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“Amor es amor”: internas de Santa Martha reivindican el Orgullo LGBTIQ+ pese al encierro
“Amor es amor”: internas de Santa Martha reivindican el Orgullo LGBTIQ+ pese al encierro
Foto: Silvana Flores
12 minutos de lectura

“Amor es amor”: internas de Santa Martha reivindican el Orgullo LGBTIQ+ pese al encierro

En el Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla, internas de las comunidades LGBTIQ+ experimentan la privación de la libertad de diferentes formas: para algunas significa el primer descubrimiento de quiénes son; para otras, una reafirmación con sus propios retos en el encierro.
08 de julio, 2025
Por: Marcela Nochebuena

Viviana se dio cuenta de que le gustaban las personas de su mismo sexo solo unos meses después de pisar por primera vez el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla.

Ahora, 11 años después, valora que ahí encontró la libertad para ser ella misma, y pudo desprenderse del temor que se lo impedía afuera. Con un arcoiris pintado en la mitad de la cara, desde la nariz hasta casi la oreja, su relato pasa pronto de la festividad a la tristeza, porque nunca pudo expresar esa identidad fuera de las rejas, pero piensa que el día para hacerlo podría estar cerca. 

Para mediados de 2025, el reclusorio femenil de Santa Martha Acatitla, al oriente de la Ciudad de México, tiene una población total de mil 526 internas, de las que se calcula que unas 250 pertenecen a poblaciones LGBTIQ+

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Viviana tiene 31 años. Desde el reclusorio, del que espera salir el próximo año como resultado de un amparo, cuenta que afuera no podía expresar su verdadera orientación sexual porque le daba miedo el estigma, y la respuesta de la familia y la sociedad. A veces, dice, se impone mucho el estereotipo de que no está bien, “o no es de Dios, porque en la Biblia dice que no es correcto”. 

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Foto: Silvana Flores

  

 

“Creo que tal vez por eso yo no me atrevía a descubrirme al 100 %”, dice en entrevista desde el reclusorio a finales de junio, que se celebra alrededor del mundo como Mes del Orgullo LGBTIQ+ en conmemoración a los disturbios de Stonewall de junio de 1969 en Nueva York, considerados un punto de inflexión para la lucha por los derechos de las personas LGBTIQ+.

Para Viviana, llegar a la prisión cambió todo porque fue como si de pronto no tuviera que esconderse de nadie. Ahí no había quien se espantara por ver a una mujer de la mano de otra. “Aquí eres muy libre, o sea, y es como triste y raro a la vez porque pues aquí es la cárcel, pero por lo menos interiormente en ese tema eres libre”, sostiene con un tono agridulce.

La joven hace un esfuerzo adicional para que su voz se escuche entre la música a todo volumen y el bullicio de los festejos LGBTIQ+ en la prisión. Aunque mucho más limitados que en el exterior, la diversidad también se nota. De entrada, porque los colores azul marino, beige y gris dejan de ser los predominantes, como ocurre casi todo el tiempo en el reclusorio. 

Frente a ella, una mariposa formada con plumas de colores también contribuye a darle vida al fondo gris de una pared donde al otro lado, las internas ocupan las cabinas telefónicas, mientras que en el muro que hace esquina un collage de frases diversas, escritas y pegadas en hojas de colores, hablan de lo que para muchas de sus compañeras significa pertenecer a las poblaciones LGBTIQ+

El orgullo LGBTIQ+ entre los muros de la prisión

Las banderas de colores colgadas arriba de un escenario, o formadas con tiras de papel de china al centro de los kioscos del patio central, e incluso algunos arcos de globos de colores, le dan un tinte muy diferente a la opacidad característica de la prisión, tanto en el gris de sus muros, como en el azul marino que distingue a las internas sentenciadas de aquellas vestidas de beige, que aún transitan un proceso pero perdieron su libertad –e incluso pueden pasar años así– sin tener una sentencia.

