
Para entender mejor
Berenice y Miguel amaban la música y tomar fotografías de conciertos, hasta que fueron víctimas de la negligencia de los organizadores del Festival AXE Ceremonia 2025 en el Parque Bicentenario de la Ciudad de México.
El pasado sábado 5 de abril alrededor de las 6 de la tarde, los jóvenes fotoperiodistas Citlali Berenice Giles Rivera y Miguel Ángel Rojas Hernández cubrían el festival de música indie cuando quedaron sepultados debajo de una estructura metálica que colapsó debido a las fuertes rachas de viento. Berenice y Miguel fueron trasladados de emergencia al Hospital General Dr. Rubén Leñero, pero llegaron sin signos vitales.
A pesar del accidente, el festival continuó por horas con las presentaciones programadas, incluyendo las de Natanael Cano y Charli XCX. Siguió pese a que dos personas habían fallecido. Los asistentes, en su mayoría, supieron la noticia hasta que salieron del festival.

Las cuentas en redes sociales de AXE Ceremonia continuaron activas con lo que acontecía en el escenario. Hasta las 9 de la noche informaron sobre el incidente, pero no mencionaron a los fallecidos, solo hablaron de dos heridos, aunque el IMSS informó que los dos jóvenes llegaron sin vida al hospital.
Contrario a lo que pasó un día antes, cuando los organizadores del festival decidieron guardar silencio y que el show debía continuar hasta que terminaran los conciertos, al día siguiente con los sellos de clausura de fondo, los nombres de Berenice y Miguel se escucharon fuerte. Fotógrafos, periodistas, estudiantes y amigos colocaron un altar en la entrada del Parque Bicentenario.
Veladoras, flores y letreros con frases tan dolorosas como ciertas: ‘Ninguna pasión debería costar la vida’ o ‘Nadie merece morir por hacer lo que ama’, destacaron durante el homenaje a los jóvenes fotógrafos.

En un pronunciamiento, periodistas exigieron que se cancelen los permisos y concesiones de las empresas ECO Live, organizadora del festival, y Operadora de Proyectos de Entretenimiento NLP, concesionaria del Parque, y las siguientes ediciones del festival AXE Ceremonia.
“Que nunca más haya un evento sin protocolos de seguridad suficientes y que prioricen el dinero por encima de la seguridad de sus asistentes y los trabajadores”, demandaron.
La indignación tiene motivos de sobra. Los organizadores del festival colocaron osos decorativos sobre grúas de tijera para que los asistentes se ubicaran en el parque, para que tuvieran un punto de “encuentro seguro”. Sin embargo, esas grúas no deben ser usadas para colocar carteles, lonas o ninguna otra cosa. Uno de los fabricantes señala en uno de sus manuales que si se colocan carteles en una plataforma de tijera se genera “un efecto velero” que puede provocar que vuelquen.
Las autoridades se señalaron unas a otras. Mauricio Tabe, alcalde de Miguel Hidalgo, aseguró que hicieron una inspección el viernes, previo al festival de música, y la grúa que causó la muerte de los jóvenes no estaba colocada ni tampoco estaba contemplada en el programa especial de protección civil.
Mientras que la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México responsabilizó a los organizadores y a la alcaldía en un comunicado. “Estos lamentables hechos fueron el resultado de una deficiente supervisión de medidas preventivas por parte de los organizadores y las áreas operativas de la Alcaldía Miguel Hidalgo”, indicaron.

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Horas después, alrededor de las 01:30 de la mañana del 6 de abril, cuando ya había terminado el primer día de conciertos, la alcaldía Miguel Hidalgo colocó sellos de suspensión en el Parque Bicentenario.
Por ello, durante la jornada de protesta, los manifestantes también reclamaron a las autoridades no haber realizado una suspensión inmediata de las actividades del festival, así como la falta de protocolos de desalojo y el número insuficiente de personal de seguridad para poder cancelar el evento masivo.
Tras la muerte de los jóvenes fotógrafos, el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin) informó que revisará la concesión del Parque Bicentenario. Esto pese a que en 2023 ya había muerto un fotógrafo en ese lugar. Alberto Clavijo murió también en un accidente en el Parque Bicentenario, pero durante un concierto de RBD.

Desde el 1 de marzo de 2018 y hasta por 25 años, la concesión del Parque está en poder de Operadora de Proyectos de Entretenimiento NLP S.A. de C.V. cuyo representante legal es Charles Edward Mc Phail Trouyet.
Mientras que Grupo Eco pertenece a Diego Jiménez Labora Prieto, quien es el organizador del festival AXE Ceremonia. Actualmente la marca Ceremonia está registrada bajo La Agencia de los Socios, donde Jiménez Labora Prieto también tiene participación.
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Por su parte, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México abrió una carpeta de investigación.
Durante la velada en memoria de Bere y Mike, también se exhortó a la Fiscalía a realizar “una investigación que considere el encubrimiento de las muertes”, “que se finquen responsabilidades por los homicidios dolosos y la destitución de los funcionarios que permitieron la realización y continuación del festival a pesar del accidente”.


