
Ante el riesgo de un agravamiento de la crisis energética, los habitantes de La Habana, Cuba, intentan protegerse: reservas de carbón para unos, motos eléctricas para otros o paneles solares para quienes pueden permitírselo.
A la orilla de una carretera periférica al sureste de La Habana, algunos vendedores ofrecen carbón directamente sobre el asfalto y braseros artesanales, unos fabricados con viejos tambores de lavadora y otros más sofisticados.
“Todo el mundo sabe lo que viene ahora. No tenemos combustible en el país, hay que tomar alternativas”, dice a la AFP Niurbis Lamothe, una empleada estatal de 53 años, luego de adquirir una cocina artesanal de carbón.
“Se apretó el zapato más de lo que estaba”, comenta una compradora que prefiere no dar su nombre, mirando una bolsa de carbón vegetal de 2 mil 600 pesos (5.25 dólares), es decir, cerca del 50 % del salario medio cubano.
Esta madre de una niña pequeña explicó que su sueldo no le alcanza para comprar de una planta eléctrica o una pequeña batería de litio para sortear las 10 o 12 horas de cortes eléctricos que vive a diario.
“Esta es la vía más asequible al bolsillo” para poder cocinar, explica mientras carga un saco de carbón en su moto eléctrica.

Yurisnel Agosto, un comerciante de 36 años, confirmó que “nunca había vendido tanto”. Antes, sus clientes principales eran pizzerías o restaurantes con parrilladas, pero ahora cada vez más personas llevan carbón para sus casas.
“La gente viene y compra tres sacos para prepararse para cuando no haya electricidad”, dice el joven con las manos tiznadas de llenar, apilar y acomodar los sacos al borde de la carretera.
La situación económica de Cuba se ha deteriorado gravemente en los últimos años, con todo tipo de carencias y con cortes de electricidad y de falta de combustible que se agravan.
Ahora, el estrangulamiento energético impuesto por Estados Unidos, que ya mantiene un embargo a la isla comunista desde hace más de 60 años, hace temer lo peor. A esto se suma que la economía cubana no logra recuperarse. En 2025 se contrajo alrededor del 5%, según un informe reciente del Centro de Estudios de la Economía Cubana.
Los cubanos intentan adaptarse. Algunos recuerdan que ya vivieron el “periodo especial”, la gravísima crisis económica que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991, entonces principal aliado de Cuba y su sostén económico.
A partir de 2000, con Hugo Chávez en la presidencia, Venezuela tomó el relevo como proveedor de petróleo a Cuba.
Pero la caída de Nicolás Maduro, capturado el 3 de enero en Caracas en una incursión militar estadounidense, hizo saltar las alarmas en Cuba, que ya antes tenía dificultades para cubrir la mitad de sus necesidades en electricidad.
Los cubanos ahora ven su salvación en los paneles solares. Las empresas de instalación se han multiplicado desde 2024, gracias a las facilidades de importación abiertas por el gobierno.
“La gente está desesperada por resolver”, refiere a la AFP Reinier Hernández, de 42 años, propietario de una empresa privada de instalación de sistemas solares que enfrenta una demanda exponencial.
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Desde mediados de enero casi no duerme, entre llamadas telefónicas, preparación de presupuestos y la organización del trabajo de su veintena de empleados que hacen jornadas interminables.
“En estas dos últimas semanas no he descansado”, confiesa Orley Estrada, jefe de brigada de 30 años. “A veces he llegado a la casa a la una de la mañana” y “están llamando más clientes constantemente”, dice.

En el barrio de Guanabacoa, en el este de La Habana, los obreros se afanan en instalar 12 paneles solares en el techo de un hogar para ancianos gestionado por la Iglesia católica. Con ellos, las religiosas podrán preparar comida para unas 80 personas.
“Sin electricidad no teníamos otra forma”, explica a la AFP la hermana Gertrudis Abreu, una religiosa dominicana que administra el comedor social y tuvo que pedir donaciones para reunir los 7 mil dólares necesarios para la instalación.
