
La primera vez que Andrés Manuel López Obrador reclamó fraude electoral fue en Tabasco, en las elecciones de 1988, como candidato del Frente Democrático Nacional. Seis años después, levantó a sus seguidores en contra del triunfo del priista Roberto Madrazo y emprendió el primer “éxodo por la democracia”, una caminata desde Villahermosa hasta el Zócalo de la Ciudad de México que lo convirtió en un personaje de la política nacional.
En el año 2000, su movimiento postuló a Raúl Ojeda como candidato del PRD, y también reclamó fraude. Aquella elección, en la que ganó el priista Manuel Andrade, fue la primera elección de gobernador anulada por el Tribunal Electoral, al comprobarse la injerencia del gobierno de Madrazo para beneficiar a su partido.
Ese historial de comicios y conflictos postelectorales hicieron de Tabasco la cuna del lopezobradorismo, que hasta 2012 pudo derrotar al PRI, con el candidato perredista Arturo Núñez, un político de estirpe priista que, a la larga, terminó rompiendo con López Obrador.

Fue hasta 2018 que el actual presidente logró colocar a uno de los suyos en la Quinta Grijalva: Adán Augusto López, quien dejó trunca su gubernatura en 2021, para ser secretario de Gobernación y aspirar a la candidatura presidencial de Morena.
Aunque Tabasco es quizás el estado más morenista del país (este partido tiene la gubernatura, 14 de los 17 ayuntamientos y 25 de las 35 diputaciones del Congreso local), la tierra del presidente no vive tiempos políticos apacibles.
Al presidente no le fue bien el sábado pasado en la inauguración del Malecón de Villahermosa, obra que ha generado polémica tanto por su diseño y construcción como por la presencia de amigos de sus hijos entre los contratistas. Según reportaron medios locales, al evento pudieron llegar personas inconformes que abuchearon al primer mandatario.

La inseguridad, la violencia y la presencia de grupos criminales también juega en contra del oficialismo en estos comicios, en los que se renovarán todos los poderes locales en medio de amenazas de grupos armados y cárteles que frecuentemente causan disturbios en penales, enfrentamientos en plena vía pública y pánico con la difusión de videos amenazantes.

Para las elecciones tabasqueñas, Morena ha construido la alianza Sigamos Haciendo Historia, con PVEM y PT, y decidió postular a Javier May, un antiguo colaborador de López Obrador, funcionario incondicional del “movimiento” y quien fuera director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) hasta septiembre de 2023.
May enfrentará a una oposición dividida y desarticulada. La crisis de los viejos partidos en Tabasco es tal, que el PAN decidió postular a su propia candidata, la ex legisladora Lorena Beaurregard; el PRD irá con el senador Juan Manuel Fócil, y el PRI no ha dicho a cuál de los dos apoyará, o si colocará su propia candidatura en la boleta.
MC, por su parte, optó por Minés de la Fuente, una candidata joven originaria de Huimanguillo, abogada y maestra en Administración Pública.

Para el PRI, el PAN, el PRD y MC, ir solos les permitirá ajustar sus candidaturas para cumplir con las cuotas de paridad de género, pero su división hace inevitable el triunfo de Morena.
En 2018, Adán Augusto López les ganó con 61.3 por ciento de los votos. El PRI se llevó el 11.6 por ciento y la alianza PAN-PRD-MC llegó al 19.5 por ciento. Es decir, toda la oposición junta obtuvo la mitad de la votación de Morena.

La historia podría repetirse en 2024, con una oposición fragmentada en la boleta del 2 de junio.
