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Los ojos reconocen un momento
Los ojos reconocen un momento
10 minutos de lectura
Los ojos reconocen un momento
11 de agosto, 2012
Por: Moisés Castillo
@WikiRamos 

Lía no se cansaba de ser una niña encantadora y sus padres parecían unos adultos ejemplares. Todos los días desayunaban a la hora correcta y conversaban cosas normales del trabajo, la escuela y alguno que otro chisme del barrio. En la mesa nunca faltaba el sabroso jugo de naranja, el café americano y el pan crujiente. Todo era tan perfecto como los bailes locos que practicaba la pequeña antes de partir al colegio.

Sin embargo, cada vez que salía de su casa, todo le hacía ruido: escuchaba a sus compañeros de clase contar historias macabras como cabezas que rodaban por las calles y explicaban cómo defenderse con una navajita si alguien los miraba feo. Lía llegaba a su hogar asustada y confundida, por lo que no dudaba en preguntarle a sus padres sobre esas cosas horribles. ¿Qué ocurre? ¿Es verdad lo que dicen? Pero siempre obtenía como respuesta un “no pasa nada”.

Un día todo se movió para la chica que portaba listones de colores en su larga cabellera: caminaba rumbo a casa y notó a un montón de gente rodeando a un cadáver. Todos estaban mudos. Lía no podía creer lo que estaba viendo. El charco de sangre parecía una gran gota de tinta sobre el pavimento. Quiso evitar las lágrimas y aguantarse el dolor pero fue inútil. Estaba viviendo el momento más triste de su corta vida.

Esta es la trama de la novela gráfica “Los ojos de Lía” (Sexto Piso 2012), escrita por Yuri Herrera e ilustrada por Patricio Betteo. Es una historia agridulce que lanza otra mirada sobre la violencia y sus efectos demoledores: nadie quiere ver la verdad de la sombra. Los ojos de Lía están muy abiertos y se da cuenta que todo está ahí, en la calle abierta. Entre la verdad y la mentira, el mundo se articula y desarticula. Así son los días de Lía, que pueden ser los de cualquiera.

Las imágenes notables de Patricio no complementan el relato -por momentos poético- de Yuri, ni viceversa. Son otra parte de la historia que se inventó al imaginar e interpretar el mundo del escritor oriundo de Actopan, Hidalgo. Leemos y observamos ideas distantes, aunque no distintas. En “Los ojos de Lía” se sugiere no dejar de mirar, ver sin miedo la cruda realidad. Así, la protagonista le reclama de una forma contundente a sus padres: “¿Por qué me dicen que no está ahí lo que sí está ahí? ¿Por qué tengo que encerrarme? ¿Por qué dejamos de mirar tanto? ¿Por qué?”.

-Este es tu segundo libro infantil, ¿cuáles son las diferencias entre “¡Éste es mi Nahual!” y “Los ojos de Lía”?

Yuri: siempre digo que cada libro tiene un núcleo diferente. Un núcleo a partir del cual prolifera la historia, los personajes y las emociones. Y en el caso de ¡Éste es mi Nahual!, el núcleo eran una serie de imágenes que quería utilizar. Escribí la historia de un niño que se pierde y sólo cuando se pierde descubre a su Nahual. “Los ojos de Lía” es la historia de una niña que tiene que aprender a defenderse y encontrar su propio camino. Aquí el núcleo no eran tanto las imágenes, no lo tenía tan claro, sino la vida interior de la protagonista. Para mí ese es el núcleo de esta historia.

-¿Cómo fue el proceso de trabajar con Yuri? ¿Revisaban poco a poco las ilustraciones?

Patricio: conocí la historia por los editores de Sexto Piso, porque la invitación fue específica de ellos para este proyecto editorial. Más bien conocí a Yuri a través de su texto, no lo conocía en persona, no dialogué con él. Trato de aportar la mejor mitad posible en un proyecto en conjunto y me gusta sorprender a mi cómplice ya con el producto terminado. Con Yuri se mantuvo un poco en secreto lo que estaba haciendo, pero con los editores sí hubo un diálogo natural. Fue una grata sorpresa descubrir que mi interpretación y mi visión de su historia no sólo era correcta sino que le daba una nueva dimensión a sus letras.

