
La fiscal general de Justicia de la Ciudad de México, Bertha Alcalde, presentó este viernes un balance de su primer año al frente de la institución, destacando una reducción en los delitos de alto impacto y cifras específicas sobre la disminución de feminicidios, así como el manejo de la explosión de una pipa de gas en Iztapalapa.
Alcalde, quien asumió el cargo el 10 de enero de 2025, enumeró datos y cifras de lo que calificó como “resultados concretos” de su gestión, que concluirá en 2029.

En el apartado de delitos de alto impacto, la fiscal dijo que entre enero y diciembre de 2025 el promedio diario mensual de estos ilícitos “alcanzó su mínimo histórico”, con una reducción del 24% que no especificó respecto a qué año o periodo comparaba.
Reportó 5 mil 30 vinculaciones a proceso por estos delitos, un incremento del 15% respecto al año anterior, con alzas específicas en extorsión (101% más), robo a casa habitación con violencia (86% más), secuestro (43% más) y homicidio doloso (19% más).
Aseguró que 2025 fue “el año con más órdenes de aprehensión cumplidas en la historia de la Ciudad de México”, con 6 mil 709 ejecutadas, lo que representa un incremento del 74.9% respecto a 2019 y del 17.5% frente a 2024.
Sostuvo que más del 90% de las sentencias dictadas durante el año fueron condenatorias.
En materia de robos, dijo que se registró una disminución del 12% en el robo de vehículos respecto a 2024, y del 53% frente a 2019, mientras que las órdenes de aprehensión cumplidas por este delito crecieron un 50%. En el combate al despojo de inmuebles, señaló que se devolvieron 430 propiedades durante el año.

Otro de los ejes centrales del informe fue la situación de la violencia contra las mujeres. Alcalde reportó una disminución en el número de feminicidios registrados, al pasar de 68 casos en 2024 a 44 en 2025. De estos últimos, dijo, se logró la judicialización de 42 probables responsables, lo que, aseguró, representa “una efectividad del 95%, una cifra sin precedentes”.
La funcionaria atribuyó estos resultados a una “política pública sólida, sostenida y coherente que inició con la fiscal Ernestina Godoy”, quien hoy es la titular de la FGR. Mencionó también la publicación de un “nuevo protocolo de investigación de feminicidio y transfeminicidio” para fortalecer los estándares de investigación.
Sobre la violencia familiar, dijo que se reorientó la actuación de la fiscalía especializada, concentrándose en los casos de violencia de pareja, y se creó una agencia para investigar los delitos más graves donde existe “riesgo feminicida”.
Indicó que durante 2025 se dictaron en promedio “190 medidas de protección diarias”, y que de manera específica se emitieron “6 mil 249 medidas de protección con control judicial”, de las cuales el 98% fueron ratificadas por jueces.
Respecto a la violencia sexual, Alcalde aseguró que la CDMX es “la institución que más órdenes de aprehensión y más vinculaciones a proceso obtiene en el país en materia de violación”. Reportó un aumento en el cumplimiento de órdenes de aprehensión por este delito, de 271 en 2024 a 352 en 2025, un incremento del 30%, y una reducción en los tiempos de integración de las investigaciones “a un rango de dos a cuatro semanas”.
Alcalde se refirió al incendio de una pipa de gas ocurrido el 10 de septiembre de 2025 en el puente de La Concordia, en Iztapalapa, como un momento que “nos confrontó con la tragedia y la fragilidad de la vida”.
Sobre el manejo del caso, declaró: “Frente a esta tragedia, la fiscalía privilegió la ruta de la mediación, logrando que en apenas dos meses casi la totalidad de las víctimas recibiera una indemnización con montos superiores a los referentes recientes”.
Sobre corrupción interna, reportó que “se sancionó a más de 100 personas servidoras públicas por actos de corrupción” y destacó el uso de 2 mil 181 cámaras de videovigilancia y 890 visitas de supervisión durante el año.
Alcalde concluyó su informe reconociendo que “falta mucho por hacer” y que la procuración de justicia en el país “tiene una deuda histórica del estado con su pueblo”.

Los seres humanos hemos intentado de muchas formas acercarnos al centro de la Tierra, pero ¿ hasta dónde hemos llegado y qué hay realmente allí abajo?
Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta.
Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras.
Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies.
Entonces, ¿hasta qué profundidad hemos logrado llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo?
La Tierra está formada por cuatro capas principales.
Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres.
“Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos”, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.
La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes.
Debajo se encuentra el manto, de unos 3.000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana.
“Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye”, explicó Ferreira.
Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre.
El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5.500 °C.
El punto más profundo de la corteza terrestre al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie.
Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí hemos utilizado perforadoras para ir aún más lejos.
El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo.
Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro.
Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto.
Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones.
Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura.
La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.
La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío.
Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es “algo increíblemente difícil de hacer”, afirmó Jackson.
Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra?
La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra.
Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros.
“Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra”, explicó Ferreira.
Jackson describió esas imágenes como una especie de “tomografías computarizadas de la Tierra”.
Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas.
“En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto”, dijo Ferreira.
Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra.
Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos.
*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.
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