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‘Tenía ganas de hacer compras’: así fue la reapertura de centros comerciales en CDMX 
‘Tenía ganas de hacer compras’: así fue la reapertura de centros comerciales en CDMX 
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‘Tenía ganas de hacer compras’: así fue la reapertura de centros comerciales en CDMX 
09 de julio, 2020
Por: Alberto Pradilla
@albertopradilla 
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El miércoles fue el primer día en el que Carlos salió de casa desde que comenzó la pandemia. Acompañando a su esposa Daniela acudió a la plaza El Palacio del Hierro, en la colonia Polanco, que abría sus puertas por primera vez desde que la pandemia por COVID-19 alcanzó a la Ciudad de México y se decretó el cierre de actividades.

“Tenía muchas ganas de venir a hacer compras y algunas necesidades importantes personales y de trabajo”, explicó, tras abandonar el centro comercial a primera hora de la tarde. En su bolsa, una computadora Mac, una Tablet y algo de ropa. No tuvo que hacer fila y se sentía satisfecho. “Hay buenas medidas de seguridad”, aseguró. En el interior de la plaza, situada en una de las zonas más exclusivas de la capital, había más personal que compradores. En el exterior, trabajadores equipados con cubrebocas y careta tomaban la temperatura a los clientes.

Mario también adquirió una computadora el miércoles. En su caso fueron cuatro. Las cargaba en bolsas negras junto a su esposa Sofía en la calle Uruguay, en la colonia centro de la capital. “Soy comerciante, las he comprado para revenderlas”, dijo.

Foto: Carlo Echegoyen

Aunque la Plaza de la Tecnología está cerrada, Mario pudo comprar el material a alguno de los vendedores que ofrecen su mercancía a viva voz en la calle. Para él no fue una jornada de reapertura. Desde que se decretó el cierre de los centros comerciales lo que cambió fue la dinámica de compraventa. Se redujo el trasiego pero nunca se dejó de trabajar. Quienes antes ofrecían su mercancía en el interior de la plaza se ubican ahora en las calles del exterior buscando a los clientes. Aquí la sana distancia se mantiene con dificultad. Algunos llevan cubrebocas y otros no.

Los centros comerciales de la Ciudad de México abrieron bajo las condiciones que marca el semáforo naranja: capacidad al 30%, un solo sentido de entrada y salida, filtros sanitarios, juegos infantiles inutilizados, restaurantes que no sean al aire libre clausurados y horario de 11.00 a 17.00 horas. No hay una estimación oficial sobre cuántas personas acudieron a realizar sus compras. Solo en la alcaldía Miguel Hidalgo, un total de 16 parques podían abrir sus puertas.

Foto: Carlo Echegoyen

Los ejemplos de Carlos y Mario muestran las dos caras de una capital muy desigual. Hay una Ciudad de México que pudo mantener su confinamiento desde el minuto uno en el que la COVID-19 llegó al país. Gente que trabaja desde casa, apenas sale y para la que la reapertura fue como un punto de inflexión hacia una nueva normalidad a la que se acerca de puntillas. Pero también hay esa otra que jamás dejó de trabajar y para la que el confinamiento solo fue un paréntesis en el que bajó su actividad. En las calles del Centro la actividad comercial no se detiene. Ahora el mostrador es una silla delante de una persiana cerrada.

El símbolo de la apertura fue el Parque Delta, más cerca del primer ejemplo que del segundo. Es decir, mucho comprador con home office que acudía para comprar productos no esenciales pero que buscaba algo de oxígeno. Durante toda la jornada, cientos de personas guardaron fila para hacer sus compras por primera vez en varios meses. México no es una excepción. Ocurrió en ciudades como París y Madrid y era esperable que también sucediese aquí.

Para Julio, que había llegado de compras con su mujer y su hija al Parque Delta, las filas son consecuencia del nuevo sistema.

“Para entrar al estacionamiento solo hay una entrada, y eso no me gustó. Lo demás, sí. Te ponen gel en las manos, todos van con tapabocas y no hay tanta gente como esperaba”, dijo. Para este comerciante que ha salido de casa durante todo el confinamiento por motivos laborales la zona le daba sensación de seguridad. En su opinión, existe más riesgo de contagiarse en otros espacios más concurridos, como los tianguis.

Las plazas deben llevar el conteo cada hora para no exceder del 30% que, por el momento, se permite al interior. Si se incumple el aforo los locales pueden ser clausurados por 15 días. Este proceso de sanitización, temperatura y conteo explica, en parte, las filas en el exterior. También está la novedad, el hartazgo por más de dos meses encerrados y la necesidad de regresar a algo que se parezca a la vida tal y como la conocíamos antes. También hay críticas de quien considera esta actitud irresponsable, lo que también se repitió en ciudades que reabrieron antes.

Foto: Carlo Echegoyen

¿Por qué venir ahora? ¿Necesidad o un espacio para tomar aire y olvidar la pandemia?

Alejandro, que empujaba el carro de su hijo de año y medio, aseguró que el niño había crecido durante la cuarentena y que ya no disponían de ropa. “No teníamos ganas de venir, pero era necesario”, dijo. La familia al completo venía antes cada 15 días pero ahora no se sienten tan seguros. Pero el hombre, que trabaja en un museo y pasó en casa desde que se decretó la emergencia de salud, explicó que tuvieron un problema comprando la ropa en línea y decidieron que mejor era en persona.

“Ya urgía comprar. Además, hay rebajas y todo está en descuento”, dijo Laura, que había venido con su esposo, Gabriel. En opinión de la pareja, “no hay tanta gente”. Y es verdad que una cosa es la fila en la calle y otra la amplitud de los espacios en el interior del centro comercial, donde la distancia se guardaba sin problemas. “No tengo miedo porque todo el mundo está tomando precauciones”, decía ella. “Las manos las tengo peladas de tanto gel”, decía él. Ambos trabajaron en casa por lo que esta era una de las primeras salidas que realizaban, al margen de las visitas al supermercado.

Foto: Carlo Echegoyen

A varios kilómetros de allí, en el parque Antara, se habían organizado dos maneras de entrar a la plaza. Una, bien despejada, para los clientes que querían acceder al centro comercial. Otra, con fila, para aficionados a la ropa deportiva que esperaban el lanzamiento de las zapatillas de una conocida marca. Unas zapatillas que cuestan en la tienda 3 mil 400 pesos pero que en la reventa pueden ver cómo se multiplica su precio. Entre las personas que esperaban su turno había algunos con varias bolsas. Ellos eran señalados por el resto como personas encargadas de acaparar las zapatillas y luego venderlas muy por encima de su valor.

“Son zapatillas exclusivas, de las que sacan pocos ejemplares”, explicó Jorge Daniel, estudiante de Ingeniería en la Universidad del Valle y que ha pasado en casa la mayoría del confinamiento.

Antes trabajaba en una empresa de cosméticos, pero fue despedido justo al momento de comenzar la pandemia. “Apenas he salido de casa. Tenía un guardadito y, con mis ahorros, después de un tiempo de no comprar, decidí venir por las zapatillas”, dijo.

Si las imágenes de gente guardando fila sorprendieron en el primer día de centros comerciales abiertos es posible que escandalicen llegado el fin de semana, cuando se espera una mayor afluencia. Luego, como ocurre hasta con una pandemia, todo el mundo terminará acostumbrándose a lo que sea.

Foto: Carlo Echegoyen
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