
Marisela Escobedo fue asesinada un 16 de diciembre frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, México, cuando colocaba una manta para pedir justicia por el feminicidio de su hija Rubí. A 15 años de ese hecho, el Estado aún tiene deudas específicas en el caso, pero también en torno a las condiciones estructurales que facilitaron ese desenlace.
Además, una petición presentada en 2019 aguarda en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos aún en la etapa inicial de admisibilidad. Es decir, el proceso todavía no ha sido acogido por esa instancia. Esto porque el Estado mexicano sigue valorando la posibilidad de reparar a las víctimas antes, e introducir garantías de no repetición y medidas estructurales para evitar que los hechos se repitan.
En entrevista, Soledad Sánchez, abogada del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), explica que la petición, en términos muy amplios, busca que el Estado reconozca su responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos de Marisela, Rubí y su familia. Esto tomando como eje central la investigación deficiente de ambos asesinatos.

“La familia de Marisela estaba acompañando la lucha de Marisela desde el feminicidio de Rubí, pero con posterioridad al de Marisela, se vio atacada y siendo destinataria de un montón de riesgos y de ataques que atentaban contra su vida y a consecuencia de lo que sucedió, se vieron obligados a un desplazamiento forzado internacional para resguardar su vida, y eso también para nosotras es una parte muy importante del proceso”, apunta.
La abogada destaca que la petición internacional y la familia no buscan solo la reparación individual que merecen, y que hasta hoy no han obtenido en su totalidad, por el desplazamiento y todas sus graves consecuencias, sino que son parte, al mismo tiempo, de la continuidad de una lucha que inició Marisela y que tiene que ver con mejorar las respuestas judiciales frente a las violencias por razones de género, en particular en Chihuahua.
Ante eso, las medidas absolutamente necesarias por parte del Estado son revisar las respuestas en los centros de justicia y las fiscalías especializadas en género, en el abordaje y tiempos de manejo de los casos, en la diligencia y oportunidad de las investigaciones, así como la investigación frente a los ataques, amenazas y riesgos de las personas defensoras de derechos humanos, papel que terminó desempeñando Marisela.
La investigación del caso en particular, al paso de los años, se tornó bastante compleja, y si bien se dio la identificación de algunas de las personas responsables, no ha sido suficiente, sobre todo en el caso de Marisela —en el de Rubí se determinó la responsabilidad directa de su expareja—, porque quedaron líneas de investigación sobre las participaciones y responsabilidades que no fueron investigadas.
“Hay un punto central que tiene que ver con la región, más allá de México, y es que muchos de estos hechos de este nivel de gravedad exponen patrones de criminalidad que van mucho más allá de la autoría material. Es necesario para nosotras que este tipo de investigaciones, para que no se repitan y para que de verdad representen desarticular la impunidad, tienen que poner una mirada sobre las autorías intelectuales, sobre las participaciones y las estructuras de macrocriminalidad vinculadas a esos casos”, señala Sánchez.
La abogada considera que no es suficiente una investigación que además de ser inoportuna, parcial, llegar a destiempo y no tener un resultado definitivo, no aborda la complejidad de los hechos y sigue dejando personas tan responsables como las autorías materiales en una absoluta impunidad. Eso permite que hechos similares se sigan repitiendo.

La expectativa de las organizaciones litigantes y de la familia de Marisela es recibir una respuesta estatal voluntaria, que llegue antes de la admisibilidad del caso en la Comisión. Este periodo procesal representa una oportunidad para que el Estado admita su responsabilidad junto con una propuesta de reparación individual y estructural que aborde de manera seria las deficiencias en materia de investigación, desplazamiento y protección de personas defensoras.
Hasta hoy, 15 años después, existe una necesidad de que el Estado atienda demandas específicas en el caso de Marisela, al mismo tiempo que cuestiones estructurales que lo propiciaron o facilitaron, según determinó un tribunal de conciencia que emprendieron varias agrupaciones locales en Chihuahua que acompañan el caso.
El Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (Cedehm) y Mexicanos en el exilio son las otras dos organizaciones que, junto con CEJIL, continúan acompañando a la familia de Marisela y el proceso ante el Sistema Interamericano. Sin embargo, la primera, basada en Chihuahua, también ha encabezado esfuerzos locales, como ese tribunal, para mantener la memoria y la petición de justicia.
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En torno al caso particular, los grandes pendientes son dos, subraya en entrevista Ruth Fierro, del Cedehm: la primera es la necesidad de explicar de forma clara, exhaustiva y completa la realidad de las investigaciones en el caso de Marisela, y la segunda determinar responsabilidades respecto a las violencias que vivió su familia tras su asesinato.
