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“Es imposible informar”: periodistas de Guerrero alzan la voz ante ataques y falta de seguridad
“Es imposible informar”: periodistas de Guerrero alzan la voz ante ataques y falta de seguridad
Cuartoscuro
8 minutos de lectura
“Es imposible informar”: periodistas de Guerrero alzan la voz ante ataques y falta de seguridad
En la columna Tlacolol, publicada en el sitio Amapola, periodistas denunciaron que la reciente desaparición del periodista Jesús Pintor Alegre, así como Fernando Moreno Villegas y Alan García Aguilar evidenció las condiciones con las que deben trabajar en Guerrero desde hace décadas.
17 de enero, 2023
Por: Contenido Animal Político
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Ante las recientes agresiones a periodistas de Guerrero, integrantes del gremio han denunciado la falta de condiciones mínimas de seguridad, así como la precariedad laboral y cuestionan el actuar de las autoridades en el estado.

En la columna Tlacolol, publicada en el sitio Amapola, periodistas denunciaron que la reciente desaparición del periodista Jesús Pintor Alegre, así como Fernando Moreno Villegas y Alan García Aguilar evidenció las condiciones con las que deben trabajar en Guerrero desde hace décadas.

Tras semanas privados de la libertad, el grupo que los tenía cautivos y los acusaba de ser administradores de la página Escenario Calentano decidió liberarlos el pasado 13 de enero cerca de Coyuca de Catalán, Guerrero.

Aquí la columna publicada este martes por los periodistas Arturo de Dios Palma, Emiliano Tizapa Lucena y Jesús Guerrero Salgado:

¿Por qué a casi nadie le importa la violencia contra los reporteros y reporteras?

La última semana se vivió uno de los capítulos de mayor tensión, frustración y vulnerabilidad para las y los periodistas de Guerrero.

El lunes 9 de enero se rompió el cerco y supimos que el reportero Jesús Pintor Alegre y los administradores de la página de Facebook Escenario Calentano, Fernando Moreno Villegas y Alan García Aguilar, fueron privados de su libertad por una organización criminal en la región de la Tierra Caliente desde finales de diciembre del 2022.

La noticia prendió todas las alarmas, el riesgo de que la situación llegara al punto extremo era punzante. La organización criminal, presuntamente la Familia Michoacana, en los últimos meses ha dejado patente su capacidad de violencia.

Cuando surgió la noticia, el gobierno de la morenista Evelyn Salgado Pineda y la Fiscalía General del Estado (FGE) no habían hecho nada para localizar al reportero y a los dos administradores. No habían ordenado una operación de búsqueda. Nada. Al parecer ignoraban lo que estaba sucediendo.

Todo fue incertidumbre. Había confusión. No se sabía con exactitud cuándo fueron privados de su libertad, en dónde, por quiénes, por qué.

La mañana del jueves 12 de enero, surgieron más noticias. Esta vez fueron buenas. Jesús Pintor y Fernando Moreno fueron liberados. No fueron rescatados en una operación policial, como se informó, y es pertinente dejarlo claro.

La liberación de Pintor Alegre y Moreno Villegas fue durante la noche del miércoles, a eso de las 11:00, cuando los criminales los dejaron en el cauce del río el Cuirio, en el municipio de Coyuca de Catalán.

La mañana siguiente, Jesús Pintor contó lo sufrido en el cautiverio: fue privado de su libertad el 27 de diciembre en el zócalo de Ciudad Altamirano. Pasó casi 15 días vendado de los ojos, con las manos esposadas, acostado sobre la batea de una camioneta sin permiso de levantarse. Lo golpearon, sintió frío, hambre pero, sobre todo, sintió de cerca la muerte.

Jesús Pintor dice que volverá al periodismo, pero reconoce, que del golpe psicológico no se va a reponer.

Aún sigue desaparecido Alan García, de quien no se sabe absolutamente nada. Si fue liberado, si sigue en cautiverio o cuál fue su destino. Se desconoce también si las autoridades lo buscan.

Este caso pone en evidencia muchas cosas. La vulnerabilidad de las reporteras y los reporteros, así como el amplio margen de impunidad con la que operan las organizaciones criminales y el desinterés de las autoridades por proteger a las y los periodistas.

Nada es nuevo. Estas condiciones las sufren desde hace muchos años. El periodismo en México se volvió una profesión de alto riesgo y tan vulnerable casi al mismo tiempo. Mientras las organizaciones criminales crecían al amparo del poder político y económico, los territorios se volvían más hostiles, y los desplazamientos, las desapariciones y los asesinatos aumentaron exponencialmente, a la par de que los derechos laborales de las reporteras y reporteros se diluían.

