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‪Mi administración rescató a Juárez: Calderón en Harvard‬
‪Mi administración rescató a Juárez: Calderón en Harvard‬
11 minutos de lectura
‪Mi administración rescató a Juárez: Calderón en Harvard‬
19 de febrero, 2013
Por: Redacción Animal Político
@WikiRamos 

Calderon_No_More_Weapons-1En un artículo publicado en el Latin American Policy Journal de la Universidad de Harvard y titulado “Todos Somos Juárez: Una estrategia innovadora para enfrentar el crimen y la violencia“, el ex presidente Felipe Calderón resalta la innovadora estrategia que su gobierno implementó para reducir la violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua: el programa Todos Somos Juárez (TSJ).

Basándose en indicadores de homicidios del gobierno federal, Calderón detalla que la violencia se redujo en esa urbe gracias a la estrategia TSJ con la que además de enviar fuerzas federales para “restaurar el orden y proteger a la gente”, se dio apoyo a las autoridades locales y se fortaleció el tejido social. “El efecto combinado de estas acciones ha resultado en una reducción tangible de la delincuencia. En enero de 2010, la violencia fue generalizada, y 216 homicidios fueron reportados en la urbe ese mes. Desde octubre de 2010, la tasa de homicidios ha mostrado una disminución significativa. En enero de 2012, los asesinatos registrados bajaron a 84 por mes, una disminución del 71% desde el punto más alto (ver Figura 2). El secuestro y la extorsión también se han reducido drásticamente,” apunta el ex mandatario.

Aquí les dejamos el texto íntegro en español:

Todos somos Juárez: Una estrategia innovadora para enfrentar el crimen y la violencia

En los últimos años, México ha vivido una situación de seguridad pública muy compleja. Durante décadas se les permitió a las organizaciones criminales crecer y ganar fuerza, algo que afectó gravemente la vida de los ciudadanos en los pueblos y ciudades alrededor de la República. Sin embargo, pocos lugares han alcanzado niveles tan dramáticos como Ciudad Juárez, donde la violencia y el crimen crecieron de manera sistemática, debido a tres factores principales:

– En primer lugar, la expansión de las organizaciones criminales en la diversificación de su principal línea de negocio; de la exportación de drogas ilegales a los EU al narcomenudeo en México. Debido a que Juárez representa un punto de entrada estratégico a los Estados Unidos y un mercado rentable de drogas a la vez, dos grandes carteles comenzaron una lucha violenta por el control de la ciudad. Estas organizaciones también comenzaron a llevar a cabo nuevas actividades delictivas, como lo son robo, secuestro y extorsión.

– En segundo lugar, la debilidad de las agencias policiacas locales. Los grupos criminales se ocuparon de controlar a los mandos policiacos municipales y estatales, primero por vías de corrupción y luego a través de amenazas. Atrapados entre unirse a las filas de los carteles o morir, y sin el apoyo de los superiores, los policías locales dejaron de proteger a la población de la delincuencia.

– En tercer lugar, un grave debilitamiento del tejido social. El libre comercio creó una fuerte expansión del sector manufacturero de exportación en México. Los mexicanos comenzaron a migrar a las ciudades fronterizas industriales, como Ciudad Juárez, en busca de mejores oportunidades de trabajo. La población de la ciudad creció a un factor de 2,3 entre 1980 y 2010. Mientras que los recién llegados a menudo encontraban trabajos mejor pagados, se establecieron en zonas que carecían de servicios básicos como agua, electricidad, alcantarillado y calles pavimentadas. Estos vecindarios también carecían de una atención de la salud adecuada, y de infraestructura educativa y recreativa para los jóvenes. Esto, combinado con problemas tales como una baja cohesión social, contribuyó a la proliferación del uso de drogas, de la violencia y de las pandillas entre jóvenes vulnerables. Años antes del momento cúspide de la violencia relacionada al narcotráfico, Ciudad Juárez ya tenía una grave crisis social, que tuvo como su consecuencia más trágica, los asesinatos violentos e impunes de decenas de mujeres, a finales de 1990 y principios de 2000.

Estaba claro que esta situación no era sostenible. Se necesitaban políticas públicas innovadoras para restaurar el orden y el tejido social. Es por eso que mi administración puso en marcha una estrategia para rescatar a Ciudad Juárez, que consta de tres elementos principales:

Primero, enviamos al Ejército y a la Policía Federal para restaurar la ley y el orden y proteger a la gente. Esto, junto con otros componentes de la estrategia, ha conducido a una reducción en la violencia y la delincuencia.

Segundo, el gobierno federal sigue apoyando a las autoridades estatales y municipales a reconstruir sus instituciones de seguridad pública, ya que estos son constitucionalmente responsables de la seguridad de sus ciudadanos. De hecho las agencias federales sólo apoyan a los Estados en situaciones de emergencia.

