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Hombre, mayor de 60 años y con enfermedad renal crónica: la combinación más letal con la COVID-19
Hombre, mayor de 60 años y con enfermedad renal crónica: la combinación más letal con la COVID-19
Cuartoscuro
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Hombre, mayor de 60 años y con enfermedad renal crónica: la combinación más letal con la COVID-19
Hipertensión, diabetes y obesidad son las comorbilidades más comunes que provocan un aumento de la mortalidad. Otras, como el daño renal o la EPOC son más mortíferas, pero tienen menor prevalencia.
08 de abril, 2021
Por: Alberto Pradilla y Rigoberto Carvajal (Centro Latinoamericano de Investigación Periodística)

La hipertensión, la obesidad y la diabetes son algunas de las comorbilidades que explican por qué México superó los 200 mil muertos por COVID-19 y tiene una de las tasas más elevadas de fallecidos por cada 100 mil habitantes de América Latina (mil 203, solo superado por Perú y Panamá).

Sin embargo, existen condicionantes que han pasado más desapercibidas, como el daño renal crónico. Según un análisis de los datos abiertos de la Dirección General de Epidemiología, los problemas en el riñón son uno de los condicionantes más letales en caso de enfermar de coronavirus.

La combinación entre edad mayor de 60, inmunosupresión y problemas crónicos renales es la más mortífera en caso de contraer COVID-19: el 61% de las personas que combinó estas afecciones terminó falleciendo. 

Un análisis realizado con ayuda del equipo de datos del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) muestra que los problemas renales crónicos estaban presentes en 19 de las 20 casuísticas más letales vinculadas al coronavirus. Para realizar el análisis se tomó en cuenta todos los casos reportados como contagio hasta el 1 de febrero que fuesen confirmados como Sars-Cov2 y con los factores también confirmados.

Entre los factores analizados aparecen la obesidad, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la inmunosupresión, la enfermedad cardíaca o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). 

En rasgos generales, el análisis señala que el 41% de los pacientes de COVID-19 que sufrían además problemas renales crónicos fallecieron. El fatal desenlace ocurrió también con el 36% de los pacientes con EPOC, el 29.5% de quienes padecían problemas cardíacos, el 25.7% de afectados por diabetes y el 24% con inmunosupresión o hipertensión. 

El 70% de muertos con alguna condición previa

El director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, Ruy López Ridaura, explicó en la conferencia vespertina sobre el avance de la pandemia que el 70% de los fallecidos tenía alguna comorbilidad, un 40% sufría al menos dos y un 15% padecía tres o más. 

En el recuento de Salud se establece que el 45% de los fallecidos padecía hipertensión, el 37% diabetes, el 21.9% obesidad, el 7.6% tabaquismo, el 6.7% insuficiencia renal crónica y el 5% problemas cardíacos.

Lo relevante aquí es cómo de extendida estaba la comorbilidad antes de la pandemia. Por eso, diabetes e hipertensión tienen tanta importancia, porque tienen mayor prevalencia entre los mexicanos que otras enfermedades que, a pesar de resultar más letales en combinación con la COVID-19, afectan a menos personas.

Según el análisis del CLIP, el 18% de los contagiados sufría hipertensión y el 14% diabetes, 320 mil y 250 mil personas, respectivamente. Por el contrario, el resto de enfermedades previas tiene un impacto mucho más bajo: un 2% los problemas renales crónicos, un 1% la EPOC, un 2% las enfermedades cardiovasculares y un 1% la inmunosupresión. Es decir, que comorbilidades con mayor letalidad como el daño renal afectaron a menos personas. 

“En México las comorbilidades pesaron mucho, sobre todo en personas de una edad de entre 40 y 60 años. La letalidad de la enfermedad en pacientes de más de 60 años es muy alta en todo el mundo, pero en México era mayor en estas edades intermedias. En esta medida se puede explicar por la gran cantidad de gente que tiene enfermedades crónicas no transmisibles”, dice Juan Rivera Dommarco, director general del Instituto Nacional de Salud Pública.

