
El exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa solicitó el beneficio de libertad anticipada tras pasar más de ocho años en prisión por una sentencia emitida en su contra por los delitos de asociación delictuosa y lavado de dinero, último procedimiento penal que tiene en su contra, por lo que podría salir antes de prisión.
La solicitud se hizo oficial durante una audiencia celebrada este lunes ante la jueza Ángela Zamorano Herrera, del Centro de Justicia Penal Federal del Reclusorio Norte, en el que la defensa del exgobernador presentó 24 pruebas y testimonios a su favor, mientras que la Fiscalía General de la República (FGR) presentó 12 en su contra.
Durante la audiencia, que inició a las 10 de la mañana y terminó pasada las 18:00 horas, la jueza federal especificó que Javier Duarte enfrentaba otra causa penal en el ámbito federal, por un delito electoral, así como tres causas del fuero común en Veracruz por diversos delitos, mismas que ya fueron dejadas sin efecto.
De esta forma, al aceptar que ambas partes presenten todas sus pruebas y testimonios, la jueza Zamorano Herrera agendó para el próximo miércoles 12 de noviembre la audiencia en la que definirá si el exgobernador de Veracruz recupera su libertad, tras mantenerse preso desde el 26 de septiembre de 2018, cuando fue detenido en Guatemala.

Al iniciar la audiencia, el abogado Pablo Campuzano aseguró que Javier Duarte “ha cumplido en exceso” su pena, pues hoy en día ha pagado más del 95.04 % de ella, lo que le permite acceder al beneficio de libertad anticipada.
“En 2018, el señor se entregó voluntariamente. Después accedió a un procedimiento abreviado, solicitado por la propia fiscalía, reconociendo su participación en los hechos. Hoy el Estado mexicano, en coordinación con la Fiscalía de Veracruz, buscan a toda costa incumplir con esta promesa”, señaló.
De esta forma, su equipo legal aseguró que el exgobernador Javier Duarte ha cumplido con todos los requisitos establecidos en el artículo 141 de la Ley Nacional de Ejecución Penal, que establece que para poder solicitar el beneficio de libertad anticipada debió ya haber cumplido la mitad de su pena en casos por delitos culposos, así como haber tenido buena conducta y haber cubierto la reparación de daño y el pago de la multa, en caso de tenerla.
En respuesta, el fiscal Manuel Granados Quiroz, titular de la Fiscalía de Asuntos Relevantes de la FGR, se opuso desde el inicio de la audiencia a que se fallará a favor del exgobernador, al asegurar que existen aún pendientes decomisos en su contra y asegurar que “no ha querido pagar sus crímenes ante la justicia”.

“No es cualquier servidor público ni un funcionario ordinario. Fue un exgobernador que se caracterizó por ser artífice de uno de los mayores escándalos políticos y jurídicos del país, a quien se le investigó por delitos como delincuencia organizada, lavado de dinero, desaparición forzada y peculado”.
Javier Duarte, quien lucía una densa barba negra y vestía la tradicional vestimenta color caqui de la prisión, pidió el uso de la palabra para posicionarse en principio únicamente por el tema del supuesto decomiso pendiente.
“Solo quiero decir que en una apelación que presenté el decomiso del que habla el señor fiscal fue revocado”, señaló el exgobernador.
Sin embargo, casi al finalizar la audiencia, Duarte volvió a solicitar el uso de la palabra para asegurar que lleva casi nueve años sin ver a sus hijos y su familia, por lo que dijo considerase “una persona que está totalmente lista para reinsertarme en la sociedad”.
“Yo no he robado ni un solo centavo. No le quiero hacer daño a nadie. La víctima es el Estado mexicano y al testigo (que declaró en su contra) no le deseo el mal, que Dios lo bendiga. Yo sabía a lo que me exponía al ser gobernador. A otros gobernadores les ha costado esto mismo en estos tiempos tan difíciles, pero a usted lo único que le pido es justicia”, dijo el exgobernador con la voz entrecortada.
Al terminar las intervenciones, la jueza señaló que, sin prejuzgar sobre la solicitud del exgobernador, era un “hecho notorio” que desde el 15 de abril de 2017 se le dictó a Duarte una pena de 9 años de prisión, por lo que ya podía solicitar dicho beneficio.
“Han pasado 3 mil 125 días desde que ingresó a prisión, eso es un poco más de 95 % de su pena”, dijo.