La fiesta, igual que ocurrió el sábado 28 de junio en las calles de la Ciudad de México, en esta comunidad cautiva también inició temprano, aunque un par de días después. Unas horas antes de que el verdadero espectáculo comenzara, los preparativos ya eran evidentes. No sólo por el escenario montado, sino porque en el fondo del patio, sobre una estructura pentagonal, seis internas ensayaban la coreografía que presentarían más tarde a ritmo de reggaeton.

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Foto: Silvana Flores

 

A unos cuantos pasos, en varias mesas de ese espacio abierto, donde las internas de vez en cuando pueden tener un atisbo del cielo y el sol en medio del encierro, pequeños grupos de ellas se ayudaban unas a otras a maquillarse para la ocasión. En esas condiciones, la intemperie es la única medida del tiempo, porque las horas dentro, incluso para los visitantes, se vuelven mucho más largas que la vida que transcurre afuera.

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“Yo soy su maquillista”, decía orgullosa una de ellas. A esa hora de la mañana, cerca de las 10, el ambiente aún era apacible, y resultaba difícil imaginar que tan sólo un par de horas más tarde, Shakira, Britney Spears o Rosalía —personificadas por mujeres privadas de su libertad— se adueñarían del escenario y llenarían el aire de tonadas de consuelo para aquellas que no pudieron salir a festejar a las calles.

Una comunidad que abraza

Viviana continúa con su historia: llegó a Santa Marta Acatitla a los 20 años, y ya a los 21 se dio cuenta de su identificación con las poblaciones LGBTIQ+. En general, dice, su experiencia en ese sentido ha sido positiva, porque existen eventos de celebración en junio y porque la mayoría no la ha juzgado. Reconoce, sin embargo, que también hay algunas personas cristianas o religiosas que llegan a hacer señalamientos, pero la comunidad, asegura, la ha acogido. 

“Como que te abrazan, como que te apoyan”, puntualiza. Quizá no es lo mismo, reconoce, para las chicas trans, que algunas veces tienen que lidiar con custodias que no se refieren a ellas de la manera adecuada o las malmiran, pero entre las poblaciones han aprendido a defenderse e incluso a señalarles que no deben hablarles así. No ocurre con todas, aclara, pero sí llega a suceder.

Para ella, es importante visibilizar el tema incluso en la prisión, porque hay personas que aún no entienden que no es una enfermedad, sino una orientación con la que se nace. Reprocha que actualmente existan incluso suicidios porque las personas LGBTIQ+ no encuentran el apoyo que necesitan en casa y con su familia, y como a ella le sucedió alguna vez, les da miedo salir al mundo. 

“Muchas veces nos rescata el mundo, pero cuando no lo tienes desde pequeña, creo que interiormente y espiritualmente es algo que te quiebra, que te rompe cuando no tienes ese apoyo”, confiesa. Por eso, para ella, tener un festejo en la prisión “está muy chido”. 

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Foto: Silvana Flores

 

Nos permiten expresarnos, nos permiten vestirnos como queremos, pintarnos desde la esencia, desde lo que tú eres. Aquí en la cárcel de pronto no nos dejan usar playeras muy chiquitas o ropa ajustada y así; hoy es para nosotros como el día en que tú te peinas como quieres, te pintas como quieres y puedes andar con ropa chiquita, o sea como que eres muy tú”, sostiene.

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Ahora que ella reconoce públicamente su orientación sexual, anhela el día en que pueda hacerlo en las calles, como lo ha visto en la tele. Gracias a ese medio que se ha dado cuenta, al paso de los años, de que los tiempos ya no son como cuando ella llegó al reclusorio, sino que hay mucha más visibilidad y aceptación, incluso de algunos líderes religiosos. A Viviana le da gusto que mucha más gente esté “fuera del clóset”.

En las celebraciones de este 2025 de la visibilidad LGBTIQ+ en el reclusorio, decidió bailar porque desde que estaba afuera siempre le había gustado, pero no sabía que tenía la habilidad para hacerlo. Esa es otra cosa que descubrió en la cárcel. Ahora, incluso monta coreografías, pone algunos pasos y se ha dado cuenta de que tiene ese don, y que además puede aprender y desarrollarlo.