Concluimos que en Guerrero se hace periodismo en un terreno minado y en condiciones precarias.

Pero estas condiciones no surgieron de la nada, fueron construidas, y ahora son estructurales y sistemáticas. Esta violencia que vivimos con cotidianidad todos los pobladores tiene objetivos y beneficiarios claros: ejercer un control social, replegar a través del terror y el miedo la organización de los pueblos, para saquear fácilmente las riquezas del país: los minerales, las maderas, los ríos y el erario.

Para lograrlo necesitan del silencio.

De acuerdo con lo documentado por organizaciones de defensa de la libertad de expresión, los perfiles de las y los periodistas asesinados en los últimos años coinciden en por lo menos dos cosas: trabajaban en los estados e investigaban temas de corrupción de las autoridades locales.

En otras palabras: periodista que investiga, cuestiona, critica al cacique, al empresario, al líder sindical, al político, funcionario o al gobernante se convierte en incómodo, es alguien que estorba, y alguien a quien buscan silenciar.

En Guerrero el silencio va ganando regiones completas. La Tierra Caliente es una de ellas. Ahí es imposible informar, criticar a los personajes públicos porque no hay certeza si el político es criminal o el criminal es político. Compañeros han optado por la autocensura.

En Chilapa, prácticamente no hay quien informe, y la población no tiene en dónde informarse, porque desde hace unos cinco años a este municipio no llega ningún periódico, no hay una radio o televisora, ni hay portales de noticias. Sólo hay un silencio profundo.

En Iguala ocurre lo mismo. En 2021 siete reporteros y reporteras fueron desplazados porque fueron amenazados de muerte por criminales, aunque no se sabe si fue por cuenta propia o por órdenes de la clase política. Salieron sin dudarlo porque nadie les garantizó su seguridad. Algunos regresaron. Lo cierto es que ahora el silencio impera. ¿A quién conviene ese silencio?

Guerrero desde hace años ocupa un lugar preferente en la violencia contra la prensa. En las dos últimas décadas han sido asesinados por lo menos 20 reporteros y dos más están desaparecidos.

En Guerrero es permanente, constante, que se busque el silencio de la prensa al costo que sea. El modelo de financiamiento de los medios de comunicación no está diseñado para hacer periodismo, para garantizar el derecho a la información de los ciudadanos, sino para silenciar, para ocultar, para lavar imágenes.

Los directivos de los medios de comunicación han preferido la salida cómoda: colocaron a los gobiernos como su principal cliente, como su principal y, en algunos casos, única fuente de financiamiento. Esto ha traído consecuencias.

En teoría, los gobiernos y distintas instituciones disponen de un presupuesto para la publicidad oficial, es decir, para informar a la población de acciones de esas instituciones, de cómo obtener un beneficio, un programa de vacunación o de informar de medidas de precaución ante fenómenos naturales y también para garantizar el flujo informativo.

Pero eso no ocurre, entre las autoridades y la mayoría de los dueños de los medios existe un pacto oscuro y perverso. Los gobiernos transfieren dinero a los medios de comunicación con estas condicionantes: callar, ocultar y, en el mejor de los casos, hasta limpiar la imagen del gobernante.

Cuando los directivos aceptan estas condiciones también se benefician. Nadie los obliga a dar contratos, salarios y prestaciones a sus reporteros y reporteras. Nadie los obliga a transparentar los recursos públicos que reciben. ¿Usted conoce cuánto dinero reciben las medios locales, radios, páginas web y de Facebook, o medios impresos?
¿Por ley, quién está obligado a revisar que los medios de comunicación garanticen los derechos laborales de los reporteros y reporteras? Las mismas autoridades le dan el dinero con la condición de callar.

¿Y qué pasa si al mismo tiempo eres la autoridad y el dueño de un medio de comunicación? Acá en Guerrero está pasando, los Salgado lo encarnan. Evelyn Salgado Pineda es la gobernadora, la hermana, Sol Salgado Pineda, es la directora del periódico familiar, El Guerrero, un diario atiborrado de publicidad oficial, pero sus reporteros no tienen contratos, ni salario fijo y menos prestaciones. Ochenta pesos les pagan la nota y fotografía publicada.
Un círculo perfecto. Un negocio perfecto.

¿Un periodista amenazado y precarizado está en condiciones de hacer un periodismo de calidad?

