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Los dilemas del caso del soldado Manning
Los dilemas del caso del soldado Manning
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Los dilemas del caso del soldado Manning
03 de junio, 2013
Por: Dulce Ramos
@WikiRamos 
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El soldado estadounidense Bradley Manning, acusado de filtrar cables diplomaticos a Wikileaks, se ha declarado culpable de diez de los 22 cargos que se presentaron en su contra y podría pasar hasta 20 años preso. ¿Por qué entonces el gobierno de Estados Unidos quiere llevar la causa más allá, sumando el cargo de asistir a un enemigo, considerado un crimen capital?

La BBC habló con un panel de especialistas en seguridad nacional de Estados Unidos para intentar desentrañar los motivos que tiene el gobierno de ese país, al igual que otros elementos del caso.

Steven Aftergood, Federación de Científicos Estadounidenses

Manning está acusado de ayudar al enemigo, según los parámetros del Código Uniforme de Justicia Militar. Pero no hay evidencias de que haya tenido intención de asistir al enemigo.

Ahora bien, hay otra forma en que el gobierno podría encarar esto: ¿se ha beneficiado el enemigo de las revelaciones de Manning?

La difusión de los nombres de afganos que cooperaban con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos expuso a esos individuos.

También envió la señal de que las Fuerzas Armadas estadounidenses no pueden garantizar la confidencialidad de quienes le proveen asistencia. Este fue un golpe para las fuerzas del talibán.

No parecen haber muchos Bradley Mannings ahí fuera. Y aún si Manning quisiera hacer hoy lo que se lo acusa de haber hecho años atrás sería físicamente imposible.

La base de datos de los cables del Departamento de Estado que él obtuvo en la red de computadoras del departamento de Defensa ya no está allí.

También hubo un esfuerzo para incrementar el monitoreo automático de redes clasificadas para detectar descargas inusuales de información.

Hay otra cosa a tener en cuenta. Manning ya se ha declarado culpable de crímenes que lo tendrán por años tras las rejas, pero el ejército sigue persiguiéndolo.

No hay duda de que Manning hizo cosas malas. ¿Pero es él el peor criminal de la última década de guerras? ¿Por qué conocemos el nombre de Manning y no el de soldados que mataron civiles o de otros que están enfrentando una corte marcial?

Hay una respuesta desproporcionada en el caso de Manning. Eso no parece estar bien.

PJ Crowley, exsecretario de Estado asistente del presidente Barack Obama

Hay un dicho en el Pentágono: todo lo que vale la pena hacer, vale la pena hacer de más. Eso describe varios aspectos del caso Manning.

Manning le dijo a un juez militar en febrero que proveyó cierto material a Wikileaks para promover un debate público en torno a la guerra en Irak. Un delator se habría detenido en ese punto. Él no lo hizo.

Con el típico aspecto del niño que todos conocen en la tienda de dulces, descargó y filtró cientos de miles de documentos porque parecían “importantes”.

A pesar de que Manning admitiera haber filtrado los documentos, lo que garantiza un término de prisión de hasta 20 años, la fiscalía militar parece querer avanzar con el juicio la semana próxima con la esperanza de que sea condenado por más cargos, incluyendo el de asistir al enemigo.

Esto es extralimitación judicial.

Manning es un joven soldado con problemas, que nunca debería haber sido militar, y menos estar en una zona de guerra.

Sus graves errores, basados en juicios errados e ingenuos, pusieron en riesgo a personas reales y dañaron los intereses nacionales de EE.UU.

La guerra de Irak fortaleció a al Qaeda. Si Manning ayudó al enemigo, lo mismo hicieron aquellos que iniciaron esa guerra en primer lugar.

El gobierno alcanzó su principal objetivo, dejar en claro que habrá graves consecuencias ante la distribución no autorizada de información clasificada.

Cualquier otra cosa sería simplemente exagerada, algo que sólo puede erosionar la credibilidad del sistema de justicia militar y el estatus de EE.UU. en el mundo.

Eugene Fidell, investigador de Justicia Militar de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale

Hay dos aspectos controvertidos en la decisión de la fiscalía de acusar a Manning de ayudar al enemigo y pedir cadena perpetua.

Uno es la posibilidad de aumentar la condena.

Si la juez sabe que el máximo castigo posible es la cadena perpetua, podría sentenciarle a más años de los que le habría condenado de otra manera.

La otra razón es asustar a la gente para evitar que lo que hizo Manning se repita.

Es discutible si el castigo es draconiano, pero el fin de la justicia criminal es impedir que el delito vuelva a suceder.

La frase “ayudar al enemigo” tiene una connotación obsoleta y generalmente no está asociada a hacer algo con una computadora. Y si es culpable o no es un juicio legal que le corresponde determinar a una corte.

Pero en términos de sus intenciones, con seguridad pretendía mandar el material a WikiLeaks. Y sabía que ellos pondrían ese material a disposición del público.

Además, confesó.

Así que ya no hay mucho que hacer frente a eso.

Muchos creen que este caso tiene que ver con el concepto del denunciante. Pero no está claro a qué se refieren.

Un denunciante es alguien que advierte de una mala conducta.

Si Manning trataba de denunciar una mala conducta, ¿por qué reveló todos los documentos internos del departamento de Estado?

No sé de ningún país que se sentaría tranquilamente a ver cómo años de comunicaciones diplomáticas se ponen a disposición de todo el mundo.

Gary Solis, juez militar retirado

El gobierno está yendo demasiado lejos. Hay una multitud de cargos que pueden dar lugar a una condena significativa sin la necesidad de que le acusen de ayudar al enemigo.

Si se sigue la línea de razonamiento del gobierno de que publicar material clasificado podría ser leído por el enemigo y, consecuentemente, supone ayudar y ser cómplice del enemigo, entonces hay periodistas del New York Times a los que se les podría abrir cargos.

Pero denunciar a los reporteros con estos crímenes no parecería mostrar mucho sentido común. ¿Por qué no se aplica el sentido común en este caso?

No siento compasión por Manning. Pero los excesos en las acusaciones combinado con el secretismo injustificado bajo el que se está desarrollando el caso no le hace ningún favor al gobierno estadounidense.

Además, este caso está tan rodeado de secretismo que es difícil saber qué está pasando. Los procedimientos judiciales, incluyendo los referidos a las cortes marciales, deberían ser públicos.

Obviamente los aspectos de algunos casos requieren que se celebren en una sala cerrada.

Pero el secretismo se ha llevado a niveles inéditos. En las audiencias previas al juicio, la jueza militar estaba dentro de la sala con una placa de identificación delante, pero su nombre se ocultó en los documentos entregados a la prensa.

La justicia militar, como la justicia civil, deberían ser tan transparentes como sea posible.

Mantener el secreto sólo levanta suspicacias: ¿qué están ocultando?

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