-En el relato hay un antes y un después tras la muerte de un familiar de Ramiro, el chico que le gusta a Lía, ¿cómo jugar con los colores para darle curso e intensidad al relato?

Patricio: en algún momento hasta vemos un cadáver a cuadro. La clave está en considerar que, tanto en la novela como en el mundo real, estos matices están trabajando simultáneamente. El recorrido hacia lo siniestro no es una ruta definitiva, sino una transformación constante del mundo. El libro toma tonos sombríos, empiezan a aparecer cosas más inquietantes, pero que no se instalan definitivamente. Comienza a haber un diálogo entre lo colorido y lo oscuro. Pero hay otra cosa muy importante: es una niña que está en un proceso hacia la adolescencia y que la misma sicología del personaje está en constante cambio. El libro aunque es un recorrido que pasa por el reconocimiento de la violencia, termina con una página en rosa y no tiene que ver con un discurso simplón o maniqueo de la historia.

-¿Lía es una estudiante de secundaria? ¿Cómo definiste el perfil de la protagonista?

Yuri: diría que entre primaria y secundaria. Se encuentra en ese tránsito entre dejar de ser niña y comenzar a ser una niña adolescente. Esto es importante para dar cuenta de su propio conflicto y del conflicto de ella con el mundo. Un mundo difícil, un mundo que no le está ofreciendo respuestas.

-En tus novelas la violencia está muy presente, ¿por qué trasladar este tema a una novela gráfica para niños?

Yuri: es un tema que he trabajo y seguiré trabajando de distintas maneras porque es algo que me preocupa y es algo que pienso mucho. Ya quería desde hace tiempo hacer algo para niños y justamente Sexto Piso ha comenzado a hacer esta colección sobre temas difíciles que deben ser tratados para niños. Me propusieron trabajar esta historia y la escribí.

-¿Cómo explicarle a los niños el fenómeno de la violencia?

Yuri: yo no soy capaz de explicar exactamente cómo se originó y cómo se va a solucionar. Pero creo que sí debemos ser capaces de hablar con honestidad y no estar repitiendo las mismas fórmulas engañosas. Creo que buena parte de la función del arte y la literatura es encontrar nuevas formas de decir lo que se dice todos los días. Porque al enunciar los problemas de distinta manera ya también se está comenzando a enunciarse las soluciones de otra forma.

-Si bien el libro es sobre cómo hacer frente a la violencia de nuestro entorno, al final es un libro esperanzador, ¿compartes esta idea?

Patricio: Sí, claro. Y que el refugio de Lía es de ella nada más, que en este caso es un chico, una relación incipientemente amorosa. Ese fue mi lugar como ilustrador, que le da otra vez una sonrisa a ella. Al final es una historia de amor, un amor interrumpido, un poco vago, inmaduro, que al parecer no es correspondido todo el tiempo.

-¿Cómo te imaginaste físicamente a Lía después de leer la historia de Yuri?

Patricio: sentía que Yuri estaba retratando una realidad que podían ser muchas a la vez. Igual puede ser una chica de secundaria, en un entorno urbano, clase media. Quería que el punto común de la historia fuera la metamorfosis. Que eso fuera lo que identificara a la novela, pero pensaba en encontrarle a Lía un rasgo sencillo, que el lector cada vez que la viera supiera de inmediato que era ella. Sus listoncitos en el cabello es el elemento que siempre la identifica. Igual un día se ve más niña, otro más femenina, a veces una niña más fuerte. Por otra parte, la portada no fue mi momento predilecto del libro, no pensaba que fuera tan importante para mí: es el momento en que tenía que cristalizar la imagen de Lía en un dibujo. Cuando mi propósito es que no hubiera una sola imagen que la identificara. A veces tiene los ojos de cierto tamaño, la niña a veces es azul, verde, amarilla, gris. Y en la portada tuve que optar por un color natural. Cuando me la imaginé era una chica cambiante pero siempre reconocible.