Esta es la razón esencial del por qué la exigencia de justicia cada vez que asesinan, desaparecen, desplazan o se agrede a un reportero. No es un lugar común afirmar que cuando matan a un reportero se mata la verdad o silencian la verdad. No lo es. Cada vez que ocurre un crimen contra un reportero o reportera la sociedad se queda sin un poco de verdad.

Lo que está en el fondo, es la información y la información es un bien público que toca defender a todos. A todos. Periodistas y ciudadanos.

El llamado es para los ciudadanos, que cuiden la información, que cuiden el periódico, la radio, el programa de televisión, el portal de noticias que les ofrece información independiente, crítica, útil.

Las autoridades no lo van a hacer, no les interesa ni tampoco les conviene. Eso dicen las cifras: más del 98 por ciento de los crímenes contra periodistas están en la impunidad.

El llamado también es para nosotros mismos. No podemos seguir desarticulados, reaccionar sólo en momentos de emergencia como lo que sufrió Jesús Pintor y Fernando Moreno, y sigue sufriendo Alan García. Debemos organizarnos permanentemente para protegernos, para salir de la precariedad.

Los periodistas deben (debemos) ser capaces de poner cara a los directivos y exigirles nuestros derechos laborales. Después de la violencia extrema, no hay otra peor que la precarización. Un periodista no puede salir todos los días de su casa con incertidumbre de si podrá llevar algo a su mesa, si podrá completar la renta o pagar el servicio telefónico.

Además, como discutieron un grupo de periodistas asentados en Chilpancingo el sábado en la mesa del programa radial Reporteros SOS por la frecuencia de Radio Universidad, los comunicadores (incluidos los periodistas) deben (debemos) ser más conscientes de a quién le ponemos nuestras grabadoras, micrófonos y cámaras.

Como gremio hemos contribuido en encumbrar a políticos corruptos, a criminales y a criminales disfrazados de políticos.

El escenario es desalentador, pero ni callar ni morir deben ser las únicas salidas para los periodistas de Guerrero.

 

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Las desventajas de que nuestros ancestros perdieran la cola
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Las desventajas de que nuestros ancestros perdieran la cola
En la columna Tlacolol, publicada en el sitio Amapola, periodistas denunciaron que la reciente desaparición del periodista Jesús Pintor Alegre, así como Fernando Moreno Villegas y Alan García Aguilar evidenció las condiciones con las que deben trabajar en Guerrero desde hace décadas.
01 de marzo, 2024
Por: BBC News Mundo
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Si uno busca con la palabra “evolución” en Google en imágenes lo que vamos a ver es una gran variedad de la famosa ilustración de Ralph Zallinger: la marcha del progreso.

De izquierda a derecha, vemos a un chimpancé que camina con los nudillos ir evolucionando gradualmente hasta hacerlo de forma erguida como un ser humano.

En estas imágenes -y en el título de la foto- están implícitos los prejuicios de la visión común de la evolución: que somos una especie en el punto máximo de la cadena evolutiva, el producto perfeccionado del proceso.

Imaginamos que somos los supervivientes más aptos, lo mejor de lo que podemos ser. Pero visto así, hay una paradoja. Si somos tan asombrosos, ¿cómo es posible que tantos de nosotros padezcamos enfermedades genéticas o de desarrollo?

Un nuevo estudio, publicado en la revista Nature, ofrece una explicación de nuestro desarrollo temprano, propenso a errores, al analizar los cambios genéticos que permitieron a nuestros antepasados perder la cola.

Adaptación de la ilustracióno La marcha del progreso de Rudolph Zallinger.
Getty Images
La ilustración de Rudolph Zallinger, La marcha del progreso, ha dado lugar a un millón de imitaciones.

Las estimaciones actuales sugieren que alrededor de la mitad de los óvulos fecundados nunca llegan a ser embarazos reconocidos y que por cada niño nacido unos dos nunca llegan a término.

En peces y anfibios, una muerte tan temprana es inaudita. De los que tenemos la suerte de nacer, algo menos del 10% padecerá una de los muchos miles de enfermedades genéticas “raras”, como la hemofilia. Las enfermedades no tan raras, como la anemia falciforme y la fibrosis quística, afectan a un número aún mayor de nosotros.

¿Ocurriría esto en una especie cin tanto éxito evolutivo? ¿Dónde está el progreso?

Existen múltiples soluciones posibles a este problema. Una es que, en comparación con otras especies, tenemos una tasa de mutación inusualmente alta, por lo que existe una probabilidad relativamente alta de que en tu ADN haya un cambio que no haya sido heredado ni por tu madre ni por tu padre.

