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Madres tras los pasos de “La Bestia”
Madres tras los pasos de  “La Bestia”
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Madres tras los pasos de “La Bestia”

03 de agosto, 2011
Por: Roselia Chaca
@WikiRamos 
Madres integrantes del Comité de Migrantes y Familiares de Honduras (Comifah). FOTO: Cuartoscuro

Ahí estaba de nuevo, con los mismos pausados pasos, casi cojeando, pero a diferencia del verano del 2010, en Emeteria ya no anidaba la angustia, aunque ésta dejó marcas en su pequeño cuerpo. Encontró a su hija después de 12 años. A pesar de todo llegó hasta Ciudad Ixtepec, Oaxaca, con el Comité de Migrantes y Familiares de Honduras (Comifah), solidaria con más de 30 mujeres centroamericanas en busca de hijos y esposos.

Como todas las demás, realizó bajo un inclemente sol la limpieza de las vías del tren en Ixtepec, marchó durante una hora por las calles de Coatzacoalcos, recorrió por más de una semana Guatemala, los estados mexicanos de Chiapas, Oaxaca y Veracruz. Sus 62 años no fueron obstáculo para participar en las acciones de la caravana “Paso a paso por la paz”, que recorre la ruta del migrante y sigue los pasos del tren conocido como “La Bestia”.

Emeteria Martínez, ya no cuelga sobre su pecho un cartelón con la fotografía de Marlene Ortiz, su hija. Orgullosa explica a los que le preguntan que su calvario terminó el año pasado en Lechería, Estado de México, cuando la vio después de una década, casada y con hijos.

El miedo de ser deportada y la falta de un número telefónico impidieron la comunicación con los suyos, justificó la anciana hondureña. Marlene desapareció en 1999 por los rumbos de Arriaga, Chiapas, al menos ese fue el último punto que su madre identificó por 12 años, de allí nada, sólo falsas pistas.

La “Caravana Paso a Paso por la Paz” llegó hasta la Ciudad de México, donde sus integrantes se reunieron con autoridades mexicanas.//FOTO: Cuartoscuro

En su primera visita a tierras mexicanas confió encontrar a Marlene con vida, porque así se lo prometió a sus nietos, que sólo sabían que en busca del sueño americano perdieron a su madre.

“Dios me da fuerza en seguir, continuar en esta lucha. Si no encuentro a mi Marlene, encontraré a otros. Eso me da ánimos a seguir. Pero mi amor de madre me dice que está con vida, por eso no tengo una tumba para llorar ni dejar flores”, comentó en esa ocasión a esta reportera.

Ha pasado exactamente un año, Emeteria no olvidó ese dolor de un hijo perdido y el apoyo para con las madres de la COMIFAH, “yo sigo en la lucha, aunque cansada, no puedo dejar a las demás solas. Sé lo que sienten”

Por doce años compartió dos cosas en común con las mujeres de la caravana: un desaparecido y la solidaridad, la primera ya la tachó de su libreta de vida.

El flujo ilegal más grande de centroamericanos es de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.

Los datos oficiales

De acuerdo a un documento del Estado mexicano fechado el 16 de julio del 2010, titulado “Informe del Estado mexicano sobre secuestro, extorsión y otros delitos cometidos contra personas migrantes en tránsito por territorio mexicano”, el flujo ilegal más grande de centroamericanos es de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua con el 95%, en menor medida se encuentran las migraciones procedentes del Caribe (Cuba), región andina (Ecuador) y algunos países extra-continentales (China e India).

La frontera sur de México se caracteriza por una intensa vida transfronteriza por donde entran cada año en promedio un millón 700 mil personas, en su mayoría visitantes y trabajadores locales, así como migrantes en tránsito que buscan llegar a los Estados Unidos. Los movimientos locales en la zona fronteriza con Guatemala y Belice, incluyendo movimientos documentados e indocumentados, constituyen alrededor del 90% del total.

El 10% restante está compuesto por migrantes de tránsito con destino a Estados Unidos. El 95 % de ellos provienen de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Se estima que este flujo alcanzó un punto máximo en 2005, cuando se calcularon cerca de 450 mil eventos.

También se determinó que los migrantes hondureños tienen mayores probabilidades de ser detenidos y repatriados con sus acompañantes. El hecho de viajar en compañía es un indicador de la percepción que el migrante tiene de enfrentarse a posibles peligros en su tránsito.

Una mujer llora ante la foto de su hija, una joven inmigrante guatemalteca desaparecida en territorio mexicano.

Tomasa

No rebasa los 25, pero parece que los años han caído en cada pliegue de su rostro. No es para menos, Tomasa Pacajó lleva cinco años llorando a Pedro, su esposo, quien un 26 de abril del 2007 desapareció en México mientras intentaba cruzar el territorio nacional. Asegura que la avejentó el no saber, la incertidumbre la mató, pero la tristeza más.

Esta indígena de Chichicastenango, departamento de Quiché, Guatemala, apenas articula palabra ante el interrogatorio de algunos reporteros. Tímida responde con llanto, pero no de miedo, sino al interrumpirle el corazón con la pregunta ‘¿a quién perdió?’,  la quiebran.

Diminuta, ceñida al cuerpo con su colorido traje que ella mismo tejió en los altos de las montañas mayas, señala que el hombre de la fotografía pegado al cartelón que cuelga al cuello es su marido, Pedro Morales Gonzales, desaparecido el 26 de abril del 2007 en Camargo, México.

Sólo tres años duró la convivencia con él cuando arrancó sus pasos de la pequeña ciudad de estuco blanco. Pedro le dejó en ese entonces un bebé de seis meses, Tomás. Hoy el niño pregunta por su padre, ella sólo responde “Sólo Dios sabe dónde está”. Tomasa asegura que no puede responderle a su hijo, sólo llorar ante el recuerdo de su compañero.

