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Tabasco: el edén de los muertos
Tabasco: el edén de los muertos
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Tabasco: el edén de los muertos
02 de febrero, 2011
Por: Kristian Antonio Cerino
@WikiRamos 
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Tabasco dejó de ser un edén. Aquella canción del compositor Pepe del Rivero que a la letra dice “Vamos a Tabasco, que Tabasco es un edén”, cambió por “Vamos a Tabasco, que Tabasco es un retén”. Con la llegada de los criminales que empezaron a disputarse la plaza, las balas que ya sonaban con fuerza y los muertos que aparecieron en las carreteras, los retenes de los policías y soldados se fueron sumando a la imagen turística del estado.

En los últimos 5 años, 180 personas, entre empresarios, policías, fiscales, periodistas, petroleros y niños, han muerto a mano de los criminales, según la Procuraduría General de Justicia de Tabasco.

En 2006, el panorama de quietud dio un giro de 180 grados: los secuestros o levantones se multiplicaron y los empresarios, quienes vivían en Villahermosa, iniciaron un éxodo cambiando sus domicilios a otros estados como Campeche, Quinta Roo y Yucatán, así lo resumió el diputado panista Javier Calderón.

Para él, otros que ya parten son los directivos de Pemex que han sido secuestrados y que se han visto en la necesidad de pagar por la liberación.

“Ya nadie estaba seguro”, dijo un empresario constructor a Animal Político. Aunque sus negocios se mantienen en la capital, lleva dos años de vivir fuera de Tabasco. Otros empresarios que decidieron quedarse, por arraigo, pagan cuota o derecho de piso a los grupos de criminales que controlan esta plaza. Nadie lo declara a la prensa local, lo platican off de record a los periodistas que consideran “son profesionales”.

A decir del periodista Francisco Peralta Burelo aquel Tabasco, el de las puertas y ventanas abiertas, cambió en este siglo.

Así lo sintetiza:

“Se dice por ahí que la inseguridad – y en general la ola de delincuencia que azota a la entidad – ha provocado este cambio, vamos a llamarle así, generacional ( aunque también afecta ya a los tabasqueños viejos), con lo que está trayendo la formación de un nuevo tabasqueño, que para procurar su sobrevivencia se ha visto forzado a hacer ajustes a su modo de vida (extremar precauciones, resguardar bien sus pertenencias, salir lo menos posible a la calle en ciertas horas, entre las clases pudientes contratar seguridad personal y recurrir a cámaras ocultas, etcétera)”.

La violencia en Tabasco es tan patente, agrega Víctor Ulín, académico universitario, como en el resto del país: “La única diferencia respecto a otros estados es el número de asesinados, secuestrados o levantados, por lo menos de acuerdo con las cifras que con hechos registran los medios de comunicación y dan a conocer las autoridades oficiales. El miedo y la inseguridad es el pan nuestro de cada día”.

Por cierto, en Tabasco -un estado importante para el país por la extracción de gas y petróleo- las muertes vinculadas a la delincuencia modificaron la manera de hacer periodismo. Antes se cubrían todos los hechos y el reportero firmaba cada una de sus publicaciones, hoy no. La redacción firma las notas, y con cierto matiz, que se difunden  en los diarios notarojeros del estado: el Sol y el Criollo, periódicos que venden mucho en la entidad y cuyos formatos son semejantes a Metro  y Gráfico que circulan en la ciudad de México.

En la prensa tabasqueña últimamente están publicando una serie de notas relacionadas con el secuestro. A esto, el procurador de Justicia de Tabasco, Rafael González Lastra, reconoció que sí se han registrado estos hechos pero que también han encarcelado a muchos criminales.

Lamentó, además, la muerte de los empresarios que pese al pago que realizaron sus familias para liberarlos, estos fueron entregados sin vida.

Este 2011, el gobernador Andrés Granier reiteró que en los 2 últimos años de su gobierno “no habrá cabida para los delincuentes” porque  “esta lucha es hasta el final y no hay tregua para los criminales”.

El compromiso de Granier fue “sanear los cuerpos policíacos” pero cada año la Policía Federal detiene a policías locales por sus vínculos con la delincuencia.

Incluso tres generales retirados del Ejército fueron secretarios de Seguridad Pública (2006-2009) en el gobierno de Granier. A uno de ellos, Francisco Fernández Solís, un comando armado intentó asesinarlo al salir de un hotel de Villahermosa. Los tres prometieron combatir a los criminales, pero abandonaron Tabasco en el marco del clima más álgido de violencia.