México inició la pandemia de COVID-19 en peores condiciones que otros países de la región para hacerle frente. Se encuentra a la cabeza de América Latina en obesidad y sobrepeso, con cerca de un 70% de la población, con elevadas tasas de hipertensión (alrededor de un 20%) y de diabetes (15%). 

La alta prevalencia se agrava con el poco control que se lleva de las enfermedades. Según Miguel Malo, doctor asesor de la OMS en materia de enfermedades crónicas, del total de enfermos de hipertensión o diabetes solo la mitad sabe que padece este mal. De los que están diagnosticados, solo la mitad recibe tratamiento. Y de quien se está medicando, solo la mitad tiene controlada la enfermedad. 

Los factores más letales

Ahora, más de un año después del inicio de la pandemia, el análisis de la base de datos abiertos de la Secretaría de Salud muestra cuáles son los factores con mayor letalidad. 

Hombre mayor de 60 años con inmunodeficiencia y problemas renales es la combinación más mortífera al contraer la COVID-19, con un 61% de letalidad.

Por detrás, hombre mayor de 60 años, obeso y con enfermedad renal crónica (58.7% de letalidad), hombre mayor de 60 años, con EPOC, que sigue fumando y que sufre del riñón (57.9% de letalidad), hombre mayor de sesenta años con EPOC y problemas renales crónicos (57.3%) y hombre mayor de 60 años, con diabetes y enfermedad renal crónica (57.3%). 

Estas combinaciones, sin embargo, afectan a un porcentaje muy pequeño de los pacientes de COVID-19. Por eso se habla más de la hipertensión, la obesidad y la diabetes como grandes desencadenantes de la mortalidad en México. “Existe una pandemia de enfermedades crónicas no transmisibles, especialmente de obesidad y sobrepeso, con tasas mucho más altas que en otros países”, asegura el doctor Miguel Malo.  

Malo señala que cuando comienza la pandemia no había certeza sobre cuáles eran los factores que pueden agravar la condición de los enfermos de coronavirus. “Se fue conociendo sobre la marcha, al principio no se sabía”, dice.

En México algunas de las primeras medidas de la alerta sanitaria fueron para tratar de proteger a la población vulnerable (adultos mayores, enfermos crónicos, mujeres embarazadas). En este punto la pregunta es obligada: ¿pudo el gobierno mexicano hacer algo más para proteger a la población con mayores riesgos?

A la hora de explicar por qué se registran estas elevadas cifras de mortalidad los expertos hablan de dos aspectos. Por un lado, el mal estado de salud de la población mexicana. Por otro, las condiciones económicas que obligaron a la población a salir a trabajar y no cumplir con las medidas de protección. 

Sobre el estado de salud, el doctor Miguel Malo argumenta que se trata de un problema heredado durante las últimas décadas. Y apunta a las causas: tabaquismo, uso nocivo del alcohol, mala alimentación y sedentarismo. Es decir, que poco podía hacerse en términos de salud pública para revertir una mala situación que se arrastraba desde hace años. De cara al futuro, el experto de la OMS sí pone en valor iniciativas legislativas como la del etiquetado de alimentos que advierte de cuáles tienen exceso de calorías, grasas o sodio. 

“México avanzó algo, pero todavía se puede hacer más. Sin embargo, hay poderosísimos intereses económicos y lobbys para evitar que las leyes pasen”, asegura Malo.

La pobreza también tiene un impacto importante en la mortalidad. Animal Político ya documentó que los más pobres fueron los más golpeados por la pandemia. “En general faltó mayor apoyo a la población vulnerable para mitigar los efectos económicos de la pandemia y permitir que esta población siguiera las recomendaciones de quedarse en casa. Qué bueno que existen las transferencias monetarias para los grupos más vulnerables, pero son insuficientes. Debió haberse tal vez ampliado el padrón y aumentado los montos”, dice Rivera Dommarco.

Al final, la recomendación de quedarse en casa fue un privilegio al que solo unos pocos pudieron acceder. En el sector privado se registraron múltiples denuncias por ser obligados a acudir a su puesto de trabajo a pesar de las recomendaciones sanitarias. Quienes trabajan en el sector informal no tenían otra opción que salir a trabajar. 