To por “unos quetzales más”.//FOTO: Diego Ríos

Pedro se arriesgó a salir de Guatemala, a pesar de la advertencia de perder la vida al internarse en México. La necesidad, dice Tomasa, lo obligaron, “unos quetzales más” y “una vida mejor para el hijo” lo orillaron a dejar el campo. No valió la pena, hoy lo sabe en carne propia Tomasa, que recorre con un grupo de mujeres centroamericanas los caminos dolorosos del sur.

La Mesa Nacional para las Migraciones en Guatemala (Menamig) recordó que es necesario tener medidas cautelares para todos los familiares que participan en las marchas y caravanas; esto, frente al relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos ( OEA), Felipe González Morales, durante su paso por el albergue “Hermanos en el Camino” de Ixtepec.

“Guatemala es el único país que hizo esta solicitud. La comisión ya lo conoce. El objetivo de venir a México es recordarle al relator que ya hicimos esta petición y que sea enfático con el gobierno de México, porque no es justo que hagan esta travesía en vano” expresó Elizabeth Enríquez, coordinadora ejecutiva de Menamig.

De acuerdo a las estadísticas de la Menamig, de abril a la fecha cuentan con 150 denuncias de personas desaparecidas en territorio mexicano, antes de eso no tienen números, debido al miedo de algunos migrantes a denunciar.

“Tuvimos un conflicto interno de 33 años y la gente quedó muy lastimada, se niegan a denunciar. Desafortunadamente no tenemos cultura de denuncia. Además aún falta trabajo en concientizar a nuestra gente, si no tienen papeles al internarse a un territorio como México, no significa que no tengan derechos.”

Las madres de los migrantes desaparecidos recorren los poblados de México con fotos de sus familiares.//FOTO: Cuartoscuro

Doris Dayana

-“Madre no me vuelva hablar, por favor. La quiero mucho”.

Fueron las únicas palabras que una nerviosa y asustada Doris Dayana le dijo a su madre desde un teléfono en la fronteriza población de Tapachula, Chiapas. De esa llamada han pasado cuatro años y ni rastros de la joven hondureña. Doris Maritza Cerrato Oviedo, su madre, recorre los caminos del sur con su fotografía.

Además de la foto tamaño postal de Doris, una muda de ropa limpia, nada de dinero, mucha fe y algo de miedo, es lo que carga en su maleta esta madre hondureña de 44 años. En su memoria está registrada la imagen de Dayana a sus 19 años, con cara de niña cargando a su primer hijo, no la recuerda de otra forma, se lo prohíbe.

Dejó San Pedro Zula, Honduras, junto con una supuesta amiga que conoció por las calles del pueblo. El destino era Estados Unidos, pero no llegó, al menos eso cree Maritza.

“La última llamada fue de Tapachula, por eso creo que sigue en México, pero nadie me da razón de ella. La chica que se la llevó regresó un día y dijo que estaba en Chiapas. No dio una dirección, sólo un número telefónico. No supe en qué trabajaba, no supe nada más. La amiga desapareció, no sé qué fue de ella.”

La angustia la disfraza con buenos ánimos y sonrisas, si no lo hace se desmorona, porque el dolor le parte el alma, no es para menos, tantas historias que escucha en este caminar que el pánico se apodera de ella por las noches.

“He oído historias tristes y espantosas, que termino llorando. No sé si mi hija está viva o muerta. La angustia de saber que está secuestrada en algún lugar me mata. No saben cómo sufro.”

Doris Dayana Bautista Cerrato dejó dos hijos en el Departamento de Cortés al cuidado de su madre. Abandonada por su esposo y motivada por una vida mejor la impulsaron a treparse en “La Bestia” e internarse en el territorio mexicano, olvidando que las mujeres jóvenes son el eslabón más vulnerable del proceso migratorio centroamericano.

Doris, esperanzada se unió a la carava de madres, motivadas por los finales felices dice: “Si no la encuentro hoy, la encontraré en las otras marchas el día de mañana, mientras seguimos el camino de ‘La Bestia’”.

El negocio del tráfico de personas pasó de mano de los pequeños grupos delictivos locales a los cárteles de las drogas.//FOTO: Cuartoscuro

Un negocio millonario

Durante más de dos décadas, el negocio del tráfico de personas se incrementó alarmantemente, pasó de mano de los pequeños grupos delictivos locales a los cárteles de las drogas, aunque estos no desaparecieron, actúan a baja escala, pero la administración lo dejaron a manos de los grupos mejor organizados y estructurados.

De acuerdo al Informe Especial sobre los Casos de Secuestro en contra de Migrantes que presentó la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el 2009, de 9 mil 758 secuestrados en seis meses los delincuentes obtuvieron un beneficio ilícito de aproximadamente 25 millones de dólares, debido a que el promedio de los montos exigidos a las víctimas es de 2 mil 500 dólares por persona.

Los más secuestrados son hondureños, le siguen los salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses. En el sur del país sucede el 55% de los delitos, el 11.8 % en el norte y 1% en el centro del país. Veracruz y Tabasco tienen las más altas cifras de migrantes secuestrados, 2 mil 944 y 2 mil 378, respectivamente

De acuerdo al padre Alejandro Solalinde, del 2009 al 2010, el número de secuestro pasó de 9 mil a 11 mil 300, sin contabilizar el 2011. También hay que recordar que en el 2010 en el Istmo de Tehuantepec se registraron cuatro secuestros masivos, en la zona oriente de la región. Los hechos fueron recopilados por los Ministerios Públicos, pero hasta el día de hoy no hay detenidos.

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Imagen BBC