Tercero, pusimos en marcha un programa ambicioso para la reconstrucción del tejido social al que llamamos “Todos Somos Juárez” (TSJ). Dicho programa tiene el objetivo de resolver las raíces sociales de la inseguridad. Tiene tres características principales: la participación comunitaria, un enfoque holístico e integral, y la coordinación y corresponsabilidad de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Los líderes comunitarios participaron en el diseño, la implementación y la supervisión de este programa. Incluyeron en él, una amplia gama de áreas, entre ellas seguridad pública, desarrollo económico, empleo, educación, salud y desarrollo social. Para cada una de estas áreas, ha sido creado un consejo cívico.

Todos incluyeron representantes comunitarios y de los tres niveles de gobierno, para garantizar una coordinación y participación comunitaria permanente.

Tras un intenso proceso de discusión entre los tres niveles de gobierno y la sociedad civil, fueron diseñadas una serie de intervenciones políticas para abordar no sólo los efectos sino también las causas de la violencia y el crimen. En un principio, esto resultó en 160 acciones concretas, con una inversión federal sin precedentes de $ 263 millones en 2010. En 2011, los consejos acordaron 118 acciones adicionales, con una inversión federal de $ 138 millones. El 74 por ciento de este presupuesto fue destinado a la inversión social en salud, educación, cultura, deporte y recreación (ver Figura 1).

TSJ ha tenido algunos logros notables, entre los que destacan:

– Educación, cultura y deportes. Más de mil escuelas fueron incluidas en el programa “Escuelas Seguras”, el cual promueve un ambiente seguro a través de planes de prevención de la adicción y la violencia. 71 escuelas en las áreas urbanas de bajo nivel extendieron sus horarios de clase, lo que permite a los estudiantes mejorar su educación. Por ejemplo, la Tarahumara

– Educación Secundaria a Distancia- construido en un vecindario indígena marginado – se incluye tanto en las escuelas seguras como en los programas de horarios escolares extendidos. El número de becas también incrementó dramáticamente, y se realzó la infraestructura escolar, especialmente en zonas previamente desatendidas de la ciudad. Por ejemplo, 14.552 nuevas becas fueron entregadas a estudiantes de preparatoria y universidad, y la infraestructura básica de 205 escuelas fue mejorada. Además, se construyeron cinco nuevas escuelas preparatorias y una universidad; y cuatro nuevos edificios fueron completados en tres colegios para así aumentar la capacidad del sistema de educación pública en los barrios marginados. En el barrio de Anapra, una zona particularmente descuidada y que aún carecía de transporte público, se construyó un nuevo campus de la Universidad Politécnica de Ciudad Juárez. Este nuevo campus permite a 900 jóvenes obtener un título universitario sin tener que desplazarse de su propia comunidad.

– Salud. La cobertura universal de la salud se logró a través de un esfuerzo masivo de afiliación al Seguro Popular, el programa de seguro médico gratuito del gobierno federal. Cuatro grandes instalaciones de atención de salud fueron construidas y una remodelada; además de que se les dio un impulso importante a los programas para prevenir y tratar la adicción a las drogas. Y, con el fin de satisfacer la demanda de atención de la salud de los niños, hemos mejorado las instalaciones y optimizado el funcionamiento del Hospital de Niños de Ciudad Juárez.

– Desarrollo social. Diecinueve espacios públicos ubicados en zonas urbanas pobres, incluidas instalaciones deportivas, parques y centros comunitarios, fueron rescatados o mejorados. El impacto de esta inversión social puede ejemplificarse con el caso de Alan, un niño de 9 años que conocí la última vez que visité Ciudad Juárez. Alan solía pasar su tiempo en las calles del barrio Felipe Ángeles, donde estaba en riesgo de involucrarse con pandillas o convertirse en víctima de la violencia y las drogas. Construimos un centro comunitario en dicho barrio, y ahora Alan, junto con otros niños de esta zona anteriormente abandonada, disfrutan de su tiempo libre en un lugar seguro, donde tienen la oportunidad de practicar deportes y participar con otros niños en actividades recreativas.

– También abordamos el tema de la pobreza, al duplicar el número de familias beneficiadas por el programa Oportunidades – que proporciona subsidios a familias de bajos ingresos que inscriben a sus hijos en la escuela y los llevan a visitar médicas rutinarias. Oportunidades cubre ahora 21.808 de los hogares en la ciudad. Y la red de guarderías subsidiadas aumentaron significativamente de 60 a 105 centros, que ahora benefician a 3.700 niños.

– Desarrollo económico y empleo. Préstamos fueron concedidos a 1379 pequeñas y medianas empresas, lo que permitió la conservación de 18.073 puestos de trabajo. Además, 10.240 personas en búsqueda de empleo recibieron becas de formación y 25.872 personas participaron en talleres de habilidades básicas.

– Seguridad. Para aumentar la capacidad cumplimiento de la ley, alrededor de 5.000 agentes de la Policía Federal fueron desplegados en Ciudad Juárez: 4.500 con deberes de patrullar y 500 dedicados a la investigación, la inteligencia y las divisiones anti-narcóticos. Se prestó especial atención a fortalecer los esfuerzos contra el secuestro y la extorsión, que conforman las mayores preocupaciones de los ciudadanos de Ciudad Juárez.