En la investigación de este, una de las grandes incertidumbres gira en torno a las dos versiones que en su momento dio el gobierno chihuahuense sobre dos posibles asesinos materiales. En el expediente sigue sin quedar claro cuál ha sido la investigación y las acciones determinantes para dar con la verdadera persona responsable.
“En cuanto al responsable es una de las enormes dudas, pero como esto hay muchas cosas que no sostienen una versión que deje satisfecha a la familia ni a sus representantes sobre las investigaciones y la determinación de las personas responsables”, sostiene. Por otro lado, persiste la duda de cuál es oficialmente el estado de la carpeta de investigación, aunque la versión oficial es que sigue abierta.
Fierro cuestiona, en ese caso, qué líneas de investigación se siguen actualmente, pues si el asesino material supuestamente falleció —el segundo al que finalmente señalaron como responsable, conocido como “El Wicked”—, qué proceso es el que continúa ahora, cuestiona.
“Hay todo un tema de la necesidad de aclarar o explicar a las familias todas las inconsistencias, incongruencias o cosas que llaman la atención de la investigación por el homicidio de Marisela, y eso incluye determinar también si hay personas responsables por omisión… No solo quién participa o tiene alguna responsabilidad o autoría en el crimen directo, sino también si hay responsabilidades administrativas de algún funcionario por el actuar frente al caso de Marisela o a la falta de protección”, precisa.
Lo anterior se relaciona con el antecedente de que Marisela había interpuesto una denuncia por amenazas antes de ser asesinada. Además, está la violencia que sufrió la familia y derivó en su exilio internacional. Al respecto, hay una responsabilidad estatal que sigue sin resolverse. Por lo tanto, 15 años después queda pendiente determinar la verdad completa de todos los hechos que rodean el asesinato de Marisela, las amenazas previas, las inconsistencias y la violencia a la familia: “Todo eso se mantiene sin explicación y en impunidad”, subraya Fierro.
“En el caso de Rubí no tenemos duda de que falló, porque Marisela se encargó de decirlo todo el tiempo cuando todavía estaba aquí, pero todo lo demás ya no, y eso sigue siendo una de las principales deudas del Estado, al menos dar esas respuestas a la familia y sus representantes”, añade.
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Las organizaciones se enfocan principalmente en tres deficiencias estructurales que mantienen las condiciones para que las violencias contra las mujeres como la que vivieron Rubí y Marisela sigan siendo tan frecuentes: el presupuesto insuficiente para atender la violencia de género, la protección a personas defensoras y la atención al desplazamiento o exilio por violencia.
“Decimos una y otra vez que donde está el interés del gobierno es donde está su presupuesto, y definitivamente no está, de este gobierno y de ningún otro, no estoy hablando de uno en particular, nunca termina siendo una asignación de recursos que de manera significativa o sustantiva pueda hacer frente al problema que se buscó remediar con la creación de instituciones”, señala.
Fierro subraya que pese a que hoy existen protocolos especializados para juzgar con perspectiva de género, fiscalías especializadas y otros mecanismos, no se les dota de recursos suficientes para garantizar su eficacia. Tan solo en Chihuahua, ejemplifica, la fiscalía especializada en la atención de delitos contra las mujeres por razones de género es, de entre sus pares, la que menos recursos recibe en proporción al trabajo que hace.
Respecto al segundo punto, la abogada describe que tiempo después de ocurrido el homicidio de Marisela, comenzó a crearse el diseño institucional para la protección de personas defensoras y periodistas, con una ley general y un mecanismo de protección. Sin embargo, esta instancia se encuentra rebasada por sobresaturación; en ningún caso los riesgos han cesado como para remover las medidas de protección, pero sí ha ocurrido que las personas sean asesinadas incluso con el mecanismo.
“Es una política pública que no toma en cuenta o no considera o no atiende el problema como más de origen o de fondo, sino a lo mejor superficial, o sea, más para atenuar el riesgo inmediato, pero eso termina no resolviendo nada en realidad, y sigue siendo una limitación importante”, indica.
En cuanto al desplazamiento —que en este caso es un exilio internacional—, la abogada recuerda que cuando la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió la recomendación por el caso de Marisela, que ella misma había iniciado antes de ser asesinada, incluyó la responsabilidad del Estado por ambos feminicidios, pero también por el desplazamiento forzado de la familia.
