
El Banco Mundial ajustó a la baja sus expectativas sobre el desempeño económico de México y proyectó que la economía crecerá 1.3% en 2026, al advertir que la actividad económica del país seguirá presionada por las tensiones comerciales, en particular por las disputas arancelarias en curso y por la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
La nueva estimación para 2026, incluida en la más reciente edición del informe Perspectivas económicas mundiales difundida este martes, representa una reducción frente al 1.4% previsto en octubre de 2025 en el reporte Perspectivas económicas para América Latina y el Caribe.

El Banco Mundial también recortó su proyección para 2025. De acuerdo con su informe global, el producto interno bruto de México cerró 2025 con una expansión de 0.2%, por debajo del 0.5% que había estimado en octubre pasado.
Para 2027, el organismo anticipa que la economía mexicana crecerá 1.8%, ligeramente menos que el 1.9% previsto en su informe regional de octubre pasado.
En su informe mundial, el organismo señala que “México se prevé que su economía crezca 1.3% en 2026 y 1.8% en 2027, a medida que se recupera de un repunte en la incertidumbre sobre la política comercial y conforme las empresas se adaptan al nuevo entorno de comercio”.
El documento agrega que “no obstante, se espera que las disputas arancelarias en curso y la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) continúen afectando la inversión y el comercio, dado que aproximadamente 80% de las exportaciones del país tienen como destino Estados Unidos”.

El informe también prevé que el Banco de México (Banxico) podría continuar relajando su postura monetaria durante 2026, aunque puntualiza que “se proyecta que la demanda agregada se mantenga débil”.
En materia fiscal, el Banco Mundial advierte que “se espera que los esfuerzos de consolidación fiscal reduzcan la proporción del gasto público respecto del PIB en el corto plazo; sin embargo, podrían requerirse medidas de consolidación más ambiciosas para estabilizar la deuda pública y crear espacio fiscal”.
El documento identifica como uno de los riesgos centrales una posible escalada de las barreras comerciales. De acuerdo con el texto, “un riesgo clave a la baja es una escalada de las barreras comerciales. Un aumento adicional de aranceles o un resultado restrictivo en la revisión del T-MEC en 2026 afectaría la actividad regional. Dadas sus estrechas conexiones económicas con Estados Unidos, México es particularmente vulnerable, mientras que las interrupciones relacionadas en las cadenas de suministro podrían generar efectos negativos más amplios en otras economías”.
En cuanto al panorama regional, el informe señala que en 2026 el crecimiento en América Latina y el Caribe alcanzará 2.3%.
Para 2027, el organismo prevé que la expansión regional se ubique en 2.6%, impulsada por una recuperación del comercio y una mejora gradual de la demanda interna.
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En el documento también se destacan las previsiones para las principales economías latinoamericanas. Brasil crecerá 2% en 2026 y 2.3% en 2027, reflejo de los impactos de las altas tasas de interés reales y de los factores adversos relacionados con el comercio.
Argentina registrará una expansión de 4% en 2026 y se mantendrá en 4% en 2027, afectada por la incertidumbre política interna observada hacia finales de 2025.
Colombia avanzará 2.6% en 2026 y 2.8% en 2027, impulsada por un consumo resiliente y la recuperación gradual de la inversión privada.
En Chile, el crecimiento se moderará a 2.2% en 2026 y 2.1% en 2027, con una demanda interna que se recuperará conforme la política monetaria converja hacia un rango neutral.
En América Central, el crecimiento se mantendrá en torno a 3.6% en 2026 y 3.7% en 2027, con un descenso en los flujos de remesas, pero beneficiándose de exportaciones resilientes y del crecimiento de Estados Unidos.
El informe regional también advierte que las perspectivas para América Latina y el Caribe enfrentan riesgos adversos. Entre ellos se encuentran eventuales aumentos adicionales en los aranceles o resultados restrictivos de la revisión del T-MEC, una menor demanda externa y posibles caídas inesperadas en los precios globales de las materias primas.