“Hay quienes ya nacen con eso, y yo aquí en la cárcel lo descubrí. Entonces apoyé con las coreografías, hubo un coreógrafo que también vino de la calle y apoyó, se llama Nico, y él estuvo como reforzando conmigo, porque obviamente yo con él me nutro como esponjita, porque es un profesional. En algún momento, ya me falta poquito para irme, espero poder hacerlo”, asegura mientras la voz se le quiebra porque han pasado 11 años, pero hace un mes le resolvieron su amparo y está un año más cerca de su libertad.

Celebrar el Pride fuera y dentro de la cárcel

Apenas unos años atrás, la prisión de Santa Martha Acatitla comenzó a tener su propia versión de las celebraciones LGBTIQ+, que afuera de la cárcel inundan las calles, particularmente del centro de la Ciudad de México, con diversas banderas, protestas y expresiones. Azul, a diferencia de Viviana, recuerda muy bien cómo era vivir todo eso. 

Cuando estaba afuera, relata, se juntaba con un grupo de chicos gays y chicas lesbianas. Se reunían en la estación del metro Bosque de Aragón, en la rampa hacia el bosque, y de ahí iban a Zona Rosa “a tomar el cafecito o a un antro”. 

“De pronto a bailar; la verdad mi convivencia dentro del ambiente LGBT siempre ha sido como sana, de pronto una copita o así, pero la verdad es que a mí me fascina, me siento orgullosa de la persona que hoy soy, y realmente allá fuera ir a las marchas gay era algo súper fascinante, porque ves a muchísima gente de todos los estados, de la Ciudad de México, o incluso de otros países, y somos una diversidad sexual súper grandísima”, cuenta.

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Foto: Silvana Flores

 

Aunque en la cárcel la celebración no tiene las mismas dimensiones, se siente contenta con el hecho de poder festejar su día, de hacerse visibles y hacer notar que tienen derechos, que son iguales que cualquier otra persona, y que solo hay diferencias, quizá, en la forma de vivir o en las decisiones que cada quien toma. Y que muchas, como ella, se reconocen y se aceptan tal como son.

A diferencia de Viviana, ella lo ha sabido desde que era una niña. “Yo me identifico siendo una chica lesbiana desde muy chiquita. Tenía la edad como de cuatro, cinco años, y ahí fue cuando me fui dando cuenta de que realmente lo que me gustaba era mi mismo sexo. Sí fue algo de pronto un poco complicado, porque, ya sabes, los estigmas de la gente, la discriminación, y todas esas cosas”, cuenta.

En ese tiempo, para Azul fue difícil hablar con su familia, específicamente con su mamá. Además, tiene un hermano gay que, igual que ella, desde muy chiquito se dio cuenta de que le gustaban los niños. Esa fue una parte positiva, porque abrió la confianza entre ambos, se fueron desenvolviendo juntos y compartieron el proceso de decírselo a su mamá.

Con el tiempo, se volvió un poco más fácil, cuando ella lo aceptó y todo empezó a fluir. Incluso cree que su mamá lo había empezado a notar desde que a cierta edad, a ella le hablaban puras niñas, y finalmente, decidió platicar con ella acerca de su orientación y de la de su hermano. 

“Fue algo bien chistoso, porque yo primero como que ayude a mi hermano, a Jesús, a hablar con mi mamá sobre ese tema; mi mamá era como en el tiempo de antes, como muy cerrada, eran esos años donde todo estaba así como mal visto, como que eso no podía ser”, relata.

El descubrimiento y las relaciones LGBTIQ+ en reclusión

Desde que Azul vive en reclusión, confiesa, ha sido complicado el aspecto de descubrir realmente quién es, de aceptarse y reconocerse como tal. Ahora sabe, con más especificidad, que es una chica lesbiana con una expresión masculina, que se considera una “tomboy”, porque así se enuncia al interior de la comunidad, donde la variedad de orientaciones y expresiones es cada vez más amplia, opina.

