
Venezuela informó el lunes de la excarcelación de 116 presos políticos dentro de un proceso de liberaciones anunciado la semana pasada, tras la captura de Nicolás Maduro en un bombardeo de Estados Unidos.
Desde ese ataque del 3 de enero, el mandatario estadounidense Donald Trump asegura que está a cargo del país. El domingo dijo estar satisfecho con la sucesora de Maduro, la presidente interina Delcy Rodríguez, y mostró su intención de reunirse con ella.
Al mismo tiempo, el republicano publicó en su red social una imagen alterada de su perfil en Wikipedia en la que aparece como “presidente encargado de Venezuela”.
El depuesto presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron trasladados a Estados Unidos para responder en un caso de narcotráfico ante un juez de Nueva York.

A la ofensiva en Venezuela, se suma el conflicto con Cuba, aliado histórico del chavismo. Trump anunció un corte de las ayudas petroleras de Venezuela a la isla y los exhortó a llegar a un acuerdo con Washington “antes de que sea demasiado tarde”.
El presidente cubano Miguel Díaz Canel dijo este lunes que “no existen conversaciones” en curso con Estados Unidos, en respuesta a afirmaciones de Trump en ese sentido.
Con Venezuela, la reanudación de relaciones diplomáticas está sobre la mesa, al tiempo que el gobierno interino de Rodríguez hace las primeras concesiones.
Firmó acuerdos petroleros con Estados Unidos y accedió a la liberación de un “número importante” de presos políticos.
El ministerio del Servicio Penitenciario informó en un comunicado de 116 excarcelaciones, aunque el número reportado hasta ahora por la ONG especializada Foro Penal es de 40, incluyendo a dos italianos liberados, cifra que sube a 48 si se incluye a partidos opositores y otras oenegés.
Ha sido un proceso lento y agónico desde el primer anuncio el jueves pasado. Los familiares se agolpan frente al Helicoide en Caracas y el Rodeo I, a las afueras de la capital, con la esperanza de ver a su preso salir en libertad.
Restos de velas se observan en la acera cercana a la puerta del Rodeo 1 esa prisión tras una vigilia la noche anterior.
Foro Penal anunció en la madrugada que 15 presos de esa cárcel fueron excarcelados, pero no salieron por la puerta principal. Familiares dicen que los trasladan a la sede del servicio de contrainteligencia en Caracas para su liberación.
“Lo que nos cuentan otros familiares es que los llevan a un lugar cerca del Rodeo, les piden que se quiten el uniforme, les dan ropa de calle y hasta le ponen perfume”, dijo a la AFP Daniela Camacho cuyo esposo, José Daniel Mendoza, fue detenido hace dos años y medio.
Su padre, Manuel Mendoza, estaba también allí. Viaja seis horas desde el estado Yaracuy para ver a su hijo por solo 20 minutos una vez a la semana.

“Si ellos dieron el paso de ofrecer la liberación de todos los presos políticos, solo estamos pidiendo que se cumpla la palabra que ellos pusieron en la mesa. Ya son cuatro días a la intemperie, pasando trabajo”, protestó.
El domingo fue día de visita. Los familiares mantuvieron el mismo protocolo que cumplieron por años: llevaron productos higiénicos, ingresaron a la prisión encapuchados y luego vieron a su ser querido preso a través de un vidrio.
“Estoy muy feliz y esperanzada”, dijo Mireya Sierra quien tiene a su esposo e hijo detenidos en El Rodeo I desde hace 11 meses por criticar al gobierno. Tras la visita, señaló que los presos están “muy contentos, manteniendo la calma porque ya saben que en cualquier momento todos van a salir”.
El papa León XIV recibió por su parte a la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.
La audiencia privada se conoció en un breve comunicado del Vaticano que incluía la lista de personas recibidas por el papa durante la mañana. No se dio más detalle.
La oposición divulgó fotos del encuentro: Machado viste de negro y lleva un rosario, y posa junto al pontífice estadounidense-peruano.
León XIV pidió el viernes “respetar la voluntad del pueblo venezolano y salvaguardar los derechos humanos y civiles de todos”.
Machado estuvo más de un año en la clandestinidad en Venezuela, de donde salió en una operación hollywoodense para recibir el Nobel en Oslo.
Denunció siempre que Maduro se robó las elecciones del 28 de julio de 2024 y que Edmundo González Urrutia era el ganador. Sin embargo, Trump descartó que entregará el control de Venezuela a la oposición.
Trump incluso aseguró que la relación con el interinato de Rodríguez “está funcionando realmente bien” y aseguró que no descartaba una reunión.
Esta semana afirmó que recibirá en Washington a Machado, de quien dijo: “No goza de apoyo ni de respeto en su país”.