Y es que Washington se ha asegurado de que Cuba no reciba petróleo de Venezuela, que durante dos décadas ha sido el principal aliado de La Habana, y ha incrementado la presión para reducir el crudo que llega desde México.
Con ausencia de transporte público, racionamiento de combustible, teletrabajo y clases a distancia, Cuba comenzó a aplicar desde el lunes 9 de febrero, medidas de emergencia para enfrentar la crisis energética.
En La Habana, el tráfico menor de lo habitual y sus habitantes, que ya llevan años sufriendo apagones diarios, escasez de todo tipo y una inflación galopante, no ocultan su preocupación.
Usuarios de taxis privados dijeron que las tarifas se habían disparado de la noche a la mañana.
Para ahorrar energía, el gobierno comunista anunció la restricción de la venta de combustible, la disminución de los viajes entre provincias por ómnibus y trenes, el cierre temporal de algunas empresas estatales, así como el teletrabajo y la disminución de la semana laboral a cuatro días (de lunes a jueves).
Además, los hospitales en la isla laboran en condiciones mínimas, limitando las cirugías y la atención a los pacientes.
El Ministerio de Salud Pública de Cuba informó que se están aplicando medidas de racionalización de recursos y reducción de personal en clínicas y hospitales, ante “el recrudecimiento de las restricciones del gobierno estadounidense y las severas dificultades energéticas”.
Autoridades de gobierno señalaron que este plan busca dar prioridad a servicios esenciales, como la atención a pacientes con enfermedades terminales, cáncer y otros padecimientos crónicos, y al programa de maternidad.
“Se reducirá el personal en las instituciones, privilegiando que trabajen quienes vivan más cerca, para disminuir la movilidad. Se crearán grupos de trabajo por periodos y se buscarán alternativas de transporte para los trabajadores”, detallaron las autoridades.
El gobierno de La Habana aseguró que se garantizará el combustible para las ambulancias, “priorizando las emergencias”, y se mantendrán también las medidas antiepidémicas y de prevención de enfermedades de transmisión mediante organismos.
Además, las autoridades convocarán a jubilados del sector que residan cerca de las instituciones de salud “para que se incorporen de manera contratada”, con la finalidad de reforzar la presencia del personal de salud.
“Vamos a vivir tiempos difíciles”, aseguró el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, el pasado 5 de febrero previo al anuncio de un plan extraordinario de ahorro energético.

El turismo, que ya sufría el impacto de la crisis económica que castiga al país desde hace seis años, se verá gravemente afectado, lo que reducirá aún más la entrada de divisas.
Como señal de la gravedad de la crisis, las autoridades cubanas informaron a las aerolíneas que operan en el país que el suministro de combustible quedará congelado durante un mes, desde el 9 de febrero.
Air Transat y WestJet, ambas especializadas en viajes vacacionales, se sumaron a Air Canada, que informó que cancelaba sus rutas a Cuba. En los próximos días ésta última enviará aviones vacíos para recoger a unos 3 mil clientes y llevarlos a casa. Y varias compañías, como Air France, Iberia o Air Europa ya anunciaron que realizarán una escala para reabastecer sus aeronaves en otras naciones del Caribe con el fin de continuar sus operaciones.
Además, el gobierno anunció el cierre de algunos hoteles con baja ocupación y la reubicación de los turistas.
Ahora, lo que se vive en Cuba estos días trae recuerdos del pasado a algunos de los habitantes de la isla: apagones de hasta 16 horas diarias, escasez de alimentos, calles vacías o llenas de bicicletas, fábricas paralizadas y empleados enviados a casa.

Analizamos la vida del máximo líder de Irán, el poder que ejerce y el papel que desempeñan sus hijos en la política del país que fue atacado este sábado por EE.UU. e Israel.