Otro aspecto complicado han sido las relaciones, que califica como mucho más intensas por las condiciones de encierro. “Somos mujeres como muy aprehensivas, como muy intenso todo de pronto, y esa parte ha sido un poco complicada, pero bueno, me he dado la oportunidad de tener varias experiencias”, platica.

Dentro de la intensidad y la aprehensión, hay también historias que sorprenden. Durante la celebración LGBTIQ+ una de las internas cuenta que en Santa Martha Acatitla hay una pareja de mujeres conocida porque una de ellas dejó a su esposo después de conocer adentro a quien ahora es su compañera. La otra ha obtenido su libertad y regresado más de cinco veces intencionalmente porque no quiere dejarla sola.

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Foto: Silvana Flores

Al igual que Viviana, Azul piensa que es importante visibilizar el tema de la diversidad sexual incluso dentro de la prisión, para ser escuchadas, levantar la voz por un alto a la discriminación y al bullying, y a todo el rechazo que se ha visto durante muchos años. “La verdad es que creo que todas merecemos la oportunidad de ser felices como seamos, como queramos vestir”, remarca.

Aclara que, para ella, la forma de vestir no tiene nada que ver con lo que las personas son o deciden ser, ya sea hombres, mujeres o personas trans, pues se trata de expresiones libres. Lo importante es que todas –continúa– puedan expresarse y tomar decisiones asertivas con la conciencia de que existen límites, y que, de la misma forma, se respeten todas las diversidades y los diferentes tipos de personas que existen.

“Amor es amor”

En la celebración LGBTIQ+ de este año, Azul decidió cantar a partir del estímulo que tiene en el reclusorio. Hace años que ella no recibe una visita, como ocurre con muchas mujeres que, en contraste con los reclusorios varoniles, son abandonadas en la prisión con mucho más frecuencia que los hombres. Sin embargo, su buena conducta y actividad en otras áreas, le ha dado “chance” de vivir en el encierro, que es un mundo muy diferente al de afuera.

“Aun lejos de estar en este lugar, seguimos siendo seres humanos y personas que tal vez cometimos un error o nos equivocamos, pero nunca es tarde para volver a empezar, y yo aquí me dedico a cantar, me gusta mucho la música y uno de mis grandes sueños es poder el día de mañana poner un pie afuera de este lugar, alcanzar mis sueños y tal vez llegar a ser una grande artista, por así decirlo”, desea.

Junto con chicas y chicos trans de la comunidad, a quienes les gusta bailar, propuso también cantar. En el escenario del festejo, el suyo fue uno de los primeros números. A Azul le gustan todos los géneros, pero “Cruz de navajas” y “Mujer contra mujer”, de Mecano, fueron las canciones que se escucharon a través de su voz, mientras las internas sentadas en varias mesas frente al escenario coreaban los fragmentos más simbólicos entre rocíos de espuma blanca, gritos, la algarabía de un día y los antojitos que varias prepararon para comer y vender.

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Foto: Silvana Flores

 

Varios momentos dieron cuenta del entusiasmo, pero uno de los más estridentes se dio cuando una cantante externa –que agradeció las veces que ha podido acompañarlas en el reclusorio–, después de interpretar varias del repertorio de Gloria Trevi, llegó finalmente al coro de “Todos me miran”, una de sus canciones más populares entre las poblaciones LGBTIQ+

“Y me solté el cabello, me vestí de reina, me puse tacones, me pinté y era bella, y caminé hacia la puerta, y te escuché gritarme, pero tus cadenas ya no pueden pararme, y miré a la noche, y ya no era oscura, era de… lentejuelas”, cantaron a una sola voz las mujeres privadas de la libertad reunidas bajo del escenario.