Apenas ha transcurrido un año desde que la pandemia llegó a México por lo que todavía hay muchos elementos que deben ser estudiados. En opinión de Malaquías López, profesor de Salud Pública en la UNAM, existen otros factores como la falta de capacitación en los hospitales y el desabasto de medicamentos. 

Las cifras muestran que existe una relación entre determinados factores previos y una mayor mortalidad. Como cambiar la salud de la población de la noche a la mañana es imposible habrá que ver qué ocurre en el futuro. El gobierno ha fiado su estrategia a limitar el acceso de los niños a la comida chatarra y las bebidas azucaradas. Sin embargo, hay datos que no nos permiten ser optimistas.

Por un lado, está el efecto de la reconversión hospitalaria en quienes ya padecen alguna enfermedad como diabetes o hipertensión. “Hay personas que interrumpieron tratamiento, o   que requerían cirugías o estudios diagnósticos que no se realizaron, hay que estudiar cómo puede repercutir esto en las muertes por enfermedades crónicas”, dice Rivera Dommarco. 

Por otro, la propia pandemia ha favorecido estilos de vida más sedentarios. Un reciente estudio indica que los mexicanos engordamos de media 8.5 kilos durante este año de confinamiento

Con servicios médicos más precarios y una salud debilitada es previsible que los factores que incrementan la mortalidad entre los enfermos de COVID-19 sigan aumentando. 

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Cómo Dearborn se convirtió en la primera ciudad de mayoría árabe de EE.UU.
8 minutos de lectura
Cómo Dearborn se convirtió en la primera ciudad de mayoría árabe de EE.UU.

Ubicada en las afueras de Detroit, la ciudad de Dearborn tiene un alcalde que es musulmán y árabe y ahí se ubica la mayor mezquita de Norteamérica. Te contamos su historia.

08 de mayo, 2024
Por: BBC News Mundo
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Una tarde de domingo en una panadería llamada Shatila Bakery en Dearborn, Michigan, en EE.UU., se veía a una fila de clientes reunida alrededor de las vitrinas llenas de baklava hojaldrado, montones de meshabek (pastel egipcio) y macarons dorados al estilo libanés.

Mientras los empleados corrían para completar los pedidos, los lugareños hablaban con entusiasmo entre sí en una mezcla de árabe e inglés, y uno de ellos bromeaba con un amigo: “¡Ahí quedan mis planes para comer saludablemente!”.

En muchos sentidos, Chatila es un microcosmos de Dearborn. Fundada por un inmigrante libanés en la década de 1970, la panadería está rodeada de docenas de restaurantes, negocios, mercados, carnicerías halal, peluquerías y mezquitas de propiedad árabe-estadounidense.

Letreros en árabe e inglés se alinean en las dos calles más importantes de Dearborn (Warren Avenue y Michigan Avenue) y durante el siglo pasado esta ciudad ubicada en las afueras de Detroit, que durante mucho tiempo ha sido sinónimo de la fabricación de los automóviles de la Ford Motor Company, se ha convertido en posiblemente el lugar más árabe de EE.UU.

En 2023, Dearborn se convirtió en la primera ciudad de mayoría árabe del país.

La ciudad de 110.000 habitantes alberga tanto el Museo Nacional Árabe Estadounidense como la mezquita más grande de América del Norte.

Es una de las pocas ciudades de EE.UU. cuyo alcalde es a la vez musulmán y árabe, la primera ciudad de EE.UU. que hace del Eid -el fin del ayuno del Ramadán- un feriado pagado para los empleados de la ciudad y uno de los pocos lugares en el país donde se permite que el adhan islámico (llamado a la oración) se transmita desde los altavoces de una mezquita.

Es, como me dijo un lugareño, “la patria lejos de la patria”.

Hoy en día, ofrece a los viajeros una tentadora oportunidad de recorrer Medio Oriente, por así decirlo, mientras exploran cómo los árabes estadounidenses han dado forma a la ciudad y a la nación.

Otro producto Ford

El museo de innovación Henry Ford
Alamy
Dearborn es el hogar del Museo Henry Ford de Innovación Estadounidense y su historia de construcción de automóviles está intrínsecamente ligada a los árabes estadounidenses.