Los crímenes se duplicaron en Tabasco con la llegada de Los Zetas y la muerte de Ponciano y Cirilo Vázquez, ganaderos veracruzanos pero avecindados en Tabasco. Y se agudizó más con la muerte  de un sobrino  del narcotraficante y fundador del cartel de Juárez, Ramón Alcides Magaña, alias El Metro, y la aprehensión de Mateo Díaz López, el Z-10. A este último sus pistoleros intentaron rescatarlo, con metralletas y bazucas, en el municipio tabasqueño de Cunduacán pero la Policía lo evitó.

El escenario de violencia en Tabasco está presente. Así también lo perciben los intelectuales que radican en el estado. Uno de ellos es Rodrigo Arteaga, escritor:

“Yo llegué aquí más o menos en el 2004 -aunque ya desde hacía dos o tres atrás venía de vacaciones con la familia que ahora es mía- y todavía tenía la fantasía de la famosa canción: “Ven, ven, ven. Vamos a Tabasco que Tabasco es un edén. De repente se empezó a escuchar de avionetas que caían con droga, y con ellas se vino abajo la fachada de que todo estaba bien. En fin, vivir es un peligro, también en Villahermosa, Tabasco”.

Si bien en televisión nacional se ocupan grandes espacios para hablar de Sinaloa, de lo que sucede en Ciudad Juárez o Laredo, en la prensa del sur de México los asuntos relacionados con la delincuencia organizada, aunque el periodista no firme las notas, también ocupan portadas y las conversaciones principales de los que habitan esta zona del país.

Aquí, los pocos periodistas o comunicadores que han hablado o escrito sobre las muertes en Tabasco, y en dónde se vende droga, han muerto. El primero fue Rodolfo Rincón Taracena, reportero de nota roja, y el segundo, Francisco Xenón Fonseca, alias el Padrino, quien murió por un balazo que le dio un sicario cuando éste colgaba una manta en el centro de Villahermosa para exigir la salida de los delincuentes de Tabasco.  De ellos, pocos se acuerdan. Sin embargo, el estilo de vida del tabasqueño ha cambiado, el edén es otro, un edén con múltiples retenes con el fin de reducir los índices delictivos, pero en ocasiones con errores de la policía y de los soldados. Habría que recordar la pifia que cometieron en noviembre de 2010 al asesinar a dos jóvenes, Víctor Manuel Chan y Ramón Pérez, luego de confundirlos con sicarios en el municipio de Jalpa de Méndez, a 33 kilómetros de Villahermosa.  Los jóvenes al evadir el retén recibieron diversos impactos de bala. Después, el tema transcendió a nivel nacional, sólo un par de semanas. Y más tarde, nada.

En Tabasco, 47 policías han muerto en 5 años. De los 180 muertos en este periodo, que también documenta el gobierno Federal, podríamos establecer el siguiente mapa de la violencia en Tabasco, y decir que los municipios con mayor índice de muertes relacionadas con la delincuencia son: Cárdenas con 24, Villahermosa con 34, Cunduacán con  20, Huimanguillo con 30, Tenosique con 19 y Macuspana con 18. Y estas muertes siguen llegando.

* * *

A Gregorio Arias siempre se le vio dando órdenes y serio. Como director de cárceles y alcalde de Comalcalco sabía afrontar los casos más difíciles. Nunca se le vio ceder y menos llorar. La fortaleza de político sólo se quebrantó cuando recibió la primera llamada y le dijeron que necesitaba sacar los billetes para ver a su hijo Santiago. Sólo así experimentó un día contando las horas, mirando el reloj y creyendo que podría ser una broma. No lo fue. La broma duró 92 días, pagó –en versión oficial- un millón de pesos y sí le regresaron a Santiago, pero con un balazo en la cabeza y en estado de descomposición, sepultado en una fosa clandestina en la costa de Tabasco. Ese día, lloró.

El secuestro de Santiago de Jesús Arias Sevilla, un joven corpulento y estudiante de preparatoria, ocurrió el 18 de octubre de 2010. Entre octubre y noviembre, el padre negoció con los secuestradores la liberación, y no sólo eso, sino que realizó una investigación –con su gente- paralela a la que hacía la fiscalía local. “Peinó la zona”, me dijo un periodista de nota roja.

“Ya cuando vi que a los días no aparecía, decidí empezar a indagar”, dijo el 23 de enero de 2011, horas después de que la fiscalía presentó a 3 de los secuestradores.

En rueda de prensa, Silvia Gil, vocera de la Procuraduría de Justicia del Estado confirmó la detención de José Antonio Pérez Córdova, alias El Goyo; Ángel Adolfo Orozco Córdova, alias El Fito y Juan Pablo Córdova Sánchez, alias La Juanpa, de 18, 20 y 19 años de edad.