En algunos países la influencia genética en la esperanza de vida parece haberse duplicado. ¿Por qué?
Durante años, la respuesta parecía definitiva: la genética explica entre el 20% y el 25% de la variación en la esperanza de vida humana, y el resto se debe al estilo de vida y al entorno.
Pero un nuevo estudio publicado en Science cuestiona esta perspectiva y afirma sugiere que la contribución genética es considerablemente mayor.
La razón, según los investigadores, es que las estimaciones previas no tenían en cuenta cómo han cambiado las causas de muerte con el tiempo.
Hace un siglo, muchas personas morían por lo que los científicos llaman causas extrínsecas: accidentes, infecciones y otras amenazas externas.
Hoy en día, al menos en los países desarrollados, la mayoría de las muertes se deben a razones intrínsecas: el desgaste gradual de nuestros cuerpos a causa del envejecimiento y enfermedades relacionadas con la edad, como la demencia y las cardiopatías.
Para obtener una visión más clara, el equipo de investigación analizó numerosos grupos de gemelos escandinavos, excluyendo cuidadosamente los fallecimientos por causas externas.
También estudiaron a gemelos criados por separado y a hermanos de centenarios en Estados Unidos.
Al excluir las muertes por accidentes e infecciones, la contribución genética estimada aumentó drásticamente: del habitual 20-25% a alrededor del 50-55%.
El patrón cobra sentido al analizar enfermedades individuales. La genética explica gran parte de la variación en el riesgo de demencia, tiene un efecto intermedio en las enfermedades cardíacas y desempeña un papel relativamente modesto en el cáncer.
A medida que los entornos se vuelven más favorables, las poblaciones envejecen y las enfermedades causadas por el propio proceso de envejecimiento se vuelven más comunes, el componente genético parece naturalmente mayor.
Pero aquí es donde la interpretación se vuelve crucial. Una estimación más alta no significa que los genes se hayan vuelto repentinamente más poderosos, ni significa que solo se pueda influir en la mitad de las probabilidades de llegar a la vejez.
Lo que ha cambiado es el entorno, no nuestro ADN.
Consideremos la estatura humana como ejemplo. Hace cien años, la altura dependía en gran medida de si se tenía suficiente comida y de si las enfermedades infantiles retrasaban el crecimiento.
Hoy en día, en los países ricos, casi toda la población tiene una nutrición adecuada.
Debido a que estas diferencias ambientales se han reducido, la mayor parte de la variación restante en la estatura se explica ahora por diferencias genéticas, no porque la nutrición haya dejado de importar, sino porque la mayoría de las personas ahora alcanzan su potencial genético.
Sin embargo, un niño desnutrido seguirá sin lograr una estatura adecuada, independientemente de sus genes.
El mismo principio se aplica a la esperanza de vida. A medida que hemos mejorado la vacunación, reducido la contaminación, enriquecido la dieta y adoptado estilos de vida más saludables, hemos disminuido el impacto general de los factores ambientales.
Cuando la variación ambiental disminuye, la proporción de variación restante atribuida a la genética —lo que los científicos denominan “hereditabilidad”— aumenta por necesidad matemática.
Las estimaciones anteriores no eran erróneas; simplemente reflejaban circunstancias históricas diferentes.
Esto revela algo fundamental: la hereditabilidad no es una propiedad biológica fija, sino una medida que depende completamente de la población y las circunstancias que se analizan.
La cifra tradicional del 20-25% describía la esperanza de vida tal como se experimentaba en poblaciones históricas, donde las amenazas externas eran importantes.
La nueva estimación del 50-55% describe un escenario diferente, donde dichas amenazas se han eliminado en gran medida, lo que en esencia describe un rasgo distinto.
La cifra principal de una esperanza de vida de alrededor del “50% heredable” corre el riesgo de malinterpretarse, como si los genes determinaran la mitad de las posibilidades de vida de una persona.
En realidad, la contribución genética en un individuo determinado puede variar de muy pequeña a muy grande, dependiendo de sus circunstancias.
Existen innumerables caminos hacia una larga vida: algunas personas tienen perfiles genéticos robustos que las protegen incluso en condiciones difíciles, mientras que otras compensan una genética menos favorable con una excelente nutrición, ejercicio y atención médica.
Cada persona representa una combinación única, y muchas combinaciones diferentes pueden resultar en una longevidad excepcional.
Las combinaciones más comunes dependen completamente de la población y de las circunstancias en las que las personas viven y envejecen. A medida que las causas externas de muerte continúan disminuyendo en el mundo real, aunque no desaparecerán por completo, será fascinante observar cómo evolucionan estos patrones.
Los autores de este último estudio admiten que aproximadamente la mitad de la variación en la esperanza de vida aún depende del entorno, el estilo de vida, la atención médica y procesos biológicos aleatorios, como la división celular descontrolada en el cáncer.
Su trabajo, argumentan, debería renovar los esfuerzos para identificar los mecanismos genéticos involucrados en el envejecimiento y la longevidad.
Comprender cómo interactúan los diferentes factores genéticos con los diferentes entornos es probablemente la clave para explicar por qué algunas personas viven mucho más que otras.
El estudio ofrece información valiosa sobre cómo los diferentes tipos de mortalidad han moldeado nuestra comprensión de la esperanza de vida.
Sin embargo, sus resultados se entienden mejor como una muestra de cómo cambia la hereditabilidad en diferentes contextos, en lugar de establecer una contribución genética única y universal a la longevidad.
En definitiva, tanto los genes como el entorno importan. Y, quizás aún más importante, importan juntos.
Así que, independientemente de si esto parece una buena o mala noticia, probablemente nunca obtendrás una respuesta sencilla sobre qué parte de tu esperanza de vida está determinada únicamente por los genes.
* Karin Modig es profesora asociada de epidemiología del Instituto Karolinska, Suecia. Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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