Según Jack Tate, curador del Museo Histórico de Dearborn, la ciudad fue poco más que una tierra de cultivo escasamente poblada hasta principios del siglo XX. Todo eso cambió en la década de 1920, cuando el fabricante de automóviles y futuro magnate de los negocios Henry Ford trasladó la sede de su Ford Motor Company de Highland Park, a 10 millas de distancia, a Dearborn.

“En ese momento era una pequeña comunidad bastante tranquila. Y una vez que se abrió la [nueva] planta, venía gente de todo EE.UU. y de todo el mundo con la intención de trabajar para el señor Ford”, dijo Tate. “Ese fue el gran comienzo para la población de Medio Oriente aquí”.

Cuando Ford comenzó a fabricar sus famosos automóviles Modelo T en 1908, necesitaba trabajadores. El industrial, conocido por sus políticas de contratación racistas hacia los afroestadounidenses y su antisemitismo hacia los judíos, buscaba mano de obra entre los inmigrantes recién llegados del Medio Oriente al área de Detroit.

Pronto, oleadas de trabajadores de áreas ahora pertenecientes a Líbano, Siria, Irak, Yemen y los territorios palestinos acudieron en masa al gran Detroit en busca de estos nuevos empleos bien remunerados. (Incluso hay una leyenda local que dice que Ford una vez le dijo a un marinero yemení en un puerto que su fábrica pagaba a los trabajadores el entonces generoso salario de 5 dólares al día, lo que provocó esa oleada de yemeníes y otras personas de Medio Oriente que llegaron a la zona).

A principios de la década de 1920, la mayoría de los trabajadores de la línea de montaje del Modelo T de Ford eran de ascendencia árabe.

Cuando Ford se mudó a Dearborn, muchos de sus empleados lo siguieron. Esto no sólo transformó la ciudad de una tranquila aldea de 2.400 habitantes a la sede de la planta industrial más grande del mundo, sino que también allanó el camino para que Dearborn se convirtiera en el hogar de la mayor concentración de árabes en EE.UU.

Según el censo de 2020, el 54,5% de los casi 110.000 habitantes de la ciudad afirman tener ascendencia de Medio Oriente o del Norte de África.

Nace un “enclave”

Museo Nacional Árabe Americano
Alamy
El Museo Nacional Árabe Estadounidense es el único museo en EE.UU. dedicado a contar la experiencia árabe americana.

Un imán para los árabes

Según Matthew Jaber Stiffler, director del Centro de Narrativas Árabes, a medida que más árabes y árabes estadounidenses se trasladaron a Dearborn a lo largo de las décadas, se creó una red comunitaria que animó a otros a seguirles.

“Comenzaron a abrir consultorios médicos, restaurantes y tiendas de comestibles, con lo que se crea un enclave. Y luego, desafortunadamente, en sus países de origen (especialmente el Líbano, Yemen, Palestina e Irak) hubo continuos conflictos, que seguían obligando a la gente a migrar. Entonces, Dearborn seguía recibiendo gente nueva porque [ya había] gente aquí [de esos países]”.

Una historia similar fue la de la familia de Amanda Saab. La chef libanesa- estadounidense nació y creció en Dearborn después de que sus padres emigraran aquí en la década de 1970 cuando aún era niña.

Como tantos otros, sus padres se sintieron atraídos por la promesa de empleos en automotrices bien remunerados, y la ciudad les llamó la atención porque otros miembros de su familia ya estaban allí.

[Dearborn] siempre ha sido una especie de faro, el centro, la fortaleza… Todas las cosas que realmente nos conectan con la comunidad y la fe para mí están en Dearborn“, dijo.

En 2015, Saab fue la primera mujer musulmana con hijab en competir en el reality MasterChef USA. En respuesta a la guerra entre Israel y Gaza, creó Chefs for Palestine, una serie de cenas en las que algunos de los mejores cocineros de la zona se reunieron para recaudar dinero en apoyo del Fondo de Ayuda para Niños Palestinos y la Asociación Médica Palestino Estadounidense.

Como explicó Saab, debido a que tantos residentes llegaron a Dearborn en busca de una vida mejor después de soportar conflictos en sus países de origen, la ciudad no sólo ha servido como un refugio de esperanza para los árabes estadounidenses, sino también como un sistema de apoyo para aquellos que tienen familias extensas sufriendo en el extranjero.