En tanto que Agustín Arjona Pérez fue señalado como autor intelectual, un hombre cercano a la familia de Gregorio Arias y quien se encuentra prófugo.

Sin embargo, la captura de los 3 primeros no fue obra de la fiscalía, sino de Gregorio Arias Pérez. “Nosotros tuvimos la oportunidad de entregarle a la policía a quienes son los responsables”, dijo en la radio en una entrevista que le concedió a Juan Urcola.

En boca de Gregorio abrevia que el desenlace fue bastante doloroso para él y su esposa: “Lo amarraron de manos, lo vendaron y le pegaron un tiro”.

Según la crónica de Josué Pérez, publicada en el diario Tabasco Hoy, el cuerpo –al ser exhumado- de Santiago de Jesús llevaba 30 días de haber fallecido.

Y en otra crónica de Héctor Andrés Trinidad, periodista del Heraldo de Tabasco, los secuestradores “para que le pudieran devolverlo sano y salvo” exigieron 15 millones de pesos, cantidad que sólo se pagó en un 50 por ciento.

El secuestro y asesinato del hijo de Goyo Arias, como le dicen al político amigo de Roberto Madrazo y Manuel Andrade, ex gobernadores de Tabasco, conmocionó a la sociedad tabasqueña pero más a sus vecinos que viven en su natal Comalcalco.

Recientemente, Gregorio Arias recibe a la prensa en su casa para contar no cómo murió su hijo, sino cómo vivió. Dice que quería ser pastor de la iglesia Nueva Generación, que era un hijo extraordinario y que su partida es el golpe más bajo que ha recibido en su vida: Nadie está seguro en estas tierra. Así lo cree.

“Los  últimos meses de la vida de mi hijo fueron extraordinarios. Nos sorprendió cuando un día nos pidió dinero, ya que dijo que iría a un encuentro a dónde lo habían invitado unos amigos. Había oído hablar muy poco de esos encuentros, sin embargo, mi esposa y yo, accedimos así que mi bebé, nuestro bebé, por vez primera se ausentó un viernes, sábado y domingo. Recuerdo bien, que el domingo por la noche, llegó a casa, nos abrazó, comenzó a llorar, nos pidió perdón, al momento que nos dijo: Quiero ser pastor.

-Papá, ya soy un soldado”.

-¿Queeeeé?

-Si papá, soy un Soldado, pero de Cristo. Mientras decía esto sacó una boina verde, la cual tenía un círculo azul con una paloma blanca, la cual se la llevó a la cabeza. Así lo cuenta el reportero ( )

La foto del soldado de Cristo es la que más sobresale en la sala del político tabasqueño, un político que sigue llorando.

* * *

Las portadas de los periódicos son cada vez más rojas en Tabasco. Si algún lector exprime sus hojas seguramente se salpicará de sangre.

Últimamente con la aparición de cuerpos regados en las carreteras, de familias masacradas y de enfrentamientos a balazos entre policías y sicarios, el desayuno no sólo se acompaña con café o pan sino con el número de ejecuciones que van al alza.

En los últimos años la mafia asesinó a empresarios policías y políticos. Así lo ha hecho desde el 2005, y así lo ha documentado la prensa.

En el 2010 cuando se pensaba o los gobernantes creían que los sicarios habían tomado unas vacaciones regresaron con más saña. Entre sus propósitos no sólo era liquidar al policía que dañó sus negocios, sino a cada uno de los miembros de su familia.

Coincidencia o no las 2 masacres (2009) en contra de policías y sus familias han ocurrido los días 14 (de febrero y mayo) y casi a la misma hora, una en el municipio de Macuspana y otra en el de Cunduacán, en donde sumadas murieron 19 personas, en su mayoría niños y mujeres.

La mañana del domingo 15 de mayo de 2009 los diarios locales publicaron una serie de fotografías en donde se ve a un policía sin camisa y recostado en una hamaca. El jefe policíaco está con la cara volteada y con varios balazos en el cuerpo. Detrás, aparece su esposa con la ropa sangrando y con la mirada perdida…su blusa pasó de amarilla a roja por los balazos que recibió cerca del corazón. Sus hijos, afortunadamente, no están en la imagen porque la policía amuralló la casa y evitó que los fotógrafos grabaran el momento; de esta forma impidieron el avance de la prensa carroñera.

De los hijos de Baldomero García y Amparo Tiquet, sólo diremos que murieron a sangre fría a manos de los sicarios, que según testigos, lo hicieron sin piedad.