Irán ya ha vivido protestas antes, las más recientes en 2022, pero ¿por qué las manifestaciones actuales se consideran diferentes en alcance y objetivos?
Las protestas antigubernamentales en Irán, que, según corresponsales de la BBC y un funcionario iraní ya han dejado al menos dos mil muertos, han alcanzado un nivel nunca visto en los 47 años de historia de la República Islámica, según numerosos expertos y testigos presenciales.
Jiyar Gol, corresponsal de la BBC en persa, aseguró que el número de muertos debe ser de miles, y añade que, si bien el gobierno ya ha recurrido antes a la fuerza, esta vez no tiene precedentes.
La agencia de noticias Reuters, por su parte, informó que un funcionario de seguridad iraní afirmó que el número de muertos podría rondar las 2.000 personas. La fuente indicó que la estimación incluía tanto a personal de seguridad como a civiles, y culpó a “terroristas” de las muertes.
Mientras la gente sale a las calles en ciudades de todo el país, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado con “dar duro donde más duele” si las autoridades reprimen a los manifestantes y ha afirmado que EE.UU. “está listo para ayudar”.
Si eso ocurre, las autoridades iraníes han prometido responder con ataques a los aliados e intereses estadounidenses en la región.
Pero ¿en qué se diferencian estas protestas —y la respuesta del gobierno iraní a los levantamientos— de las manifestaciones anteriores en el país?
Los expertos sostienen que la escala y la extensión de las protestas de este año no tienen precedentes.
El investigador en sociología Eli Khorsandfar afirma que, si bien se han producido manifestaciones en las principales ciudades iraníes, también se han extendido a pequeñas localidades, “cuyos nombres quizá muchos desconozcan”.
Irán ya ha vivido protestas. El llamado Movimiento Verde de 2009 lideró la protesta de la clase media contra el presunto fraude electoral. Aunque fue de gran magnitud, se centró en las grandes ciudades. Otras protestas importantes en 2017 y 2019 se limitaron a las zonas más pobres.
Las protestas recientes más comparables se produjeron en 2022, cuando estallaron manifestaciones tras la muerte bajo custodia de Mahsa Amini, de 22 años.
La joven había sido detenida por la policía moral iraní por su forma de llevar el velo.
Esas protestas se intensificaron rápidamente tras la muerte de Amini, pero alcanzaron su punto álgido seis días después, según múltiples informes.
En cambio, las protestas actuales parecen más grandes, más amplias y parecen crecer de manera más consistente desde que comenzaron el 28 de diciembre.
Al igual que las protestas de 2022, los levantamientos actuales tienen sus raíces en un reclamo específico que pronto se transformó en demandas de un cambio sistémico profundo.
“El movimiento de 2022 comenzó con el problema de las mujeres. Pero también se reflejaron en él otras reivindicaciones… Las protestas de diciembre de 2025 comenzaron con cuestiones que parecían económicas y, en muy poco tiempo, llegaron a transmitir mensajes compartidos”, afirma Khorsandfar.
A finales de diciembre, los comerciantes del bazar se declararon en huelga en el centro de Teherán, en respuesta a las fuertes fluctuaciones del tipo de cambio del rial iraní frente al dólar estadounidense.
Las protestas se extendieron a las regiones más pobres del oeste del país. Al igual que en 2022, las provincias de Ilam y Lorestán fueron algunos de los principales epicentros.
Hacia finales de diciembre, se llevaron a cabo marchas en las que participaron miles de personas mientras millones de iraníes, también de clase media, se enfrentaban a una grave crisis económica y a un rápido aumento de los precios. Desde entonces, la gente que marcha por las calles corea “¡Muerte al dictador!”.
Exigen la destitución del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y del régimen que preside.
Las protestas de 2022 parecieron no tener líderes y pronto se desvanecieron.
En cambio, las manifestaciones actuales cuentan con figuras —algunas como el exiliado Reza Pahlavi, hijo del sha derrocado en 1979— que intentan moldear o liderar las marchas desde la distancia.
Esto podría explicar en parte por qué se mantienen durante más tiempo.
En las protestas actuales, los cánticos que exigen el regreso de los Pahlavi se han escuchado más que nunca.
Pahlavi se autoproclamó sha de Irán durante su exilio en Estados Unidos.
Sus llamamientos a corear consignas en las calles han sido ampliamente compartidos. Los jóvenes iraníes se han animado indirectamente a unirse a las manifestaciones a través de las redes sociales.
La magnitud de las recientes protestas en ciudades como Teherán demuestra la eficacia del llamamiento de Pahlavi.
Analistas afirman que, como resultado, la presencia de una figura conocida de la oposición parece haber reforzado para algunos manifestantes la idea de que existe una alternativa viable en caso de la caída del gobierno actual.
Otros indican que cualquier indicio de apoyo a Pahlavi no implica necesariamente un deseo de retorno a la monarquía.
Más bien, es una expresión de desesperación por encontrar cualquier alternativa al gobierno clerical, sobre todo ante la ausencia de figuras visibles y laicas de la oposición dentro del país.
Otro factor que distingue a las protestas de 2025, incluso de las de 2022, es Estados Unidos.
Las manifestaciones de este año, a diferencia de las anteriores, parecen contar con el apoyo de la Casa Blanca.
Trump ha amenazado con atacar las posiciones del gobierno en apoyo a los manifestantes, algo que nunca había ocurrido antes.
Durante el movimiento de protesta de 2009 contra el presunto fraude en las elecciones presidenciales, los manifestantes coreaban: “¡Obama, Obama, o con ellos o con nosotros!”.
El expresidente estadounidense Barack Obama, que asumió el cargo en 2009, lamentó más tarde no haber apoyado de forma más visible a los manifestantes en las calles en aquel momento.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, dijo que las manifestaciones están siendo manipuladas por “los enemigos de Irán”.
Sin embargo, el problema para él es que su país tiene menos amigos que en los últimos años.
Las autoridades iraníes han perdido aliados clave: Bashar al Assad ha sido derrocado como presidente de Siria y Hezbolá en Líbano también se ha visto significativamente debilitado por la acción militar israelí.
A diferencia de las manifestaciones de 2022, las protestas de este año se concretaron meses después de la guerra de 12 días con Israel y de los posteriores ataques estadounidenses e israelíes contra Irán.
El periodista Abbas Abdi cree que estos incidentes brindaron a las autoridades iraníes la oportunidad de forjar cierto tipo de solidaridad y cohesión social, pero que el gobierno no la aprovechó.
Algunos expertos también sugieren que el duro golpe al ejército iraní el año pasado ha destrozado el aura y el prestigio de la Guardia Revolucionaria Islámica como principal institución militar del país ante los ojos de los iraníes.
Inspirándose en el espíritu de las manifestaciones de 2022, Khorsandfar ve un cambio duradero en las protestas actuales: en entrevistas con mujeres que salieron a las calles hace tres años, muchas le dijeron que su mayor logro fue superar el miedo a un estado represivo.
*Con información y análisis de BBC News Persian, BBC Global Journalism y Neda Sanij, periodista de Oriente Medio.
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