En la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), las protestas que iniciaron en la Facultad de Medicina se extendieron a un paro de diversas facultades en exigencia de mejoras en los servicios educativos, seguridad e infraestructura.
Las protestas comenzaron el lunes 24 de febrero, cuando estudiantes de Medicina realizaron diversos bloqueos para denunciar la reducción del número de plazas para el internado y las prácticas clínicas.
De igual manera señalaron que estudiantes que iniciaban prácticas en la sede ISSSTEP desde el 6 de enero, presentaron dificultades en la entrega de documentos debido a los plazos cortos, además que otros alumnos no contaban con aulas para tomar clases.
Ante esta situación, la BUAP informó que el Consejo de Unidad Académica de la Facultad de Medicina acordó nombrar a Claudia Teresa Cedillo Rojas como encargada de Despacho para concluir el periodo 2021-2025, ante la renuncia de Luis Guillermo Vázquez como director, y también se anunció la designación de Martín Benito Pineda como nuevo coordinador de Práctica Clínica, en sustitución de Martha Elba González Mejía.
El martes 25, tras los cambios en la Facultad de Medicina, los estudiantes continuaron con el paro al señalar que no fueron consultados previo a los nombramientos, y realizaron una marcha hacia Ciudad Universitaria (CU) para exigir ser tomados en cuenta así como mejoras en las condiciones educativas.
En CU exigieron un encuentro por la rectora Lilia Cedillo, quien no los atendió, y solo fueron atendidos por otras autoridades universitarias quienes propusieron establecer mesas de trabajo.
Posteriormente, Cedillo emitió un mensaje ante medios de comunicación en donde aseguró que se atenderían las demandas de los estudiantes, pero señaló que en el movimiento había injerencia de personajes que habían visto afectados sus intereses.
“Debería de darles vergüenza decir que son universitarios, honestamente. Hay cosas que estamos haciendo como institución y que yo sé bien que tocan intereses económicos de otras personas (…) no nos vamos a doblar”, puntualizó.
El miércoles 26, el tercer día de movilizaciones, la BUAP informó que tuvo una reunión con los estudiantes inconformes de Medicina en donde se habían firmado los acuerdos que contenían las respuestas a los pliegos petitorios, pero que estudiantes ajenos a los que fueron elegidos como representantes impidieron la instalación de la mesa de trabajo.
Las autoridades universitarias dijeron estar dispuestas al diálogo e hicieron un llamado a permitir la instalación de las mesas de trabajo: “la institución se mantiene comprometida a cumplir los acuerdos”.
En el transcurso del día, los universitarios continuaron realizando marchas hasta llegar a Ciudad Universitaria, donde se unieron al paro las facultades de Derecho, Administración, Contaduría Pública, Ingenierías, Ciencias Biológicas, Ciencias Químicas, Filosofía y Letras, Psicología, Artes Plásticas y Audiovisuales, Artes, Comunicación, Arquitectura, Ciencia Forense y Ciudad Universitaria 2.
Alrededor de las 19:15 horas, los manifestantes cerraron las puertas de Ciudad Universitaria y alumnos de las facultades de Arquitectura y Ciencias Políticas y Sociales emitieron un pliego petitorio con exigencias como mejoras en las clases presenciales, acceso a internet, seguridad, evaluación de docentes y mejoras en los planes de estudio e infraestructura.
Por su parte, la Facultad de Arquitectura también emitió un pliego con demandas como ser tomados en cuenta en la toma de decisiones, atender las deficiencias en el suministro de agua, transparencia en las obras contempladas en edificios emblemáticos, falta de insumos, mejoras en el transporte, entre otros puntos.
Ante el paro de estudiantes en diversas facultades, la BUAP instruyó clases virtuales en las Unidades Académicas de Nivel Medio y Superior a partir de este jueves 27, y en la Facultad de Medicina desde el lunes 3 de marzo.
“Las actividades administrativas se realizarán mediante plataformas digitales; exceptuando áreas sustantivas como el Hospital Universitario y la Dirección de Apoyo y Seguridad Universitaria”, dice el comunicado.
A la vez, la institución informó la suspensión temporal de los trámites de titulación, certificados de estudios, entrega de documentos oficiales y solicitud de kardex legalizados, así como la emisión de constancias.
De igual manera, la mañana de este jueves se dio a conocer que dos sujetos agredieron a personal de la BUAP, quienes no formaban parte de la movilización, de acuerdo con los estudiantes.
Con información de Manatí.
Encontrar huevos en Estados Unidos es cada vez más difícil y más caro. Te contamos las razones.
Ir a comprar huevos y no encontrarlos se ha convertido en un problema cada vez más habitual en Estados Unidos.
Los huevos son cada vez más caros y hay cada vez menos en los supermercados.
Los precios de un artículo tan consumido se han duplicado en un año y los consumidores tienen que pagar ahora un promedio de US$4,77 por una docena de huevos de clase A, cuando hace poco más de un año costaban US$2,51.
Y el incremento se ha acelerado en los últimos dos meses. Los huevos se encarecieron un 15% de diciembre a enero, siendo unos de los principales causantes del inesperado repunte de la inflación en Estados Unidos.