­–Llegaron a la casa, dispararon con todo y cuando salimos a ver estaban llenos de sangre –dijo un campesino de La Piedra, una comunidad rural en donde el policía construyó su casa hace algunos años. Hoy, los ciudadanos saben que existe La Piedra no por lo que hace su gente o por lo que producen, sino por el sitio de la masacre, el lugar de la muerte.

Antes de ocultarse  el sol, aquel jueves del 14 de mayo, un comando armado irrumpió en la vivienda del policía. Llegaron con tanta prisa y quemando llantas que éste ya no pudo levantarse, ni esconder a sus hijos ni cubrir a su mujer, menos quitarse las balas de encima. Así murió: “A quema ropa”,  publicó un diario de nota roja.

De lo último que hizo el agente y que dan cuenta las crónicas policíacas, fue comer guayas, mecerse de un lado a otro en la hamaca y aceptar la muerte en la comunidad rural del municipio tabasqueño de Cunduacán.

Una fuente policíaca informó que la muerte del agente Baldomero obedeció a un ajuste de cuentas, que el crimen organizado lo asesinó porque los combatió en algún otro momento.

A dos años del hecho, los vecinos hablan poco de lo ocurrido, del día que se les apareció el diablo bien armado y que tomaron la justicia con sus cartuchos.

De lo único que pueden decir es que lamentan sus muertes, que algún día habrá castigo y que aún sueñan con los cuerpos ensangrentados por toda la casa.

Un vecino que vio la escena del crimen dijo que los cuerpos de los hijos de Baldomero quedaron con la mirada perdida y con los rostros cuyos gestos eran de dolor.

–Fue difícil ver aquello –exclamó.

Aquella misma noche, las agencias de noticias informaron que Alejandro y Luis Gustavo García Tiquet, de 9 y 16 años, murieron durante la masacre; estos  hijos del policías fueron los últimos en morir. A estas muertes se sumaron los sobrinos del policía, de 4 y 9 años de edad; la madre de éstos, y hasta una vecina que quiso proteger a los infantes.

Cuando ejecutaron a todos, 8 en total, el comando armado se retiró del sitio. Para cuando llegaron los peritos sólo se limitaron a levantar los cuerpos y a contar el número de balas usadas en contra de la familia García Tiquet: “como 140”, balbuceó una fuente policíaca.

De la misma forma en que murieron los García Tiquet, así pasó con la familia del policía Carlos Reyes López, pero 90 días antes.

Un sábado 14 de febrero (2009), cuando el tema era el día del Amor y la Amistad, unos matones llegaron en 2 camionetas y bajándose a prisas abrieron fuego en contra de hombres y mujeres.

Dispararon sin parar hasta matar a 11 personas, en su mayoría niños; el objetivo: aniquilar al policía Baldomero y no dejar testigos de la masacre.

En las horas después de estos asesinatos en la comunidad de Monte Largo, Macuspana, los diarios publicaron que el policía recientemente había participado en la captura de miembros del crimen organizado que radicaban en Tabasco. Este dato después se confirmó con la Policía.

Una agencia española de noticias publicó que la violencia del narcotráfico había alcanzado “el extremo” en Tabasco con la matanza de una familia.

Según el despacho informativo murieron 11 personas, 2 hombres, 3 mujeres y 7 menores de edad.

–No hubo piedad, asesinaron a niños y a mujeres. No tuvieron piedad –dijo off de record– un policía de Macuspana.

Las imágenes de la masacre difundidas por la prensa local conmovieron  a la sociedad de Tabasco. En una de las gráficas se ve a los niños que recibieron diversos balazos en el cuerpo en su intento por ocultarse debajo de sus camas.

–Se escondieron y los remataron cuando lo hacían –informó una fuente policíaca.

Una de las hermanas del policía Baldomero fue la única en hablar con la prensa. Lamentó que los asesinos no tuvieran piedad: “A todos los mataron, a mi hijo, a mi hermano, a mi mamá, no se vale”.

Algunas de las balas se incrustaron en las paredes de lámina de la casa del policía.

Por más que la Policía buscó al comando armado –unos 10 sicarios- que los liquidó, estos sólo desaparecieron del mapa de Tabasco  durante un año. En el 2010 la Policía capturó, en distintos operativos, a varios sicarios que confesaron haber participado en los crímenes.

Hay ciudadanos que dicen que los criminales llegaron para quedarse en Tabasco, y otros que argumentan que están aquí porque están huyendo del norte. Mientras tanto, no hay policías que los quieran enfrentar precisamente por la saña con que se están desquitando, con la familia.

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