Un nuevo desafío para el hombre más poderoso de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.
El ejército de Israel lanzó este sábado un ataque contra su país con la participación de Estados Unidos.
En enero, el líder supremo iraní enfrentó el reto más serio a su poder desde la Revolución Islámica de 1979, cuando manifestaciones masivas sacudieron las calles del país y desataron una crisis de legitimidad del gobierno.
En las protestas antigubernamentales, que alcanzaron un nivel nunca visto en los 47 años de historia de la República Islámica, murieron miles de personas por la represión de las fuerzas de seguridad.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repetidamente amenazó con tomar acción militar por la muerte de los manifestantes.
Ante esas amenazas, el gobierno de Irán señaló que Teherán estaba abierta a conversar con Washington, pero aseguró que el país estaba “preparado para la guerra”.
Entretanto, el ayatolá Jamenei acusó a EE.UU. de “engaño” y de usar a “mercenarios traidores” para atizar las protestas.
Ni Trump, ni el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han ocultado su deseo de un cambio de régimen en Irán.
Durante décadas, Washington e Israel han acusado a Irán de intentar desarrollar en secreto un arma nuclear. Irán ha negado repetidamente que busque una bomba y afirma que su programa solo tiene fines pacíficos.
Este mes se celebraron tres rondas de negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear, y se esperaban nuevas negociaciones la próxima semana.
Pero este sábado, la situación dio un giro dramático.
“Hace poco, el ejército de Estados Unidos inició importantes operaciones de combate en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de gente muy dura y terrible. Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo”, dijo Trump en la red social Truth Social.
Una fuente dijo a Reuters que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, no se encontraba en Teherán y que había sido trasladado a un lugar seguro.
Tras el ataque “preventivo” de Estados Unidos e Israel, la presión sobre el líder supremo no cede.
¿Quién es el ayatolá Alí Jamenei, qué poder ejerce en el país y qué rol desempeña su familia en la política iraní?
El ayatolá Alí Jamenei es apenas el segundo líder supremo del país desde la revolución islámica de 1979. Ocupa el cargo desde 1989. Los jóvenes iraníes nunca han experimentado la vida sin él en el poder.
Jamenei, que está en el medio de una compleja red de poderes rivales, es capaz de vetar cualquier asunto de política pública y elegir a dedo a candidatos para cargos públicos.
Como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército, que incluye al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Iran (CGRI), su posición lo convierte en una figura con todo tipo de poderes.
Nacido en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, en 1939, Jamenei es el segundo de ocho hijos en una familia religiosa. Su padre era un clérigo de rango medio de la rama chiita del islam, el grupo religioso dominante en Irán.
Su educación se centró principalmente en el estudio del Corán y obtuvo el título de clérigo a los 11 años. Pero, al igual que muchos líderes religiosos de la época, su rol siempre ha sido tanto político como espiritual.
Jamenei, un hábil orador, se unió a los críticos del Sha Reza Pahlavi, el monarca que fue derrocado por la Revolución Islámica de 1979.
Durante años, vivió en la clandestinidad y estuvo detenido. Fue arrestado seis veces por la policía secreta del Sha, sufriendo torturas y el exilio interno.
Un año después de la revolución, el ayatolá Jomeini lo nombró líder de la oración de los viernes en la capital, Teherán.
Jamenei fue elegido presidente en 1981, antes de ser designado en 1989 por los ancianos religiosos como el sucesor del ayatolá Jomeini, quien había muerto a los 86 años.
Alí Jamenei, quien rara vez viaja al exterior, vive junto a su esposa con austeridad en un complejo residencial en el centro de Teherán.
De Jamenei se sabe que disfruta de la jardinería y la poesía, que fumó en su juventud –algo inusual para una figura religiosa en Irán– y que perdió la movilidad de su brazo derecho en un intento de asesinato en la década de 1980.
Junto a su esposa, Mansoureh Khojasteh Baqerzadeh, tienen seis hijos: cuatro varones y dos mujeres.