-Por otro lado, también es una crítica abierta a la TV y la forma en que presentan la información los noticieros…

Yuri: frecuentemente nosotros estamos dispuestos a aceptar con mucha facilidad que la realidad es eso que nos llega a través de la pantalla, como si ciertas instancias tuvieran el monopolio de la verdad. Creo que eso no es cierto y específicamente en nuestra situación actual. Algunos medios tienen una agenda empresarial y política específica, a veces -esto es triste- cierta parte de su público lo que quiere es que lo ayuden a mirar hacia otra dirección, porque está cansada de la violencia. Pero creo que cuando uno escribe o hace arte tiene la obligación de mirar de una forma distinta.

-Hay una frase que es fundamental: “¿Por qué dejamos de mirar tanto?”. En muchas ciudades del país la gente ya no se mira por miedo a alguna represalia, ¿por qué este temor a mirar y a mirarnos?

Yuri: creo que eso es una especie de síntoma civilizatorio de cómo convivimos con las miradas de los demás y cómo miramos a los demás. A veces da la impresión de que estamos tan enojados que no podemos mirarnos a los ojos y que estamos tan asustados que no podemos mirar las cosas que pasan a nuestro alrededor. Este libro es una apuesta por tratar de recuperar esa otra manera de mirar.

-La escritora Karen Chacek dice que el niño no tiene ninguna consideración al leer un libro, si la primera página no lo atrapa, lo cierra y se pone a jugar. ¿Cómo le hiciste para que tu relato fuera atractivo de principio a fin?

Yuri: un niño no lee por compromiso, como tampoco juega por compromiso, sabe bien lo que le interesa y lo que no le interesa. Es un gran reto porque uno tiene que ser al mismo tiempo entretenido, pero no ser “facilón”. No caer en el simple pastelazo para atrapar la atención. Creo que hay que tener respeto a su inteligencia, no hay que ser condescendiente, ni complicado. Es más difícil ser sencillo que ser enredado. La sencillez implica trabajo, implica salirse de los esquemas en los que trabajas. Fue más difícil que otras cosas que he hecho, pero es muy satisfactorio y especialmente cuando el libro cobra cuerpo al estar con un artista de la talla de Patricio. Estoy verdaderamente contento con el libro, es un objeto artístico hermoso, que da placer tenerlo en las manos.

-¿Cómo fue su infancia? ¿Feliz o infeliz? ¿Recuerdan algunas cosas que sus padres trataron de ocultarles “por su bien”?

Patricio: fíjate que tuve una infancia feliz. Nadie me había preguntado esto, jejeje… Tuve una infancia feliz, pero fui adolescente. Hay momentos en que uno empieza a cuestionar la realidad, incluso que la misma felicidad lo incomoda a uno. Hay episodios del libro que inevitablemente nos pueden recordar nuestras propias historias, darnos cuenta que el mundo no es color de rosa. Cuando somos niños sabemos ya las cosas antes que nuestros padres nos las digan. Eso también es algo que puedo celebrar mucho del libro, que pone en la mesa esa claridad que tienen los niños y a veces la ignorancia que tienen los adultos. Es importante que el niño encare al adulto y le diga “no me estés escondiendo las cosas”. En este libro se habla de la violencia, pero otro tema clásico es el sexo. Los niños están más enterados y capaces de lidiar con eso que lo que creen los padres.

Yuri: si esas son las únicas dos opciones, está jodido. Quizá no debería decir “jodido” en esta entrevista, jejeje. Pero creo que es más complicado que eso. Si tuviera que elegir entre esas dos opciones, diría que fue feliz porque tuve una familia que me quiso mucho, pero la infancia también tiene muchos momentos de soledad. Y el tiempo pasa muy lento cuando uno es niño. Y cuando te pasa algo triste o algo que te duele también dura mucho tiempo. Creo que ahí es donde uno va moldeando una buena parte de sus ideas sobre lo que es la soledad, la solidaridad. Si tuviera que hacer un balance te diría que fue más feliz que infeliz, pero siempre por distintas razones fui como una especie de persona rara, por mi nombre, por mi familia. Siempre era el del nombre raro, el de la familia atea y comunista, los que teníamos un coche chafa. Mis vacaciones eran a Tuxpan o a la Ciudad de México. Nunca fui a Disneylandia.
-Ah, entonces nos estás describiendo a Mafalda- ataja Patricio…

Yuri: si la felicidad se mide en viajes a Disneylandia, yo no fui a Disneylandia.

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