“Si todo mundo puede ser lo que quiere ser, ¿ustedes por qué no, chicas? Amor es amor”, se había escuchado durante la apertura de la celebración LGBTIQ+. Los coros, las frases y las consignas recordaban por momentos a las que se expresaron el sábado 28 de junio lejos de las rejas de Santa Martha Acatitla, y que quizá pronto Viviana y Azul replicarán en libertad.

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Imagen BBC
La ciencia detrás de las ‘almas gemelas’: ¿Realmente existen?
11 minutos de lectura

Para muchos, la idea de las almas gemelas todavía determina su forma de entender el amor.

27 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Existe la tentación de creer que en algún lugar existe “la persona indicada”: un alma gemela, la pareja perfecta, la persona con la que estás destinado a estar.

A lo largo de la historia, los humanos siempre se han sentido atraídos por la idea de que el amor no es casualidad.

En la antigua Grecia, Platón imaginó que alguna vez fuimos seres completos con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras, tan radiantes que Zeus nos partió en dos; desde entonces, cada mitad ha vagado por la tierra en busca de su otra mitad perdida, un mito que otorga al alma gemela moderna su pedigrí poético y la promesa de que, en algún lugar, alguien finalmente nos hará sentir completos.

En la Edad Media, los trovadores y los cuentos artúricos reinterpretaron ese anhelo como “amor cortés”, una devoción feroz, a menudo prohibida, como la de Lancelot por Ginebra, en la que un caballero demostró su valía mediante el autosacrificio por una amada que tal vez nunca declararía abiertamente.

Dos imágenes tratadas de un dibujo de Platón y una imagen de cerca de una estatua de Zeus.
Getty Images
Platón (izquierda) imaginó que los humanos alguna vez estuvieron completos, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras, antes de que Zeus (derecha) los dividiera, dejando a cada mitad buscando a su otra mitad.

En el Renacimiento, escritores como Shakespeare hablaban de “amantes desventurados”, parejas unidas por una conexión abrumadora pero separadas por la familia, la fortuna o el destino, como si el universo mismo hubiera escrito su historia de amor y les hubiera impedido un final feliz.

Más recientemente, Hollywood y las novelas románticas nos han vendido historias de amor de cuento de hadas.

Pero ¿qué dice la ciencia más reciente sobre las almas gemelas? ¿Existe alguien especial para nosotros?

Cómo nos enamoramos de “la persona indicada”

Una imagen tratada de un vaso de vidrio con dos corazones en su interior.
Getty Images

Viren Swami, profesor de Psicología Social en la Universidad Anglia Ruskin (ARU) de Cambridge, ha rastreado nuestra comprensión contemporánea del amor romántico en Europa hasta la era medieval y las historias de Camelot, Lancelot, Ginebra y la hidalguía de los caballeros de la Mesa Redonda que se extendieron por todo el continente.

“Estas historias impulsaron inicialmente la idea de que uno debe elegir a otra persona como compañero, y que esa compañía es para toda la vida”, afirma.

“Antes de eso, en gran parte de Europa se podía amar a tantas personas como se quisiera, y el amor era fluido, y a menudo no se trataba de sexo”.

Con el tiempo, a medida que las personas se desarraigaron de sus comunidades agrícolas y la industrialización destruyó los vínculos familiares, las personas se “empezaron a alienar”, explica.

“Empiezan a buscar a otra persona que las salve, que las salve de la miseria de sus vidas”.

Un dibujo de Lancelot y Ginebra
Getty Images
Viren Swami cree que las ideas actuales sobre el amor romántico se remontan a historias europeas medievales como Lancelot y Ginebra.

Las aplicaciones de citas actuales convierten esa historia en un algoritmo, lo que Swami llama “buscar pareja”.

La búsqueda de un alma gemela se convierte en lo contrario de lo que buscan: “Para muchos, es una experiencia realmente desoladora. Estás buscando pareja… probando posiblemente a decenas de personas en la aplicación de citas hasta que llegas a un punto en el que dices… Necesito parar”, reflexiona.