El presidente de EU afirmó que las empresas petroleras de su país invertirán miles de millones en la producción petrolera venezolana, pero el dinero no es el único problema que tendrán.
Donald Trump dejó clara su intención de aprovecharse de las reservas petroleras de Venezuela después de su incursión militar y detención del presidente Nicolás Maduro expresando que EE.UU. “administrará” el país hasta que haya una transición “segura”.
El presidente de EE.UU. quiere que las empresas petroleras estadounidenses inviertan miles de millones de dólares en la nación sudamericana, que tiene los mayores yacimientos de crudo del mundo, para reactivar ese recurso hoy subexplotado.
Trump expresó que las empresas estadounidenses repararán la “muy dañada” infraestructura petrolera y “empezarán a generar dinero para el país”.
Pero los expertos advierten de los inmensos desafíos que enfrenta el plan de Trump, señalando que costará miles de millones y tomará hasta una década para lograr una producción significativa de petróleo.
Así que, ¿podrá realmente EE.UU. tomar control de las reservas de petróleo de Venezuela? Y ¿funcionará el plan de Trump?
Con aproximadamente 303.000 millones de barriles, Venezuela ostenta la mayor reserva probada de petróleo.
Pero la cantidad de crudo que el país produce actualmente es diminuta en comparación con esta riqueza.
La producción cayó agudamente desde principios de los 2000, cuando el otrora presidente Hugo Chávez y luego el gobierno de Maduro reforzaron su control sobre la empresa estatal PDVSA, lo que provocó un éxodo de su personal más capacitado.
Aunque varias empresas petroleras, incluyendo la estadounidense Chevron, siguen activas en el país, sus operaciones se han contraído significativamente a medida que Washington amplió las sanciones e interceptó las exportaciones de crudo con miras a restringir el acceso de Maduro a una fuente económica clave.
Las sanciones -primero aplicadas en 2015 durante el gobierno del presidente Barack Obama por supuestas violaciones de derechos humanos- también han dejado a Venezuela descontentada de inversiones y repuestos necesarios para esta industria.
“El desafío verdadero que enfrentan es su infraestructura”, comenta Callum MacPherson, jefe de cotización de materias primas de Investec (empresa Anglo-Sudafricana bancaria y de gestión de patrimonio internacional).
En noviembre, Venezuela produjo aproximadamente 860.000 barriles diarios, según el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía.
Eso es escasamente un tercio de lo que era hace 10 años y representa menos de 1% del consumo de petróleo mundial.
Las reservas del país están hechas del llamado petróleo “pesado, agrio”. Es difícil de refinar, pero útil en la producción de diésel y asfalto. Estados Unidos típicamente produce el petróleo “ligero, dulce” ideal para gasolina.
En anticipación de los ataques y captura de Maduro, EE.UU. también incautó dos buques petroleros frente a las costas de Venezuela, además impuso un bloqueo a la entrada y salida del país de buques cisterna sancionados.
Homayoun Falakshahi, principal analista de cotización de materias primas de la plataforma de datos Kpler, indica que los obstáculos clave para las empresas de petróleo que esperan explotar las reservas venezolanas son legales y políticos.
En conversación con la BBC, el analista dijo que quienes esperan perforar en Venezuela tendrán que llegar a un acuerdo con el gobierno, lo que no será posible hasta que haya un sucesor de Maduro en funciones.
Para Falakshahi, las empresas estarían entonces arriesgando miles de millones de inversiones en la estabilidad de un futuro gobierno venezolano.
“Aun si la situación política es estable, es un proceso que tomará meses”, concluyó.
Las compañías que esperan aprovecharse del plan de Trump necesitarían firmar contratos con el nuevo gobierno cuando esté instalado, antes de empezar el proceso de aumentar la inversión en la infraestructura en Venezuela.
Los analistas también advierten que se requerirán decenas de miles de millones de dólares -y potencialmente una década- para restablecer la producción anterior de Venezuela.
Neil Shearing, analista jefe de Capital Economics, señaló que los planes de Trump tendrían un impacto limitado en el suministro global y, por ende, en el precio del crudo.
Opinó que hay “una enorme cantidad de obstáculos que librar y el plazo de tiempo de lo que va a suceder es muy largo” que los precios del crudo en 2026 verían muy poco cambio.
Shearing vaticinó que las firmas no invertirían hasta que un gobierno estable estuviera instalado en Venezuela, y los proyectos no tendrían rendimiento por “muchos, muchos años”:
“El problema siempre han sido las décadas de inversión insuficiente, el mal manejo y los altos costos de extracción”.
El analista añadió que aunque el país regresara a los niveles anteriores de producción de unos tres millones de barriles diarios, todavía continuaría por debajo de los 10 principales productores mundiales.
Además, Shearing resaltó la alta producción de los países de la OPEP+, diciendo que el mundo actualmente “no está sufriendo de una escasez de petróleo”.
El antiguo director ejecutivo de BP (British Petroleum) John Browne comentó a BBC News que la reactivación de la industria petrolera de Venezuela era un “proyecto a muy largo plazo”.
“La gente subestima el tiempo que se demora hacer las cosas. Alinear todos los recursos, particularmente el material y el personal, toma muchísimo tiempo”.
Mientras que podría haber un “alza rápida” de alguna producción, Browne indicó que el volumen podría de hecho disminuir mientras la industria se reorganiza.
Chevron es el único productor estadounidense todavía activo en Venezuela, después de recibir una licencia de operación bajo el anterior presidente Joe Biden en 2022, a pesar de las sanciones de EE.UU.
La compañía, actualmente responsable de aproximadamente una quinta parte de la extracción de petróleo venezolano, informó que está enfocada en la seguridad de sus empleados y está cumpliendo “con todas las leyes y regulaciones relevantes”.
Las otras grandes firmas petroleras han mantenido silencio público de sus planes hasta ahora, y sólo Chevron ha abordado la situación.
Pero Falakshahi piensa que los jefes de las petroleras estarán conversando internamente sobre si tomar provecho de la oportunidad.
“El apetito de ir a alguna parte esta vinculado a dos factores principales, la situación política y los recursos sobre el terreno”, expresó.
A pesar de la enormemente incierta situación política, Falakshahi concluyó que “la ganancia potencial podría considerarse demasiado grande de eludir”.
John Browne sostuvo que las compañías querrán involucrarse porque “tener opciones de negocio en diferentes partes del mundo es algo bueno”.
“Como oportunidad de negocio, si estás dirigiendo una compañía… vas a querer involucrarte muy rápidamente”.
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