímiles que te preguntas: ¿podría suceder eso realmente? Y esa fue la base de Believe it or not”, opina Corcoran.
“Aunque todo es real, no hay absolutamente nada falso, Robert Ripley se acercó tanto los límites de lo factible que te costaba creer que fuera real“.
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