
Para entender mejor
La fiscal general del estado, Sandra Luz Valdovinos Salmerón, informó que la dependencia ya integró una carpeta de investigación en contra de la alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, por el encuentro con un hombre, presuntamente uno de los líderes de un grupo del crimen organizado, filtrado a partir de un video.
También informó que por la irrupción de 2 mil pobladores de municipios de la montaña baja y zona Centro el lunes y martes pasado ya hay otras dos carpetas de investigación iniciadas.
Este jueves la titular de la Fiscalía General del Estado (FGE) apareció públicamente después de cuatro días continuos de violencia en Chilpancingo, que dejó un saldo de cinco transportistas asesinados y cuatro unidades incendiadas, y de la irrupción de los pobladores de cinco municipios que generó pánico en la capital.
“Por las comunicaciones de la presidenta (Norma Otilia Hernández) hay una carpeta (de investigación)”, declaró hoy en Acapulco la fiscal.
“Estos videos que están saliendo de la alcaldesa (de Chilpancingo), ¿cuál es la situación, se está haciendo una investigación?”, le preguntó un reportero.
“Así es, efectivamente, aparte del pronunciamiento del señor presidente (Andrés Manuel López Obrador), me quiero imaginar que por parte de la Fiscalía General de la República (FGR) ya se inició la carpeta de investigación correspondiente, sin embargo por cualquier otro delito del orden común que pueda ser competencia de la Fiscalía General del Estado nosotros también haremos la investigación y si es necesario declinaremos en su momento la competencia a la FGR”, dijo Valdovinos Salmerón.
La fiscal explicó que agotarán las líneas de investigación que tipifiquen conductas del fueron común y si hay del orden federal las declinarán a la FGR. “Estos delitos podrían tratarse de delincuencia organizada y otros del orden federal”, agregó.
De acuerdo con Amapola Periodismo, también confirmó que la carpeta de investigación contra la alcaldesa de Chilpancingo es por la difusión de imágenes donde aparece en una reunión con un hombre armado, a quien algunas fuentes reconocen como Celso Ortega Jiménez, uno de los hermanos que son dirigentes del grupo criminal de “Los Ardillos”.
Valdovinos Salmerón dijo que por los bloqueos que realizaron pobladores de cinco municipios de la región Centro y Montaña baja en la Autopista del Sol el lunes y martes pasado y por los disturbios en los edificios del Congreso del estado y la sede el Poder Ejecutivo también iniciaron dos carpetas de investigación.
“Hay una carpeta de investigación por la retención de los servidores públicos (cinco policías estatales, cinco elementos de la Guardia Nacional y tres funcionarios) y hay otra por motín y sabotaje”, explicó la Fiscal.
El secretario general de Gobierno de Guerrero, Ludwig Marcial Reynoso, sugirió que Norma Otilia Hernández Martínez, alcaldesa de Chilpancingo, se separe del cargo tras darse a conocer la reunión que tuvo con uno de “Los Ardillos”.
Sin embargo, al respecto, la alcaldesa dijo que no va a renunciar y que está esperando que las instituciones que están investigando tomen la decisión, informó Latinus.
“Son opiniones, pero yo siempre he considerado que es la ley. No creo que sean mensajes, yo considero que estamos trabajando en equipo, considero que estamos trabajando en equipo, considero que hay una buena coordinación. Esperaré, simplemente esperaré. Yo sé que mucha gente hará algunos comentarios, pero yo estaré esperando que sean las leyes”, dijo.

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.
Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.
Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.
El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.
Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.
Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.
Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.
La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.
Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.
Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.
El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.
Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.
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Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.
Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.
A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.
En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.
Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.
Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.
El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.
Un factor clave en todo este proceso es el estrés.
Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.
En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.
La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.
La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.
El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.
Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.
Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.
Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.
Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.
De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.
Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.
La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.
Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.
En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.
Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.
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