Hoy en nuestro país el tema ha adquirido mayor relevancia, pero ha costado mucho ponerlo en el centro de la discusión pública, pues frecuentemente es ignorado ante las expresiones más extremas de la violencia. Fue apenas en 2020 cuando se reconocieron oficialmente más de 70 mil personas desplazadas dentro del país por violencia, aunque persiste la resistencia, sobre todo de carácter político, para aprobar una ley general en la materia.
“No queremos dejar de poner el dedo en el renglón, en la forma como se vincula con el caso de Marisela, aunque hoy en día no haya alguien de su familia exactamente en esa calidad de desplazado, sino más bien de asilado o en solicitud de asilo… Lo más mínimo es que haya alguna ley para que se pueda garantizar un marco jurídico que atienda ese tema”, reclama.
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Para Sánchez, del CEJIL, el Estado tiene ahora mismo en su cancha la posibilidad de dar la respuesta seria y contundente que merece la familia, la memoria y la lucha de Marisela, y con ello reparar los daños en el proceso y evitar que se repitan los hechos. En caso de que no sea así, continuará el proceso de litigio en la Comisión con el análisis de fondo, la toma de decisión y el seguimiento del caso ante la Corte Interamericana.
En tanto, Fierro destaca que el caso de Marisela es vigente porque aún pone de relieve que en este país muchas víctimas tienen que asumir la investigación con sus propios medios —por ello insiste en la falta de recursos—, lo que las coloca en un enorme riesgo, como ocurre hoy con las madres buscadoras.
“Su caso y sus reclamos de justicia siguen siendo vigentes, porque las condiciones que lo propiciaron se mantienen aquí, aunque con algunos avances… Todavía sigue siendo grande la brecha entre la realidad y las garantías que establecen los marcos jurídicos”, concluye.

Sobrevivientes y familiares de las víctimas de la tragedia en España cuentan cómo sucedió el peor accidente de tren del país en más de una década.
Ana viajaba con su hermana y con su perro en uno de los trenes accidentados el domingo por la noche en el peor accidente ferroviario de España en más de una década.
“Algunas personas estaban bien y otras muy mal. Y las teníamos delante, estábamos viendo cómo morían pero no podíamos hacer nada”, le dice a la agencia de noticias Reuters con una herida visible en la cara, mientras cojea en la entrada al hospital.
Ensangrentada y sin saber muy bien cómo, la sacaron del tren otros pasajeros que rompieron las ventanas. A su hermana, que quedó atrapada, la rescataron los servicios de urgencia y está ingresada en observación un hospital de la zona. Del perro, aún no se sabe nada.
Un tren de la compañía Iryo en el viajaban unas 300 personas con destino a Madrid desde Málaga descarriló sus tres últimos vagones e invadió la vía contigua, chocando con otro convoy que cubría la línea Madrid-Huelva y que también descarriló con 184 pasajeros a bordo.
Al menos 39 personas han muerto y decenas más han resultado heridas. La mayoría eran españoles que regresaban a la capital después del fin de semana.
La colisión ocurrió a las 19.45 horas del domingo cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, a unos 360 km al sur de la capital, Madrid. Dejó 122 heridos, 48 de ellos siguen aún hospitalizados y 12 en cuidados intensivos, según los servicios de emergencia.
Momentos antes del accidente, Ana se dio cuenta de que algo pasaba: “Pensé que no era normal, viajo mucho en tren. Ahí fue donde miré a mi hermana, la busqué y es el último momento que recuerdo antes de que todo se oscureciera. De repente, solo oí gritos”.
Sentados en una silla de plástico verde de la sala de espera del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, Ahmed y Karina Tagedi esperan noticias de su hermano.
“Mi hermano se encuentra bien, dadas las circunstancias, con una fractura en la rodilla izquierda, a la espera de ser trasladado a Huelva”, le dice Ahmed a Reuters.
“Había gente muriendo cerca de él. Me contó que una niña le pedía ayuda. No pudo ayudarla porque tenía una rodilla rota y no podía moverse. Ella pedía ayuda. Se siente mal por no haber podido ayudarla”.
Lucas Meriako, describió la experiencia como una “película de terror”.
“Estábamos en el vagón cinco y empezamos a sentir unos golpes en la vía, nada raro, pero de repente los golpes eran más”, relató al noticiero La Sexta Noticias.
“Nos pasó otro tren por al lado y todo empezó a vibrar mucho más, se sintió un golpe atrás y la sensación de que todo el tren se iba a caer… romper”, describió.
Meriako añadió que el impacto del choque rompió los cristales del tren, desplazó las maletas que les cayeron encima a los pasajeros y se empezaron a escuchar los gemidos de los heridos.
En ese momento, según su testimonio, la gente se empezó a mover ya consciente de la situación y a romper los cristales para salir.
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