Probablemente naciste con entre diez y cien cambios nuevos en tu ADN. En la mayoría de las demás especies, ese número es inferior a uno, y a menudo muy inferior.

La genética de las colas

Una de las diferencias más evidentes entre nosotros y muchos parientes primates es que no tenemos cola.

La pérdida de la cola se produjo hace unos 25 millones de años (a modo de comparación, nuestro antepasado común con los chimpancés fue hace unos 6 millones de años). Aún conservamos el coxis como resabio evolutivo de este ancestro portador de cola.

La pérdida de esta extremidad se produjo en nuestros antepasados simios al mismo tiempo que la evolución de una espalda más erguida y, a su vez, una tendencia a utilizar sólo dos de las otras cuatro extremidades para sostener el cuerpo.

Peces en el agua.
Getty Images
En los peces y anfibios el índice de mortalidad durante la fecundación es muy inferior al de los seres humanos.

Aunque podemos especular sobre por qué estos cambios evolutivos pueden ir unidos, eso no aborda el problema de cómo (y no por qué) evolucionó la pérdida de la cola: ¿cuáles fueron los cambios genéticos subyacentes?

El estudio llevado a cabo recientemente aborda precisamente esta cuestión y ha identificado un intrigante mecanismo genético: el hecho que muchos genes se combinan para permitir el desarrollo de la cola en los mamíferos.

El equipo descubrió que los primates sin cola tenían un “gen saltarín” adicional -secuencias de ADN que pueden transferirse a nuevas zonas de un genoma- en uno de esos genes determinantes de la cola, el TBXT.

Una gran parte de nuestro ADN son restos de esos genes saltarines que las proteínas que especifian su frecuencia (la función clásica de los genes), por lo que la ganancia de un gen saltarín no tiene nada de especial.

Costo de la evolución

Lo que fue inusual fue el efecto que tuvo esta nueva adición. El equipo también identificó que los mismos primates también tenían un gen saltarín más antiguo pero similar a muy poca distancias en el ADN, incrustado dentro del gen TBXT.

La proximidad de estos dos genes alteraba el procesamiento del ARN mensajero resultante del TBXT (moléculas creadas a partir del ADN que contienen instrucciones para fabricar proteínas).

Los dos genes saltarines pueden pegarse entre sí en el ARN, haciendo que el bloque de ARN entre ellos quede excluido del ARN que se codifica en proteína, lo que da lugar a una proteína más corta.

Para ver el efecto de esta exclusión inusual, el equipo imitó genéticamente esta situación en ratones creando una versión del gen TBXT de ratón a la que también le faltaba la sección excluida. Y, efectivamente, cuanto mayor era la forma del ARN con la sección del gen excluida, más probable era que el ratón naciera sin cola.

Eso ofrece una firme teoría sobre un cambio mutacional que sustenta la evolución de no tener cola.

Pero el equipo observó otra cosa extraña. Si se crea un ratón con sólo la forma del gen TBXT con la sección excluida, pueden desarrollar una afección muy parecida a la espina bífida humana (cuando la columna vertebral y la médula espinal no se desarrollan correctamente en el útero, causando un hueco en la columna vertebral).

Radiografía de la pelvis y la columna lumbosacra con espina bífida.
Getty Images
Radiografía de la pelvis y la columna lumbosacra con espina bífida.

Anteriormente se habían relacionado con esta enfermedad mutaciones en el TBXT humano. Y hay que observar que otros ratones también presentaban diferentes defectos en la columna vertebral y la médula espinal.

El equipo sugiere que, al igual que el coxis es una secuela evolutiva de la falta de cola que todos tenemos, la espina bífida puede ser una secuela rara de la alteración del gen que sustenta nuestra falta de cola.

No tener cola, sugieren, era una gran ventaja, por lo que un aumento de la incidencia de la espina bífida seguía mereciendo la pena. Este puede ser el caso de muchas enfermedades genéticas y del desarrollo: son un subproducto ocasional de alguna mutación que, en conjunto, nos ayudó.

Trabajos recientes, por ejemplo, descubren que las variantes genéticas que nos ayudan a combatir la neumonía también nos predisponen a la enfermedad de Crohn .

Esto demuestra lo engañosa que puede ser la marcha del progreso y que la evolución sólo puede tratar la variación presente en cada momento.

Así como lo muestra este último estudio, muchos cambios también conllevan costos, algo que se podría entender no tanto como una marcha sino más bien como un tambaleo ebrio.

* Laurence D. Hurst es catedrático de Genética Evolutiva en el Centro Milner de Evolución de la Universidad de Bath, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original y ver los vínculos a los estudios citados.

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