La persona indicada

Jason Carroll, profesor de Estudios Matrimoniales y Familiares en la Universidad Brigham Young de EE. UU., con sede en Provo, Utah, se muestra comprensivo con el anhelo de encontrar a la persona indicada.

“Somos criaturas basadas en el apego”, apunta. “Deseamos ese vínculo”.

En sus clases, les dice a sus estudiantes que deben abandonar la idea de un alma gemela, sin renunciar a su deseo de encontrar a la persona indicada.

Suena contradictorio, pero para Carroll, es la diferencia entre el destino y el esfuerzo.

“Un alma gemela simplemente se encuentra. Ya está hecha. Pero un ser único es algo que dos personas forjan juntas durante años de adaptación, disculpas y, a veces, apretando los dientes”, dice.

La trampa de las almas gemelas

El argumento de Carroll se basa en décadas de investigación, recopiladas en su informe “La trampa del alma gemela”, gran parte de la cual distingue entre lo que los psicólogos llaman “creencias de destino” (la idea de que una relación adecuada debe sentirse sin esfuerzo) y las “creencias de crecimiento”, que se centran en lo que la pareja puede hacer para que las cosas funcionen.

En una serie de estudios ampliamente citados, realizados a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000 y dirigidos por el profesor C. Raymond Knee de la Universidad de Houston, los investigadores descubrieron que las personas que creían que las relaciones estaban “destinadas a ser” eran mucho más propensas a dudar de su compromiso después de un conflicto.

Quienes tenían una visión más orientada al crecimiento tendían a mantener un mayor compromiso, incluso en los días de discusión.

Quienes tienen una visión orientada al crecimiento, argumenta Carroll, aún desean algo especial, pero anticipan momentos difíciles.

“Se preguntan… ¿qué pueden hacer para mejorar su relación, progresar y crecer?”.

Una silueta de una pareja romántica.
Getty Images
Las investigaciones sugieren que las personas con creencias de “crecimiento” sobre las relaciones aún desean algo especial, pero esperan desafíos en el camino.

En su opinión, la creencia en las almas gemelas es una trampa; no el romance en sí, sino la expectativa de que el amor nunca debería ser difícil.

La parte más “emocional” de una relación larga, dice, no es una carga cinematográfica, sino tener “asientos en primera fila no solo para las fortalezas del otro, sino también… para sus desafíos y debilidades”.

“Ese es un espacio bastante sagrado”, dice. “Solo conocemos esas cosas porque nos han permitido estar ahí”.

Para Carroll, cuando el amor se trata como destino, las personas se vuelven menos dispuestas a hacer el trabajo discreto que realmente lo mantiene vivo.

Carroll dice que la trampa de las almas gemelas hace mucho más difícil el momento en el que una relación se topa con su primer obstáculo serio.

“La primera vez que hay cualquier tipo de dificultad, el pensamiento inmediato es: ‘Bueno, pensé que eras mi alma gemela. Pero tal vez no lo seas, porque se supone que las almas gemelas no deben lidiar con las cosas'”, dice.

“Pero si las relaciones van a durar mucho tiempo, nunca van a ser simplemente un camino cuesta abajo”.

¿Chispa o trauma?

Vicki Pavitt, coach del amor ubicada en Londres, suele ayudar a personas que creían haber encontrado a su alma gemela, solo para descubrir que ese cuento de hadas venía acompañado de manipulación emocional, inestabilidad y una constante sensación de ansiedad.

“Cuando hay mucha química y chispa, creo que a veces se trata de abrir viejos patrones dañinos, como viejas heridas”, sostiene.

“Una persona inconsistente o que se muestra un poco fría y distante puede hacerte sentir ‘¡Qué ganas de volver a verla!’, pero lo que realmente ocurre es que te genera mucha ansiedad y te deja con ganas de más”.

A shot of Vicki Pavitt wearing a white suit with a black top.
Vicki Pavitt
La coach del amor Vicki Pavitt trabaja a menudo con personas que creían haber encontrado a su alma gemela, pero luego descubrieron que la relación les generaba ansiedad.