La familia Jamenei no suele aparecer en público ni en medios de comunicación, por lo que la información oficial y verificada sobre la vida privada de sus hijos ha sido limitada.
De sus cuatro hijos, el segundo, Mojtaba, es el más conocido por su influencia y el importante papel que desempeña en el círculo íntimo de su padre.
Mojtaba estudió en la escuela secundaria Alavi en Teherán, un colegio cuyos alumnos tradicionalmente son hijos de altos funcionarios de la República Islámica, y se casó con la hija de una destacada figura conservadora del país, Gholam-Ali Haddad-Adel, en un momento en que todavía no se había convertido a clérigo.
Comenzó sus estudios religiosos formales en el seminario de Qom, el centro chiita más importante de Irán, a los 30 años.
A mediados de la década de 2000, la influencia de Mojtaba en la política del país se hizo más evidente, aunque rara vez esto haya sido reconocido por los medios de comunicación locales.
Mojtaba saltó a la escena tras las controvertidas elecciones presidenciales de 2004, cuando el candidato Mehdi Karroubi lo acusó en una carta abierta dirigida al ayatolá Jamenei de haber interferido de manera encubierta a favor de Mahmud Ahmadineyad.
Desde la década de 2010, Mojtaba ha sido considerado como una de las personas más poderosas de la República Islámica. Relatos anecdóticos sugieren que él es el candidato preferido de Jameneí para reemplazarlo. Sin embargo, algunas fuentes oficiales han negado estas afirmaciones.
Aunque Alí Jamenei no es rey ni puede ceder el trono a su hijo, Mojtaba tiene un poder significativo dentro de los círculos de línea dura de su padre, incluyendo la poderosa oficina del Líder Supremo, que eclipsa a los órganos constitucionales.
El hijo mayor de la familia es Mustafa Jamenei, quien está casado con la hija de Azizollah Khoshvaght, un clérigo tradicional firmemente conservador.
Tanto Mustafa como Mojtaba sirvieron en el frente durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980.
El tercer hijo de Alí Jamenei es Masoud. Nacido en 1972, está casado con Susan Kharazi, hija de Mohsen Kharazi, un conocido clérigo afiliado a la conservadora Asociación de Maestros del Seminario de Qom y es hermana de Mohammad Sadegh Kharazi, exdiplomático con inclinaciones reformistas.
Masoud Jamenei se ha mantenido alejado de los círculos políticos y se sabe poco sobre su vida.
Antes, había dirigido la oficina que supervisa las obras de su padre, una institución que funciona como un brazo clave de propaganda para el ayatolá Jamenei. También había sido responsable de la recopilación de la biografía y las memorias de su padre.
El hijo menor, Meysam, nació en 1977 y, al igual que sus tres hermanos mayores, también es clérigo.
Su esposa, cuyo nombre no ha sido mencionado en los medios, es hija de Mahmoud Lolachian, un comerciante con mucho dinero e influyente, conocido por apoyar financieramente a clérigos revolucionarios antes de la revolución de 1979.
Meysam ha trabajado junto a su hermano Masoud en la Oficina para la Preservación y Publicación de las obras de su padre.
Sobre las hijas de Jamenei se sabe poco.
Bushra y Hoda son las menores de la familia y ambas nacieron después de la revolución de 1979.
Bushra nació en 1980 y está casada con Mohammad-Javad Mohammadi Golpayegani, hijo de Gholamhossein (Mohammad) Mohammadi Golpayegani, jefe de gabinete de Jamenei.
Hoda, la menor de las hijas del líder, nació en 1981. Está casada con Mesbah al-Hoda Bagheri Kani, quien estudió marketing y daba clases en la Universidad Imam Sadiq.
*Esta es una actualización de un artículo originalmente publicado el 16 de junio 2025, con información de BBC News, BBC Verify y el corresponsal de la BBC en Washington Paul Adams
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