Sobrevivientes al ataque de EU en Venezuela que condujo a la captura de Nicolás Maduro cuentan sus testimonios. Rosa González murió por el impacto de un misil estadounidense en su casa.
Eran las 2:00 de la mañana cuando un proyectil cayó en su departamento. “La onda explosiva me tiró contra la pared”, recuerda Wilman González.
Tirado en el suelo, abrió los brazos mirando al cielo y se despidió: “Dios, perdona todos mis pecados”.
En ese instante, recuerda, “sentí que había muerto”. Momentos después se dio cuenta que tenía enterrada en su cara una astilla de madera que se había desprendido de la puerta.
“Como pude me la saqué y fui a atender a mis hermanos que estaban aturdidos por el impacto”, cuenta a BBC Mundo el electricista de 54 años.
Aún con el pómulo derecho morado, apenas puede creer lo que le pasó a él y su familia este 3 de enero, cuando las fuerzas militares estadounidenses atacaron Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Wilman vivía en el Bloque 12, un antiguo edificio ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera de Caracas.
Habitado principalmente por personas de edad avanzada en un barrio popular, el Bloque 12, o lo que queda de él, es ahora un símbolo de uno de los mayores acontecimientos ocurridos en la historia reciente de Venezuela: el bombardeo de Estados Unidos ordenado por el presidente Donald Trump.
Y es uno de los edificios civiles afectados en un ataque que principalmente tuvo como objetivo instalaciones militares y de comunicaciones.
Mientras Maduro permanece detenido en una cárcel de Nueva York acusado por cargos relacionados con narcoterrorismo, la presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, es quien asumió esta semana las riendas del país bajo la tutela de EU.
Según el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, la operación causó la muerte de unas 100 personas, incluyendo civiles y militares.
Wilman es uno de los sobrevivientes, pero su tía Rosa, de 79 años, que dormía en la habitación del lado, no tuvo la misma suerte.
“Ella empezó a gritar: ‘Ay, me duele, me duele el brazo’ (…). Había una lavadora encima de ella. Una lavadora que con el impacto voló y le cayó encima”, cuenta su sobrino que, con dificultad, logró sacarla y sentarla en una silla.
Fue en ese momento cuando la mujer le dijo que no podía respirar.
Desesperados, los familiares llevaron a Rosa González a un hospital donde recibió atención médica de urgencia. Pero pese a todos los esfuerzos, fue demasiado tarde.
Con el ataúd semi abierto para decirle adiós, dos días después del bombardeo, familiares y amigos velaron a Rosa en una pequeña capilla de paredes blancas frente a una estatua de Jesucristo en la cruz.
Wilman, que por ahora está viviendo en la casa de un cuñado, se para frente al que alguna vez fue su hogar y mira los escombros sin explicarse lo que pasó. “Mira cómo quedó… No es justo, no es justa esta vaina”, dice profundamente molesto, mientras señala los restos del Bloque 12.
“La parte más grande del proyectil quedó en el cuarto de mi tía”.
Los restos del misil estadounidense, cuenta, se los llevó el gobierno. Pero el trauma de la experiencia se queda. “Estamos asustados, nosotros nunca hemos estado en una guerra”, cuenta desconsolado.
“Señores, ¡no a la guerra, no a la guerra!. La guerra no hace falta, lo que hace falta es comer, vivir”, grita con rabia frente al edificio. Lo único que hay frente a sus ojos son paredes demolidas, vidrios quebrados, trozos de objetos personales, y los restos de una vida que nunca volverá a ser como antes.
Su vecino, Jorge Cardona, de 70 años, estaba en la sala de su departamento cuando cayó el misil.
De repente, sintió un ruido y luego vino el impacto. “Escuché la explosión y la llamarada de candela y todo voló”.
Quedó tirado en un pasillo. “La pared del vecino se vino para mi casa y se llevó muebles, se llevó todo”. Cuando logró reaccionar, comenzó a sacudirse el polvo y los escombros que habían caído sobre su cuerpo. Rápidamente se puso un pantalón y unos zapatos, y fue a hablar con los vecinos.
“Yo pensé que nos estaban atacando, pero nunca pensé que me iban a atacar a mí”. El proyectil, cuenta, “pegó en la platabanda (techo) de arriba, en el pasillo, y pasó por la ventana del baño de los vecinos”.
“Estamos vivos de milagro”, le dice a BBC Mundo. “Fue algo que se vive una sola vez en la vida y se ve nada más en las películas de Hollywood, donde el muchacho se salva”.
Jesús Linares, de 48 años, estaba durmiendo cuando un zumbido fuerte lo despertó. Lo primero que se le vino a la cabeza es que podía tratarse de un fuego artificial de las celebraciones de fin de año.
Pero cuando llega el impacto, su hija de 16 años, que estaba durmiendo en la misma habitación, le preguntó: “¿Papá qué pasa?”. Él le contestó: “Hija, nos están invadiendo”.
En ese momento la sacó de la cama y mientras iba camino al cuarto de su madre, sintió un nuevo zumbido. Era el misil que impactó el edificio, destruyendo la entrada principal de su casa.
“La onda expansiva me arrojó al piso y sentí que algo me golpeaba la cabeza. Cuando me levanté le grité a mi hija: ‘¡Al suelo, tírate al suelo!'”.
Descalzo, pasó por encima de unos vidrios para buscar zapatos y alcanzó a empacar alguna ropa para él, su hija, y su madre, de 85 años. Luego entró al departamento de su vecina y la encontró tirada en el suelo, totalmente desorientada y con heridas en el cuerpo.
Coronel de bomberos, con 28 años de servicio en la institución, Jesús se dio cuenta que la mujer requería ayuda inmediata. Con una sábana improvisó un vendaje en la cabeza y otro en la pierna para detener la hemorragia.
Su madre y su hija, afortunadamente, solo quedaron con traumatismos leves.
Recordando lo que pasó esa noche, llega a la conclusión de que automáticamente había aplicado el protocolo que se utiliza en caso de un terremoto. Eso le permitió rescatar con vida a su vecina y ponerse a resguardo junto a sus parientes.
Ahora está colaborando en las tareas de reconstrucción del Bloque 12 y permanece alojado en la casa de un familiar junto a su hija y su madre, con la expectativa de volver a su hogar.
Y aunque Jesús está acostumbrado a lidiar con situaciones difíciles, la caída del misil en su edificio le ha dejado algunas secuelas.
Desde el ataque, Jesús se levanta todos los días a eso de las 2:00 de madrugada, la hora en que el proyectil impactó en su vivienda.
A esa hora, “retrocede la película”, y recuerda lo que vivió el día en que Estados Unidos atacó Venezuela e impactó al Bloque 12.
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