El efecto combinado de estas acciones ha resultado en una reducción tangible de la delincuencia. En enero de 2010, la violencia fue generalizada, y 216 homicidios fueron reportados en la urbe ese mes. Desde octubre de 2010, la tasa de homicidios ha mostrado una disminución significativa. En enero de 2012, los asesinatos registrados bajaron a 84 por mes, una disminución del 71% desde el punto más alto (ver Figura 2). El secuestro y la extorsión también se han reducido drásticamente.

En febrero de 2012, visité el nuevo centro deportivo en Villas de Salvarcar, un vecindario que ha sido azotado por terribles incidentes de violencia pandillera. Allí tuve la oportunidad de presenciar cómo esta comunidad ha sido profundamente transformada: cómo ahora los niños están organizados, no en pandillas, sino en las ligas de fútbol y béisbol. Ahora tienen una biblioteca comunitaria, donde leí un cuento a unos cuantos niños pequeños. Lo más importante es que la gente de Villas de Salvarcar ha retomado con éxito sus espacios públicos. Este es quizás el ejemplo más claro de la profunda transformación que ha sufrido Ciudad Juárez .

En resumen, Todos Somos Juárez nos ha enseñado cuatro lecciones útiles:

1. La delincuencia y la violencia tienen muchas causas. Por lo tanto, un enfoque holístico de políticas públicas es necesario, uno que no sólo aborde los desafíos del orden público, sino también de los retos económicos, educativos, laborales y de salud, que tienen influencia en la situación de seguridad.

2. La participación comunitaria es clave para hacer eficaz a la política pública. Los miembros de una comunidad necesitan tener un papel destacado en cualquier programa de lucha contra la delincuencia para tener éxito. En el caso de Ciudad Juárez, la comunidad se organizó bien y estaba dispuesta a participar en la reconstrucción de su ciudad. Sin embargo, en zonas donde este recurso social no está presente, se podría empezar por el fortalecimiento de las organizaciones de base. Otro hecho importante que hay que tener en cuenta es que los jóvenes son particularmente vulnerables a la delincuencia y la violencia, y para identificar sus propios problemas y desarrollar soluciones innovadoras para enfrentarlos, deben ser tomados en cuenta como actores clave de la problemática.

3- La coordinación entre las autoridades es crucial. El régimen federal de México es un intrincado conjunto de normas e instituciones que dan responsabilidades específicas a las autoridades federal, estatales y municipales. La alineación de los esfuerzos de estas autoridades en un contexto democrático ha sido un reto para México. TSJ nos ha demostrado que la coordinación es imprescindible para que el país tenga éxito en su batalla contra la inseguridad.

4- Dirigiendo esfuerzos se obtienen mejores resultados. TSJ es un ejemplo de un programa bien focalizado, ya que tiene concentrados sus recursos en aquellas áreas de la ciudad que demandan atención prioritaria. Estas áreas han sido descuidadas durante años, convirtiéndose así en vulnerables a la delincuencia y la violencia.

A pesar de los desafíos, Ciudad Juárez es un lugar de progreso. Es una de las 10 ciudades principales en México, en términos de inversión extranjera directa, y entre las 15 principales en términos de competitividad. Es el hogar de una de las bases industriales más tecnológicamente avanzadas en el país, especializadas en áreas clave como son la electrónica, la informática y automotriz. Era fundamental actuar con decisión y ayudar a la gente de Juárez a resolver la situación de la inseguridad. Hemos logrado resultados positivos, no limitándonos a sólo escuchar a los juarenses, sino invitándolos a resolver el problema con nosotros. Todavía queda mucho que hacer, pero hoy podemos afirmar con confianza, que Juárez está recuperándose poco a poco.

Otras ciudades de la región también han sido sometidos a tratamientos similares a los que en Ciudad Juárez. Es importante compartir experiencias con el fin de averiguar lo que ha funcionado y lo que no. La delincuencia no es un problema local o nacional. La delincuencia y la violencia son amenazas transnacionales que requieren de una respuesta internacional coordinada. Cada nación tiene que asumir su responsabilidad. México está haciendo su parte, pero se requieren esfuerzos similares en otras partes del continente. En particular, es esencial que las naciones con una alta demanda de drogas hagan un esfuerzo por reducir su demanda, ya que esto es lo que da a las organizaciones criminales su poder financiero. Si esto no es posible, las soluciones alternativas, incluyendo soluciones de mercado, debe ser discutido con el fin de debilitar su poder económico. También es importante frenar el lavado de dinero y detener la venta de armas de asalto a organizaciones criminales. Sólo haciendo frente a estos problemas seremos capaces de construir un hemisferio más seguro. Mientras, México continuará luchando para garantizar la seguridad pública y el estado de derecho mediante la implementación de políticas integrales como es el caso de “Todos Somos Juárez”.

Aquí el artículo original.

*Nota publicada el 18 de febrero de 2013.

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