“Dearborn es una de las comunidades más hospitalarias, amables y generosas”, dijo Saab.

La cultura de la comida árabe

Una mujer haciendo pan
Alamy
La gente viene de todo el Medio Oeste para comer en los numerosos cafés y restaurantes del Medio Oriente de Dearborn.

Hoy en día, la fuerte presencia árabe en Dearborn quizás se sienta más fuertemente en su escena gastronómica, con amantes de la gastronomía que acuden en masa desde todo el medio oeste estadounidense a sus numerosas tiendas de comida, cafés y restaurantes de Medio Oriente.

“Dearborn es una aventura gastronómica en sí misma”, dijo Saab.

Mientras degustas la cultura del Medio Oriente de Dearborn, también hay mucho que ver.

En 2005, el Centro Islámico de EE.UU. inauguró una enorme mezquita en Ford Road, a sólo dos millas de la sede de la Ford Motor Company. Además de ser la mezquita más grande de América del Norte, también es la mezquita chiita más antigua de EEUU, con espacio para 1.000 personas en oración.

Da la bienvenida a personas de todas las religiones, y los turistas pueden admirar las cúpulas doradas de la mezquita, los altísimos minaretes y la ornamentada caligrafía islámica en su interior.

En el extremo sur de Dearborn, la Sociedad Musulmana Estadounidense también está abierta a todos y ofrece recorridos turísticos. Construida en 1937 y ampliada a lo largo de los años hasta incluir un auditorio que acoge a conferenciantes invitados los fines de semana, fue la primera mezquita en EE.UU. a la que se le permitió transmitir el adhan a través de un altavoz.

Conservando la cultura árabe estadounidense

El jardín patrimonial del Museo Árabe Americano
Dorothy Hernández
Al-Hadiqa, el nuevo jardín del Museo Nacional Árabe Estadounidense, exhibe plantas históricamente cultivadas en todo el mundo árabe.

La fe es una parte central de la vida de muchos de los residentes árabes-estadounidenses de Dearborn, pero no es toda la historia.

Eso es lo que el Museo Nacional Árabe Estadounidense pretende explicar.

El museo, que se anuncia a sí mismo como “el primer y único museo de su tipo en EE.UU. dedicado a registrar la experiencia árabe-estadounidense”, cuenta las historias de la inmigración de la comunidad y muestra notables contribuciones árabe-estadounidenses a la sociedad del país.

Además de sus galerías principales y eventos anuales, como el Festival de Cine Árabe, el museo también inauguró su jardín patrimonial Al-Hadiqa en 2023.

En la azotea, Shatha Najim, uno de los historiadores comunitarios del museo, señaló plantas en diversas etapas de crecimiento, desde las incipientes vides abrazadas a marcos de alambre hasta las robustas cebollas egipcias que habían sido cosechadas recientemente.

Dijo que el jardín, que abrirá sus puertas el 8 de junio, fue creado en conjunto con las historias que estaba recopilando para la colección de historia oral del museo, muchas de las cuales describen las experiencias de las personas que abandonaron sus países de origen.

“Creo que una de las mejores maneras de conectarse realmente con la patria es a través de las plantas”, dijo. “Plantar alimentos y hierbas de casa, y tenerlos aquí es como establecer un nuevo hogar y un nuevo entorno que sientes que te resulta familiar”.

Najim dijo que estas historias orales pintan una imagen más completa de la vida en EE.UU., ya que a menudo para los árabes estadounidenses, “gran parte de la narrativa la cuentan por nosotros y no para nosotros”. Pero en Dearborn es diferente.

“Estás con personas que están familiarizadas con tu cultura. Tal vez no sean del mismo país, pero comparten muchas similitudes contigo”, dijo. “Todo eso crea una nueva sensación de patria y de existir en un lugar nuevo y de crear un nuevo y hermoso hogar. Tal vez no fue intencional que todos terminaran aquí [pero lo hicimos lo mejor que pudimos]… de ahí las [palabras] ‘ “Árabe estadounidense”. Sentimos conexión con ambas”.

Línea
BBC

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