Pavitt afirma que lo que percibimos como el destino puede ser una fuerza de nuestro sistema nervioso que nos impulsa a reconocer algo que nos lastimó en el pasado y a intentar solucionarlo, un patrón que los terapeutas llaman vínculo traumático.

Este vínculo puede parecer amor, explica, y ​​lleva a las personas a sentirse atraídas magnéticamente hacia dinámicas poco saludables porque les resultan familiares, no porque sean la pareja perfecta.

Un estudio frecuentemente citado es el de los psicólogos canadienses Donald Dutton y Susan Painter. En una investigación publicada en 1993 mientras estudiaban en la Universidad de Columbia Británica, dieron seguimiento a 75 mujeres que dejaron a parejas abusivas.

El equipo midió la intensidad con la que las mujeres seguían sintiendo apego hacia sus exparejas y lo comparó con cómo habían sido sus relaciones.

Descubrieron que los vínculos más fuertes no se encontraban en las mujeres que habían sufrido abusos de forma constante, sino en aquellas cuyas parejas alternaban entre el encanto y la crueldad.

Dos personas se atan una cinta roja a sus meñiques.
Getty Images
Pavitt dice que lo que parece destino a veces puede ser un vínculo traumático.

Dutton y Painter argumentan que este vínculo traumático ayuda a explicar por qué las personas pueden sentirse atraídas de nuevo por relaciones que objetivamente les resultan perjudiciales, porque la mezcla de peligro y afecto les resulta familiar, no porque sea saludable.

Es esa distinción la que Pavitt intenta destacar en su coaching: “Se trata de discernir si la química que sientes muestra que esta persona es compatible contigo o si se trata de una sensación familiar de ansiedad”.

Y añade: “En mi lenguaje, nunca hablo de almas gemelas. Personalmente, no creo que haya una persona para cada uno… pero sí creo que nos convertimos en ‘El Único’ para alguien”.

Química real

Si descartar la existencia de un alma gemela suena poco romántico, la biología de la atracción apunta en la misma dirección.

Los anticonceptivos hormonales pueden modificar sutilmente los sentimientos mutuos.

Las investigaciones sugieren que las píldoras que regulan el flujo y reflujo natural de la fertilidad pueden atenuar los cambios en la atracción que suelen ocurrir a lo largo del ciclo menstrual, lo que podría alterar la elección inicial de pareja.

Un farmacéutico repone los estantes de una farmacia.
PA Wire
Algunas investigaciones sugieren que la anticoncepción hormonal puede influir sutilmente en la atracción en las parejas.

Un amplio estudio de 365 parejas heterosexuales reveló que la satisfacción sexual de las mujeres era mayor cuando su uso de anticonceptivos coincidía con el que tenían al elegir a su pareja, lo que sugiere que los cambios en el uso de la píldora pueden cambiar la experiencia de pareja.

Estos efectos son leves, pero podrían explicar los desconcertantes cambios en la química de algunas parejas a lo largo del tiempo.

Si las hormonas y las píldoras pueden influir en la sensación de ser “el indicado”, entonces se vuelve más difícil argumentar que existe una pareja única y predestinada; y ahí es donde entran en juego los matemáticos.

Uno de varios

La psicología y la biología ofrecen una forma de pensar sobre “la persona indicada”, pero las matemáticas proponen otra.

Greg Leo, economista de la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee, ha desarrollado un algoritmo de compatibilidad. Este concluye que no solo se puede tener un “alma gemela”, sino que también “se pueden tener muchas”.

En su artículo Matching Soulmates (encajando almas gemelas) publicado en la revista Public Economic Theory, todos participan en una simulación de citas por computadora, donde miles de participantes creados digitalmente se clasifican entre sí.

Su algoritmo selecciona “almas gemelas de primer orden”: parejas que se eligen mutuamente en una coincidencia estable.