En algunos supermercados no se encuentran y otros han restringido la cantidad que puede comprar cada cliente para evitar el acaparamiento y la reventa de un producto cada vez más cotizado.
La popular cadena de restaurantes Waffle House ha empezado a cobrar un suplemento de 50 centavos por huevo para hacer frente a su encarecimiento y en la localidad de Antrim, Pensilvania, las autoridades reportaron el 6 de febrero el robo de la carga de 100.000 huevos valorada en unos US$40.000 del remolque de un camión.
“Esto es único. Nunca en toda mi carrera oí hablar del robo de 100.000 huevos”, dijo a los medios locales Megan Frazer, de la Policía del estado de Pensilvania.
El problema de los huevos se suma al de muchos consumidores que dicen tener dificultades para adquirir artículos esenciales debido al aumento de la inflación de los últimos años, uno de los temas que dominaron la última campaña electoral y que, según muchos analistas, fue uno de los que llevó a Donald Trump de vuelta a la Casa Blanca.
Estados Unidos combate desde 2022 un brote de gripe aviar, la enfermedad causada en las aves por el virus H5N1.
Los casos no han dejado de aumentar desde entonces y ya se ha detectado el virus también en reses, gatos domésticos e incluso algunos trabajadores de las granjas avícolas afectadas.
La gran mayoría de los casos en personas han sido leves y las autoridades afirman que el riesgo de contagio entre humanos es bajo.
Pero las consecuencias se han dejado sentir en el bolsillo.
Desde que se detectó el brote, más de 130 millones de aves han muerto, según los datos de la Federación de la Oficina Agrícola Estadounidense, una asociación nacional de productores agrícolas, lo que ha mermado gravemente la producción de huevos.
La gran cantidad de aves muertas se debe a que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos exige que cuando se detecta una gallina infectada todas a su alrededor sean sacrificadas para evitar la propagación del virus.
Y cuando un granjero se ve obligado a sacrificar todas sus aves le lleva tiempo repoblar su explotación y hacerla de nuevo productiva.
“Cuando se repuebla una granja, las nuevas gallinas pueden tardar hasta cinco meses en empezar a poner huevos, lo que está provocando una conmoción en la oferta disponible”, le dijo a BBC Mundo David Ortega, experto en la industria alimentaria estadounidense de la Universidad Estatal de Michigan.
Así, como hay menos gallinas, hay menos producción de huevos y llegan menos a los comercios.
Se estima que cada habitante de Estados Unidos consume más de 284 huevos al año, lo que eleva el consumo diario nacional de huevos hasta 250 millones, una demanda al alza que, unida a la caída de la oferta derivada de la gripe aviar, explica la subida de los precios.
El aumento sostenido del precio de los huevos encarece la cesta de la compra en Estados Unidos y, según revelan los últimos datos oficiales, ha sido uno de los principales motores del aumento de la inflación que todavía aqueja a la economía del país.
Los precios subieron el pasado enero un 3% en el país, una décima más de lo que habían previsto los economistas, y los huevos fueron junto a la energía lo que más contribuyó al alza.
Según Ortega, “el precio de los alimentos en Estados Unidos ha aumentado significativamente en los últimos años y el encarecimiento de los huevos golpea especialmente a los hogares con menos ingresos, porque son los que deben dedicar mayor proporción de su renta adquirirlos”.
La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, culpó al gobierno anterior de lo que está ocurriendo con los huevos.
“El gobierno de Biden y el Departamento de Agricultura ordenaron la matanza masiva de más de cien millones de gallinas, lo que ha llevado a una falta de suministro de gallinas en este país, y a una falta de suministro de huevos que ha llevado a la escasez”, dijo Leavitt.
“En 2024, con Joe Biden en el Despacho Oval —o en la planta de arriba durmiendo en la presidencia, no estoy segura—, el precio de los huevos subió un 65% en nuestro país”, añadió Leavitt.
No mencionó que con Trump se ha mantenido el sacrificio de aves.
La inflación fue uno de los temas más explotados por Trump en la campaña electoral, en la que prometió: “Cuando gane reduciré los precios, empezando el primer día”.
Los últimos datos muestran que esa promesa no se ha cumplido y el presidente no ha dado pistas de qué piensa hacer para frenar el aumento del precio de los huevos o mitigar su impacto en los consumidores.
Los expertos no creen que los precios vayan a bajar este año.
Estados Unidos lleva lidiando con este brote desde 2022 y no se atisba, por ahora, un final.
Los huevos son uno de los artículos que los economistas consideran de demanda inelástica. Como no se pueden sustituir fácilmente, la demanda se mantiene pese a que caiga la oferta, lo que empuja los precios al alza.
“Hasta que no atajemos el brote y sus causas, y podamos volver a estabilizar la producción, no creo que veamos un descenso de los precios”, indica Ortega.
Él, como otros expertos, cree que se precisan más medidas de bioseguridad y una mayor coordinación entre las agencias federales implicadas para evitar que el virus continúe propagándose.
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