
Un hombre de 60 años murió la mañana de este viernes en la alcaldía Benito Juárez, mientras intentaba desalojar su edificio durante la evacuación derivada del sismo de magnitud 6.5 registrado este mismo día, cuyo epicentro se ubicó en Guerrero.
La alcaldía Benito Juárez, a través de una tarjeta informativa, informó el deceso del hombre de 60 años de edad en la colonia Alamos.

De acuerdo con la alcaldía, “durante la evacuación por el sismo registrado esta mañana, el hombre desalojó su departamento en el segundo piso, tropezó y perdió el conocimiento”.
Personal del edificio solicitó auxilio y “acudió al lugar la unidad 695 de CRUM, los paramédicos realizaron las revisiones correspondientes y reportaron que la persona ya no presentaba signos vitales”. El caso quedó a disposición de las autoridades, pues “el caso fue tomado por las autoridades correspondientes”.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó en la red social X cerca de las 11:00 de la mañana que, tras la activación del protocolo de actuación por el sismo, se tenía el reporte preliminar de 12 personas lesionadas, la caída de cinco postes y cuatro árboles, así como 18 denuncias por falta de suministro eléctrico.
Añadió que se evaluaban dos estructuras por posible riesgo de colapso y que, de manera preventiva, se realizaban inspecciones en 34 edificios y cinco casas habitación.
El sismo, registrado a las 7:58 de la mañana, tuvo una magnitud de 6.5 y se localizó 4 km al suroeste de San Marcos, Guerrero, según el Servicio Sismológico Nacional (SSN).
El movimiento se sintió en la Ciudad de México y activó la alerta sísmica. La gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, informó que “se han registrado algunas réplicas, por lo que es importante mantenerse atentas y atentos”, aunque se descartó una alerta de tsunami. Más tarde, detalló que “se reportan afectaciones menores”, en medio de recorridos de verificación en coordinación con los municipios.

Entre las afectaciones iniciales en ese estado se reportaron la caída de una barda, derrumbes menores en la carretera Tixtla–Chilpancingo y daños menores en tres unidades médicas del IMSS Bienestar, sin lesionados.
El movimiento telúrico también tuvo efectos en otros estados. De acuerdo con la Coordinación Nacional de Protección Civil, el sismo se percibió fuerte en Guerrero y en la Ciudad de México, y moderado a ligero en Morelos, Jalisco, Oaxaca, Tabasco y Colima. Para las 10:00 horas, el SSN había contabilizado 273 réplicas del sismo, la más grande de magnitud 4.2.
En la capital, la respuesta oficial se activó de inmediato. El secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez, puso en marcha el protocolo de revisión aérea mediante cinco helicópteros Cóndores. Tras el primer sobrevuelo, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó que “al momento tenemos saldo blanco; continuamos recibiendo reportes de las alcaldías”. También reportó que funcionó “el 97 % de los altavoces que emiten la alerta sísmica”.
Las autoridades locales realizaron revisiones en las 16 alcaldías, lo que permitió detectar la caída de un árbol y un poste en Benito Juárez, sin personas lesionadas. Asimismo, una subestación eléctrica en la calle Artículo 123 registró un conato de incendio que fue atendido por bomberos. En los hospitales del Centro Médico Siglo XXI se realizaron desalojos preventivos mientras se autorizaba el reingreso.
En el transporte público no se reportaron daños. En el Sistema de Transporte Colectivo Metro, la circulación se normalizó tras el protocolo de seguridad y, según su director, Adrián Rubalcava, “no se registraron daños a las instalaciones ni incidencias en el servicio”. En el resto de la Red de Movilidad Integrada, el secretario Héctor Ulises García informó que todas las unidades operaron con normalidad tras concluir la revisión. El Aeropuerto Internacional Benito Juárez también indicó que no se identificaron daños en instalaciones ni afectaciones a personas.

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.
La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.
Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.
Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.
Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.
Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.
Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.
Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.
Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.
En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.
A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.
Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.
En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.
Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.
Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.
De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.
Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.
Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.
Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.
Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.
Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.
El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.
Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.
Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.
Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)
En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.
Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).
Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.
De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.
Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).
Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.
Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.
El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.
Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.
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La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.
Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.
Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.
Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.
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