Las elimina y vuelve a ejecutar el algoritmo con las restantes, obteniendo así almas gemelas de segundo orden, y así sucesivamente.

En sus simulaciones, era extremadamente raro que alguien tuviera la primera opción mutua; pero muchas personas tenían opciones que eran segundas o terceras.

En este escenario, una pareja se considera feliz si cada uno está cerca del primer lugar en la lista del otro y ninguno encuentra a alguien que ambos prefieran más.

Puede que solo sean números, pero el algoritmo del amor nos dice que hay muchas parejas viables, no solo la indicada.

Preocúpate por las cosas pequeñas

¿Cómo puede una pareja co-crear su “persona indicada”?

Jacqui Gabb, profesora de Sociología e Intimidad en la Open University, evaluó esto en su proyecto “Amor duradero”, publicado en la revista Sociology en 2015.

Encuestó a unas 5.000 personas y luego hizo un seguimiento a 50 parejas con un detalle forense, a veces intrusivo, combinando estadísticas con diarios, entrevistas y “mapas de emociones” de lo que sucedía en el hogar.

Cuando preguntó a las personas qué las hacía sentir apreciadas, no fueron las propuestas de matrimonio al atardecer ni los viajes sorpresa a París.

Fueron “regalos sorpresa, gestos considerados y la amabilidad de una taza de té en la cama”. Calentar el auto en una mañana fría. Recoger flores silvestres y colocarlas en un jarrón. Compartir una sonrisa privada en una fiesta.

Cuantitativamente, lo que ella describe como estos “actos de atención cotidianos” resultaron ser mucho más poderosos que los grandes gestos románticos.

En su encuesta, el 22% de las madres y el 20% de las mujeres sin hijos eligieron esos pequeños gestos como una de las dos cosas principales que las hacían sentir valoradas, más que las grandes salidas nocturnas o los regalos caros.

La satisfacción en la relación, según los datos, no se centraba principalmente en el dinero ni en el romance; se centraba en el “conocimiento íntimo de la pareja” y su expresión en la vida cotidiana.

En el diario de una joven pareja, que se les entregó para el proyecto, Sumaira describe la llegada de su pareja a casa, la cena que ella preparó, el abrazo en el pasillo, los dos comiendo juntos en la mesa.

“Es perfecto”, escribe en su diario de investigación. “Solo nosotros y la comida. ¿Qué más se puede pedir?”.

Luego hay un baile espontáneo en la sala, un paseo por la hierba alta donde le da miedo la oscuridad, y una foto que a su pareja le encanta tanto que la pone de fondo en su teléfono.

Parece un cuento de hadas sin zapatillas de cristal, sino con botas de agua.

Sin embargo, Gabb señala que, entretejidas con esa dulzura, se encuentran preocupaciones económicas, obligaciones familiares y un historial de depresión que la pareja está aprendiendo a gestionar juntos.

“El sentimiento de alma gemela aquí no flota por encima de la vida; se construye, poco a poco, por la vida, en la forma en que la pareja enfrenta esas presiones”, dice.

Cena de San Valentín

Según Carroll, la ciencia no roba el romance; más bien, está ahí para ayudarlo a florecer, tanto en las buenas como en las malas.

“Me siento bastante cómodo con la aspiración de tener una relación única y especial, siempre y cuando recordemos que es necesario crearla”, expone.

Pavitt cree que “está bien, incluso es útil, tener fe en que tu pareja está ahí fuera, siempre y cuando sepas que hay muchas personas con las que puedes conectar de verdad y dejes de esperar que alguien sea perfecto”.

En cuanto a las almas gemelas, la ciencia señala una paradoja.

Las personas que terminan en relaciones que se sienten “destinadas a ser” suelen ser las que dejaron de esperar al destino, se volvieron hacia la persona imperfecta que tenían delante y dijeron: “¿Hacemos algo con esto?”.

Información adicional de Florence Freeman

Crédito de la imagen superior: Getty Images

BBC

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